Septiembre
La historia que os voy a contar es real. Me llamo Sergio, tengo 22 años, y estudio en la Universidad de Alcalá. Todo pasó a últimos del mes de septiembre. Yo no me considero buen estudiante, es más, no lo soy. Soy la típica persona que estudia los días antes del examen, y luego me pasa lo que a casi todos. Suspendo. O como solemos decir los estudiantes… “nos suspenden”.
El caso es que me presenté en septiembre a un examen de mi carrera, que había suspendido en junio. Me sorprendió suspenderla en junio, porque es una asignatura que me gusta mucho. No sé si por la materia, o por la profesora. En parte pienso que por lo segundo. Ya me entendéis. La profesora se llama Nuria, es de las más jóvenes en la universidad, llegó el año pasado, y tendrá unos 26 años más o menos. Es castaña con mechas rubias, pelo rizado, la melena le llega a media espalda. Es delgadita, y cuando digo delgadita… digo 60 de cintura. No tiene mucho pecho estará entre un 85 y un 90, más cercana a los 85. Y tiene un culo que quita el hipo a cualquiera. Su culo me lo sé de memoria, porque yo creo que es a lo único que prestaba atención en sus clases. Como siempre se ponía de espaldas a nosotros mirando a la pizarra…
Ahora ya sabréis porque suspendí. Es redondito, bien formado, con sus dos glúteos bien apretados, que se nota que es de gimnasio. Ella sabe que tiene buen culo, y por eso llevaba todos los días a clase pantalones ajustados que se lo definían perfectamente y que le quedaban de miedo. Tiene unos pantalones blancos que le quedan muy bien, pero que muy bien, y como sabe que le quedan bien, se los pone casi todas las semanas.
Total, que cuando hice su examen en junio, pensé que lo había aprobado, porque me lo había preparado muy bien, pero saqué un 2. Que se le va a hacer. Así que me lo preparé para septiembre. Y esta vez sí lo llevaba bien preparado, pero me saqué un 4,5. Y decidí ir a la revisión del examen, que era en su despacho. Y cara a cara con ella, sin nadie más.
Había mucha gente cuando llegué, pero fui listo y me colé. Cuando pasé a ver el examen allí estaba ella con su melena suelta sobre sus hombros. Llevaba una camisa blanca, con los 2 botones de arriba desabrochados, que dejaba entrever un sujetador negro precioso. Y unos pantalones ajustados de color verde camuflaje que se apretaban a su culo como imán que se pega al metal. ¡Quien fuera pantalón! Me dije. Cuando entré me dijo que me sentara, y me sorprendió que me llamara por mi nombre, porque pocos profesores se aprenden el nombre de sus alumnos, pero no le di importancia. Revisamos juntos el examen. Y no me quería aprobar, faltándome sólo medio punto para el 5. Le dije que no me podía hacer eso, que había preparado muy bien su asignatura y que no podía suspender.
A Nuria parecía que no le importaba nada de lo que le estaba diciendo, sólo decía que no me podía aprobar, que el examen no estaba para el 5. Así que me dijo, que como había mucha gente esperando, que si quería que volviésemos a revisar el examen, que me esperara hasta el final. Y así hice, fueron pasando uno tras otro todos mis compañeros que habían suspendido, unos con mejor suerte que otros. Así hasta que por fin salió el último. Salió Nuria a decirme que entrara, que íbamos a volver a repasar el examen. Entramos los dos, y yo me senté. Al contrario que antes, ella no se sentó en su silla, sino encima de su mesa, con sus piernas cruzadas hacia mí.
Empezó a mirar mi examen, diciendo que no veía nada que me pudiese subir la nota medio punto. Cuando de pronto, me pregunto si me importaba que se descalzara, que le dolían los pies de llevar los zapatos, tanto tiempo puestos. Llevaba unos náuticos marrones, lo que me extrañó que dijese que le doliesen los pies, porque esos zapatos no te dan dolor. Al descalzarse y volver a cruzarse de piernas, sus pies descalzos, cubiertos solamente por unas medias de color carne, le quedaban a la altura de mi entrepierna. Yo creo que se dio cuenta de eso, y cruzó más las piernas hacia mí, de manera que sus piernas quedaban entre las dos mías, pero a mayor altura. Yo no hacía nada más que mirarle el sujetador negro que se le clareaba por la camisa.
Me dio la sensación de que se dio cuenta, pero hizo como que no se enteraba. Empezó a mover sus piernas mientras miraba mi examen, y no sé si haciendo a propósito que sus pies rozaran suavemente mi paquete. Cada vez me estremecía más, y ella cada vez me rozaba más, ya sin temor ninguno. Noté como me comencé a excitar, y mi polla se empezaba a hacer grande y a apretarme el pantalón. En ese momento se levantó, y acercándome el examen, se arrimó y me dijo:
-Ves, no consigo ver nada que te pueda subir el medio punto que te falta.
Como estaba descalza, y el suelo estaba frío, me preguntó si se podía sentar encima de mi pierna, que se le estaban quedando los pies helados. Yo me quedé muy cortado, porque no sabía que decir, a fin de cuentas, era mi profesora, pero lo único que hice fue asentir. Así que se sentó sobre mi pierna, y empezó a enseñarme lo que había hecho mal del examen. Hasta que no sé muy bien como pasó, noté que sostenía el examen con su mano izquierda, y con la derecha me estaba tocando la polla por encima del pantalón. Ahí fue cuando mi pene se puso a 100, y ya se me puso lo más duro que se puede poner. Ella lo notó, y me dijo: “Vamos a pasar un buen rato”.
Se lanzó sobre mi boca, y me besó como nunca nadie me ha besado, moviendo su lengua por todos los rincones de mi boca, con deseo, con pasión, con excitación… Le quité la camisa con decisión, y comencé a sobarle los pechos por encima del sujetador. Se levantó de mi pierna, y se echó sobre su mesa, a la vez que se desabrochaba el pantalón, y se lo bajaba hasta las rodillas. Terminé de bajárselo, y vi que llevaba un tanga de color negro, a juego con el sujetador.
Le duró puesto un minuto, enseguida se lo quité, le abrí de piernas, y comencé a comerme su coño depilado hasta el último detalle. Estaba muy rico. Luego se incorporó, me sentó otra vez sobre la silla, me quitó todo lo que llevaba puesto, y me empezó a lamer la polla de abajo a arriba, pero sin tocar el capullo. Eso me excitó más aún. Deseaba con excitación, que tocase mi glande con su jugosa lengua. Me hizo sufrir un par de minutos, pero al fin llegó:
-Siiiii –Gemí.
Me empezó a chupar el capullo con deseo, como si hiciese mucho tiempo que no se comía una buena polla. Cuando terminó de comérmela, sin dejar que me levantase de la silla, se sentó sobre mi polla, introduciéndosela hasta los huevos. Que calentito estaba. Comenzó a moverse de arriba abajo sin parar. Hasta que ella llegó al momento cumbre:
-Ahhh, me corro –Me susurró al oído.
Yo no llegué a la vez que ella, así, que se levantó de mi polla, volvió a agacharse y volvió a introducirse mi polla en su boca. Esta vez, con cuatro lengüetazos que me pegó, llegué a la eyaculación. Me corrí, como no me había corrido en mi vida, y de una forma que no había hecho nunca, en su boca.
Así fue como eché el primer polvo con mi profesora. Llevamos casi un mes saliendo, porque después de esto me comentó, que llevaba desde abril enamorada de mí, y que no me había dicho nada porque yo era su alumno, y porque no sabía cómo iba a reaccionar yo. Así que comenzamos a salir, y de vez en cuando (todas las semanas), nos escapamos a su despacho, y lo hacemos con desenfreno. No sé si es porque nos deseamos con pasión, o porque nos da morbo que nos puedan pillar, y nos puedan echar a los dos.
Esta es mi historia, y espero que con ella os hayáis divertido un poco. Sólo espero que Nuria no vea que he contado nuestra historia, porque como se entere me mata. ¡Ah! No me aprobó, pero me consuela verla todos los días en clase, en esa asignatura que no me quiso aprobar, pero no sé por qué me da, que esta vez apruebo…
Autor: Sergcib
Vacaciones con mi primita
Bajé su cabeza hasta tener mi polla a centímetros de sus labios, no se decidía e incluso empujaba para separarse por lo que presioné con más fuerza su cabeza hasta que sus labios se abrieron y engulleron el capullo rojo, notaba como se la tragaba más adentro y movía su lengua de forma que mi capullo estaba en la gloria, yo comencé a acariciar su coñito que estaba completamente empapado.
¡Hola! Me llamo Miki y voy a relataros algo que me ocurrió hace ya unos cuantos años.
Estaba de vacaciones con mis padres en la costa, normalmente siempre íbamos con mis tíos y primos, estábamos allí 15 días y después nos marchábamos todos a la casa que mis abuelos tenían en el pueblo. Desde el primer día en la playa me di cuenta de que mi prima, que tenía 18 años y se llamaba María, se ponía siempre a mi lado y aprovechaba cualquier oportunidad para rozarme o cogerme la mano. Me extrañó un poco pero no le di importancia, pero esto cambió cuando el cuarto día al entrar al agua ella me siguió y empezó a tirarme agua, yo le dije que parase o le haría una aguadilla, a lo que ella me contestó que no era capaz. Sin pensarlo dos veces me acerqué y la cogí en brazos, ella me pasó el brazo por detrás del cuello y me dijo que le gustaba estar así y con un pequeño movimiento se soltó una pierna dejando mi mano en el interior de su muslo y muy próximo a su bikini.
Esto me puso a cien pero no fui capaz de hacer nada mas, la solté y ella me abrazó por detrás pegando sus pequeños pechos en mi espalda. Os contaré que María medía unos 155 cm, tenía un estupendo y redondito trasero y el pecho que se adivinaba bajo su bikini era pequeño pero con unos pezones que resaltaban notablemente, el tener sus pezoncitos en mi espalda me estaba poniendo muy mal y noté que ella no lo hacía de forma inocente sino que estaba excitándose con el contacto. Me solté y le dije que nadásemos un poco, yo me acerqué por detrás y la cogí de la cintura, por lo que nadábamos juntos pero uno detrás de otro, a medida que ella daba brazadas yo fingía resbalar y deslizaba las manos hacia abajo hasta que las tuve a la altura de su bikini, ella no me decía nada por lo que continué en mi tarea de acariciarla, bajé un poco más las manos e introduje suavemente dos dedos debajo de su bikini. Yo estaba alucinado, mientras nadábamos le sujetaba las caderas con las manos y mis dos dedos estaban acariciando su pubis en el que se notaba que tenía unos pelillos cortos y suaves que sin duda le habían salido no hacía mucho. Mis dedos se movían con lentitud pues no quería que se asustase, tocaba su pelo y descendía hasta el chochito pero al llegar allí ella daba un tirón y me impedía continuar por lo que me quedaba con las ganas de llegar a su cuevecita. Esto mismo lo repetíamos día tras día pero sin conseguir ningún avance, tampoco hablábamos de ello, pero yo al llegar a casa me veía obligado a hacerme pajas cada tarde. Llegó el día de irnos al pueblo y yo me sentía frustrado pues se me escapaba la oportunidad de poder llegar a más.
Al día siguiente llegamos al pueblo y era la hora de cenar, estábamos en la mesa y prima se hizo un hueco y se sentó junto a mí, como éramos muchos nos encontrábamos muy juntos y esto hizo que María me rozase constantemente con su pierna, yo no podía más y metí una mano por debajo de la mesa poniéndola sobre la rodilla de ella, su reacción fue poner su mano sobre la mía y dedicarme una sonrisa, ante esta situación comencé a acariciar su pierna despacio por encima de la faldita y ella para sorpresa mía la bajó y la puso sobre su muslo pero bajo la falda, mi excitación iba en aumento, estaba acariciando los muslos suaves de mi inocente primita, mi mano se deslizaba cada vez más arriba y ya estaba en el interior de sus muslos y muy próxima a su braguita, extendía el dedo y lograba rozar el encaje, ella apretaba las piernas por lo que tenía que empujar poco a poco para ganar terreno, ya tenía un dedo dentro de la braguita, como no se las había visto nunca las imaginaba blancas pequeñas y con encajes, mi dedo acariciaba el vello que tenía en su pubis y notaba como María estaba nerviosa pues no paraba de moverse en la silla, no sé si por el calentón o por dificultar mi exploración, finalmente tuve que sacar la mano por miedo a que mis padres o mis tíos se percatasen de lo que sucedía.
Llegó la hora de dormir y la casa tenía dos plantas, en la primera dormían casi todos y en la planta alta había dos dormitorios, María y su hermana se pidieron una y yo rápidamente dije que quería la otra, al subir las escaleras, que eran muy inclinadas, dejé pasar a mi prima y me quedé observando desde atrás como ascendía moviendo inocentemente el culito, por lo que la falda que era mini, se movía y dejaba ver ligeramente las bragas que como yo pensaba eran blancas. Al llegar arriba nos despedimos y cada uno se fue a su dormitorio. Minutos más tarde yo no paraba de pensar en ella y en esas braguitas que me tenían loco. Sin pensarlo dos veces me levanté y me dirigí al dormitorio de mis primas, abrí la puerta y les dije:
- ¡Hola! No puedo dormir, ¿me dejáis que os haga compañía?
María dio la luz y me dijo que me acercase y me sentase en la cama junto a ella. Era una cama de 135 y estaban las dos en ella. Pasado un rato de charla les insinué que hacía frío pues era una casa vieja, por lo que María me dijo:
- Túmbate en la cama y tápate con la sábana.
Yo sin perder tiempo me metí dentro y me pegué todo lo que pude a ella, nuestros cuerpos se rozaban y su mano tomó la mía, si decir nada la llevó a sus piernas y la dejó sobré su muslo derecho, yo comencé a deslizar la mano hacia arriba hasta llegar al borde de su camisón, entonces metí la mano entre sus dos piernas y seguí ascendiendo arrastrando el camisón hacia arriba, sus muslos eran tan suaves, tan dulces que estaba a punto de correrme, ya me encontraba rozando el encaje de las braguitas, subí un poco más y acaricié el chochito por fuera, notaba como las braguitas se ajustaban perfectamente a su cuerpo y al tener tan poco pelo en el pubis se marcaba perfectamente la entrada de ese coñito que seguramente nunca había sido acariciado. Mis movimientos eran lentos pues no quería que su hermana se diese cuenta, mi dedo índice se metió bajo la braga y jugó con su pelillo, pero una vez más al intentar introducirlo en el coñito María cerró las piernas impidiendo mi acceso, sin esperarlo mi prima comenzó a respirar agitadamente y temblar de una forma exagerada, su hermana le preguntó:
- ¿Qué te pasa? ¿Estás mal?
Pero no hubo respuesta y por el contrario los movimientos se acentuaron especialmente cuando le apreté el dedo contra el clítoris por encima de la braga. Mi prima había tenido un orgasmo monumental y yo estaba casi seguro que había sido el primero de su vida. Me levanté y me despedí hasta el día siguiente. Al llegar a mi habitación me hice una buena paja y después decidí que no volvería a bailar al ritmo que ella pretendía, si quería jugar lo haría como yo quisiera.
A lo largo de todo el día no la hice caso, al llegar la noche dije que tenía sueño y me iba pronto a dormir, ella me dijo que fuese a su dormitorio y yo le contesté que no. Pasados diez minutos mis primas se fueron a dormir, yo estaba despierto y tremendamente excitado, pero sabía que no podía acudir a su habitación porque volvería a pasar lo mismo, así que decidí dormir. A los quince minutos se abrió la puerta y vi al trasluz que era María, susurró si estaba despierto y al decirle que sí, me preguntó por qué no había ido a su habitación. Encendí la luz y divisé una visión espectacular, Mi prima estaba de pie junto a mi cama, llevaba la melena suelta y vestía unas braguitas diminutas que no podían disimular el abultamiento de su coñito y que por ser casi transparentes marcaban perfectamente esa maravillosa rajita que con tanto gusto había acariciado la noche anterior, la blusita que llevaba era de gasa fina y dejaba ver sus pechos pequeños pero en los que destacaban unos pezones puntiagudos y redonditos.
Estaba parada sin saber que hacer así que levante la sabana y me hice a un lado, ella se metió en la cama y se pegó a mí con fuerza. Era mi oportunidad, mientras con una mano comencé a acariciar sus pezones por encima de la blusa, con la otra fui subiéndola hasta dejar los pechos al aire, ¡Que visión! eran pequeñitos pero estaban duros y los pezones apuntaban hacia arriba, era un placer poder tocarlos, así que sin dudarlo me incliné y puse mis labios sobre uno de ellos, lo lamí, succioné y apreté entre mis dientes, ¡Era delicioso!. Una de mis manos fue deslizándose hasta llegar a la braguita, durante un tiempo jugué por fuera acariciando la entrada del coñito, María estaba excitadísima y me acariciaba el pelo con sus manos, rápidamente introduje el dedo bajo la braga y le toqué el clítoris pero ella instintivamente cerro las piernas y se giró para sacármelo, otra vez volvíamos a las andadas. Me di la vuelta y le di la espalda, ella me pregunto qué me pasaba y por que no seguía, yo le contesté que no estaba dispuesto a seguir así. Por un lado quería conseguir más de ella pero por otro tenía miedo de que se fuera y me dejase allí con el calentón.
Tomé la mano de ella y la puse sobre mi pijama, hice que me acariciase la polla por encima y a continuación la metí debajo de forma que pudiese tocarme sin obstáculos, se le notaba nerviosa así que le ayude a que abriese los dedos, rodease mi polla y comenzase a hacerme una paja, poco a poco fue cogiendo ritmo y sus movimientos iban siendo más seguros, no apartaba su vista de mi tremenda erección. Le pasé la mano por el cuello y bajé su cabeza hasta tener mi polla a escasos centímetros de sus labios, no se decidía e incluso empujaba para separarse por lo que presioné con más fuerza su cabeza hasta que sus labios se abrieron y engulleron el capullo rojo y deseoso de ser comido, sus lamidas eran inseguras pero a cada momento que pasaba notaba como se la tragaba más adentro y movía su lengua de forma que mi capullo estaba en la gloria, al tiempo que ella me hacia la mamada yo introduje mi mano bajo su braguita y comencé a acariciar su coñito que estaba completamente empapado.
Al principio metí un dedo que fui deslizando poco a poco por la rajita, ella por primera vez abrió ligeramente las piernas facilitándome el acceso, por lo que sin dudarlo un momento aparté la braga a un lado y metí dos dedos dentro de su rajita, su respiración se aceleraba, su boca se comía con desesperación mi polla y sus caderas se movían de forma que buscaban claramente mis dedos, era ella la que se los estaba clavando hasta el fondo, noté que se había hecho daño y saqué la mano rápidamente, pero ella me dijo:
- ¡No pares por favor! Métemelos otra vez que me da mucho gustito, pero ten cuidado que soy virgen.
Estas palabras me excitaron más si cabe y a partir de aquí le introduje dos y tres dedos de forma que ella no paraba de gemir, estaba en mis manos y podía jugar con ella a placer, me chupaba la polla gimiendo como una loca se movía adelante y atrás y se retorcía con mis dedos dentro de su coño, que se había dilatado de una forma considerable, estaba como loca.
Yo ya no podía más y me iba a correr así que se lo dije y ella intentó separarse, la agarré con fuerza de la cabeza y le dije que no se sacara la polla de la boca, mi corrida fue espectacular y ella se tragó toda la leche, cuando hube acabado continuó lamiéndome el capullo con mucha suavidad, yo aceleré los movimientos de mis dedos en su coño y ahora fue ella quien se corrió dando algún que otro grito, tuve que taparle la boca para que no despertara a los demás. Nos abrazamos y nos quedamos quietos durante un largo rato, poco después ella se levantó y se fue a su habitación.
El verano dio para más pero este es el mejor recuerdo que tengo y desde entonces debo deciros que a pesar de haberme casado, me he hecho muchas pajas pensando en ella.
Las vergas del placer
Después de leer muchos relatos, me decido a contarles mi experiencia. Primeramente, me llamo Erion, y soy un chico de 18 años, cuerpo moldeado, ojos café, pelo negro. Todo pasó hace 2 semanas durante mi visita a Madrid. Durante este placentero viaje, estaba visitando a una prima que no veía hacía 4 años. Al llegar al aeropuerto, Ileana(mi prima) me estaba esperando y al verme se puso muy contenta. Desde que salimos del aeropuerto nos dirigimos a su casa y en el camino fuimos recordando viejos tiempos, travesuras, etc. Cuando llegamos a su casa, me dijo que iba a dormir con mi primo Sergio (el cual vivía con ella) y enseguida me instaló. Cuando terminamos me dijo: vamos para que conozcas a mi esposo. Dicho esto bajamos al área de la piscina, y ahí estaba él, uno de los hombres más apetecibles, guapos y sexy que he visto. Marcos (así se llamaba el esposo de mi prima) de condiciones sensuales: 1,90 de estatura, bien musculoso, rubio, ojos verdes y como llevaba un slip puesto pude ver que tenía un paquete bestial, todo esto con tan solo 21 años.
Al verlo todo tipo de fantasías sexuales se cruzaron en mi cabeza, además me imaginaba tener esa polla dentro de mi boca, saborearla y sacarle ese preciado líquido que me enloquece. Cuando pude volver en mí, solo pude decir hola. Como a los 10 minutos de estar en la piscina hablando y relajando, llegó el otro galanazo de mi primo. Al verlo mi excitación creció más de la cuenta, porque con tan solo 20 años poseía cualidades que lo convertían en el objeto sexual de cualquier fantasía erótica: con 1,90 de estatura, cuerpo extremadamente musculoso, rubio, ojos café y un paquete, el cual logró que me volvieran los pensamientos eróticos. El simple hecho de verlos a ambos tan guapos y con unos slips que poco les tapaba, me imaginaba como sería tener semejantes vergas para mí solo, chuparlas y metérmelas hasta quedarme tapado, sentir el rico y cálido semen de cada uno de esos guapos. Nuevamente volví en mí y ahora pude hablar y saludar debidamente. Luego de un rato de charlas y una buena comida nos dieron las 5 pm en la piscina, cuando mi primo me dice: iré a una fiesta esta noche, ¿te gustaría acompañarme primo? Sin dudarlo acepté, ya que el simple hecho de estar a su lado me excitaba muchísimo. Como a las 8 pm salimos a la fiesta. Durante todo el camino fuimos relajando, y pude notar que me miraba con deseo, lo que me dejaba con la sospecha de que fuera gay igual que yo, pero no me le insinué para no recibir una paliza, pero me quedé con la duda.
Al llegar a la fiesta, nos recibió el anfitrión (un chico que me dio deseos de follarlo ahí mismo) totalmente desnudo. Todavía no habia comprendido lo que pasaba, pero me gustó muchísimo.
Cuando entramos a la casa fue como si hubiera entrado a la gloria, en toda la fiesta no había una sola chica, solo chicos y cuál de todos estuviera más guapo y sobretodo desnudos, lo que resaltaba su belleza. De repente mi primo me dijo: disculpa por no decirte nada, si no te gusta te llevo de regreso a la casa. Yo por mi parte le dije: no te preocupes, me gusta el ambiente. Al escuchar esto vi como sonrió y me agarró la verga, eso me fascinó.
El anfitrión me guió a una habitación para que me quitara la ropa, lo que hice rápidamente. Cuando me quité todo fui a la pista a ver que encontraba. Todo estaba oscuro y lo poco que se podía ver era gracias a un flash. Estuve dando vueltas para ubicarme y en eso decidí entrar a bailar. Cuando entré escuchaba a varios chicos gemir del placer que recibían. Unos se acariciaban, otros se chupaban las pollas y otros se follaban. Era tanta la tentación que poseía en ese momento, así que estiré mi mano y encontré algo fantástico. Una verga descomunal, debía medir unos 23 o 24 cm de largo. Cuando me disponía a chuparla, el chico me dijo: aquí no, conozco un sitio más tranquilo y excitante, sígueme. Lo hice así, pero sin soltarle la verga. Entramos a una habitación la cual tenía varios posters de chicos desnudos en posiciones excitantes. Él cuando entró se tiró sobre una alfombra, dejando ese maravilloso miembro apuntando hacia mí, diciéndome: tómame, soy tuyo, hazme tu puta. Esas palabras me pusieron a mil y sin dudarlo me tiré sobre esa verga. La chupaba de una manera que nunca había hecho. Empecé lamiendo su glande, luego sus huevos, los cuales emanaban un olor embriagador. Ya después de tanto calentamiento, me la metí en la boca. La chupaba de arriba hacia abajo, provocándole un placer magistral, él con sus ojos cerrados, me pedía más y más, pedía placer, pedía excitación, yo por mi parte aceleré el paso de la mamada hasta que lo hice correr.
Fue una corrida espectacular, yo tragué todo gota a gota sin dejar escapar un chorrito. Cuando le limpié con mi boca su magistral miembro, se colocó boca abajo y me dijo: Culeame, quiero sentirte en mi interior. Esas palabras bastaron para que empezara a lamer ese maravilloso, deseable y jugoso culo. Lo lamía como nunca se lo había hecho a nadie, le entraba y sacaba mi lengua haciéndole una especie de semi-penetración, era delicioso sentir mi lengua en su culo, era fantástico como ese chico me pedía más y más placer. Ya que estaba bien lubricado, dejé de lamerlo y sin decirle nada se la metí de uno solo tiro. Cuando lo sintió dio un grito que creo que se escuchó en toda la casa, pero aún así pedía más verga, quería sentir su culo lleno de semen.
Empecé con un mete y saca suave, para luego convertirlo en cabalgatas salvajes, el placer que sentíamos era totalmente indescriptible, además de que sentía su culo apretando para que mi verga no saliera de él, lo cual me dio más ánimos de seguir. Debido a la gran excitación que tenía, no tarde mucho en correrme, y cuando lo hice fue como nunca. Era un placer máximo ver ese culo lleno de semen, el cual le caía por sus excitantes piernas. Se levantó del piso y no me dijo nada solo me tomó por el brazo y me tiró al suelo, poniéndome en cuatro patas. Hecho esto empezó a lamerme el culo. Ahora entendía el porque estaba tan excitado cuando le hice lo mismo. Depuse de minutos de lubricación, abrió mi culo lo más que pudo y me la metió despacio, pero placenteramente, haciéndome ver pajaritos. Sin decir nada aceleró el paso, lo cual me gustó y me calentó más. Era fabuloso sentir ese gran trozo de carne dentro de mí, sentirlo crecer más y más en mi. Ya cuando se estaba por correr, le dije que parara que se la quería chupar, a lo cual él accedió gustoso. Esta vez estaba ansioso de sentir su semen otra vez, así que se la chupé con rapidez para así provocarle una excitación máxima y hacerlo correr más rápido. En efecto se corrió, pero en menos cantidades que la vez pasada.
Cuando se le iba a limpiar la verga con mi boca, se levantó y se fue sin decir nada. Eso no me gustó mucho, pero no lo pude detener. En fin, aun estaba cachondo y quería seguir follando, asi que decidí volver a la pista, pero en el camino observé a un chico apetecible. Este se encontraba en otra habitación y estaba parado y tocándose el cuerpo, que por cierto era más que perfecto. No pude contenerme y entré, cosa que él no se dio cuenta. Me le acerqué sigilosamente y cuando estaba detrás de él, con mi mano izquierda le acariciaba las tetillas y con la derecha acariciaba su culo. En eso me preguntó: ¿la tienes parada? Sí y con deseos de follarte, le respondí. Al escuchar esto solo abrió su culo y me dijo: anda, mi culo es tuyo. Sin pensarlo 2 veces se la metí de una manera formidable, mientras que lo iba masturbando. Cuando me corrí en él, rápidamente me fui y chupé su verga, la cual estaba a punto de explotar. El solo ponérmela en la boca, provocó que se corriera. Cuando terminamos él me dijo: vete ahora, lo que hice sin demora.
Aun seguía caliente y esta vez sí llegué a la pista, estando ahí empecé a tocar a todo chico que se cruzara por delante. En una toqué un culo que me prendió, y sin preguntar se la metí. Estuvimos así por 2 minutos que fue cuando me corrí. Luego de soltarlo seguí buscando más, pero desafortunadamente no encontré nada, entonces me decidí a buscar un trago. Cuando iba en camino, vi un chico guapísimo masturbándose, y nuevamente sin preguntar me metí su verga en la boca y por lo que pude ver, le estaba dando la mamada de su vida. Cuando se corrió parecía una llave de agua, puesto que fue una corrida infinita. Cuando ya si estaba listo para beberme un trago, sentí una poderosísima verga introduciéndose en mi culo. Era un placer indescriptible, el cual me hizo sentir una puta. Yo apretaba y apretaba para que no se fuera, pero se corrió y se fue rápidamente, lo que me impidió agradecerle el favor. Con mi culo lleno de semen, empecé a meterme los dedos y para luego metérmelos en la boca. Era una sensación sensacional.
De repente siento una mano en mi culo, era la de mi primo el cual me dijo: se que te ha gustado la fiesta, pero ya estoy cansado, mejor vamos a casa. Acepté fácilmente pues porque ya estaba cansado. Fuimos por nuestras cosas y empezamos a vestirnos. En este lapso de tiempo pude apreciar y desear aun más a mi primo, el maldito estaba riquísimo. Cuando nos vestimos salimos al auto y durante el camino a su casa, no dejamos de hablar de la fiesta. En un impulso de excitación, no le dije nada y me metí su verga en mi boca. Al fin realizaba mi sueño, sentir la verga de mi primo en mi boca, respirar su aroma de semen y sobretodo, hacerlo mío y de nadie más. El me dijo: si hubiese sabido que te gustaba mi verga, te la hubiese regalado. Eso me excitó aun más y aceleré el paso de la mamada y justo cuando estaba a punto de correrse me gritó: detente que llegamos. Eso me dejó con las ganas de su semen.
Cuando entramos a la casa, mi prima no estaba y su esposo estaba viendo televisión. Mi primo subió directo a su cuarto, yo por mi parte decidí ir a la cocina a comer algo. Como a los 5 minutos de comer algo, me dispuse ir a dormir, cuando de repente escucho la voz de un chico diciendo ‘oh si, continua que me excitas’. Esa frase me calentó muchísimo y decidí ir a ver lo que era. Cuando vi, era el esposo de mi prima viendo una película porno gay y a la vez se masturbaba. El simple hecho de verle la verga toda parada y con la cara más excitada, le pregunté: ¿si quieres te la puedo mamar?, a lo que él gustoso respondió: acércate que necesito ayuda. No había terminado de hablar cuando yo estaba ya en frente de él y mamándole la verga. Al principio pensé que era un sueño, ya que había mamado las 2 vergas que más deseaba en este mundo. El no tardó mucho en correrse y cuando se corrió me dijo: no te detengas. Y así lo hice hasta hacer que se corriera por segunda vez consecutiva. Cuando íbamos a buscar la tercera, vimos las luces del auto de mi prima, entonces empezamos a limpiar como pudimos y cuando acabamos me fui corriendo a la habitación de mi primo para que no sospechara.
Cuando entré vi algo divino, era mi primo durmiendo como bebe, totalmente desnudo y con la verga semi-erecta. Cuando me disponía a mamarla escuché unos pasos acercándose, así que me metí en la cama y estaba tan cansado que me dormí de forma instantánea.
Así pasó mi primera noche en Madrid, sin saber que al otro día me esperaba una gran sorpresa, pero eso es otra historia…
Autor: Erion
Tiempos para recordar
Había sido aceptado en la Facultad de Ingeniería Civil y mis amigos de la cuadra habían organizado una salida a una disco para festejar mi despedida a la lejana capital, para esos días teníamos nuevos vecinos ya que cerca de mi casa se había mudado apenas una semana atrás una familia del interior del país, donde la única hija era Elena, una simpática morena clara, de alegres ojos negros y cejas pobladas, labios algo gruesos y no muy alta, pero con sus 18 años, manejaba unas caderas con nalgas espectaculares y unas piernas gruesas pero muy bien formadas, su pecho era mediano pero firme, sin ser una belleza tenía muchos argumentos que me gustaron, por lo que trataba de hacerme el encontradizo y meterle conversación y creo que le simpatizaba ya que era muy atenta conmigo, porque a mis 19 años y fútbol 3 veces a la semana tenía un cuerpo firme y atlético. Hablé con Olga mi amiga de siempre y le pedí que la invitara para ese sábado que era mí despedida.
Cuando llegamos encontré ya parte del alegre grupo y busqué con la vista a Elena, la vi de pie al lado de una mesa con Olga y otros amigos hablando y riéndose, tenía una falda negra y una blusa roja, tan pronto llegué me pasaron un vaso con ron y coca cola (cuba libre) y me ubiqué al lado de Elena, nos saludamos de beso y me dice,
- Mario te vengo acompañar un rato solamente y me debo ir temprano porque mis padres no los conocen a Uds., solo tengo 3 horas de permiso y no tomo casi licor porque no estoy acostumbrada, pero por ser por ti, haré la excepción. Nos tomamos unos tres tragos pero tuve la precaución de aumentar la dosis de alcohol en su vaso y noté que estos estaban haciendo su efecto, cuando todos salieron a bailar dije,
-Bueno aprovechemos el poco tiempo, pues no sé cuando te vuelva a ver.
La tomé y salí a la pista, era una música tropical suave, siempre me consideré un buen bailarín pero Elena lo hacía mejor, me pegué a su cuerpo y ella al mío y nos deslizábamos bien sincronizados, al rato me dice,
-Tu novia debe estar encantada contigo, por tener a un futuro ingeniero y que además baila delicioso, podría bailar toda la noche. -Le dije, -Si tuviera una novia querría que fuera tan linda como tú, y que bailara así.
Se apretó a mi pecho y yo junté mi pelvis a sus caderas, al momento mi verga comenzó a reaccionar y con calma fui acercando mi endurecido instrumento al centro de sus piernas, ella lo sintió solo me miró y se apretó más, con la oscuridad del lugar y animado por los tragos bajé mis manos hasta sus nalgas y la apreté contra mí, ahora sí la barra entró en contacto directo con su chocha, puse mis dedos sobre la raja de sus nalgas y ella hizo lo mismo jalando mi culo, comenzamos a frotarnos y le levanté la cara y traté de besarla pero me desvió la cara, insistí y la besé en los labios, me respondió abriendo la boca y yo introduje mi lengua sus labios y su saliva me sabían delicioso. Seguí agarrando sus preciosas esferas traseras y cuando quedó de espaldas a la pared y nadie veía mi accionar metí mi mano dentro de su falda y sobé sus glúteos sobré el calzón de algodón, ella frotaba sus caderas contra mí y decidí meter mi mano dentro de su panty y directamente entré en su raja trasera, sus nalgas eran grandes pero firmes, las toqué a conciencia, bajé mis dedos siguiendo el surco de su raja y alcancé a tocar su agujero posterior y quise pasar mi dedo central hasta la parte trasera de la vulva, alcancé a tocar unos pelos pero su voz me alertó, – Cuidado nos pueden ver, no seas impaciente espera para más tarde.
La música llegó a su fin y nos reunimos con los otros amigos, yo disimuladamente olí mi mano, que fragancia tan contradictoria, el acre olor de su recto tenía un mensaje sexual intenso. Seguimos charlando hasta que Elena se paró de la mesa y dijo, – Me disculpan pero Mario me va acompañar a casa porque se me acabó el permiso.
Salimos hacia su casa caminando y cuando llegamos a su puerta, la abrió en silencio y en voz baja me dijo,
- Mis papás duermen en el segundo piso, entra para que nos despidamos mejor.
Entramos a la sala que estaba oscura, solo el resplandor del farol de calle que entraba por una ventana nos daba idea de nosotros, nos abrazamos y comenzamos a besarnos con pasión, metió su lengua hasta adentro, mientras yo manoseaba sus nalgas, metí mi mano bajo su falda y fui directo a su vulva, toqué sus pantys y estaban húmedas, se sentía abultada su vulva introduje mis dedos dentro de los calzones y sentí su peludo monte, separé los vellos delanteros y coloque mi dedo del corazón en su grieta que manaba líquidos, me agaché levanté su falda y comencé a besar sus muslos y pasé a la chocha abriendo espacio por un lado del calzón, pero era incómodo, ella misma se los bajó hasta medio muslo y entonces metí mi cara en el velludísimo cojín, lamí y chupé hasta que ella tomó mi cabeza la presionó contra su concha mientras mi lengua giraba sobre su pepita, empezó a gemir en silencio y aumentó su presión de su vulva contra mi boca, abrió las piernas y me comí toda su chocha, lamí rápido y con fuerza, se derramó en mis labios, fue un orgasmo que necesitaba gritar pero se aguantó, me levantó y me besó, mis labios untados de sus líquidos también me confirmaron su derramada, ya la verga pedía liberación, me levanté y la saqué, estaba dura y caliente, Elena la tomó con su mano y comenzó a pajearme,
- No pensé que fuera así de grande, es la primera vez que toco alguna, pero mis amigas me han contado algo de cómo se hace.
Luego se agachó y la colocó en sus labios, me lamió el glande y ahora sí comenzó a chuparla torpemente y me lastimaba con sus dientes, me sentí venir por lo que se la saqué y le dije.
-Te la quiero meter en tu chocha, estás mojadísima, pero respondió. -Lo siento pero soy virgen pero puedes ponerla entre los labios y sobarte sin meterla, pero no te derrames encima de mí.
Levanté su falda y se entreveía el peludo moño de pelos entre sus piernas, ella tomó mi verga y la colocó entre sus labios menores, yo inicié un suave deslizamiento lubricado por sus jugos, con más confianza metió un poco la cabeza en su vagina, pero con su mano no me dejaba seguir más adentro controlando la penetración, sentía la caricia de su almeja sobre mi glande hasta que me comenzaron a llegar los espasmos, se la saqué un poco y disparé mi leche en sus pelos y muslos, en mi éxtasis empujé una silla que se cayó y nos asustó, rápidamente guardé mi polla aun goteante, y ella subió sus calzones, una luz del segundo piso se encendió, yo salí presuroso hasta la puerta, Elena me dio un rápido beso y salí corriendo para mi casa.
Mi viaje era temprano y me fui sin poderme despedir de mi aventura nocturna, llamé a los días con el propósito de comunicarme más tarde con ella, pero a la semana próxima me comunicaron que se había mudado de improviso y no había dejado dirección ni teléfono, pasaron los años y culminé mi carrera de ingeniero e inmediatamente conseguí un buen cargo en una remota región para un proyecto vial y sólo pude visitar a mis padres y hermanos en dos ocasiones para Navidad, por mi ascenso a Jefe de Obras no pude asistir a ningún evento familiar, incluso mi hermano mayor que es militar me anunció su boda en otro punto muy lejano de mi base y no pude asistir, solo mandé mi regalo, habían pasado 5 años cuando finalizó el proyecto vial y debía regresar, lo cual coincidió con el traslado de mi hermano mayor a la capital ya que se había retirado de la milicia y estaba montando una empresa de seguridad con un socio. Hablé con él por teléfono y le confirmé mi traslado y la necesidad de su ayuda para buscar vivienda, generosamente me ofreció su casa mientras conseguía para donde mudarme, lo cual agradecí enormemente.
Me fue a recibir al aeropuerto comentándome cómo le había ido de bien en el nuevo negocio y lo bien que se llevaba con su esposa, cuando llegamos a una cómoda y bien mantenida casa, salió a recibirnos mi cuñada, mi sorpresa fue mayúscula, la esposa de mi hermano era la misma Elena, ella también se sorprendió, pero no dejó traslucir ninguna emoción, nos presentaron y la besé en la mejilla con todo respeto, mi nueva cuñada era una impactante mujer de 27 años, más maciza que la adolescente que conocía, más culo, más tetas, más hembra. La velada transcurrió comentando anécdotas familiares y la única alusión la hizo mi hermano, que comento que Elena había vivido corto tiempo en nuestra ciudad pero ni ella ni yo comentamos nada al respecto, no retiramos a dormir con una mirada cómplice.
Por la mañana bajé ya vestido a desayunar y Elena estaba en bata en la cocina, mi hermano ya había partido para su trabajo y le dije:
- No esperaba volverte a ver y menos convertida en mi cuñada, claro que me alegro que seas tú, porque reafirma el gusto de la familia por las cosas buenas, a lo que me contestó. -Para que veas que sostengo también mis buenos gustos a través del tiempo, ya que tu hermano tiene muchas cosas parecidas a ti, te aclaro que cuando conocí a Ramón no sabia nada de la relación contigo, porque todo fue coincidencia dado que fue en otra ciudad bien lejana, con el tiempo y uniendo razones e ideas fue que supe que eran hermanos, pero decidí no comentar nada y esperar a volverte a ver para aclarar las cosas, pero espero que mantengas en secreto nuestra única, como decirlo, ja, ja, entrevista, lo cierto es que me gustabas mucho y los tragos de esa noche hicieron el resto, me da algo de vergüenza el recordarlo y para que te enteres los únicos hombres con que tenido relaciones sexuales han sido tu hermano y tú esa vez.
A lo que respondí. -Tranquila es nuestro secreto, Ramón nunca se enterará de ese delicioso momento, total con tanta oscuridad que había no pude realmente ver mayor cosa, así que no sé de lo que me perdí.
Se levantó y su bata revelaba lo contundente de sus formas dejándome con una emoción truncada, al ver sus piernas torneadas y su firme culo entrando a su alcoba.
Pasaron cuatro días y nos mantuvimos dentro de los cánones de relación de cuñados, conversábamos lo necesario, salíamos con mi hermano a buscar mi nueva vivienda, todo normal, encontramos una adecuada y quedaron a prepararla para entregarla en una semana, pero al quinto día decidí hacer pereza y me quedé en cama leyendo en interiores, como a las 10 a.m., entra sorpresivamente al cuarto mi cuñada, solo tenia una toalla pequeña y al verme se sorprende y me dice.
-Disculpa pero pensé que habías salido y creí que estaba sola en casa, menos mal que no salí desnuda, solo entré a buscar champú a tu baño, la pequeña toalla apenas tapaba sus encantos, se quedó parada en la puerta, yo entré al baño a sacar el champú estaba solo en slips y que marcaban mi bulto, vi que hacia ahí dirigió su mirada y me comentó. -Aún conservas tu cuerpo en forma,
A lo que contesté, -TÚ también te ves muy bien, lástima que esa sala estaba tan oscura esa noche que no pude ver lo que quería y siempre me he preguntado cómo realmente eres, pero lo que veo ahora es muy bueno.
El estar en ropa íntima y conversando le daba al momento un tinte erótico, ya que mi bulto se comenzó a levantar marcándose la cabeza claramente.
-Gracias, eres muy galante, pero el hecho de ser mi cuñado no te obliga a decir mentiras, no estoy tan delgada. -No son ningunas mentiras, desde que llegué he tratado de reconstruir esa noche, y recordar ese cuerpo tuyo y compararlo con el de hoy, estas solo un poco más nalgona pero te sienta bien. -Bueno ya tenemos un secreto entre nosotros, si de veras me quieres ver el cuerpo, te daré la oportunidad, me vas a ver pero solo un instante y ya, para que no te lo preguntes más, te advierto que no tengo brasier.
Se abrió la toalla y me reveló su cuerpo que tenia solo un pequeño panty, sus senos erguidos rematados por pezones oscuros con puntas paradas, su estomago plano y su vulva abultada de la que se veían unos vellos que salían por sus lados, cerró rápidamente su toalla y salió para su cuarto, me dejó con la verga medio parada.
Pensé que era el momento de aclarar ciertas dudas, llegué a su puerta y toqué, un sigue autorizó mi entrada, entré a su cuarto estaba en la puerta del baño con la toalla solo por delante y le dije:
- Creo que solo me presentaste la mitad de lo que tuve esa noche, no te parece que falta mucho todavía. – Bueno, estás muy curioso, eres mi cuñado pero también has sido otra cosa y creo que por hoy te quitaré la inquietud, pero sólo eso.
Se quitó la toalla y estaba totalmente desnuda, su peluda vulva con pelo negro y brillante resaltaba en su magnifico cuerpo, pasó su mano por su estomago plano, la bajó hasta su mata de pelos y se los jaló, eran algo largos, jugó con ellos retorciendo un rizo, giró lentamente y me permitió ver sus grandes nalgas, mi verga de dilató dentro del pequeño calzoncillo y me dijo.
-¿Satisfecho, con la demostración? y cerró la puerta del baño.
Al instante la abrió nuevamente caminó hacia mí desnuda, se veía en todo su esplendor de hembra y me dijo. – Sabes, con esa oscuridad yo tampoco me acuerdo de ti, ¿me quieres mostrar lo que usé?
Me bajé el calzoncillo y apareció mi verga distendida y endurecida.
-Es como la recordaba, pélate la cabeza me dijo.
Con la mano corrí mi piel y salió la cabeza hinchada y empecé a pajearme lentamente frente a ella, yo le dije.
-Me gustaría verte agachada, esa es una perspectiva que deseo conocer.-No hay problema con la familia hay que tener ciertas consideraciones especiales, me dijo con un tono y una mirada maliciosa.
Se inclinó y se apoyó en la esquina de la cama y pude ver su raja, sus labios peludos, por lo que me aventuré a decir.
-¿Me permites abrirte las nalgas?, quiero verte bien adentro. -Yo te muestro lo que quieras pero yo misma lo hago, se agachó del todo y abrió sus nalgas con ambas manos, apareciendo su anillo anal, el oscuro agujero estaba un poco dilatado. Era hermoso su amplio culo en pompa y la mata de vellos negros a medio metro de mi vista.
-Quédate así te ves preciosa, ¿puedes abrir un poco más ? mi cuñada tomó sus hirsutos labios con los dedos y los abrió, vi la entrada de su vagina, yo seguía pajeándome y sentí la llegada de mi leche, apunté a su raja, las dos primeras descargas cayeron en sus nalgas y espalda, ella trató de quitarse volteándose, pero dirigí mi próximo chorro a su costado y el último con toda intención a su cara que salpicó sus mejillas, el resto se derramó sobre el tronco.
-Mario ¿qué es eso?, yo en ningún momento te autoricé a llenarme de semen, sólo era para satisfacer tu curiosidad, mira cómo has vuelto, que forma de botar leche. -Es que no pude aguantarme, estoy tan arrecho que necesitaba descargarme y es que tienes un culo precioso, pero no tenía programado derramarme sobre ti, déjame y te ayudo a limpiar ese desastre que causé.
Con la toalla limpié su espalda, agachado pasé a sus nalgas y dado que la leche estaba rodando entre sus glúteos, se los abrí y metí la toalla, le pedí que se abriera las nalgas y pude tocar su hueco negro, pasé las manos por sus labios velludos y mi verga comenzó a pararse nuevamente. Me levanté y limpié sus mejillas que tenían semen. Al quedar enfrente ella me quitó la toalla y me dijo.
-Yo te limpio, quedaste también mojado, hasta en tus huevos cayó.
Tomó mi verga y suavemente me limpió la cabeza aun goteante, descubrió el glande con dedos, siguió sobándomela, limpió mis bolas y miraba con curiosidad el palo que ya estaba durísimo.
-Me provoca chupártela nuevamente, pero ahora eres mi cuñado, no sería correcto, mejor mantengamos las cosas así de tranquilas para evitar problemas familiares. -Si te provoca metértela en la boca por mí no hay problema, total no es algo que no hayas hecho, yo sé cual es mi posición como tu cuñado, no pretendo quitarle la esposa a mí hermano, pero me gustaría ver como me la mamas porque de esa noche solo tengo la visión de una sombra comiéndose mi pene. -Realmente lo que quiero es reconocer tu sabor por una vez y un momento porque de verdad ya no me acuerdo.
Lamió la punta de la cabeza que tenía una pequeña gota de semen lo saboreó y se metió sólo el glande en la boca y le dio unas tres chupadas.
-Tienes muy buen sabor y está durísima, sabes que la voy aprobar entera y ahora sí pude ver como desaparecía en su boca todo el tronco, la metió en sus tres cuartas partes y, la sacó un poco e increíblemente volvió a metérsela todita hasta llegar a la base mis pelos tocaban su nariz, Elena era una chupadora de primera, se la sacó y le dio un par de chupadas más y me dijo, -Listo ya gastamos nuestra natural curiosidad por lo que no vimos esa noche, así que por ser lo mejor dejemos estas cosas en el olvido, Ramón puede darse cuenta o nos gusta demasiado y ninguna de las dos cosas es aconsejable, me voy a bañar así bajo mi temperatura.
Me dio la espalda dejándome con la verga parada mientras veía como su culo se movía al alejarse, llegó hasta la puerta del baño y se giró diciendo.
-Tú sabes que es lo mejor para los dos, ¿verdad?
Yo le contesté, -Creo que aún falta algo, tú probaste el sabor de mi verga pero yo no sé a que saben tus jugos, es justo que tenga la misma oportunidad, ¿no te parece?. Ella lo pensó un poco y me dijo, -Creo que tienes razón, es justo que me la pruebes, así que acuéstate que tendrás la oportunidad de saborear mi vulva con tu boca.
Tal como me indicó me acosté en su cama boca arriba, mi verga rígida apuntó al techo mientras Elena se subía, colocó sus piernas al lado de mis hombros y comenzó a bajarse, agarré sus nalgas y detuve su descenso para observar en detalle, vi la hirsuta mota con sus gruesos labios morenos bordeados de largos pendejos humedecidos por los líquidos que bajaban desde sus labios internos, abrí con mis pulgares los labios menores y miré su gruta vaginal empapada, tanto jugo me dio una idea de su nivel de arrechera y más atrás su oscuro ano con cortos vellos alrededor, levanté mi cara para el encuentro con su chocha, saqué mi lengua y la posé sobre su clítoris, lamí sus labios interiores, tomé una gota de su jugo que rodaba, estaba algo ácido y seguí con mi lengua trapeando el moreno canal hasta llegar al hueco trasero y lo besé, me apartó las manos y terminó sentándose en mi cara, su mata de pelos se topó con mi nariz y abrí mi boca abarcando labios y pelos, su olor a culo entusiasmado tenían mi picha al límite de la tensión, Elena pasó una mano hacia la picha y comenzó a acariciármela, subiendo y bajando mi prepucio, mientras yo ávido chupaba su vulva que manaba flujos cálidos regando mi cara con su esencia.
-Chúpame esa chucha con fuerza, Mario lámeme la pepita, estoy calentísima, si quieres mete tu lengua en mi culo, perdona mis vulgaridades pero me pusiste muy arrecha, decía mientas que casi con rudeza frotaba sus labios contra mi lengua que permanecía afuera vibrando sobre su clítoris, su movimiento alternativo subía su pelambre por encima de mi nariz, dejándome sin respiración, era una actitud totalmente obscena, yo con las manos en sus nalgas trataba de regular el ritmo. Avanzó su culo y mi cara fue sepultada por ese par de grandes nalgas que tanto me excitan, lamí ahora su agujero anal hasta que me aguantó la respiración, me tocó empujar sus nalgas para poder inhalar, tomé aire y me sumergí de nuevo entre sus tapas apoderándome del ano que por la succión ya sobresalía.
De pronto se levantó y me dijo. -Me dijiste que no era justo te impidiera saborear mi chocha puesto que te había mamado tu polla, pues tú has derramado tu leche sobre mí, ahora es mi turno de tener la misma justicia, me voy a sentar sobre tu verga así que siéntate en el borde de la cama, te voy a cabalgar por primera y última vez, así que puedes enterrarme tu polla, sabes que es idéntica a la de tu hermano.
Me acomodé en la esquina de la cama y mi cuñada se colocó de frente a horcajadas sobre la picha endurecida, con su mano la colocó en la entrada y se dejó caer hasta que sus nalgas se apoyaron en mis muslos, metió una mano entre nuestros pendejos que estaban unidos y abarcó con sus dos dedos la base del trozo que invadía su caverna.
-¡Uff!… Estoy clavada hasta la matriz, siento la cabeza de tu pene en el fondo de mis entrañas, jamás pensé tener la verga de mi propio cuñado ensartada en mí chucha, ¡está riquísima! Te voy a pedir algo, mete tus dedos en mi chiquito es algo que me motiva.
Pasé la mano entre sus nalgas y localicé su agujero y empujé con el dedo del corazón, por la humedad pude entrar dos falanges sin problemas e inicié un más aje rotatorio, un dedo más acompañó al solitario intruso y en segundos fueron tres los que ampliaron su hoyo, con los tres dedos clavados empezó a subir y a bajar, mi verga entraba y salía con gusto de la hasta ahora exclusiva raja de mi hermano. Su orgasmo anunció su llegada un ruido parecido a un gruñido semisalvaje y sus uñas en mi espalda era el preludio de su éxtasis, buscó mi boca y nos besamos con furia aún con mi lengua dentro de su boca seguía gimiendo, se vino presionando sus nalgotas contra la base de mi verga donde se escurrían gotas de su néctar, y siguió metiéndola y sacándola ahora lentamente, sobre el garrote parado.
Elena en una subida se la sacó y me dijo, -Ya que esta será nuestra última culeada, que sea bien completa para acordarnos con gusto, te voy a entregar lo que te faltó por probar la primera vez.
Ubicó mi glande en la boca de su ano y comenzó a sentarse, mientras me miraba a los ojos se sonreía,
-Espero que te guste bastante, si tienes los mismos gustos de tu hermano, es fanático de mi chiquito.
La miré a los ojos mientras la barra de carne continuaba su viaje al fondo de su intestino, cuando no hubo más por meter, comenzó a rotar sus glúteos sobre mi ingle.
-¿Pensaste alguna vez que volveríamos a estar en esta situación? -Realmente nunca esperé volver a verte y menos a tener mi verga dentro de tu culo, pero estamos recuperando parte de esos momentos.
Tomé una teta y me la metí en la boca, chupé su pezón, me comencé a mover entrando y saliendo del guante cálido que aprisionaba mi trozo y mi picha no pudo más y entró en erupción, los chorros de semen regaron sus heces en la oscuridad de su recto, mis espasmos cesaron, la besé en la boca y la abracé me quedé un rato con mi polla ensartada en su ano sintiendo el contacto de sus nalgas.
Ella luego se levantó en silencio y mi picha semiflácida y aun cubierta de semen salió de su interior, mi hermosa cuñada me había entregado lo mejor de sí, me agaché y besé su vulva, lamí sus peludos labios como un simbólico beso de despedida, aspiré por última vez el aroma de su raja mientras mi cuñada me acariciaba el cabello, restregando su velluda intimidad contra mi cara, cuando su impresionante cuerpo se dirigió al baño y la puerta se cerró, entendí que a pesar de que no se volvería a repetir, no todo había sido tiempo perdido.
La polla de mi suegro
Terminó el baile y yo estaba prácticamente mojada, el roce con la enorme verga de mi suegro me había excitado muchísimo, tenía miedo de que se notara que estaba mojada, tenía vergüenza de que se dieran cuenta de que mi suegro estaba con la verga erecta, pero no podía dirigir la mirada hacia su verga porque eso también podía ser notado. Tenía vergüenza de que mi suegro me hubiera sentido mojada y que pensara que a mí me había gustado sentirlo, porque era evidente que él sabía que yo lo había sentido.
Me hice la desentendida y me senté en el sillón, vi de reojo y pensé que era imposible de que no se hubieran dado cuenta de que mi suegro tenía la pinga parada. Mi suegro siguió sirviendo licor. Yo casi no tomo así que me servía menos y yo me demoraba en terminar cuando me servían. Esto ocasionó que mi marido se quedara profundamente dormido y mi suegra (que también tomaba regular) diera muestras de cansancio. Le dije a mi suegro: mejor vámonos a descansar. Él casi cargó a mi marido y me ayudó a llevarlo hasta mi cuarto. Mi suegro y mi suegra se dirigieron a la habitación que les habíamos asignado.
Cuando estaba en mi cuarto decidí ir al baño a lavarme la concha (así le llamamos aquí a la vagina) porque la tenía mojadita y a cambiarme de truza. Estaba solo con la truza y un camisón de dormir. Entré al baño y por costumbre (los fines de semana nos quedamos solos en la casa) olvidé poner seguro a la puerta. Me saqué el camisón y la truza y me senté en el bidet para lavarme, además pensaba que no iba a poder dormir con la concha caliente, como me había quedado después del roce con la verga de mi suegro. Cuando de pronto ingresó mi suegro prácticamente con la verga en la mano, seguramente para orinar.
Yo no tenía cómo taparme y él no hacía nada para cubrirse el tremendo rabo que le colgaba. A pesar de tener la pinga solo medio erecta se veía descomunal, no solo era larga sino que también era muy gruesa. Ni en las películas porno había visto semejante pinga, de solo imaginarme cómo sería totalmente erecta se me hizo un nudo en la garganta y, tengo que confesarlo, me sentí muy excitada, me imaginé cómo sería tener toda esa vergota adentro. No sé exactamente cuánto tiempo pasó, pero para mí fue una eternidad. Mi suegro me dijo:
-Disculpa Marguita (mi nombre es Margarita) -No se preocupe don Alfonso (le respondí), la culpa la tengo yo por no poner seguro a la puerta.
Me paré y salí del baño, me fui a la sala para tomar algo de líquido y apareció mi suegro, me miró, esta vez me pareció que me miraba de forma diferente- y me dijo:
-¿No tienes sueño Marguita? -Se me ha quitado –le respondí.
Se sentó a mi costado y me dijo:
-Quiero pedirte disculpas por lo del baile, pero no pude evitarlo, sé que te diste cuenta de que estaba muy excitado, parece que los demás no se dieron cuenta. -Eso espero – le contesté -La verdad que tienes muy buen cuerpo, que suerte la de mi hijo, de poder comerse una mujer como tú. -Le agradezco sus comentarios pero le pido por favor más respeto don Alfonso – le dije.
No sé si mi llamado al orden lo excitó más pero noté como le crecía la verga. No pude dejar de mirarla y como no había nadie más que nosotros dos en la sala, ya no tenía mucho de qué cuidarme como antes.
-Que sea tu suegro no significa que deje de ser hombre me dijo, al tiempo que se acercaba más a mí y me ponía la mano sobre el hombro, Don Alfonso, que puede venir mi marido o su esposa –le dije. -No te preocupes que cuando mi mujer agarra el sueño no la despierta ni un terremoto. -Es igual que su hijo -le dije.
Creo que cometí el error (o el acierto) de no detener las cosas allí, no pude resistirme, no sé si fue la curiosidad, la calentura, el peligro, o qué sé yo, pero la excitación me ganó y dejé que mi suegro siguiera tocándome. Mi suegro era realmente un maestro para hacer el amor, se acercó a mí y rozó sus labios con los míos, me pasó la lengua por los labios y después juntó los suyos con los míos; me metió la lengua creo que hasta la garganta, jugaba con mi lengua y con las manos me acariciaba, me agarraba las tetas, me estrujaba los pezones, después me agarró las nalgas y me las separó; después, sin dejar de besarme, me agarró la concha y comenzó a jugar con mi clítoris, me metió los dedos a la concha y los movía.
Siguió besándome, me lamió todo el cuerpo, me chupó los dedos de los pies, me sacó toda la ropa, me puso boca abajo y me lamió desde la nuca hasta los talones, después regresó, se detuvo a la altura de mis nalgas, me las mordisqueó, me las lamió, me las ensalivó y me dio vuelta. Lentamente separó mis piernas y me metió su lengua rasposa en la concha, los pelos de su barba mal afeitada me raspaban mis partes íntimas y eso también me excitaba, metía y sacaba su lengua de mi concha como si su lengua fuera su verga y me estuviera penetrando, después chupaba como si dentro de mi concha hubiera un manjar que no quería perderse.
Continuó su tarea lamiéndome el clítoris, después me lo chupaba como si fuera una verga pequeñísima. Allí tuve mi primer orgasmo, sentía que mi cuerpo me temblaba. Para este momento yo no tenía noción de que estaba a unos metros de mi esposo y que su papá me estaba haciendo delirar de placer. Tanto fue mi placer que estoy segura que lancé unos gemidos (alaridos diría yo) sin importarme si mi esposo o mi suegra se despertaban. Mi suegro levantó mis caderas y prácticamente puso mi culo a la altura de su boca. Me levantaba y me bajaba y hacía que mi cuerpo se deslizara por su boca. Su lengua, que me parecía enorme, recorría mi concha y mi ano. Luego se detuvo en mi ano y comenzó a meterme la lengua con la misma dedicación que lo había hecho con mi concha. Parecía que mi ano estaba hecho para su lengua, porque a pesar de que nunca me la han metido por ahí, su lengua entraba fácilmente.
Después se dio vuelta y me puso la verga en la cara. No hubo necesidad de que me dijera qué quería, entendí que me estaba invitando a que se la mamara, y así lo hice. Con mi poca experiencia hice lo que pude, además mi suegro tiene la pinga tan grande que con mucha dificultad logré metérmela en la boca. Tenía que abrir la boca todo lo que podía para poder introducirme solo la cabeza. Le lamía la pinga de la cabeza hasta la base, después jugueteaba con sus huevos, se los mordisqueaba, se los chupaba y volvía a lamerle la pinga, le eché mucha saliva en la pinga, así me gustaba vérsela, chorreando saliva. Nos colocamos en lo que se llama un 69. Mientras que mi suegro movía las caderas tratando de meterme la pinga en la boca, me chupaba la concha, se metía los dedos en la boca y después me los metía en el ano, primero un dedo, después dos y finalmente no sé cuantos dedos me metió. Allí tuve mi segundo orgasmo, este fue más intenso que el anterior. Mis gritos fueron más fuertes.
Después de esto, mi suegro se puso encima mío y me la metió. A pesar de que yo tengo dos hijos, sentí que la pinga me entraba con un poco de dificultad y que me dolía un poco, pero curiosamente, ese dolor también me producía placer. Después mi suegro me levantó una pierna y siguió metiéndomela, Después me la metió de costado. Luego se echó en el sillón y me dijo que me sentara en su verga. Le obedecí. Comencé a cabalgar sobre esa descomunal pinga y sentía como se me introducía toda, y yo podía controlar el movimiento. Eso me excitó al máximo.
Cuando sentí que me venía otro orgasmo comencé a moverme más rápido y la sensación de placer fue indescriptible. Ahora, más calmada, pienso que esa es la mejor pose, porque una puede controlar la penetración y dirigir la velocidad y profundidad. Después de eso, mi suegro me ordenó que me pusiera como una perra, o sea en cuatro patas pero arrodillada. Sentí que me escupió en el culo y luego me metió un dedo despacio, comenzó un mete y saca con un dedo y después sentí que me metió dos dedos y continuaba con el mete saca. La verdad que hasta ese momento no sentía dolor, solo una sensación de incomodidad que era largamente anulada por el inmenso placer que sentía con los dedos de mi suegro dentro de mi ano. Volvió a escupirme en el culo, sacó sus dedos y puso la cabeza de su enorme pinga en la entrada de mi ano. Yo hacía ya un buen rato que me había dado cuenta de que me la quería meter por el culo, y la verdad, estaba ansiosa porque lo hiciera.
-Quizá si esto te pueda doler un poco –me dijo- ¿Quieres que siga? –agregó. -No me interesa que me duela, al contrario, quiero que me duela –papito rico- le contesté, – por favor, no seas malo, rómpeme el culo, este culito virgen está listo para recibir tu rica pinga, vas a ser el primero que me la meta por el culo – le dije. -Sí, ya me di cuenta que el tonto de mi hijo nunca te ha dado por el culo – agregó.
Y siguió con su ardua tarea, poco a poco fue metiéndola. Metía un poco y se detenía unos segundos. Yo pensé que ya me la había metido toda, pero no sabía que solo había metido la cabeza. Cuando me la metió toda sentí como si me estuvieran partiendo en dos. Sentí un gran dolor y solté un grito. Al mismo tiempo sentí un inmenso placer y comencé a moverme y a retroceder más para que me entrara más pinga.
Nunca pensé que yo fuera tan puta como para tirarme a mi suegro en mi casa a unos metros de mi esposo. En ese momento ya no me interesaba que mi esposo se despertara o que mi suegra nos encontrara. Mi única preocupación era que me la metieran más y que mi suegro se moviera. Y vaya que él sabía moverse. Me metía la pinga por el culo y me pajeaba la concha y me mordía el cuello.- Y me decía cosas asquerosas: muévete puta de mierda, muévete chupa pinga, como serás de puta que te estás comiendo la verga de tu suegro, ¿sabes que con esta pinga hice a tu marido?, sigue moviéndote puta de mierda, perra puta eres, me decía.
Yo también le decía cosas que nunca había pronunciado: cogeme más rico, méteme toda esa vergota que tienes, rómpeme el culo, cogeme como si fuera tu perra, como si fuera una puta a la que le has pagado. Se me vino otro orgasmo. Grité más fuerte, parecía que mi intención era despertar a todo el vecindario. Mi suegro siguió bombeando, parecía el pistón de un carro. Me agarró fuerte las tetas con ambas manos y me apretó contra él. Entendí que se estaba viniendo. Sentí que me llenaba de leche, pero la leche no paraba de salir. Sacó su pinga de mi ano y la vi que estaba bañada con una mezcla de semen, caca y sangre. Mi suegro realmente me había roto el culo.
-Chúpame la pinga, puta de mierda –me dijo- déjamela limpia. Perra –agregó. – Si papito –le contesté, y comencé a chuparle la pinga hasta dejársela limpiecita.
Realmente no sé cuántos orgasmos tuve, creo que seis o siete. Pero fue la noche más feliz de mi vida. Mi suegro se levantó, me dio un beso y al parecer saboreó todo lo que yo tenía en la boca, que finalmente era suyo, mío, nuestro. Me dio las gracias y le respondí: No, gracias a ti, esto ha sido maravilloso. Mi suegro se fue a su cuarto.
Me fui al baño, me lavé la concha y el culo, que me ardía y sentía como si me lo hubiera dejado abierto y por allí me entrara aire o algo parecido. Pero me sentía en las nubes. Me fui a dormir.
Otro día les cuento lo que pasó al día siguiente.
Autora: Putitapl
El derecho a roce
Por fin es lunes, y por fin voy a volver a ver a mi amiga. Hace unos meses que nos conocimos, y poco a poco hemos ido compartiendo más y más cosas juntos. Desde el principio nos entendimos muy bien, y nos contamos todo lo que tenemos dentro, sin temor a ser censurados. Me encanta poder hablar con ella de mis más oscuras fantasías, y escuchar las suyas. Ella no se atreve a contárselas a su marido, a pesar de que él le pregunta por ellas. A mi me sucedía lo mismo con mi novia, no era capaz de contarle esas imágenes que me saturaban la mente, por miedo a que pensara que yo era un bicho raro.
Llamo al telefonillo, y escucho su voz a través del altavoz, preguntando:
-¿Quién es? -Soy yo -le digo, y cuando me abre, subo las escaleras hasta su piso.
Cuando llego, la puerta está abierta. No suele estarlo. Entro en silencio, y la encuentro hablando por teléfono. Me hace un gesto poniendo un dedo en sus labios, para que no hable. Me imagino que está hablando con su marido. Ella no es especialmente hermosa si nos atenemos a los cánones del atractivo que nos impone la sociedad. Pero desde el primer día me gustó. Su sonrisa, sus gestos, su voz. Hasta me gusta cómo le queda el pijama de pitufos.
Por lo que escucho, confirmo la primera impresión de que habla con su marido. No es la primera vez, ya que él suele llamarla por las mañanas. Los dos se quieren, pero según me cuenta ella, cree que necesitan algo nuevo en su vida. En su caso, yo soy esa novedad, un chico con el que puede hablar, y al hacerlo se siente un poco pícara. No somos amantes, más bien amigos, confidentes. Los dos hablamos de nuestras relaciones sexuales, es cierto, y nos excitamos al hacerlo con una persona que no es nuestra pareja habitual, pero no sentimos celos, ni esa sensación de propiedad sobre el otro que suele asociarse al enamoramiento.
La conversación telefónica se está alargando, y me pide perdón con la mirada, sonriendo y mordiéndose el labio como con nerviosismo.
-No pasa nada -le digo mientras paseo por el salón cotilleando las fotos que inundan la estantería de la tele.
Por fin termina la conversación, pero de forma súbita. Supongo que el trabajo ha requerido a su marido, y ha tenido que colgar el teléfono. Me imagino que en un rato volverá a llamar para terminar la conversación. Ella deja el teléfono sobre la mesa, y me saluda con dos besos.
-Hola, ¡Qué pronto has venido! -Me dice sonriente. -Me voy a tomar un zumo de naranja, ¿Quieres tomar algo? -Un café sí que me tomaría, gracias -respondo mientras la sigo hasta la cocina.
Mientras el microondas calienta algo de café sobrante del desayuno, empieza a contarme el último capítulo de los amoríos de una amiga suya, que no tiene mucha suerte con sus relaciones. Me gusta escucharla, sus gestos ya no son bruscos, como el primer día que nos conocimos en persona. Los dos estábamos algo “acartonados”, pero pronto nos relajamos y nos mostramos naturales. Su compañía me hace sentir bien, y me da la impresión de que ella se encuentra muy a gusto conmigo.
Nos vamos al salón, y seguimos charlando mientras me tomo el café, y ella se termina su zumo. Le cuento mi último fracaso de discoteca. Soy un chico medianamente atractivo, y cuando salgo por la noche me gusta conocer gente, pero a veces, la noche acaba de forma inesperada. La anécdota de este sábado noche hace reír a mi amiga, y con su risa me contagia su forma de ver la situación. La verdad es que es una mujer genial.
Suena el teléfono: su marido otra vez.
Mientras me levanto, y llevo los vasos a la cocina. Y a la vuelta, me detengo un momento en la puerta de su dormitorio. La cama aún está deshecha, y la ropa del día anterior tirada en el suelo. El montón de ella, y un poco más allá el de su marido. Observo la cama y me imagino a los dos allí metidos. Según me cuenta ella, su vida sexual no es monótona, y los dos son bastante imaginativos. A veces me ha contado con detalle su sesión de sexo de fin de semana. Lo suelen hacer en la cama, y casi con seguridad esta noche o ayer.
Mientras tanto, escucho que ella se acerca, todavía hablando por el teléfono. Se queda apoyada en la pared del pasillo, mirándome mientras habla con su marido. En un momento dado, y sin venir a cuento, escucho como ella le corta la conversación diciéndole con voz melosa:
-Oye, anoche me encantó…
Mientras lo dice, me mira a mí con cara pícara. No puedo evitar volver a fijarme en su pijama de pitufos; me llama la atención la dualidad entre lo infantil de su pijama y las imágenes que con seguridad están pasando por la cabeza de ella en estos momentos, mientras recuerda su última sesión de sexo con su marido.
Ella quiere picarme, se le nota en la sonrisa que tiene mientras empieza a usar palabras sexuales con su interlocutor. Con sigilo, me meto en el servicio de su dormitorio, y cojo la papelera. La miro a ella, y veo cómo abre los ojos como platos, e intenta quitármela. No puede forcejear ni hacer ruidos que puedan alertar a su marido de que ella no está sola, así que venzo fácilmente. Miro en el interior de la papelera, y con la punta de dos dedos extraigo un preservativo anudado, y se lo enseño.
Ella me mira con una sonrisa de esas que dicen: “en cuanto cuelgue el teléfono, te voy a matar”. Observo yo el preservativo anudado, y me sorprende que no me haya dado asco cogerlo. No puedo evitar fijarme en el semen de su interior. Y tampoco puedo evitar sentir cierta envidia de su marido. Durante un instante, me permito imaginar cómo sería acariciar sus pechos a través de la tela de ese pijama, desnudarla en silencio mientras ella se deja hacer. Mi imaginación se descontrola, y continúo mentalmente con la escena. La tumbo en la cama. Ella ya no puede concentrarse a la conversación con su marido, y le dice:
-Me llaman al móvil, ahora te llamo…
Deja el teléfono a un lado de la cama, se incorpora de la cama, y me desabrocha el cinturón, y los botones de los vaqueros. Yo mientras me quito la camisa. Deja caer mis pantalones, y las palmas de sus manos se me pegan al pecho, a la espalda, y a mi sexo. Me lo agarra a través de la tela del bóxer, y observa cómo crece entre sus manos. Por su sonrisa, deduzco que le agrada la reacción que está consiguiendo de mi cuerpo.
Por mi parte no puedo evitar seguir sopesando sus pechos. Ella siempre se lamenta de que antes estaban más firmes, pero yo los veo perfectos.
Ella todavía agarrándome, usa la otra mano para coger mis testículos, y mientras me tiene así de “dominado” se tumba bocarriba. Lentamente, va tirando de mi sexo dirigiéndolo a su boca, obligándome a ponerme sobre ella, con una rodilla a cada lado de su cabeza.
Así colocados, ella tumbada bocarriba con la cabeza entre mis piernas, afloja la presa y la empieza a acariciar. Yo respiro profundamente, y suelto el único botón que mantiene cerrados los bóxer. Ella mirándome a los ojos, comprueba que los dos estamos deseando lo mismo. Con muy poco esfuerzo, manipula la abertura recién abierta, y observa mi excitación. Me la acaricia con sus manos, mientras la observa a tan corta distancia de su cara. Supongo que analiza su tacto, su calor, tal vez su olor, se imagina su sabor. Me pide que me quite el bóxer. Me escabullo de su presa, y obedezco su petición. Después, aprovecho para, lentamente, bajar la parte de abajo de su pijama, y su ropa interior.
Tiene el vello del sexo recortado, según me contó, lo hizo en su aniversario. Vuelvo a pensar que es una mujer casada, y que también es una amiga. No se si es buena idea continuar, pero no podemos parar. Acaricio su sexo; es precioso. Acerco mi cara para poder sentir algo más. Me invade su olor y se dispara el mecanismo del que la evolución ha dotado a los hombres. A partir de ahora ya no soy el “buen chico” que aparento. No puedo evitarlo, desde este momento ya solo puedo ver a una mujer desnuda tumbada en una cama frente a mí, una mujer que estira la mano hacia mí, intentando recuperar su juguete.
Se lo doy, dejo que se lo meta en la boca, mientras yo le cojo la cabeza con las dos manos. Intento no ser muy brusco, pero no se lo que me pasa. Me concentro en el calor y la humedad que me está regalando. Me da la sensación de que si la dejo hacer, acabaría por conseguir que terminara en su interior. Aunque lo deseo, también quiero sentir el interior de otras partes de su cuerpo.
Le doy la vuelta, poniéndola de medio lado, y le abro las piernas sin ninguna dificultad. Ella me mira por encima de su hombro, sin soltar su mano de su presa. Me dirijo hacia mi objetivo, entre sus piernas, el cual me recibe con los labios hinchados y el brillo en su entrada, me indica que soy bien recibido. Dejo que mi amiga tire de mí hasta su sexo, y me dice susurrando:
-Fóllame…
Empujo lentamente, con decisión, sintiendo la fricción de su túnel alrededor de mí. Siento con detalle cada centímetro. Voy entrando poco a poco, no porque haya ningún tipo de dificultad, sino disfrutando de cada segundo. Por fin, llego al fondo. Mi amiga ha tenido que soltarme, y ahora ha colocado sus manos para darse placer.
Coloco mis manos en su cadera, y en su muslo, y empiezo a follarla mientras observo su cara. Sus ojos cerrados, la boca entreabierta, y la respiración entrecortada. Se está concentrando en el placer corporal que la invade. De pronto se da cuenta: no me ha puesto preservativo. Me mira a los ojos y me dice:
-No te corras, prométemelo ahora mismo.-Pues date prisa en hacerlo tú, porque no pienso salir hasta que termines -Le contesto.
Ella duda un momento, y enseguida vuelve a cerrar los ojos y a concentrarse en darse placer con sus manos. Me quedo quieto, dejo de entrar y salir, y observo cómo ella mueve sus caderas gimiendo en voz baja. Me da la impresión de que no va a tener que fingir. Su orgasmo se deja sentir, y memorizo cada contracción de su cuerpo, el sonido de su garganta, entre gemido y ronroneo, su cuerpo brillante, su sexo palpitante. Después, queda inerte sobre la cama, acariciándome con su mano entre las piernas.
-Córrete… -Me dice casi sin voz.
Entonces yo salgo de su interior, y comienzo a masturbarme observándola desfallecida sobre la cama de su matrimonio. En segundos, tenso mis músculos y eyaculo violentamente, tanto que me zumban los oídos. Cuando abro los ojos, ella me está mirando, con una sonrisa cómplice. Su cuerpo está cubierto por mi semen, pero no parece molestarle.
-Si quieres puedes mirar mientras me ducho -Me susurra mientras se levanta de la cama.
Gracias por leer este relato. Parte de este relato es ficción, aunque nada me gustaría más que tener una amistad así, para convertir el mundo en algo un poco más electrizante.
Autor: Biselomarqueze
Nora, mi sobrina nieta
Mi nombre es Roque, soy viudo y vivo solo, tengo una sola hermana, Dora, quien tiene unos años menos que yo. Dora vino un día a verme trayéndome una preocupación.
- Roque: Nora mi nieta, tu sobrina nieta de 18 años, está por ir con la división a Bariloche en el viaje de egresados, ella es virgen y tiene miedo, pues a su hermana en esos viajes la desvirgaron mal y quedó muy resentida, mi hija nunca supo nada, pero a mí y a su hermanita nos contó todo y con lujo de detalles. La nena vino a mí porque está decidida a perder la virginidad sea como sea, pero que no sea traumática como su hermana.
-Y ¿Qué quieres que haga yo? Pregunté.-Tú eres un hombre grande y muy experimentado, sé que sabrás resolverme el problema.-¿Qué quieres? ¿Qué me la coja yo y que me metan preso por incesto? -Roque yo le conté de vos y me confesó que desea hacerlo contigo.-Mira esta tarde vengo con ella de visita y vemos, ¡Sin compromiso! – ¡De acuerdo!
Dora me dejó intrigado ya que yo no llegaba a entenderla. Ella llegó con Nora mi sobrina nieta, una chica muy hermosa, a primera vista aparentaba tener más de 18 años pues sus formas estaban bien desarrolladas. Conversamos casi 2 horas entre los tres, hasta que llegamos a la conclusión de que ¡yo! tendría la misión de romperle el himen y liberarla de los acosos masculinos.
Quedamos con Dora y su nieta en que se quedarían a pasar la noche en mi casa y así lo hicimos, yo dormiría solo en mi cama matrimonial y Dora y la chica en la habitación de huéspedes.
Después de cenar, como a la medianoche decidimos ir a acostarnos, yo me tomé un rato para leer un poco, luego apagué la luz y me dispuse a dormir. Como a la una de la mañana. Siento que alguien se mete en mi cama, enciendo el velador y veo a mi nietita que me mira sonriente mientras se acomoda junto a mí. ¿Puedo dormir con vos? ¿Si no es molestia? Me preguntó. Yo abriendo las cobijas la invité a mi lado izquierdo (el lugar que reservo a mis compañías femeninas). Nora se acomodó junto a mí, apagué la luz y me quedé quietito, la muchacha olía a un perfume dulce, delicioso, yo me contenía las ganas de tocarla, ansioso esperé a que la muchacha tomara la iniciativa.
Pasaron unos diez minutos y como yo permanecía quieto y en silencio la muchacha comenzó a arrimar su cuerpo contra el mío y a pasar su mano suavemente por mi pecho, yo respondí colocando mi mano derecha sobre la mano de ella, se la acaricié un poquito y luego la subí por su brazo hasta su hombro, luego pasé las puntas de mis dedos suavemente por sus cabellos, su cabeza y luego la bajé lentamente por su espalda, ya que estaba de costado cara hacia mí.
Mientras sentía sus pechos firmes contra mi brazo y su pubis contra mi mano izquierda como buscando mimos, yo fui apoyando el dorso de esa mano y antebrazo contra su vientre, luego abriendo mi mano la apoyé sobre la parte interior de su muslo, la muchacha aferró mi mano con la suya apretándola contra su vulva y levantando su pierna izquierda dejó su femineidad a mi disposición.
Giró quedando acostada boca arriba en la oscuridad y yo de costado hacia ella, con mi mano derecha comencé a acariciar su muslo derecho y fui subiendo, la detuve justo antes de tocarle la vulva, Nora tenía puesto sólo un camisoncito liviano, corrí mi mano por debajo del camisón directamente a su pecho, me detuve un momento acariciando sus tetas, luego su vientre y su vulva, esta estaba depiladita.
Nora buscó con su mano derecha dentro de mis calzoncillos aferrando mi pija con su suave mano. Por supuesto que mi erección es escasa con mis 66 años. Me incorporé en la cama colocándome de rodillas a los pies de ella, tomándola de sus tobillos puse sus piernas sobre mis hombros apoyando su vulva contra mi pecho, luego apoyé mis manos sobre los posteriores de sus rodillas logrando exponer lo más posible su vulva. En la oscuridad me imaginaba yo con 40 años menos con este bocadito…
Como de mi pija no puedo esperar un milagro, me quité la prótesis dental y comencé a lamer suavemente su vulva y sus alrededores. Nora comenzó a entrar como en trance, tomándome de los cabellos me atraía fuertemente contra su vulva deseosa de caricias.
Comencé a darle un placer especial, con la punta de mi lengua recorrí todo el entorno de sus tiernos genitales, seguí pasando mi húmeda lengua por las ingles, por su vientre, por las partes internas de sus nalgas, de pronto me detenía y separaba mi boca unos centímetros de su cuerpo, con la lengua me humedecía bastante mis labios para volver a acariciarla con mi boca desde otro punto de su cuerpo causándole tiernas cosquillas que ella disfrutaba tanto que no pudo evitar un brutal orgasmo, luego abriendo bien mi boca se la apoyé suavemente sobre su vulva cubriendo toda su conchita y casi el culo también.
Con la lengua encogida dentro de mi boca fui recorriendo toda su rajita y jugué un rato con su clítoris, la muchacha gemía enloquecida de placer, entonces decidí que era el momento preciso para el “desvirgue”. En mi boca tenía toda su vulva. Por los lados de su cuerpo se encontraron nuestras manos aferrándonos, tirábamos para apretarnos el uno contra el otro.
Mi lengua buscó suavemente el himen hasta que lo ubicó y con la punta lo inspeccioné minuciosamente y luego comencé a introducirla hacia el interior de su vagina moviéndola de un lado a otro y de arriba abajo. Nora se contorsionaba de gozo, mi lengua siguió ganando terreno dentro de su vagina hasta que llegó al útero, en eso sentí gusto a sangre causado por la rotura del himen. Nora no sé por qué motivo tosió causando que dentro de su vagina unos músculos me apretara la lengua expulsándola de su interior, inmediatamente volví a penetrarla fuertemente con mi lengua llenando todo su interior.
Ella tras unos movimientos logró otro brutal orgasmo que casi cae desmayada. Al reponerse un poco Nora se puso a llorar, feliz y agradecida. Estuvo abrazada a mí un rato, apretando su cuerpo desnudo contra el mío, yo tenía puesto el calzoncillo, ella puso su mano sobre mi bulto acariciándolo suavemente me preguntó: ¿Abuelo, me vas a poner esta? No “mujercita” eso lo dejo para el feliz muchacho que ames, ahora ve y dile a tu abuela que quisiera “conversar” con ella.
Nora se levantó de la cama encendió la luz y salió de la habitación volviendo con su abuela contándole lo feliz que se sentía. Dora entró, me abrazó emocionada y luego me agradeció “amándonos” intensamente el resto de la noche, tal como lo hacíamos desde hace muchos años, era nuestro secreto.
Autor: Roque
Cambio de habito
Estaba como todas las mañanas en la oficina donde soy secretaria, más precisamente en un estudio jurídico, como hacía unos días había decidido poner banda ancha tras insistirle tanto a mi jefa, decidí abrir mi msn y dejarlo en no disponible pero siempre alguien aparece, ese alguien me decía que su tía tenía una amiga que estaba muy interesada en conocerme, ya que al igual que a mí les gustaban las nenas, no me pareció nada extraño, me pasó su msn y la agregué, a los pocos instantes era aceptada y estábamos charlando, me contó que se encontraba sola, que su anterior pareja la traicionaba con una vecina y la cosa se terminó.
Como muchas de las chicas que se conectan terminan tratando de conquistarme a la primera insinuación le dije que tenía pareja y que estaba muy enamorada, siguió insinuando que ese no era problema y le repliqué que tanto mi pareja como jamás nos traicionamos y ni lo habíamos hecho a anteriores parejas; bueno le terminé contando algo, hace no mucho tiempo que me he enganchado con una damita de Bahía Blanca y me enloquecía, de la cual me estoy enamorando, le conté de mis jueguitos con ella, de lo ansiosa que estoy por conectarme con mi Cele, le decía a Paula, así se llama mi nueva amiga, que últimamente tenía sensaciones extrañas cuando me acaloraba mi cabeza divagaba y debido a propuestas de como dije anteriormente de damitas se me cruzaban las sensaciones (me han propuesto entre otras cosas compartir al novio) y darle una buena chupada de pija juntas, experiencia que ni sola he tenido y la curiosidad colmó mis ansias.
Trató de convencerme para que junto con un amigo de ella lo hiciéramos, le dije que tenía miedo, que no sabía, me respondió que no sea tonta, de que edad querés que sea, un pendejo, uno maduro, decime insistió, así le das una buena chupada y te sacas las ganas, no ni loca, dale y te consigo un amigo, no en serio le dije, pasa que esto me pasa cuando me excede la temperatura y para eso tengo que estar con una mujer.
- Bueno para que estoy yo dijo Pau, y seguía en pos de convencerme. – No en serio y en realidad tengo miedo. – No va ha pasar lo que vos no quieras. – Mi miedo no es por algo sexual, tengo miedo que me lastimen. – Bueno si querés arreglamos para conocernos y después vemos y si querés jugamos las dos que estoy solita y con muchas ganas.
- Vos me estás haciendo agarrar ganas, estoy encendida y con tus propuestas. – ¿No querés que te saque el calor amor? – Mmmm, me encantaría. – Como estás necesitas un macho para que te saque la calentura. – No, la calentura tengo quien me la saque, me quiero chupar una pija. – Dale que arreglamos ¿te estás tocando? – Si tengo la pollerita de cinturón y la tanguita casi en las rodillas.
- Ay que rico, toda mojadita. – Si pero hay gente acá y un abogado que está mirándome no sabes. – Ahí tenés, sacate las ganas. – Estás loca calentona si puta no. – Dale no seas tonta miralo. – No si lo miro me coge acá nomás.- Dale miralo, parate, andá al baño y cuando pasas volvé a mirarlo. – Ni loca. – Dale andá, sacate las ganas y chúpasela miralo. – Levanté la vista y me sonrió, me muero de vergüenza. – Dale boba aprovecha ¿están solos? – Ahora si recién entró con mi jefa otro hombre que había.
- Anda y manotéale la verga y chúpasela. – Ni en pedo bueno ganas no me faltan. – Y bueno dale. – No. – Miralo, dale parate y anda al baño pasa y rozalo. – ¿Que lo roce?, ya te dije que esté caliente es una cosa que me regale es otra. – ¿No tenés ganas de comerte una buena pija acaso? – Si pero… – Pero nada nena manotéasela y llevalo para el baño que me lo vas a agradecer, sacate las ganas.
De repente levanto la vista y lo veo acercarse, no sabía que hacer mi tanguita estaba en las rodillas y yo transpirando excitación acomodarme la pollera a posición normal imposible si me veía así seria un blanco fácil no podía dejar que notara lo caliente que estaba pero tenia que dejarle presentir algo y eso ya lo había logrado como pude levante mi mojada y diminuta tanguita blanca pero quedando mi pollera en la peor de las posiciones conseguí disimular mi desnudes con la bandeja del teclado.
- Se está acercando, ¿que hago? – Miralo. – No puedo muero de vergüenza. – Cogételo de una vez y sacate las ganas y chupale la garcha putita. – Lo tengo acá delante de mí. – Dale hacelo me lo vas a agradecer.
Llega a mi lado me toma la mano y tiemblo no tarda en notar que mi pollera estaba en una posición poco común rodea el escritorio donde me encontraba y mira el monitor lee alguna de las ultimas frases tomó el teclado y empieza a escribir.
…Quedate tranquila que tu amiguita me va hacer lo que querés y le voy a…sacarse las ganas…
Se paró delante de mi y mientras acariciaba mis senos fue desprendiendo uno a uno cada botón de mi camisa, desprendió el gancho del sostén dejando mis tetas a su disposición, inclinó su cabeza, comenzó a lengüetear y morder mis pezones mientras su mano derecha hacía presa de mi depiladita conchita, sentí como sus dedos entraban en mí, seguía temblando, no se si de miedo o de vergüenza, no podía levantar la vista a tal punto que me dijo a cierto vos estás deseosa de hacer algo, por eso no levantás la cabeza.
Un no salió de mi boca, me dijo bueno, quizás si respondí, ya estaba en el ruedo y de nada servía disimular, bajó su pantalón y algo interno me decía que era eso lo que quería, sacó su miembro y lo puso en mis manos, solo atiné a acariciarlo, tendría unos 16, 17 cm, no sabría decirles si eso es grande o suficiente, no vi muchos como para comparar, y los que tuve ya han pasado 10 largos años, así que ustedes lo deducirán.
- No querías meterte uno de estos en la boca le decías a tu amiga. – Bueno si pero… – Pero que, abrí la boquita que te la lleno. – Acá no le dije. – Bueno vamos a un hotel.- Ni loca yo de acá no me muevo. – Bueno hacele caso a tu amiga vamos al baño.
Y para ahí fuimos, entramos al baño y me quiso besar en los labios y me rehusé por completo, al correrle la cara besó mi oreja, mordió mi lóbulo, siguió con mi cuello y sus dedos deleitaron mi chuchi, cerré los ojos mientras él acariciaba mi clítoris, me sentía una puta y con ganas de todo, si de todo, así fue como comenzó mi cambio de hábito, me arrodilló y llenó mi boca con sus aproximados 17cm y alrededor de unos 5 cm completaban sus medidas, comencé a saborear ese pedazo de verga, mi calentura iba en creces, sentía cada vez más las ganas de ser cogida, él solo pellizcaba mis pezones y muy esporádicamente realizaba una caricia a mis senos.
Estuve mamando por casi 15 minutos, cuando sentí que se estaba por venir, una ráfaga de cálida lechita casi me atraganta, me produjo arcadas y un poco de asco pero pensé las mayores ganas eran mías sino no estaríamos aquí, tomo coraje y seguí saboreando, su pija aumentó el calor y él lo notó, mis ganas de ser penetrada serían calmadas, me levantó, me giró, abrió mis piernas, me inclinó sobre el banitori y atacó mi conchita le grité, no, quédate tranquila nena respondió, y no se de donde sacó un profiláctico, dejé caer mi tanguita, sentí carne en mis entrañas, carne de un hombre y fui más puta aun, comencé a gemir y retorcerme, ya no tenía miedo y menos vergüenza.
-Que ganas que tenés amor, parecés una perra en celo, como te gusta la pija. -Dale aprovechá cogeme bien cogida dale.-Quédate tranquila que pija no te va a faltar.
Mi cuerpo hervía, mi desesperación era inmensa ya estaba casi, el entrar y salir de su verga me deleitaba por momentos le pedía cosas que jamás me hubiese imaginado.
- Cogeme, si haceme tuya, más quiero más…
Y otras palabras que ya no recuerdo, no estaba más caliente que con una mujer pero esto era mi fantasía y la estaba disfrutando, un grito marcó mi llegada, no me importó, solo sentí que él también acababa, sus movimientos así lo demostraban, siguió dándome por unos minutos, yo ya había cumplido mi fantasía, aún tenía ganas pero las podía contener, sacó su miembro de mi cuevita e intentó penetrar mi cola, no eso no, le dije, volvió sobre mi conchita mientras acariciaba mi culito, no le dije nada pero sabía a donde iba un dedo, invadió mi parte trasera y lo dejé, lo retiró rápidamente apoyó su miembro en mi trasero y volvió a intentarlo, me incorporé y le dije se acabó eso no, acomodé mi pollera que nunca llegué a sacarme y me dijo, bueno, está bien, pero bajá un poco más.
Después de recibir tanto placer me pareció algo justo, volví a arrodillarme, saqué el profiláctico y comencé con lo que quería, esa si fue la chupada que ambos queríamos, saboreé cada gota de semen que esa chota tenía y saqué después de unos pocos minutos lo poco que le quedaba en su interior, después de secársela toda me paré y comencé a vestirme, quiso quedarse con mi tanguita, que por estar empapada no me coloqué, no nene le dije, si alguien tiene que quedarse con algo soy yo, así que anda, salí que yo salgo después.
Cuando salgo noto que está en mi PC escribiendo algo, no llego a saber que fue, días después Paula me comenta que decía,…Convencé a tu amiga que entregue la colita…
Quiso pasarme a buscar a la salida y le dije que no, quería tomar algo y claro continuar en otro lugar, lo que hicimos en el baño insistió en varias ocasiones y no quise aunque alguna vez pensé si lo hice una vez por que no volver a repetirlo pero con él… ¿no?
Autora: La señorita misteriosa
Intercambio estudiantil
September 18, 2009 by admin
Filed under Intercambio de Parejas
Mi nombre es Natalia y cuando estaba en quinto año del secundario fui en un viaje de intercambio estudiantil a Francia. Soy una chica común. Linda, es verdad, pero común. Mi familia no tenía el dinero para pagarme un viaje a Europa. Y yo desde siempre quise viajar y conocer el mundo. Con lo cual, cuando me enteré la oportunidad que ofrecía la escuela, me anoté de inmediato.
El mecanismo era el siguiente: una chica de Francia, en este caso particular de nombre Melanie, vendría a vivir a mi casa por un mes y yo iría a Francia a vivir en la casa de ella por un mes. Yo había salido sorteada para el viaje dentro de los que se anotaron y autorizada por los profesores debido a mis buenas calificaciones. Ya que un alumno/a por más que saliera sorteado/a con malas calificaciones no sería autorizado por el Colegio a viajar.
Me describo, para que puedan imaginarme mejor, les cuento que soy rubia, soy tirando a alta. Soy flaca, tengo buen cuerpo, mis amigas me dicen que tengo un aire a Ingrid Grudke (yo no les creo, me parece demasiado, ella es una supermodelo, pero es lo que mis amigas dicen). Tengo buena cola y lindos pechos. Y los chicos del curso cuando pueden me elogian ambos.
Todo ese último año de secundaria estuve muy emocionada con la idea de poder viajar a un país extranjero. Nunca lo había hecho y que más lindo que Francia. Un hermoso país para conocer y disfrutar. La ciudad del amor. Del romanticismo. La ansiedad hizo que el año se me pasara volando, pero finalmente todo en la vida llega.
Junto a mi familia hicimos todos los preparativos del viaje y cuando tenemos todo listo, nos dirigimos al aeropuerto, me subo al avión y me voy rumbo hacia Francia. El viaje se hace largo, pero como iba muy contenta, se hizo largo para los demás pasajeros no para mí. Tuve algún percance con un gordo baboso que me tocó al lado y que me miraba todo el tiempo las piernas pero nada más. La comida excelente, el servicio del avión excelente también y por suerte dieron excelentes películas para ver. Todo iba de maravilla. De diez.
El avión llega al aeropuerto y aterriza. Cuando salgo del avión enseguida me doy cuenta que no estaba en París sino en otro lado. Una ciudad o pueblo mucho más chico, en las afueras, pero cerca de París, la ciudad del mundo que tanto yo quería conocer. Aunque no era París a donde estaba, el optimismo y las ganas por el viaje no me dejaban ver la realidad por completo. Seguía muy emocionada y contenta.
Por suerte, me estaban esperando. En el aeropuerto un empleado de la familia que me iba a alojar, tenía un cartel que decía Natalia y mi apellido. Era muy grandote, parecía un hombre de seguridad de una discoteca. Me saludó muy cordial y educadamente, me dio la bienvenida en ambos idiomas (español y francés) y me comentó brevemente, algo acerca de la ciudad y de la casa a dónde iba. Hablamos de trivialidades e hizo algún que otro chiste, pero se notaba que no era un tipo muy conversador sino que estaba haciendo un esfuerzo grande para ser cordial y amable conmigo. Yo le agradecía el gesto y trataba de facilitarle las cosas. Me miraba un poco el escote, pero yo estaba tan contenta que no me molestaba.
Al llegar, saludo a la familia. Los dos dueños de casa se llamaban Rikjard y Rachel. Aunque a la Sra. Dueña de Casa le decían Madam. Todos la llamaban así. Nos presentamos mutuamente, hacemos las introducciones de cortesía correspondientes y también charlamos acerca de trivialidades para romper el hielo.
La primera semana transcurrió con absoluta normalidad. Me llevaron a conocer toda la casa que era enorme; no era un castillo, pero le faltaba poco. Era una casa hermosa, de una arquitectura antigua de tiempos napoleónicos. En realidad me llevaron a conocer toda la casa, excepto una puerta que no me quisieron decir hacia dónde conducía, ni tampoco me dejaron atravesar. Me llevaron también a recorrer ese pueblo y algo de París.
La familia que me recibió se dedicaba a la industria vitivinícola, me contaron la historia de la familia y de la empresa. Como el tatarabuelo había empezado la industria, como creció y llegó hasta nuestros días. El patriarca de la familia, ahora ya difunto, había sido todo un pionero, un tipo muy importante en la industria del vino, reconocido mundialmente. Pero los nietos del fundador, actuales dueños y directivos, no tenían tan buen instinto empresario como aquel. Y los negocios vitivinícolas no le marchaban a la familia tan bien como para poder sostener el alto nivel de vida que llevaban.
Todo transcurría con absoluta normalidad pero luego de una semana hubo un par de cosas, un par de diálogos que escuché al pasar y que seguramente no debía de haber escuchado que me hicieron sospechar de que el negocio de la familia no era en realidad tan próspero y que debían de tener otra distinta fuente de ingresos para subsistir. No pasaría mucho tiempo hasta que descubriera cuál. Concretamente esa misma noche, en la cena me enteré de cuál era ese “segundo negocio”.
Ese día, que sería un miércoles, sinceramente ya no lo recuerdo, bajé a cenar a las 20 hs. como era costumbre en esa casa. Nos sentamos a la mesa y empezamos a comer. Charlamos un poco de los lugares de París que había recorrido y si me habían gustado o no. Ellos también conocían Argentina así que también charlamos acerca de mi país.
Comimos una ligera entrada. Tomamos un poco de vino. Me sorprendió que el plato principal tardara en venir. En un momento La Dueña de Casa tomó la palabra, su verdadero nombre era Rachel, pero todos le decían “Madam”. Hizo una nueva introducción sobre el negocio y los orígenes de la familia bastante largo que yo no entendía muy bien a que venía. En las partes finales de este “speech” fue al grano y dijo algo así como:
-“Acá la comida y el alojamiento hay que ganárselo”.
Me explicó también que el negocio de los vinos estaba pasando por un muy mal momento y que la fuente real de ingresos de la familia era una Casa de Burlesque (un Cabaret o Nighclub) que funcionaba de manera aledaña a la casa, que era uno de los de más prestigio y más reconocidos en toda Francia, y cuya puerta de acceso desde la casa era justamente esa que no me habían invitado a trasponer. Luego de todo ese speech todo fue muy rápido y entre el Dueño de Casa y el Guardia de Seguridad me desvistieron, en cuanto me quise acordar estaba en mi bombachita celeste y mi corpiño del mismo color. Tenía los pechos bien apretaditos, juntitos y turgentes por el corpiño chico que tenía puesto. En uno de los rincones del comedor había un espejo de auténtico cristal y me vi ahí reflejada, la verdad que estaba muy linda, en mi conjuntito de ropa interior celeste.
“Como te dije, aquí la comida y el alojamiento hay que ganárselo” me volvió a decir la Sra. Dueña de Casa, que era la madre de la chica que se estaba alojando en mi casa y de seguro, que dado lo hospitalarios y buenos anfitriones que son mis padres, estaría recibiendo todas y las mejores atenciones por parte de ellos. Seguro que no estaría desnuda, sino disfrutando de una ciudad hermosa como es Buenos Aires y disfrutando de todos los paseos y a todos los lugares que mis padres la llevarían a conocer. Yo en cambio estaba en bombacha y corpiño en una casa desconocida y el Sr. Dueño de Casa me estaba “examinando”. Me estrujaba un poco las tetas, me miraba de arriba abajo, el culo, la cara, las tetas, la vagina, me miraba íntegra y también me tocaba. Y con una expresión de lujuria muy fuerte en sus ojos por cierto. Una lujuria salvaje.
“Necesito verte las tetas” me dijo. Yo no me saqué el sostén de inmediato. Entonces de atrás se aproximó un gorila de dos metros y me lo desabrochó sin que me diera cuenta. Si bien tenía un aspecto de gorila, me desabrochó el corpiño sin que me diera cuenta, como un verdadero experto en el amor. Quedé en tetas. Delante de todos, los dos Dueños de Casa y este enorme Guardia de Seguridad. Los tres me miraban. Yo sólo estaba vestida con mi tanga, si se puede llamar a eso estar vestida. Me miraban de arriba abajo, me observaban detenidamente, todo mi cuerpo, mi figura, me recorrían de arriba abajo. La Sra. Madam, se puede decir con una mirada de negocios, como si yo fuera una mercancía, un bien de uso, los otros dos, me miraban como mujer, miraban mis tetas, mi culo y mi vagina. Y creo que se deleitaban y les gustaba lo que veían, porque no podían parar de mirar.
Por suerte no me sacaron la bombacha. Cuando terminaron de mirarme y revisarme les pregunté:
-“¿Ya me puedo vestir?”
Los Dueños de Casa dijeron casi al unísono en un tono muy normal y cordial, completamente ajeno y fuera de lugar con la situación que estábamos pasando:
-“Preferiríamos que termines la cena así como estás y luego puedes ir a tu habitación”.
Yo me senté en la mesa así como estaba y terminamos de cenar. Era raro estar desnuda ante desconocidos, pero si no tomé mi ropa y me vestí fue porque en parte esta rara situación me excitaba. Algo me gustaba el exhibicionismo y era mi oportunidad de satisfacer esas ganas o fantasía que nunca había podido cumplir. Nunca había ido a una playa nudista, siempre tuve ganas, pero nunca me animé a estar desnuda enfrente de tanta gente. Esta vez, era algo más íntimo, eran tres personas y una era una mujer, así que es como si fueran dos personas. Era preferible eso, a los cientos de personas que puede haber en una playa.
Cuando terminamos de cenar nos saludamos y nos fuimos todos a dormir. Noté como me miraban de atrás (el culo) mientras me retiraba del salón y luego cuando subía la escalera. Instante que se me hizo larguísimo.
Cuando llego a mi habitación, entro y voy al placard para ponerme algo de ropa. La desnudez, ya me estaba incomodando. Grande fue mi sorpresa cuando vi que mi ropa ya no estaba. En su lugar había tangas y sostenes de todos los colores, formas y tamaños. Algunas medias y algunos zapatos de taco alto, y un cartel que decía: “Tu ropa está muy bien guardada en nuestra habitación. Te será devuelta completa cuando vuelvas a Buenos Aires y te daremos lo que necesites para cuando salgas de la casa a pasear por París. Pero cuando andes por la casa deberás andar en tanga y corpiño y se te prohíbe usar más ropa que esa sin autorización”. Me quedé helada. No tuve mucho tiempo de pensar, cuando sentí un Toc, Toc en la puerta. Era el Dueño de Casa para explicarme que esto que decía el cartel era durante el día, y que para dormir debía hacerlo completamente desnuda, y que tipo 3 de la madrugada él pasaría a controlar que así lo hiciera. Esperó a que me sacara la ropa me miró de arriba abajo con mucha lujuria una vez más y luego se fue.
Me acosté a dormir, en una casa desconocida, con gente desconocida, sin mi ropa y completamente desnuda. Pensaba que en realidad no iba a venir, pero tipo 3, mientras yo dormía entró a mi habitación directamente. Yo no lo sentí entrar, pero me di cuenta que vino cuando me acarició mi culo, desnudito y al aire. No me hizo más que eso. Y luego dormí desnuda toda la noche y todas las noches que le seguirían a esa. Por lo general yo era de dormir boca abajo, y cuando entraba él, mi culo quedaba bien expuesto para él.
Cuando se hizo de día, bajé a desayunar con una tanga y un corpiño blanco que elegí entre los muchos que había ahí. Era un conjuntito de lencería hermoso, muy sexy y delicado y de diseñador. Debía ser realmente muy caro. La bombacha era bien cola-less, como casi todas las que había en el placard.
Luego del desayuno, anduve todo el día de esta forma por la casa. Lo peor es que como eran gente de dinero, por esa casa circulaba mucha gente, jardineros, sirvientas, mayordomos, incluso invitados que venían a ver a la familia y todos me veían así, casi desnuda. Algo me reconfortaba, saber que era gente que en un mes no vería nunca más, pero igualmente el pudor se siente. Sin embargo, no mucho podía hacer, no tenía ropa que ponerme. Solo tangas y corpiños.
Ya era verano, así que ese día la pasamos una buena parte en la pileta. Yo no usé una bikini, sino que me metí al agua así como estaba, total cuál era la diferencia, y además había tantas tangas y corpiños en mi habitación que al subir podía cambiarme esta ropa mojada y ponerme otra. Los que estuvieron en la pileta, ya sea los dueños de casa, algunos invitados que cayeron a la casa, y/o empleados de los primeros, me miraron toda. Y mucho. Creo que hay muchas, muchas personas, en Francia, que me han visto por lo menos en ropa interior.
La verdad que ese día estuvo muy bueno y lo disfruté bastante.
A eso de las 15 hs., me llama Rikjard y me dice: “Mirá, los hombres prefieren los bronceados parejos, así que porque no te sacás la bombachita y el corpiño así te quemás mejor”. Yo bien obediente, hice lo que me pidió y le entregué en la mano tanto la tanga como el corpiño. Quedé como Dios me trajo al mundo.
Rikjard también me dijo: -“Acostáte acá que te voy a pasar el bronceador” y se dedicó unos quince minutos a pasarme el bronceador por todo mi cuerpo. Empezó por la espalda, la recorrió toda, muy suavemente y muy despacio también; se fue a las piernas, en dónde hizo lo mismo y luego llegó al culo, me lo toqueteó todo un rato largo, largo, largo.
Luego me dijo. –“Ahora date vuelta que te voy a poner de adelante”.
Repitió un procedimiento similar, primero me pasó por los hombros, luego por la panza, el ombligo, las piernas y todo para llegar a las tetas, las que me manoseó y magreo por un rato largo, largo. También me metió mano en la vagina. Vio que tenía algunos vellos púbicos y me dijo: -“Espera que de pasó vamos a aprovecha parar rasurarte” e hizo llamar a una sirvienta y le pidió que traiga las cosas. La sirvienta trajo una palangana con agua, una crema especial y una hojita de afeitar. Rikjard me colocó la crema por la vagina, y luego con mucha paciencia me la depiló a cero. Al terminar me enjuago muy prolijamente, se ve que había hecho esto muchas veces.
A los 3 o 4 días, me acostumbré a andar en ropa interior por la casa. Dejó de darme vergüenza y se tornó algo “natural” el hecho de que los sirvientes, mayordomos, dueños e invitados me miraran. Y si bien me sentía un poco puta, trola, algo en mi interior se encendía con esta situación. Consiente o inconscientemente cada día buscaba las tangas más chiquitas y sexys, las más provocativas. Incluso al vestirme me fijaba, que la tanga que me ponía se me metiera bien dentro del culo. Y también elegía cuidadosamente los corpiños, si bien tengo naturalmente hermosos senos, elegía aquellos que me los realzaran más, que los hicieran más turgentes, aquellos en los que parecieran más grandes. Seguramente esto era ni más ni menos que mi instinto natural de mujer.
El Burlesque estaba separado de la casa solo por una puerta. Yo todavía nunca había entrado. A la semana más o menos de aquella cena en la que empecé a andar semi-desnuda por la casa la Sra. me invitó a pasar con la frase: -“Conoce el lugar, ambiéntate. Mira el lugar, fíjate bien como es todo. Que mañana vas a empezar a trabajar”. Pasé así como estaba en ropa interior. Recuerdo que ese día tenía puesto un conjuntito rojo muy sexy. El lugar estaba lleno de hombres, y de mujeres también, vestidas más o menos con la misma cantidad de ropa que yo. Yo me quedé a un costado solo observando. Aunque era más observada de lo que yo observaba. La ropa interior roja hacía que me miraran bastante. Tomé una o dos cervezas que me invitaron desde la barra. Y traté de entender y descifrar “los códigos” del lugar.
Al otro día recién empecé como camarera. En bombacha y corpiño por supuesto. Ese era mi uniforme de trabajo y de estar. La Sra. me había dicho que tal vez tuviera que hacer un strip-tease, pero que la idea no era que hiciera “pases” con los clientes. También me dijo que iba a ser como un juego, que me iba a divertir y a vivir una experiencia nueva. No estaba segura hasta ese momento si me iba a resultar divertido o no, pero estaba segura de que era un experiencia completamente nueva.
No estaba en los planes, y yo solo era una camarera más, hasta que un cliente me vio, se ve que le gusté y me solicitó especialmente. Yo no quería hacerlo. Cuando lo vi, no era un tipo tan feo, de hecho era algo atractivo. Era alto, era rubio, realmente no me explicaba que hacía un hombre así en un lugar como este. La Dueña de Casa se acercó a mí, me lo señaló con un ademán de cabeza, me dio una palmadita en el culo y me dijo: -“Dale es él, pasa con él”. Y luego nos presentó: -“Hola ella es Natalia, él es Kevin, es irlandés, y ella, el caramelito que te vas a comer, es de Argentina”. “Hola, ¿Que tal?” lo saludé yo y el me contestó algo similar. Hablaba muy poco en español, yo hablo en inglés, pero él hablaba cero español.
Madam continuó la presentación, sólo que la hizo un poco más física: -“¿Estás seguro Kevin o querés ver alguna otra chica?” Le preguntó. Luego tomó la mano de él, la derecha y la llevó hasta uno de mis senos, y le dijo: -“Tocá, mirá lo que es esto, carne de primera”. Ni Madam ni yo estábamos seguros acerca de si Kevin estaba convencido o no, entonces Madam que era una excelente vendedora y mujer de negocios (más adelante me enteraría que fuera de este ámbito era una reconocida empresaria, incluso hacía consultoría en empresas y había escrito dos libros, pero le encantaba la noche más que la vida misma) prosiguió: -“Nati date vuelta”. Yo me di vuelta y quedé de espaldas a Kevin. Madam tomó mi bombachita y me la bajó un poco. Me quedó donde empieza el culo, y luego me dio una nalgadita. “Mirá lo que es esto Kevin” le dijo, “¿Estás seguro de que no estás convencido?”. Y Kevin se convenció. El mismo me subió la tanga y dijo: “Ok. Acepto. En la habitación de siempre”.
Madam me condujo hacia una sala privada en donde una de sus asistentes, Roxana me arregló un poco el pelo y me dio algunas indicaciones y consejos. Roxana no era ni más ni menos que una ex puta que había decidido por un tiempo alejarse de la actividad. Lo que me dijo fue: -“Hacé todo lo que te pida. No te niegues a nada. Igual no te asustes este tipo es buenísimo. Si el te pide que te desvistas o bailes, hacélo. Si el te quiere desvestir, dejáte. Dale una buena chupada, eso siempre les gusta y hacéles creer que te están matando con el sexo que están dando. Hacéles creer que estás recibiendo los mejores pijazos de tu vida. Pero siempre tranquila, vos manejá la situación que actitud y condiciones para puta no te faltan”.
Una vez lista, me indicaron el camino hacia los cuartos privados, al 314, una habitación que él conocía perfectamente ya que era habitué del lugar. Entré a la pieza y él me estaba esperando, ya estaba desnudo por completo, con la verga bien erecta. Yo pensé: “Oh esto va demasiado rápido”. Estaba en mis planes conocer algún chico lindo en mi viaje por Francia, pero no de esta forma. Volviendo a la realidad y saliendo de mis pensamientos, era una pieza de tamaño medio, con no mucho más espacio que para una cama, aunque tenía su bañito privado.
Se paró y se acercó. Y me pegó una cachetada fuertísima en la nalga. Lo miré y sin decir nada, puso su mano en mi corpiño para desabrocharlo. Lo hizo, me lo sacó y enseguida y quedé en tetas. Solo protegida por mi bombachita, que tampoco demoraría mucho tiempo en volar. Y efectivamente me la sacó en un segundo, se ve que la lencería no lo apasionaba demasiado. Me toqueteó toda, como hacia rato no me manoseaban, ni mi novio, ni algún chico que me gustara. Me estrujó el culo y las tetas una y otra vez, mientras me besaba en el cuello, en la boca, o alternaba con chuparme los pezones también. Me apoyaba su miembro en la conchita, me lo hacía sentir, me hacía sentir quién mandaba, que él era el cliente y yo bueno… la flamante puta. Me puso de espaldas a él también y me apoyaba la verga en el culo, aunque sin penetración todavía, esto me calentó muchísimo, me puso a mil. Y mientras tanto me tocaba las tetas y me seguía besando el cuello. Yo no se crean que me quedaba atrás, con mis manos me deleitaba tocando su importante miembro y acariciando sus huevitos. Que luego debería seguramente de probar con la boca. Ya me lo veía venir.
Cuando se aburrió de tocarme y ya estaba listo para más acción, me hizo arrodillar en la cama y que le pusiera el condón con la boca y se me dificultó bastante ya que nunca lo había hecho. No tenía experiencia en hacer eso, tan propio de las prostitutas. Le di una buena follada, o por lo menos hice lo mejor que pude, estuve un rato bien largo con su larga verga en la boca.
Se la chupé por un larguísimo tiempo. Él se calentaba. Yo metía su miembro hasta el fondo de mi garganta. Y usaba solo mi boca, no las manos. Cada tanto lo sacaba de adentro mío y le lamía los testículos. Ahí sí, mientras le lamía los testículos usaba mis manos para acariciarlo y masturbarlo. Él estaba realmente muy caliente. Tanto que se sacó el forro y me hizo que se la siguiera chupando. Cada tanto me tomaba fuerte del pelo, me sacaba su verga de la boca y me hacía lamerle los huevos nuevamente. Y finalmente pasó lo que están pensando, no me avisó y descargó como les gusta hacer a los hombres casi toda su leche en mi boca. Pero lo último que escupió su pene, me lo tiró en las tetas. Yo con el dedo índice de mi mano derecha, me lo pasé por el semen que tenía en las tetas y me lo introduje en la boca al tiempo que se le sonreía pícaramente. Eso lo calentó mucho.
El descansó un poco. Se pidió un whisky a la habitación y se lo trajeron. Se lo tomó y luego la cosa siguió. Que rara me sentía. Una experiencia nueva, que pasaba por mi vida como un torbellino. Parecía que fue ayer que estaba subiendo al avión y ahora… Tantas cosas nuevas vividas.
Mientras yo pensaba y me pasaban miles de cosas por la cabeza a Kevin sólo le pasaba una: el sexo. Entonces me hizo que volviera hacia él y me empezó a besar en la boca. Esta vez estábamos los dos acostados en la cama. En cierta forma esta vez fue distinta, me trató de manera mucho más dulce. Casi como si fuera su novia. Me dio muchos besos, me chupó un poco los senos y me estimuló el clítoris con sus manos. Lo cuál me encendió realmente. Me calentó mucho y casi me provoca un orgasmo antes de que me penetrara. Kevin sabía donde tocar. Pero también sabía cuando parar y antes de que yo estallara de placer, él hizo una pausa y comenzó con la penetración vaginal. Esta vez fue algo muy lindo, muy suave. Una penetración rítmica y cadenciosa la que me dio. Fue por un intervalo de 45 minutos más o menos que estuvimos de esta forma. Fui muy lindo como me trató, me sentí protegida por él, realmente como si algo nos uniera, aunque en el tercer coito volvería a la realidad de que no. Cuando acabó, descargó su leche dentro mío, con profiláctico obviamente. Y yo acabé con él casi al mismo tiempo. Fui un momento muy lindo. Mi primer orgasmo francés y vaya que había sido de los buenos.
Se tomó otro descanso y otro whisky. Al volver a la acción me puso en cuatro esta vez en la cama y me hizo el sexo anal. Todo lo que había pasado antes desapareció. No le importó nada mío. No me lubricó bien y al principio me dolieron mucho sus penetraciones. Si bien no era virgen del culo, no lo había hecho demasiadas veces. No estaba tan dilatado mi anito. A él poco le importó, me puso en cuatro y me empezó a dar bomba. Encima como ya era el tercer polvo, le costó muchísimo acabar y me dio bombazos muy fuertes por el culo por largo tiempo. Tanto que al otro día, me dolía un poquito. Cuando estaba por acabar, hizo lo mismo que hizo cuando me puso su pene en la boca, se sacó el forro, volvió a penetrarme, bombeó un par de veces más y luego descargó toda su leche dentro de mi ano. Que sensación deliciosa debo confesar. Pero no me gustó que no me preguntara o pidiera permiso. Sin embargo yo seguía los consejos de Roxana, que algo sabía del tema: “Hacé todo lo que te pidan”.
Luego se tomó algunos descansos más, algunos whiskys y me echó algunos polvos más, pero no les voy a contar todos para no aburrirlos, pero puedo decirles que era bien potente, me cogió y re cogió. Tal vez fuera así naturalmente o tal vez habría tomado algo que lo ayudase a tener tanta duración y potencia.
Esto fue el primer día. Y cómo ese cliente era un cliente importante, habitué y pagó una importante suma de dinero, estuvo casi toda la noche conmigo. Cuando volví al bar, luego de ser recontra recogida, eran algo de las 5 de la mañana. Ya estaban casi por cerrar y no quedaban muchos clientes. Ahí me tomé otra cerveza, un poco para sacarme tanto gusto a leche y a condón de la boca. Un cliente más quería pasar conmigo, pero Madam decidió que por esa noche era suficiente, por ser la primera y además el cliente no tenía el dinero suficiente para pagar la elevada suma de dinero que Madam había fijado como tarifa para estar conmigo. Madam le hizo entonces un precio más bajo, pero sólo para que bailara un poco frente a él, me desnudara frente a él de manera sexy, y luego tomara un trago sentada en su falda. Hice todo lo que me pidió e indicó Madam. Cuando ya estaban cerrando y los clientes se debían ir, este cliente me dijo:
-“Bueno, ahora quiero vestirte”. “Ningún problema” dije yo.
Entonces él, tomó de arriba de la mesa mi tanguita y me la puso, de paso obviamente que aprovechó para toquetearme la cola y la vagina e hizo lo mismo con el corpiño y mis senos. Y me gané una buena propina que me puso en la bombacha. Bien adentro de la tanga, no en las tiras de los elásticos como es la costumbre. El bar cerró y yo me fui a descansar.
Llegué a mi habitación y como era costumbre, me desnudé. Me miré frente al espejo y me vi muy linda. Intenté hacer un balance de todo lo que había pasado en el día, y tenía un torbellino de ideas, así que no pude hacer ninguno, ni sacar nada en claro, lo único que recuerdo, es que cuando me miré frente al espejo, así toda desnuda, sonreí.
Al siguiente día, tuve que ir a trabajar al NighClub. En este día, no hice ningún pase pero bailé con varios clientes. En el lugar cada tanto ponían música para bailar y a algunos clientes les gustaba bailar. Bailábamos ritmos como salsa, merengue, y similares y me hacían girar y cuando me daba vueltas me tocaban o pellizcaban el culo. Yo, y otras chicas, bailábamos así en bombacha y corpiño y eso calentaba a los hombres y los llevaba a beber más o bien a “pasar” a los privados a tener sexo. A mí me encantaba bailar, así que este segundo día de burlesque fue muy lindo y divertido. Sin sexo explícito y con mucho baile, muy sensual y erótico, ya que lo hacía casi desnuda para hombres que no conocía, pero nada pasó de algunas tocadas lógicas de mis nalgas y de fuertes apoyadas de penes en mi culito. Lo cuál esto último no me molestaba, ya que en el colectivo o en el tren siempre me apoyan, especialmente los hombres mayores.
Al tercer día de burlesque ni pasé con algún cliente, ni bailé con ningún cliente. No sé si esto fue casualidad o parte de un muy planeado y proyectado entrenamiento que Madam tenía en su perversa cabeza. En este tercer día trabajé de otra modalidad. Creó que era la peor de todas.
En esta los clientes pagaban, íbamos a un privado y se masturbaban solo con mirar. Esto era claro mucho más barato y accesible que “pasar”. Esto lo tuve que hacer un par de veces, y no sé si no era peor que ser garchada (follada). Era por lo menos más desagradable. Muchos viejos pagaban por verme desnuda y masturbarse ahí delante de mío. Creo que sin duda eso era peor. Algunos me decían “Juntate un poco las tetas” o “A ver date vuelta y mostrame el culito”. Yo obedecía y hacía lo que me pedían, pero me daba bastante repulsión esta gente, no así los otros.
La mayoría de los que se acogían a esta modalidad gustaban de “hablar sucio” y me decían las peores barbaridades que hube de escuchar en mi vida. Alguna irreproducibles, pero todo el tiempo me decían cosas como “Putita”, “Que trolita que sos”, “Cómo te gusta la verga”, etc. y muchas frases de este estilo.
Sólo una vez tuve que hacer un domicilio y Ohh casualidad, fue el cuarto día. No se porque pero me acuerdo el nombre y nro. de la calle, la calle Rhing 383, era cerca de la Torre Eiffel. Un médico prestigiosísimo. Quiso jugar a la nena y el doctor. Y pidió a Madam una linda puta, pero que no tuviera tanta cara de puta, que no estuviera consumida por la noche, entonces Madam pensó inmediatamente en mí. La única que tenía en su harén de bellezas que no estaba consumida por la noche. En mi rostro todavía se veía inocencia. Que iba perdiendo de a poco.
Me arreglaron como una reina, como una diosa. Estaba vestida muy hermosa muy linda, muy distinguida. Me llevaron en limusina hasta la puerta del lugar y me indicaron que timbre debía tocar. Me prepararon una cartera con todos los elementos necesarios para la tarea, condones, lubricantes, algunos juguetitos, etc.Toqué el timbre: “Ring” sonó el timbre de la calle Rhing 383. Me atendió el médico y me hizo pasar a su residencia. Como ya les mencioné su fetiche era jugar a “la nena y el doctor”. Y jugamos todo un día. Él me revisaba, me hacía desnudar, me pasaba sus “instrumentos” médicos por todo mi cuerpo una y otra vez. Y finalmente me cogía también una y otra vez. Pero esto es un episodio que tal vez les cuente más en detalle en otro relato.
A partir del quinto día, los días se fueron repitiendo. Pero en general se parecían al primero y al segundo: hacía “pases” con los clientes, y bailaba un poco con ellos. También alguna que otra vez hice algún que otro strip-tease a pedido de algún cliente. Pero no hice más domicilios ni por suerte Madam me expuso a que se masturbaran conmigo (yo le había comentado que no me gustaba y ella me dijo que no me preocupara que no iba a ocurrir más).
A los 10 días más o menos, llego a mi pieza. Me quiero cambiar y veo que esta vez había solo tangas y había un nuevo cartel relativo a la ropa: “Esta semana hemos cambiado las reglas, ahora solo podrás usar una prenda para cubrir tu cuerpo y será una tanga. No puedes usar nada más a no ser que nosotros te autoricemos. Si te vemos aunque sea una vez con un corpiño puesto, tomaremos severas medidas. Rikjard y Madam”. Nuevas reglas, parecía casi lo mismo, pero de hecho no lo era. A lo otro ya me había acostumbrado, a esto tendría que acostumbrarme. Y no sería fácil. Así como uno se siente seguro con ropa, yo me sentía “vestida” (por efecto del acostumbramiento) en tanga y corpiño. Pero ahora, debería sentirme nuevamente desnuda por un tiempo hasta que me acostumbrara.
Y estas reglas regían para todo. O sea que cuando iba al Cabaret, ya entraba de movida en tetas. Los hombres no paraban de mirarme, de “violarme” con la mirada. La nueva perversión que conocí de Rikjard fue que cuando a la mañana venía algún cartero o alguien a entregar algo me hacía ir a mí a recibirlo. Y no me daba ropa adicional. Tenía que salir así en tetas. Los empleados postales y/o similares no entendían absolutamente nada, pero se deleitaban con la visión que Rikjard les ofrecía.
Los días en tanga directa en el Cabaret, tuvieron mucha más acción que antes, los hombres se calentaban con más facilidad conmigo y me elegían mucho más que antes, con lo cuál tuve que hacer muchos más “pases” con clientes que antes. Para si, entre Rikjard y Madam, comentaban y pensaban: “Va muy bien, aprende muy rápido esta chica. Tiene un futuro, si le interesa, extraordinario”. “Hay que ver, hay que esperar, darle su tiempo de maduración, pero condiciones y actitud no le faltan”.
A los 8 días de haber andado en tanga todo el tiempo por la casa, llegó a mi habitación y para mi sorpresa, un nuevo cartel: “Nuevamente hemos cambiado las reglas. Esta semana, solo podrás usar sostén para cubrir tu cuerpo. Te vas a sentir bien putita con tu conchita al aire, seguramente más que antes y tal vez como lo que eres, una putita. Al estar tu culo descubierto por completo, cualquiera lo puede tocar o nalguear en cualquier momento y no te puedes resistir, pues esas son las reglas de la casa. Gracias. Rikjard y Madam”.
Pensé en ir a protestar pero luego me di cuenta que sería inútil. Quería aunque sea usar tangas. Además, los corpiños me incomodaban y me parecía sin sentido usar corpiño y no tanga. Cuando le comenté esto a Rikjard y Madam que prefería usar ropa interior completa, o solo tanga si tenía que elegir o completamente desnuda si no había chance de que me autorizaran a usar tangas. Ellos muy estrictos me dijeron: -“Las reglas son las reglas y debes aceptarlas”. Y no me quedó otra que aceptarlas. Así transcurrieron varios días, casi 11 en los que mi vagina anduvo bien ventilada.
Mientras tanto de noche seguía trabajando en el NightClub de la familia. Ahora entraba directamente en sostén y nada más. Algunas veces me permitían ponerme alguna falda transparente, pero no tangas. Y eso hizo que los clientes me eligieran mucho más que antes e hice muchísimos pases. Había tenido más sexo en par de semanas que en toda mi vida anterior. Incluso muchos clientes, como ya estaba en conchita, me hacían que les suba arriba, me hacían desabrocharles sus braguetas, sacar sus vergas y me cogían ahí en el salón. A la vista de todos. Me hacían quedar como la más puta entre las putas, ya que alguna que otra vez no pude aguantar y me corrí con todo. Y me fui transformando en la más puta entre las putas.
A los 11 días de haberme casi acostumbrado a andar mostrando mi concha y mi culo por todos lados, llego a mi habitación y ahora el placard estaba lleno de ropa, pero era ropa algo anticuada, bastante conservadora, no había una sola minifalda, o una musculosa escotada. El cartel del día decía: “Toma esto como un entrenamiento. Ya puedes vestirte, con lo que quieras que haya aquí. Esta ropa es tuya, te la regalamos toda, incluso cuando vuelvas a tu casa puedes llevarte lo que quieras. No puedes andar más desnuda por la casa, ni siquiera puedes usar biquini y no puedes ingresar más a la Casa de Burlesque. No debes, ni puedes trabajar más allí. Ya te has ganado el alojamiento y comida del que te hemos hablado. Rikjard y Madam”.
Ya no entendía nada. Había pasado el último mes casi desnuda todo el tiempo y ahora no podía. Estuve 5 días usando esta ropa, vestida como Laura Ingalls prácticamente y al 6to. día no aguante más. Estaba desesperada. Necesitaba desnudarme. Necesitaba que alguien viera mi vagina, mi culo, mis tetas. Que alguien me rozara incidentalmente o intencionalmente, necesitaba exhibirme en ropa interior en el Cabaret y que los hombres se babearan conmigo, necesitaba bailar strip tease para los clientes, ponerles un condón con la boca y que luego me cogieron y re-cogieran. Necesitaba todo eso y más. Pero no. No me permitían más trasponer la puerta negra que daba al Cabaret. Estaba vestida casi como una monja, y ya la ropa me molestaba. Y por lo que me había comentado Rikjard esto iba a ser así hasta mi vuelta a Buenos Aires. Es decir que ya no iba a entrar nunca más al NightClub. Ni siquiera para tomar una cerveza o despedirme de las chicas. Con algunas de ellas, había entablado una buena relación y me habían enseñado unas cuantas cosas.
En otro momento, en otro rincón de la casa, Rikjard le comentaba a su mujer: -“Esta funcionando a la perfección el entrenamiento. Está sacando la putita que tiene en su interior. En unos días más te va a suplicar que la dejes volver a desnudarse y al Cabaret”. Y no se equivocaban para nada…
Un día no aguante más y si bien no lo tenía permitido me agarró como un ataque de locura, de pánico y me desnudé en el medio de la casa. Quedé desnuda completamente y comencé a andar así por la misma. A nadie le molestaba realmente, los mayordomos y sirvientes contentos, pero las reglas eran las reglas y yo las había quebrantado flagrantemente. Rikjard me hizo llamar a su despacho. Me saludó muy cordialmente. Me preguntó que había pasado y yo le conté. Al final de la charla, en la que yo le expliqué y conté todo, él me puso un collar negro en el cuello, para marcar que estaba en penitencia. Aunque no me hizo nada. Me explicó que ese collar lo llevaría todo el tiempo mientras durara mi período de castigo. Ese día a la noche pude volver al cabaret, pero sería de una manera especial. Rikjard me mandó a decir por uno de sus asistentes que me estuviera desnuda en el jardín principal a eso de las 19 hs… Así lo hice.
Fueron dos guardias de seguridad, dos gorilas, me ataron, me llevaron a una habitación oscura de la casa y me dejaron así hasta las 24 hs.. A esa hora, me llevaron al burlesque. Yo seguía teniendo el collar negro que marcaba que estaba en penitencia. Y sí antes fui un objeto sexual, un juguete sexual de varias personas durante varias semanas, en calidad de penitencia me tratarían con algo mucho más bajo y vil que ello.
Con los ojos vendados, amordazada con una de mis tangas en la boca y desnuda. Me ataron en el medio del Cabaret y dejaron una fusta a mano. Cualquier cliente que quisiera y gratis, me podía dar fustazos en el culo, en la vagina o en las tetas. También podían realizar conmigo otras prácticas medio sado como introducirme bolas chinas en el culo y demás. Yo estaba completamente expuesta e indefensa, desnuda y atada por las muñecas al techo. No veía, no podía gritar, solo sentir, lo que fuera que tuviera que sentir. En un momento tuve ganas de orinar y se lo dije a Rikjard cuando pasó cerca de mí. “Aguantate” me dijo él en un tono cortante.
También los clientes podían introducirme dedos en la vagina. Muchos lo hicieron y me corrí una y otra vez, como una verdadera zorra delante de todos. No podía parar de gemir, de humedecerme, la sensación era de una lujuria total, aparte llevaba antes de esa noche casi una semana de abstinencia sexual. Más tarde me comentarían que al lado mío había un cartel con un listado de todas las cosas que los clientes podían hacerme gratis ese día y por cuáles tendrían que pagar. Hacerme sexo anal ahí delante de todos costaba unos 70 euros y si no me fallan las cuentas recibí unas 3 o 4 vergas por el ano. Sexo vaginal unos 50 euros y solo 2 quisieron hacérmelo así, ya que estando yo parada se complicaba un poco. Otra cosa que me hicieron ese día fue: un cliente pagaba la suma correspondiente, entonces venía un empleado y al collar le ponía una soga que entregaba al cliente, me soltaban las ataduras de las muñecas por un rato, el cliente tiraba de ella y yo debía ir gateando hasta la mesa de ese cliente y practicarle sexo oral, tragándome todo el semen.
Fue una rara sensación, pero también tuvo algo de lindo. Yo estaba ahí, desnuda, atada y expuesta. Era menos que un juguete sexual. Menos que un animal sexual. Cualquiera de los presentes hacía conmigo lo que quería. Me tocaron, me penetraron, me hicieron de todo. Y me gustó. No me pregunten porqué. Sé que no es lo normal, lo lógico, lo convencional, pero me gustó y lo disfruté. Disfruté que me hicieran sexo anal, los fustazos, los petes, el sexo vaginal, en fin confieso que disfruté todo ese día de penitencia muy intensamente.
Al otro día ya había superado mi día de castigo y volví al Cabaret pero normalmente como en los días anteriores. Sin embargo no pude volver a usar ropa y mientras estuve en esa casa anduve o bien desnuda o por momentos en tanga. A partir de ahí saqué bien afuera la PUTA que hay en mí y fui en el Cabaret la más perra de todas. Batí todos los records de ganancias del mismo. No le hice asco a nada, hasta hicieron un Gang Bang conmigo en el medio del salón en el que me habrán cogido unos 20 a 24 clientes.
Así transcurrió más de un mes. Luego, por suerte el mes de intercambio estudiantil terminó. Los padres de Melanie me acompañaron al aeropuerto y me despidieron como si todo el mes hubiera sido un “intercambio estudiantil normal” y no como lo que fue. Que gente rara que eran. Por suerte terminó y volví a mi casa. Realmente no aprendí mucho de lo que venía a aprender a Francia, pero por cierto que aprendí muchas otras cosas y debo confesar que hoy ya de vuelta en mi país y en mi vida normal, usar ropa me cuesta, por eso cuando puedo, aprovecho y me hago una escapada a playas nudistas.
Me excitaría recibir tus comentarios.
Autora: Julieta
La vieja calenturienta
Lo que son las cosas, cuando era una joven, un sinfín de hombres mayores, me pretendían. Pero ahora que soy una mujer mayor, no sé qué me pasa, que ahora soy yo la que anda tras los jovencitos. Mi nombre es Norma y además de estar felizmente casada, ser madre de dos hijas y un hijo, también soy abuela de un par de adolescentes de dieciséis y dieciocho años.
Por lo que cuando comencé a sentir ese extraño deseo, de acostarme con uno de los amigos de mis nietas, al principio no me preocupe en lo más mínimo, diciéndome a mi misma que eran locas ideas de vieja. Pero cuando ese extraño deseo, me fue llevando a coquetearles de manera directa, me asusté realmente. Nada más de pensar que diría mi esposo, mis hijos y el resto de la gente que me conoce. Pensé que quizás se debía a los nervios, y yo misma decidí darme un reposo, por lo que le dije a mi esposo, que deseaba pasar unas cuantas semanas, alejada de todo, en nuestra finca.
Cuando Mario, mi esposo, me preguntó el motivo, le dije que deseaba hacer una especie de retiro espiritual, para dedicarme al recogimiento y la oración, pero sola, ya que las veces que vamos a la finca con toda la familia, prácticamente es lo mismo que estar en casa, no descanso un solo instante. A Mario lo que le dije le sonó razonable, pero como él dirige todavía el negocio de la familia, me propuso que él pasaría los fines de semana en la casa de la finca conmigo y el resto de la semana, se quedaría en nuestra casa mientras trabajaba.
Así que esos primeros días, sola en la casa de la finca, lo pasé de maravilla, mi marido le había dicho de manera bien clara a los peones, que para nada me molestasen, además contrató a doña Carmen una señora del pueblo para que limpiara y me acompañase durante el día, así podría dedicarme yo a lo que quisiera. Los primeros días lo pasé de maravilla, prácticamente sola, si la señora limpiaba y en ocasiones hasta cocinaba. Me di permiso a mi misma de bañarme sin ropa en nuestra piscina, donde me quedaba hasta altas horas de la noche sin hacer otra cosa que estar relajada en el agua. Me acostaba bien tarde y me levantaba más tarde aun, sin preocupación alguna.
Pero ya cuando llegó el fin de semana, recibí a mi marido, a cuerpo de rey, el sábado por la noche, los dos nos tomamos una cuantas copas de vino, que nos hizo recordar nuestros años de juventud, a tal grado que ambos nos metimos desnudos en la piscina cuando llegó la noche. Yo sé muy bien que tanto Mario como yo ya estamos entrados en edad, como para hacer esos desarreglos, y que mi cuerpo no es el de una mujer jovencita, pero cuando mi marido comenzó acariciarme y a besarme, algo dentro de mi comenzó a revivir, aunque al principio su miembro permanecía mustio y caído, pero a medida que él me continuaba tocando delicadamente por todas mis partes intimas, en particular entre mis piernas y mis casi caídos senos.
Vi con cierto asombro de mi parte, como su cosa se comenzaba a parar, por lo que bien contenta, se me ocurrió prestarle una pequeña ayuda, al principio acariciándoselo, pero al poco rato decidí que bien podría darle una pequeña mamada, y en efecto la ayuda fue de provecho, apenas coloqué mis labios alrededor de su miembro, sentí como se fue poniendo duro dentro de mi boca, y a los pocos minutos ya me estaba penetrando divinamente. Esa noche Mario y yo, revivimos muchos de nuestros viejos recuerdos y experiencias de antes.
El domingo los dos nos despertamos bien tarde, almorzamos en el pueblo y luego regresamos a la casa de la finca, donde nos encerramos en nuestra habitación y nuevamente pasamos una noche de locura. Ya el lunes mi marido se fue a la ciudad y yo me levanté bien tarde, y como de costumbre, por espacio de unas dos horas, me puse hacer mis ejercicios diarios, los que entiendo me permiten a pesar de mi edad mantener mi cuerpo en buenas condiciones físicas, después me di un buen baño de tina, con sales aromáticas, me puse únicamente mi bata de baño, almorcé y el resto de la tarde lo pasé leyendo en bata, hasta que llegó la hora de que la señora que me acompañaba se marchase, por lo general, ella llegaba a donde yo me encontraba leyendo en la sala, y se despedía.
Pero esa tarde sentí que alguien tocaba la puerta, por lo que al no estar la señora, en ese momento decidí abrir la puerta. Se trataba de un joven, que después me enteré que tenía unos veintitrés años más o menos. Resultó ser el hijo de Doña Carmen, que había pasado a buscarla. Le pedí que pasara, y esperase sentado a que ella regresara, me enteré que se llamaba Sergio, y que estudiaba agronomía y trabajaba en la finca durante las tardes. Pero a medida que me fue hablando, esos extraños deseos, que durante los pasados días ni me acordaba de ellos, volvieron hacerse presente. Quizás de manera inconsciente comencé a coquetear con el joven, al punto que de manera casual dejé que mi bata se abriese de manera descuidada, permitiéndole ver gran parte de mi desnudo cuerpo bajo la bata que usaba en ese momento. Al observar como sus grandes ojos se abrían intensamente, me di cuenta de que se me estaba pasando la mano, de manera recatada me levanté y me dirigí a la cocina a buscar a la señora de la limpieza.
Al ellos retirarse noté en la mirada del joven, algo especial. Digo para una mujer de mi edad, el que un chico de su edad la vea a una de la manera que él me estaba viendo, es algo bien especial. Carmen la señora de la limpieza, me presentó a su hijo y después ambos se marcharon. El resto de la tarde no hice otra cosa que pensar en la manera en que se me quedó viendo ese joven, y las muchas cosas que podríamos hacer, pero al mismo tiempo, me reprendía a mi misma por tales pensamientos, así que decidí relajarme, metiéndome en la piscina como de costumbre, sin nada de ropa.
Ya serían como las seis de la tarde, justo en el momento en que estaba saliendo del agua, sentí un ruido entre los arbustos cercanos a la piscina, por lo que sin tan siquiera detenerme a tomar mi bata, me asomé y con sorpresa vi a Sergio de pie al lado de ese arbusto espiándome. Por unos instantes lo miré a los ojos, y de inmediato di media vuelta y pensé en hacerme la indignada, pero en lugar de eso, en el último segundo mientras tomaba mi bata y medio me la colocaba sobre mi cuerpo, invité a Sergio a que entrase a la casa, con la escusa de que ya estaba oscureciendo y hacía algo de frio, él me siguió tímidamente con pasos inseguros.
Ya dentro de la casa, viéndolo fijamente a los ojos, le pregunté de manera sensual a Sergio que deseaba, el chico se quedó en silencio sin saber que decirme. Mientras frente a él me ponía nuevamente mi bata, pero sin cerrarla del todo. Sus grandes ojos, me observaban sin perder detalle de todos y cada uno de mis movimientos. En ese momento, comencé a sentir esa sabrosa calentura por todo mi cuerpo, por lo que me le acerqué y mientras caminaba a su alrededor, le volví a preguntar que buscaba. Nuevamente Sergio se quedó callado sin responderme, por lo que yo aproveché para poner en su boca, las palabras que él por lo visto, no se atrevía ni ocurría decirme. Poniendo mi voz un poco más gruesa tratando de imitar la suya dije:
Norma, desde la primera vez que la vi hoy me enamoré de ti, en ese momento en su rostro vi algo de asombro pero continuó callado mirando fijamente el piso. Yo por mi parte continué, como si se tratase de un juego, diciendo. Yo sé que soy un muchacho y usted es una señora casada, pero cuando la vi desnuda en la piscina, me dieron ganas de acostarme contigo. Al escucharme nuevamente abrió los ojos, y una ligera sonrisa apareció en su rostro. Yo continué actuando, y respondiéndole en mi propio tono de voz le dije. Pero Sergio soy mucho mayor que tú, y me alaga mucho que un joven como tú, que debe tener un sinfín de novias se fije en mi, y al decir eso comencé a pasar mis brazos por sobre su cuello, y acercando mi boca a la suya.
Lo siguiente que sucedió, en parte me sorprendió a mí misma, Sergio me ha dado un beso, como hacía tiempo no sentía. Con habilidad insospechada sus manos las metió entre mi bata y mi desnudo cuerpo, y apretó mi cuerpo al suyo. Yo nada más baje los brazos y mi bata fue a dar al piso de la sala, quedando nuevamente del todo desnuda pero entre sus brazos. Por un buen rato nos besamos, hasta que sentí contra mi vientre, su erecto miembro, que no sé en qué momento, ni como lo extrajo del pantalón. En esos instantes me sentía la mujer más dichosa del mundo. Yo a medida que aun nos besábamos le fui quitando su camisa, y de inmediato solté la correa de su pantalón y se lo ayudé a bajar de manera algo ansiosa. Sin muchas palabras, nos dirigimos a mi habitación y a mi cama de inmediato. Ya en la misma, apenas me recosté, Sergio se colocó sobre mi cuerpo, su tostada piel contrastaba con la palidez de la mía, sentí como ese miembro joven y fuerte entraba dentro de mi mojada vulva.
En mi vida la había sido infiel a mi marido, ni aun en aquellas ocasiones que me enteré por medio de una de mis amigas de que Mario mantenía a otra mujer, la que ocasionalmente visitaba. Pero en ese instante no pensaba en Mario ni en sus infidelidades, solo pensaba en lo mucho que me estaba gustando lo que hacía con ese joven y como se movía sobre mi cuerpo. Su nerviosa boca me chupó en innumerables ocasiones mis senos, mordisqueando mis pezones, y arrancándome lágrimas de felicidad.
Sergio por un buen rato metió y sacó su miembro de mi vulva, hasta que de momento me pidió que cambiásemos de posición, cosa del todo nueva para mí en esos momentos, yo me recosté sobre mi vientre y sentí nuevamente como él tomándome por las caderas, me volvía a penetrar mi coño pero con mayor energía e ímpetu. Yo estaba que no cabía en mí de la felicidad que sentía, a cada empujón que él me daba con su cuerpo el mío respondía moviéndose más y más. Al punto que alcancé un orgasmo como hacía mucho tiempo que no sentía, definitivamente no era que amasé a ese chico, es que estaba disfrutando plenamente lo que él me estaba haciendo, sin tapujos ni restricciones, gritaba de placer y le pedía que me diera más y más duro, a lo que mi amante respondía por medio de la acción inmediata.
Aunque yo ya había alcanzado ese glorioso orgasmo, Sergio continuaba como si recién comenzara, con mucha energía y mucho entusiasmo, a tal grado que de seguro me contagié y continué moviendo mis caderas, como cuando era bastante joven y aun no había parido. Después de estar en esa posición con él de tras de mi cuerpo, y agarrándome por las caderas, apretándome contra el suyo. Sergio sacó nuevamente su verga de mi cuerpo, y colocándome sobre mi espalda, me tomó por los tobillos y separó mis piernas, para acto seguido enterrarme nuevamente todo su miembro dentro de mí. En mi vida había disfrutado de un orgasmo como el que anteriormente había sentido, pero cuando en esa otra posición Sergio continuó penetrándome, me sorprendí al disfrutar de un segundo orgasmo de manera casi seguida.
Estaba tan feliz y contenta, que cuando Sergio sacó su miembro y lo dirigió a mi boca, no dudé ni por un instante en mamárselo, pero como una loca. Fue cuando lo escuché decirme, que le gustaría darme por el culo. Eso me paralizó, ya que a mi edad jamás ni nunca mi marido me había hecho eso, pero era tal mi calentura, que cuando lo escuché por segunda vez decírmelo, simplemente dejé de mamárselo y me acosté nuevamente sobre mi vientre, Sergio hábilmente mientras me comenzó acariciar mi coño con una mano, con los dedos de la otra me los fue introduciendo entre mis nalgas, al principio uno después otro, y así continuó hasta que me pareció que había dilatado lo suficiente mi esfínter como para penetrarme con su verga.
La que sentí mojada por su propia saliva, como entraba dentro de mi esfínter. Su calor y dureza estremeció todo mi cuerpo, y por un buen rato Sergio continuó sacando y metiendo su verga dentro de mi culo, al tiempo que con una de sus manos me apretaba sabrosamente todo mi coño. No sé cuánto tiempo permanecimos así, disfrutando de esa salvaje manera de tener sexo. Hasta que después de un buen rato, Sergio volvió a sacar su verga de mi culo y como si yo fuera una muñeca de goma colocó su verga dentro de mi boca, sin escrúpulo alguno me dediqué a seguir mamando, sus manos enredadas en mi blanca cabellera movían mi cabeza hacia atrás y hacia adelante, hasta que un caliente y abundante chorro de su semen, llenó toda mi boca.
Después de eso, Sergio simplemente se retiró dándome un pequeño beso en mi frente. Mientras que yo me quedé tirada sobre mi cama, con una cantidad de su leche chorreándome por mi rostro, pero bien feliz y contenta por la experiencia que había disfrutado. Al día siguiente, cuando me levanté supuse erróneamente que no volvería a ver a Sergio por un buen tiempo, pero me equivoque, esa noche se volvió a presentar en la piscina, donde como de costumbre, yo disfrutaba de un baño completamente desnuda. El nada más verlo hizo que mi corazón diera un salto de emoción, imaginándome de ante mano de todo lo que volvería a disfrutar entre sus brazos.
A diferencia de la tarde anterior, Sergio actuó confiado y seguro de sí mismo, al punto que nada más estuvo a mi lado, me llamó por mi nombre y sin perder tiempo me dio un fogoso beso de lengua, dejando en todo mi cuerpo con un deseo ardiente de continuar, al separarnos mi primera intención era llevarlo dentro de la casa y continuar donde habíamos quedado, pero él me detuvo y de manera lasciva, mientras sin vergüenza alguna me agarró mi coño, me preguntó. Amor ¿Te gustaría que te diera una sorpresa? A lo que deseosa de acostarme con, él sin pensarlo dos veces respondí sí, de manera insistente y repetidas veces. Nuevamente pero sin soltar mi coño, Sergio me dio otro profundo y embriagante beso de lengua, en el que entregándome completamente cerré mis ojos, pero al separarse Sergio de mi cuerpo, y volver a abrir los ojos, me encontré que estábamos acompañados por otros dos hombres jóvenes.
Sin sacar su mano, de entre mis piernas, dijo. Pensé que te agradaría la sorpresa. Realmente no pensé yo en quienes eran, ni si conocían a mi marido, o no. La imagen que de inmediato vino a mi mente fue, el estar acostada con los tres al mismo tiempo, no sé cómo se me ocurrió algo así tan aberrantemente delicioso, pero lo que si se es que los dedos de Sergio dentro de mi coño, o la sola idea de estar con más de un hombre a la vez, me excitó a tal grado que después de darle un beso en la mejilla, le di las gracias por la sorpresa. Y de inmediato él continuó besándome salvajemente, mientras continuaba ya introduciendo prácticamente toda su mano dentro de mi coño. Los recién llegados, no perdieron tiempo, en medio del patio donde está la piscina, se han quitado toda la ropa, y sentía sus manos y otras partes de sus cuerpos acariciando el mío.
Yo me centré en Sergio y comencé a despojarlo de la camiseta que estaba usando en ese momento, de inmediato continúe con su pantalón, que al bajárselo me encontré frete a mi boca su erecto miembro, el que no dudé ni por un solo instante en ponerme a mamar. Mi euforia era tal, que ni cuenta me di, que uno de ellos había colocado su cara entre mis muslos, solo cuando sentí su boca chupando mi coño deliciosamente, fue que reparé en su presencia, mientras que el otro tomó una de mis manos y la colocó sobre su verga, la que de inmediato comencé a masturbar. A uno de los recién llegados escuche decirles a los otros, tu amiga es vieja, pero que mucho sabe. Lejos de tan siquiera molestarme por lo de vieja, continué con muchas más ganas. Sergio se dio su tiempo para disfrutar de la buena mamada que yo le estaba dando, hasta que separó su cuerpo del mío, y ayudándome a levantar del piso, y dejando al que me mamaba el coño acostado, dijo.
Ahora es que vamos a gozar, y tras decir eso me propuso que me pusiera en cuatro, y de inmediato comenzó a nuevamente a introducir sus dedos dentro de mi nalgas, de cuando en cuando ante la mirada de sus amigos me pasaba la lengua sobre mi esfínter arrancándome gritos de placer, después de lo cual me dijo que me sentase sobre su verga.
Mi excitación era tal que obedecí de inmediato, y en cosa de pocos segundos, ya Sergio me estaba como dice él, culeando. Sergio me recostó sobre su cuerpo apretándome los senos, divinamente, fue en ese instante en que uno de sus amigos, dirigió su verga directamente a mi coño. Cuando comencé a sentirla, no cabía en mí de la alegría, y como una loca movía mis caderas al tiempo que sentía como uno y el otro, introducían sus vergas dentro de mi cuerpo. No pasó casi nada de tiempo, cuando el tercero de ellos tres, dirigió su verga directamente a mi boca, no dudé en mamársela, por lo que a medida que se la chupaba, movía mis caderas y ellos me apretaban deliciosamente contra sus desnudos cuerpos.
Hasta esos momentos pensaba que los orgasmos que Sergio hasta esos momentos me había hecho disfrutar la noche anterior, no serían superados por nada ni nadie. Pero al sentirme estar entre esos tres hombres jóvenes y con tanta energía, fue cosa de segundos que alcanzase el clímax. Casi llorando pero de la alegría, quería que nunca terminasen. Sé que por un instante pensé en Mario, mi marido. Pero de la misma manera que ese pensamiento apareció, desapareció al sentirme ensartada por esas tres vergas.
Aunque de haber sido por mi hubiera deseado intensamente que continuasen hasta el fin de los tiempos, pero cambiamos de posición, quedándose Sergio bajó mis nalgas, metiendo y sacando su miembro una y otra vez. Hasta que me apretó con bastantes ganas al momento de venirse dentro de mi culo. No había él terminado de extraer su miembro de entre mis nalgas, cuando el segundo se me ha tirado encima, y casi sin darme tiempo a respirar, me ha introducido nuevamente su verga sin compasión dentro de mi mojado coño.
Ante la mirada de Sergio y su otro amigo, ese chico hizo las delicias de mi cuerpo. Yo me sentía como emborrachada pero de placer, nada más esperando que ese terminase para sentir dentro de mi boca la verga del tercero. Como en efecto sucedió, a los pocos minutos. El resto de la noche no hubo cosa que Sergio y sus dos amigos no me hubieran hecho, y que yo no haya disfrutado. Sus calientes comentarios sobre mi persona, me calentaban más y más, comentarios desde el que dice. Gallina vieja da buen caldo. A otros bien subidos de color, refiriéndose a lo bien que muevo el culo. Al punto que más que ellos, era yo quien disfrutaba intensamente todas esas pocas vergüenzas que me estaban haciendo.
Esa noche, no hubo cosa que los tres no me hayan hecho, cuando no se la mamaba a uno, cualquiera de los otros dos me daba por el culo o el coño de manera salvajemente sabrosa. Hasta me pusieron a que le diera el beso negro a Sergio, cosa que hice, con algo de repugnancia al principio, pero al ver lo mucho que lo disfrutaba, continué introduciendo mi lengua dentro de su culo insistentemente. Hasta que uno de sus amigos, sin perder tiempo apenas separé mi boca del culo se Sergio lo penetró, para mi mayor sorpresa, pero de inmediato pensé si a mí me gusta, por qué no a él también.
Ya estaba bastante agotada, con todo mi cuerpo hediondo a sexo, y con lamparones de semen por casi todo mi cuerpo. Al final en medio de un cierto desenfreno, cuando ya no podía disfrutar más, y me encontraba recostada en una de las sillas de la piscina. Comencé a sentir al principio un caliente chorro de algo líquido casi sobre mi cara y mi boca, casi de inmediato otro chorro similar, que caía sobre mi coño, y un tercero casi de inmediato que me caía sobre mi vientre. En fin me estaba dando un baño dorado como dijo después Sergio.
Cuando ya en la madrugada estaban por retirarse, se me ocurrió hacerle un buen regalo a Sergio y sus amigos, así que antes de que se marchasen, fui corriendo a mi habitación y de una de las gavetas de la mesa de noche, saque buena parte del dinero que, Mario mi marido, me había dejado para que me fuese de compras al pueblo. Al principio se negaron a aceptarlo, pero ante mi insistencia, me complacieron recibiéndolo.
Hoy en día, me he dado cuenta de lo mucho que disfruto acostándome con hombres mucho más jóvenes que yo, que no me tengan compasión, y me den bien duro tanto por el culo como por mi coño. Desde luego que mi marido ignora todo, o por lo menos así creo yo. En ocasiones paso algunos días de la semana en la casa de la finca, y cuando no es Sergio es alguno de sus amigos que quieren visitar a la vieja calenturienta… como me llaman cariñosamente entre ellos.
Autor: Narrador
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