Jessica: Le puse los cuernos a Martin

August 6, 2010 by admin  
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Hola amigos aquí de nuevo esperando no se hayan aburrido con los tres relatos anteriores, como recordaran no tuve una grata experiencia siendo novia de Martin, bueno tenia buena carrocería pero mal motor, jajajaja , que cosas digo verdad.
Sucedió que se llego mi cumpleaños y como ya les he comentado Martin era muy detallista en eso pocos se la pueden ganar, así que me organizo una merienda en mi casa, le pidio permiso a mis papas y ellos accedieron, resulta que en la noche anterior a mi cumpleaños me llamo por teléfono Ángel la verdad fue una sorpresa para mí ya que tenia buen tiempo de no saber de él, bueno más bien de que no hablaba con el por qué varias de sus parrandas si supe de ellas por otros amigos, me felicito y me comento que tenía ganas de platicar conmigo así que me dijo que pasando mi cumple me invitaría a tomar un café por la tarde, yo le comente que por qué no mañana sirve que así me des mi abrazo como vez, de inmediato acepto y nos quedamos de ver a las cuatro de la tarde ya que yo tendría mi merienda como a las ocho de la noche.
Para serles sincera desde que me invito me dieron unas ganas de tener una tarde de ardiente pasión con él, a pesar de tener yo otro novio, pero es que entre más pasaba el tiempo con Martin más ganas de daban de tener una tarde llena de sexo como las que tenia con Ángel, y pensé por qué no me doy ese regalo el día de hoy con Ángel, así que me vestí muy coqueta, como a él le gusta, con un bikini negro semitransparente, un brasier también negro con encajes, una minifalda roja y una blusa negra semitransparente, unas pantimedias negras y unas zapatillas de tacón alto.
En esta ocasión raro en Ángel llego puntual a la cita, nos saludamos el me dio un beso en la boca y un fuerte abrazo como lo hacía cuando éramos novios, me lleno de halagos la verdad raro en él, y nos dispusimos a dirigirnos a donde tomaríamos el café, ya estando en el lugar comenzamos a platicar de diferentes cosas.. Entonces en la plática muy picarona yo tome el tema del sexo, y fue la plática central, eso me éxito aun más, de pronto el me comento, ya es hora no se te baya hacer tarde para tu merienda, me extraño mucho que él lejos de insinuarme el ir a un hotel me decía que me llevaría a mi casa, me dije a mi misma ni modo será en otra ocasión, camino a mi casa continuamos con el mismo tema, pensé este solamente me quiere excitar y dejarme así, que malo, al llegar a mi casa caía más fuerte la lluvia pero no se estaciono frente a ella sino unos 100 mts más adelante, paro el motor y me dijo bueno amor llegamos pero antes déjame darte tu regalo de cumpleaños, me abrazo me dio un beso grande en la boca y comenzó acariciarme mis pechos, guau esto me llevo a excitarme aun más de lo que ya estaba, sentí como mi cosita se humedecía cada vez más, yo obviamente le correspondí, entonces una de sus manos empezó acariciarme por debajo de la mini las piernas, les puedo jurar que con eso mi bikini quedo totalmente húmedo, después comenzó a darme besos en el cuello, él sabía que eso me excitaba demasiado, y me fue desabotonando la blusa, yo entre lo excitada que estaba y las ganas de tener una muy buena cogida todavía tuve las fuerzas para decirle que parara que tenía muchas ganas de hacer el amor con el pero que lo hiciéramos en un lugar apropiado, entonces su mano que acariciaba mis piernas la dirigió hacia mi cosita y me dijo no amorcito no te preocupes aquí no se ve nada y a esta hora y con esta lluvia nadie pasara por aquí y lo hacemos aquí o no lo hacemos tú decides, mi respuesta fue darle un beso grande y comenzarle a sobar su verga parada que ya tenía.
Entonces él con su habilidad que ya le conocía me quito mi sostén y me dio unas ricas mamadas en mis pechos que desde hace tiempo lo quería sentir, con sus manos me fue bajando las pantis, el bikini y la mini, en poco tiempo estaba totalmente desnuda en su carro y tan cerca de mi casa donde posiblemente ya estaban amigas, amigos y mi novio, mis padres a pesar de no estar en casa estaban con unos vecinos, al pensar de que todos ellos estaban tan cerca lejos de querer para me excito todavía más, así que también comencé a quietarle su ropa a Ángel, ya desnudo los dos nos seguíamos acariciando el me apretaba mis pechos, mis nalgas me acariciaba mi cosita hufff me tenía a mil por hora, yo le acariciaba su pecho y con gran ansiedad le agarraba esa rica verga que tenia parada, gorda y brillosa, entonces me dice al oído, oye nena no quieres mamar tu caramelo, y yo con las ganas que tenia me abalance a darle esas ricas mamadas a su verga que tanto a él como a mí nos encantaba, como pudimos nos acomodamos en su auto y realizamos un sesenta y nueve, al sentir como me chupaba los labios de mi clítoris me llevo a tener un gran orgasmo, seguía jugueteando con su lengua lo que me llevo a tener otros orgasmos más. Mientras tanto yo seguía manado esa verga que ya hace tiempo se me negaba hacerlo, me la quería acabar, el al darse cuenta que estaba a punto de eyacular me retiro y me dijo no amor todavía falta.
Así que se acomodo de manera que me le subí y de una manera muy desesperada me clave esa vergota en mi cosita, recuerdo que apenas me la estaba clavando cuando me vino otro rico orgasmo, yo al sentir esa gran sensación comencé a moverme lo más que podía y sentía un orgasmo tras otro, hasta que por fin sentí como me llenaba de su leche caliente y como escurría esta dentro de mí, ese era mi momento para seguir moviéndome y hacerlo revolcarse. Estábamos totalmente exhaustos y sudorosos no descansamos más de 10 minutos cuando nuevamente me empecé a mover ya que su verga aun se encontraba un poco erecta, el me zafo y me dijo quiero que me limpies mi verga con tu boquita, yo después de esa enorme cogida le conteste lo que desees amor si me das otra cogida, así que le comencé a limpiar su rica verga con mi lengua, por lo que se le erecto nuevamente, ya en otras ocasiones había sentido el sabor de su semen pero por primera vez sentí el sabor de su semen revuelto con el de mis jugos, él me volvió a retirar y me puso en posición de perrita y me dijo amor ya le toco a tu boquita y a tu cosita así que ahora le toca a tu culito, como ya tenía tiempo que no me lo hacían por ahí me volvió a doler bastante pero no se comparo el dolor con el placer que sentía.
A pesar del placer que estaba sintiendo, recordé a mis invitados, así que le dije que paráramos porque tenía que llegar a mi casa y tal vez por no estar ahí mis padres si estarían con mis invitados, así que me dispuse a vestirme pero no encontraba ni mi bikini, ni mi brasier, por más que los buscaba no aparecieron, así que me tuve que poner mi blusa y mi mini, me despedí con un rico beso y me dirigí a mi casa, al entrar note que ya no estaban mis padres solo mis invitados, Martin al verme entrar me dijo que bueno que llegaste mi amor y me dio tremendo beso, en ese momento pensé a que te sabrá ese beso si vengo de darle tremenda mamada a Ángel y probé de su lechita y de mis juguitos, al dejarme casi me carcajeó pero me tuve que aguantar, salude a los demás invitados y me dirigí a mi recamara para ponerme otro brasier y otro bikini, y claro adarme una retocadita de maquillaje, al salir se me acerco nuevamente Martin y me dijo al oído te ves muy linda como te vestiste hoy, entre mi me dije si amor pero no para ti sino para el que me acabo de agasajar ja ja ja, termino la fiesta, llegaron mis padres y me retire a dormir. Acostada ya en cama solo pensaba en el gran placer que volvi a sentir, en esos orgasmos que tuve, en que le puse el cuerno a Martin con Ángel afuera de mi casa y a no más de 200 metros, y que el beso que me dio llevaba el sabor verga de Ángel y a mis juguitos que nunca quiso probar.
Bueno amigos me despido, esperando no haberlos aburrido y como siempre espero sus comentarios, mándenmelos a mi correo jesy_dark10@hotmail.com, hasta pronto y les mando unos ricos besos.

Primera experiencia con mi cuñada

July 21, 2010 by admin  
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“Invéntate algo el viernes por la noche. Tengo ganas de chupártela otra vez y de beberme toda tu leche. Y de que me folles salvajemente”. Éste es el mensaje que llegó a mi móvil y que leyó mi cuñada por error. Estábamos en la casa de mis suegros pasando las vacaciones. Éramos muchos, pero esa tarde estábamos solos mi cuñada y yo. Mi mujer, Alicia, y sus padres habían ido a comprar unas plantas para el jardín. Pablo, el marido de mi cuñada, trabajaba todavía y no llegaba hasta el día siguiente. Mi sobrino, de 7 años, estaba en casa de unos vecinos de mis suegros.

Tatiana, mi cuñada, después de pegarse un baño en la piscina, se tumbó en el sofá para ver uno de esos programas de una tarde de verano que yo considero bastante absurdos. Así que yo estaba en el jardín, junto a la piscina, tomando un poco el sol y escuchando música con los auriculares puestos. Por esta razón, no escuché que me llegaba un mensaje. ¿Qué pasó? Resulta que Tatiana y yo tenemos mucha confianza. A veces nos vacilamos mucho. Incluso, su marido alguna vez se ha llegado a poner celoso. A mí no me ha dicho nada. Pero Tatiana sí me lo ha confesado. El caso es que con ella mantengo conversaciones de todo tipo. Me habla de sus cosas, de su vida, en general, y de su marido, en particular. Del trabajo, de su hijo, de sus miedos… Y también de sexo. Concretamente del poco sexo que tiene con su marido.

La cuestión es que llegó el mensaje a mi móvil y yo no lo escuché. Tenía el teléfono en una mesita de centro, junto al sofá donde estaba mi cuñada tumbada. Y a ella no se le ocurrió otra cosa que mirar quién me enviaba el mensaje. Al cabo del tiempo me dijo que lo había mirado porque pensaba que había sido mi mujer y que sería porque necesitaba preguntar alguna cosa. Pero se encontró con un mensaje de un teléfono no registrado en mi agenda que, por una parte, la dejó sorprendida. Y, por otra, la dejó excitada. Esto también me lo dijo después.

El caso es que estando yo tumbado escuchando música, sentí una sombra ante mí. Abrí los ojos como pude y vi a Tatiana de pie con su bikini de colores ante mí, mirándome muy seria y con mi teléfono en la mano. Me preguntó qué significaba aquel mensaje. Lo leí y le dije que no tenía ni idea, que seguramente era de alguien que se había equivocado, que era de un número que no tenía en mi agenda. Evidentemente, no se lo creyó. Lo cuento ahora con la situación en el recuerdo y no pasa nada. Pero en aquel momento estaba muy nervioso.

Entonces, Tatiana me dijo que le diera unos minutos. Y se metió dentro de la casa. Fui detrás de ella, pero se encerró en su habitación. Yo no sabía qué hacer. Le daba mil vueltas. No sabía si fingir que era un error de alguien o contarle la verdad. Se trataba de una compañera de trabajo, casada también, con la que estaba follando de vez en cuando. Pasaban mil ideas por mi cabeza. Pero mis pensamientos quedaron interrumpidos cuando Tatiana me llamó. Me dijo que pasara a su habitación. Abrí la puerta y la vi tumbada encima de la cama, con los laterales del bikini desabrochados, con una sonrisa dibujada en su carita y con la parte de arriba del bikini colocada, pero sin atar. Me hacía gestos con un dedo para que me acercara.

Está claro que no podía acercarme. Le pedí por favor que se pusiera bien el bikini y se lo atara y que saliera fuera para charlar. Entonces me dijo que tenía dos opciones: una, quedarme fuera. Y dos, chuparle el coño. La verdad es que Tatiana está buenísima. Casi 1,70 de estatura, un cuerpo bonito, más bien delgada. Con pechos pequeños, pero muy lindos. Unos pezones rosados deliciosos. Y siempre huele muy bien. Y por las conversaciones que mantenemos, muy morbosa. Y poco explotada sexualmente por su marido.

Ella me dijo que si decidía quedarme fuera, le contaría a su hermana lo del mensaje. Y que si decidía chupárselo, nadie se enteraría de nada. Ni que me llegó un mensaje ni que se lo había chupado. Me dijo también que más de una vez había visto como follaba con su hermana. Y que tenía grabado en su cabeza una tarde en que nos pilló follando en nuestra habitación porque teníamos la puerta entreabierta. Me dijo que ella estaba tumbada con las piernas abiertas y que yo estaba con mi cabeza metida entre sus piernas, haciéndole una mamada que por la cara y los gemidos de mi mujer debía estar encantándole.

Por un momento pensé… De perdidos, al río. Si se tiene que enterar, que se entere del todo. Así que me acerqué a Tatiana, me senté a su lado, la miré fijamente a los ojos, luego a sus pechos, le sonreí y le di un morreo que casi la asfixio. Ella no se quejó. Al contrario, respondió perfectamente echando mano a mi paquete. Yo ya estaba excitado. Nos besamos durante muchos minutos. Le dije que podían llegar todos en cualquier momento. Ella me dijo que tardarían, que mi hermana siempre se liaba cuando salía con sus padres de compras. Después de muchos abrazos, de muchos besos, empecé a besarle el cuello de forma delicada, suave y dulce. Luego sus hombros. Después sus pechos. Me paré en sus pezones. Los saboreé. Estaban duros. Tersos. Erectos. Impresionantes. Los chupé tranquilamente primero. De forma muy delicada. Como mis besos. Y luego más salvaje. Se los mordisqueé y ella gemía de placer. Me decía que se los mordiera. Me gritaba: – Me tienes a mil, cabrón. Con razón mi hermana está loca contigo. Me gusta tu polla. ¿Te la podré chupar como te la chupará el viernes la putita que te ha enviado el mensajito?

Yo no respondía. Sólo chupaba y chupaba. Después de sus pezones bajé por su barriguita, por su ombligo. Con mis manos rozaba sus piernas, sus pechos, sus pezones, sus labios, su cuello, todo su cuerpo. Mi polla estaba dura. Iba a reventar. Además, estaba a mil porque cuando nos quedamos en casa de mis suegros, mi mujer no es demasiado dada a follar por las noches porque le da vergüenza que alguien nos pueda oír. Estaba loco por follarme a mi cuñada. Pero seguí chupando todo su cuerpo. Después de su barriguita y mientras rozaba todo su cuerpo, con un dedito rocé su coño. Lo introduje entre sus labios, busqué su agujerito y pude comprobar que estaba absolutamente mojada.

Ella me preguntó si me gustaba verla así, excitada por mi culpa. Le respondí que me encantaba. Ella me dijo que soñaba desde hacía años con ese momento, que estaba mal decirlo, pero que me deseaba. También me insistía: – ¡Fóllame!

Le dije que tenía que esperar. Seguí con mi boquita recorriendo su cuerpo. Me detuve en su coño cada vez más excitado y cada vez más mojado. Después de pasar mis deditos por él, pasé mis labios y lo besé. Y luego paseé mi lengua entre sus labios para saborearlo. Fue entonces cuando me dijo que después de decirme lo del mensaje, se había excitado y como sabía que iba a acceder a su chantaje, se fue rápidamente al baño para lavárselo y para prepararlo bien para la mamada que le iba a hacer. Le dije que nunca imaginé que pudiera ser tan caliente. Y ella me dijo: – Y tan puta, ¿verdad? Hazme tuya. Quiero ser tu puta ahora mismo.

Y yo seguí trabajando entre sus piernas. Le chupé un poquito su rajita y después seguí mamando sus piernas, sus muslos, sus rodillas y sus pies, que me encantaban. Siempre se lo había dicho. En ese momento yo ya había perdido la noción del tiempo y de la responsabilidad. Y ya me daba todo igual. Subí rápidamente hacia su coño y empecé a chupárselo con frenesí, más salvajemente. Lo saboreaba y quería más. Ella estaba cada vez más loca, más excitada y gemía cada vez más alto. Su respiración se agitaba cada vez más y con sus manos apretaba mi cabeza contra su vagina con más fuerza. Yo pasaba mi lengua por sus labios, por su clítoris, que parecía una polla pequeñita, gordita, durita, erecta. Noté que cada vez que pasaba mi lengua por su clítoris y por la parte inferior del mismo ella se retorcía de placer. Me dijo que se iba a correr y que no parara y yo seguí con más fuerza y más rápidamente hasta que noté como sus espasmos hacían que golpeara su coño contra mi cara. ¡Qué delicia! Me bebí todos sus jugos. Estaban ricos. Ella se retorcía de placer y me pedía que parara. Pero en ese momento yo iba a estallar. Tenía la polla grande, dura, tiesa, enorme y cargada de leche. Estaba preparada para descargar.

Me puse a su nivel y besé sus labios. Le pregunté si le gustaban mis besos con sabor a su coño. Ella seguía excitada. Yo besaba sus labios y rozaba su coño con mi polla. Ella me la tocaba con sus manos y la colocaba en la entrada de su cuevita. Y me susurraba al oído que la follara: – ¡Fóllame! ¡Fóllame, cabrón! Métemela entera. Hazme a mí todo lo que le haces a mi hermana.

A mí me excitaba que Tatiana hablara así. Me ponía malísimo. Y no aguantaba más. No quería follármela tan rápido porque sabía que no iba a tardar nada en correrme con el calentón que llevaba. Pero ella se movía junto a mí con mi polla colocada en la entrada de su agujerito. Y hacia movimiento buscando ser penetrada. Y no pude más. Así que introduje mi polla de un solo golpe en su interior. Ella me decía que era una delicia sentirla así. Me decía que eso era una polla y no la de Pablo, su marido, que la tenía pequeña, que se aflojaba cada dos por tres y que se corría en dos minutos. Y que no sabía chupárselo. Y que ni siquiera se esforzaba en masturbarla. Así que siempre iba salida, con ganas de follarse a cualquiera. Y que no lo hacía porque no se atrevía. Pero que lo que estaba haciendo era algo que deseaba haber hecho hacía años.

Yo empecé a moverme rítmicamente. Primero despacio. Mete y saca. Entra y sale. Despacito. Para que ella notara como mi polla entraba y salía de su coño. Pero ella me pidió que lo hiciera más rápido. Volvía a gemir como una loca y con la voz entrecortada me decía: – Fóllame salvaje, hijo de puta. Fóllame como en tu puta vida hayas follado a mi hermana.

Esas palabras me pusieron loco. Empecé a bombear cada vez más rápido mientras besaba su boca y tocaba sus pezones con mis dedos. Mis movimientos eran cada vez más rápidos, más fuertes, más salvajes y sentí que me iba a correr. Con un movimiento rápido se la saqué del coño y justo en el momento en que me corría se la puse en la boca y empezaron a salir los chorros de leche de mi polla dura, gorda y tiesa como un palo. Y ella abrió la boca, se puso mi tronquito en los labios al tiempo que con una mano me lo meneaba para llevarme al orgasmo y empezó a saborear cada uno de los chorros de leche que salieron de mi polla. Y cuando acabaron de salir los chorros de leche, se la metió en la boca enterita, me la mamó durante unos minutos y me la dejó absolutamente limpia. Y a mí me dejó totalmente relajado.

A partir de esa tarde, mi relación con Tatiana cambió. Además de aprovechar cada momento en que mi mujer y mis suegros y mi cuñado estaban fuera, también se las ingeniaba para quedar conmigo de vez en cuando. Lo hacía enviándome un mensaje al móvil que decía “Invéntate algo el viernes por la noche. Tengo ganas de chupártela otra vez y de beberme toda tu leche. Y de que me folles salvajemente”.

dulcesalvaje69@hotmail.com (se admiten comentarios y sugerencias)

Sabado, conociendo a Alberto

January 21, 2010 by admin  
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Llegó el sábado siguiente, y nada mas levantarnos mi esposa se fue a la peluquería y yo a llevar a los niños a casa de los abuelos. Después de comer quise hacer el amor con mi mujer pero no me dejó. Sobre las 21 h. llamaron a la puerta, abrió ella y allí estaba él con una botella de champagne en la mano, le recordó que la otra noche le había gustado mucho y por eso la trajo.

Vinieron las presentaciones, y por fin conocí a Alberto, la primera impresión era de esas personas que impactan al verlas, que se ven muy seguras de si mismas.

Durante el transcurso de la cena me pude dar cuenta que era una persona que conseguía todo lo que quería, me pareció en algunas fases un poco chulo, sobre todo cuando hablaba de las mujeres y sus conquistas, ya que llegó a presumir de haber estado con mas de 300. Terminada la cena, mi mujer sacó la botella de champagne, y puso un poco de música ambiente, brindamos y se pusieron a bailar.

Empezaron a besarse, y poco a poco empezó a desnudar a mi esposa. Decidieron ir rápidamente a la habitación, y allí terminaron de desnudarse. Yo también me desnudé. De repente mi esposa me llamó para que viera el pedazo de polla que tenia, me dio la impresión que mantenía entre las manos un bote de espuma de afeitar de lo grande que era, y lo que me llamó mucho la atención era lo dura y erecta que la tenia. La mía estaba en semi- erección y parecía un cartucho de escopeta (me gusta la caza). Aún considero que mi esposa fue generosa cuando me contó que era el doble que la mía, ya que a mi me pareció el triple, si ustedes comparan un bote de espuma de afeitar y un cartucho de escopeta, la diferencia es bastante clara.

Empezaron a hacer un 69 digno de las mejores películas, y lo que mas rabia me daba era que parece que yo no existiera. De repente cambiaron de posición y se dispuso a penetrarla, pero esta vez sin preservativo ya que mi mujer toma la píldora. En ese momento me llamó que me acercara a ella, y empezó a hacerme una mamada, de la excitación que tenía me corrí enseguida, en cuanto notó que me corría se la sacó de la boca y me corrí sobre la cama.

Entonces empezaron las comparaciones ..que si no aguanto nada, que fíjate Alberto que grande la tiene, como aguanta y demás. La verdad que según me había contado, este momento de humillación me lo esperaba, pero aún vendría más. Después de estar como 4 o 5 minutos en la misma posición, se la sacó y le hizo ponerse como un perrito, y se la volvió a meter en esa posición. Estuvo un buen rato y volvieron a la posición del misionero, pero las piernas de mi mujer por encima de sus hombros. Veía a mi mujer como nunca la había visto, gimiendo y jadeando como nunca lo hacia. Cuando estaba a punto de correrse le dijo que quería que se lo tragara, y se la puso en la boca y mi mujer se metió el capullo (prácticamente le cabía poco mas) y se corrió. Mi mujer se tragó todo lo que pudo.

La escena para mi era de lo mas excitante, de hecho volví a tener una erección. Decidimos fumarnos un cigarrillo para descansar. Mi esposa se puso al lado de los dos y dijo.. mira tu con la picha tiesa y Alberto morcillona, es bastante mas grande la de él, y yo respondí que ya me había fijado que no hacia falta que me lo recordara continuamente. Además le reproche si solo iba a hacer el amor con él y no conmigo y le recordé que era la segunda erección de la noche, a lo que me dijo que ahora me tocaba a mí. Me puse encima de ella y entró fácilmente, empecé el mete y saca y empezó a reírse diciendo que no la sentía, que le perdonara pero de lo dilatada y lubricada que estaba apenas sentía nada. Se giró hacia a Alberto y le dijo que lo que quería era ese pedazo de carne, lo cogió entre sus manos y empezó a pajearlo, a lo que reaccionó volviéndose a poner mas duro que un palo.

Mi mujer me dijo..ojala la tuvieras así de grande y dura y me dijo.. ven y tócala para que veas lo dura que esta y por segunda vez, Alberto me dijo ven que no muerde.

Me acerqué y pude comprobar como la tenia, la verdad que estaba muy dura y apenas podía cerrar la mano. Pese a sus 52 años, tenia la vitalidad y energía de uno de 25. Volvió a follar a mi mujer por espacio de 20 minutos en los que ella no paraba de jadear, pero esta vez terminó corriéndose dentro de ella, a lo que mi esposa tuvo un orgasmo lleno de espasmos como no había tenido nunca. Yo a todo esto me había bajado la erección y lo único que quería era que terminase esto ya y Alberto se fuera. Sabía que las comparaciones iban a durar mucho tiempo y el recuerdo de esta noche también.

Pero poco podía imaginar que la noche aún no iba a terminar.

Después de los dos polvos decidimos meternos en la bañera los tres y darnos una ducha.

Al levantarnos, mi mujer dijo…mira parece la polla de un pony de la feria, a lo que los tres nos reímos. Nos metimos en la ducha y nos duchamos los tres. Serian las 2 de la mañana cuando salíamos de la ducha y volvimos a la habitación. Estuvimos hablando un rato cuando veo que mi mujer le coge otra vez el pene y empieza a pajearlo, y le digo…déjalo que lo vas a matar a polvos que ya lleva dos y el pobre necesita descansar, y dice mi mujer que ya descansará entre semana, y empieza a hacerle otra monumental mamada, le lamia de arriba abajo, le comía los testículos y se metía en la boca lo que podía. Ante semejante mamada se le empezó a poner otra vez tiesa, pero más blanda que las veces anteriores, a lo que mi mujer dijo…Bah, los hombres no valéis para nada enseguida os cansáis, y yo dije que no éramos maquinas, pero me alegré que también se metiera con él y con su virilidad. Poco a poco nos entró el sueño y nos quedamos dormidos.

Otro día contaré como fue el despertar.

Cena de empresa: cuando conocio a Alberto

January 19, 2010 by admin  
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Como todas las navidades, la empresa donde trabaja mi mujer hizo la típica cena de empresa, como casi todo lo que hay son mujeres, después de cenar decidieron ir a un local de esos que se baila.

Al llegar pidió una consumición, y decidió salir a bailar con sus compañeras, en eso que se les arrima los típicos tíos que también iban de cena de empresa y con ganas de fiesta. La música que sonaba era de pachanga, la cual animaba a bailar.

En un momento dado, y como hacia bastante calor, mi mujer decidió ir a tomar otra copa (ella bebe whisky y limón), y en el momento que volvía de la barra, sus compañeras estaban cogiendo los abrigos para marcharse y ella decidió terminar su copa e irse después en taxi.

Se le acercó una persona del grupo de los que antes bailaban un hombre de unos 55 años, ella tiene 40, y según dice ella muy apuesto y bien vestido, y lo que más le llamó la atención era su olor a perfume-colonia.

Estuvieron un rato hablando y le contó que era jefe de un departamento de la empresa, y se ofreció a llevarla a casa. Le invitó a tomar una última copa, cosa que según mi esposa creía que irían a otro local y por eso aceptó.

De repente estaban subiendo a su casa, y le dijo que estaba separado y que vivía solo. A mi mujer no le hizo gracia, pero por no montar un numerito prefirió tomarse la copa y que la llevara a casa. Abrió una botella de champagne, y estuvieron riéndose juntos un rato.

De repente le dio un beso en toda la boca, a lo que ella se opuso inicialmente. Cuando se separaron mi mujer le dijo que se pensaba, a lo que él dijo que estaba muy caliente y lo sentía, que no había podido evitarlo y que llevaba 3 días sin hacer el amor. A esto mi mujer se rió diciendo que ella pasaba semanas sin hacerlo. Según le contó él y comprobó posteriormente era una persona sexualmente muy activa y necesitaba hacer el amor casi a diario.

Justo en ese momento se bajó la cremallera del pantalón y según mi mujer alucinó con lo que veia. Era el miembro mas hermoso que había visto nunca, grande, gordo y sobre todo muy duro y mirando hacia el techo. Cuando me contaba esto dice que de duro como cuando yo tenía 20 años.

Ante tal proposición se hizo un poco la loca, pero que él se le arrimó y le volvió a soltar otro beso en la boca, a lo que ya no pudo decir que no, y con la mano le tocaba el pene, al principio con cierta…vergüenza pero que luego empezó a tocárselo con las dos manos.

El le quitó la ropa, y se desvistió. Fueron a la cama y empezaron a tocarse mutuamente.

En el momento de la penetración pensaba que le iba a hacer daño, pero no fue así, no sabía si por lo caliente que estaba o por el preservativo que se había puesto.

Estuvo dándole caña como unos 20 minutos hasta que finalmente se corrió, según me reconoció mi mujer, había sido uno de los mejores polvos de su vida.

Se levanto a recoger las copas de champagne que estaban en el salón, y cuando volvió siguieron bebiendo y brindando.

Al cabo de 10 minutos, según se fijó ella volvió a tener otra erección, y le entró la risa y le comentó que conmigo nunca había podido hacer el amor dos veces seguidas, cosa que tengo que reconocer que es verdad.

Volvieron los toqueteos otra vez y le volvió a hacer el amor, esta vez dice que perdió la noción del tiempo que estuvieron y de los orgasmos que tuvo (unos 2 o 3 calcula). Cuando hemos hecho el amor nunca me ha dicho si ha llegado al orgasmo, eso me dio cierta rabia. Después del segundo polvo, se fueron a la ducha, se ducharon y vistieron y la trajo a casa, serian las 6 de la mañana, cuando llegó con el coche y antes de despedirse le pidió que le hiciera una mamada, y se bajo la cremallera volviendo a tener la polla en semi-erección, a lo que dijo que alguien les podía ver y no quiso hacérsela.

Se levantó sobre las 12 de la mañana, yo ya le había hecho el desayuno a los niños y los tenia entretenidos.

Me llamó y me hizo ir a la habitación. Me comentó que esa noche me había sido infiel por primera vez, y que yo ya no era el único hombre con el que había estado.

Nada mas decirme eso, tuve una erección, y lejos de cabrearme, sentía curiosidad de que me lo contara.

Empezó diciéndome lo del pub y como lo conoció. Que tenia 52 años y estaba separado, a lo que yo empecé a reírme, diciéndole que se podía haber enrollado con alguien mas joven y que seria un abuelito que toma viagra, ella muy seria me dijo, no tienes ni idea del pedazo de polla que tiene, es mas del doble que la tuya de grande y de gruesa, y me hizo el amor dos veces en una noche, incluso su polla sin estar en erección pude comprobar que es mas grande que la tuya erecta.

Como pondrán comprender la risa se me cortó de golpe. Yo le dije si también había estado midiéndosela para afirmar tal cosa, a lo que me dijo que yo mismo lo podría comprobar por que el sábado de la semana siguiente había quedado con él para cenar en casa, y que enviaríamos a los niños con los abuelos. Pero esto ya lo contaré mas adelante.

De cómo un cincuentón me dejó en ridículo y haciendo el amor con mi esposa.

Empezo como un juego

November 10, 2009 by admin  
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Sentía que tenía el control, sentía un poder, que nunca antes había sentido, una de sus manos fue directo a su vagina, y comenzó a masturbarse con frenética intensidad, sentía sus fluidos deslizarse por los dedos, mientras, con la otra mano ella tomó sus testículos y los masajeó con ternura con la palma de su mano, mientras con el dedo medio le rozó con áspera ternura el culo a Adrián.

Restregaba sus tetas ya sin pudor alguno por sobre la blusa azul, su verga como una estaca se erguía hacia un costado prisionera del pantalón, la rozaba una y otra vez en un vaivén que cada vez se aceleraba más, como si la penetrara con la ropa puesta. Ella sentía ese trozo de carne caliente recorrerle el culo y acompañaba cada uno de los movimientos.

- Largá, que nos va a ver mi marido decía entre sollozos con la voz entrecortada casi inaudible, sin estar realmente convencida de querer detenerlo. – Mirá, mirá como me dejaste la verga – le susurró en la nuca, hundiendo su nariz en su espesa cabellera, que tanto lo calentaba. – puta… mira como me tenés…- susurro nuevamente, con un siseo pervertido que se transformó en un escalofrío que recorrió toda su espalda…

Sin tapujos tomó su mano por la muñeca y la condujo a su entrepierna, sin darse la vuelta, Marta se llenó la palma con el trozo de Adrián, y ahora lo masturbaba por sobre el pantalón de un costado a otro, percibiendo palmo a palmo la textura del jeans. Presionaba la mano con toda su fuerza, como queriéndole infligir algún daño por el estado en el que ella se encontraba. Lo que había empezado como un juego hacía un par de horas, se le estaba yendo de las manos. El sentirlo en esa actitud arrogante y descarada le provocaba una mezcla de temor y excitación, que sumado al morbo de estar separada de su marido por tan sólo un pasillo de escasos 6 metros la hacían calentarse a temperaturas nunca antes sentidas, si hasta había olvidado que Cecilia la esposa de Adrián también estaba en el comedor.

-¡Apúrense… que se están perdiendo la mejor parte! Gritó Gabriel desde el comedor, ignorando que la mejor escena la estaban montando su hermano Adrián y su mujer en la cocina de su propia casa.

Ella se dio vuelta, su cara estaba desencajada, su cabello algo revuelto, ya no recordaba que le había llevado casi una hora peinarlo, agitada, y sin palabras tomó a Adrián de la camisa, con ambas manos, arrugándola, apretando fuerte los dedos, trayéndolo hacia ella, sus ojos se habían clavado como puñales en los de él, lentamente acercó sus labios a los de Adrián, que se dejaba hacer, sus labios quedaron a escasos milímetros, y ella rozaba suavemente los de él, respiraba de su aliento de macho en celo, una y otra vez llenaba sus agitados pulmones con el aire espeso y caliente que emanaba de esa boquita que la traía alzada desde hacía ya dos años.

Una voz, muy pequeña, casi ahogada, en algún recóndito rincón de su mente le decía que no, que había tiempo para detener esa locura… que aún no estaba todo perdido… pensá en Gabriel… decía… ellos son hermanos… no le podes hacer esto… sus manos ya habían liberado la ahora, arrugada camisa, y se deslizaban como serpientes hacia el rostro de Adrián, quien la abrazaba fuerte por la cintura, que rico era respirar su aliento… y de improviso, como una lanza certera y venenosa lanzó su lengua como una adolescente excitada en la boca de un Adrián que supo responder, tap, toc, tac… el ruido los paralizó a los dos, tap, tap, toc… ambos a la vez giraron sus cabezas hacia la cacerola, y se dieron cuenta que las palomitas empezaban a cocinarse toc, tac, por un segundo sus corazones se detuvieron, por un segundo se detuvo el tiempo, pero sólo un segundo, ahora volvían a su ajetreo, ya sin restricciones, poco parecía importar todo, muac, suac, los chasquidos de sus lenguas ahora desmesurados los llevaban lentamente hacia un descontrol sexual insoportable, sus genitales les quemaban, y las palomitas de maíz eran el cómplice perfecto para esconder en su alboroto los inevitables sonidos de la cópula…

Adrián no aguantó más, el pene le iba a estallar, y mientras refregaba su boca en la de ella, desabrochó su cremallera y liberó al ávido hombrecillo escondido en su bóxer. Ella lo notó, todo iba muy rápido, y ese fuego entre sus piernas había hecho desvanecer a aquella esposa sumisa que había sido durante todos estos años, su vagina ardía deseosa de una buena verga, y sus bragas vergonzosamente empapadas ya no contenían sus fluidos y un par de hilitos de néctar recorrían ahora sus piernas hacia el piso, lo que la hacía flotar de gozo. Sus manos soltaron la despeinada cabellera de Adrián y se dirigieron descaradamente a su miembro, se detuvieron por un instante, ella tomó algo de distancia para ver aquel miembro carnoso y no daba crédito a semejante monumento, no era de gran porte, pero por alguna extraña razón le parecía un pene maravilloso, la textura, la consistencia, chorreaba un líquido caliente y transparente, y aunque en más de una ocasión su esposo le pidió que se lo mamara, esta fue la primera vez que sintió el irresistible impulso de abalanzarse sobre él, tenía que comerlo…

Era necesario sentir su sabor, su olor de cerca… y era delicioso, lo introdujo de un sólo movimiento en su boca y ahora lo recorría suavemente con su lengua, delicioso… de haberlo sabido antes… pensaba Adrián ya no aguantaba más, jadeaba como un animal… apenas tenía fuerzas para mantenerse de pie, tuvo que apoyar una de sus manos en la pared para no caer, la otra ahora acariciaba tiernamente la nuca de su cuñadita quien le proporcionaba la mejor mamada de toda su vida… el verla arrodillada frente a él le provocaba un morbo insoportable, la verga le iba a estallar, en cualquier momento…

Ella seguía saboreando esa verga que parecía haber sido hecha para ella, era deliciosa, y ahora había empezado el meneo característico hacia adelante y hacia atrás, masturbándolo suavemente con sus labios, rozando su sensible piel con los dientes, muy suavemente, las contracciones de su amante le indicaban que hacía lo correcto, deseaba con todas sus fuerzas que él se corriera en su boca, era algo que le había causado asco toda su vida, pero ahora sentía la imperiosa necesidad de sentir ese líquido espeso y caliente en su boca, quería tragar su semen ya… No aguantaba más, estaba a punto de estallar, una parte de él quería advertirle que iba a correrse, muchas mujeres odian que se corran en su boca, pero por otro lado sentía un odio sexual hacia ella tal, que quería correrse en su boca y vaciar hasta la última gota de semen en su dulce boquita…

Ella parecía advertirlo y mientras se engullía su verga hasta el fondo otra vez, levantó un poco su cabeza para verlo directo a los ojos, sentía que tenía el control, sentía un poder, que nunca antes había sentido, una de sus manos fue directo a su vagina, y comenzó a masturbarse con frenética intensidad, sentía sus fluidos deslizarse por los dedos, mientras, con la otra mano ella tomó sus testículos y los masajeó con ternura con la palma de su mano, mientras con el dedo medio le rozó con áspera ternura el culo a Adrián. Este último movimiento no estaba en los planes de Adrián quien estaba convencido de aguantar unos segundos más, y explotó en un orgasmo descomunal, hizo un gesto de dolor, y mostró sus dientes con ira, pero sin dejar de mirarla a los ojos, su semen fluía con violencia, sentía como sus testículos se exprimían con dolor, como el semen corría en torrentes espesos y dolorosos atravesándole la verga.

Ella sintió el primer chorro de semen chocar y desparramarse con furia contra el fondo de su paladar, instintivamente enterró ahora su dedo medio por el ano de su amante, quien ahogó un grito de placer incontenible, ploc, ploc, el semen seguía fluyendo, y fue allí, con el tercer chorro donde ella explotó en un orgasmo satánico, que estalló en su vagina y como un rayo se trasladó por su espalda hacia todo el cuerpo, perdió el conocimiento por unos instantes mientras como una canilla inagotable, fluía de aquel pene maravilloso ahora por fuera de su boca, incontenible, los chorros algo más debilitados que embadurnaban su rostro, su cabello, el semen se le escapaba ahora por ambas comisuras de los labios, y recorrían lentamente su cuello, manchando su blusa nueva, su falda, el suelo, el semen se escapaba, y lo disfrutaba con golfa pasión, ese sabor nuevo, caliente, espeso, hediondo, salado, delicioso.

Los últimos chorros de semen seguían escapando de aquel pene ya rendido, que empezaba a perder consistencia. Ella se incorporó, y sin darle tiempo a Adrián le partió la boca con un beso francés digno de la mejor película porno, al principio sintió rechazo, pero terminó gustándole, sentir el sabor de su propio semen, en la boca de la perra que le había hecho tocar el cielo. Qué bien besa esta puta, pensaba mientras le masajeaba el culo con ambas manos sin pudor, el olor de las palomitas quemadas, se expandía por toda la casa.

Que pasa que no vien… Gabriel quedó paralizado al ver semejante escena, su hermano y su esposa chuponeando frente a él… Puedo explicarlo dijo Marta mientras unos hilos de semen se separaban lentamente de su boca y la de Adrián, puedo explicarlo gritó. Marta, Marta… Marta… Marta… despertate… es una pesadilla, dijo Gabriel algo dormido todavía, el techo de la habitación giraba y Marta no había terminado de entender que era todo un sueño, mientras repetía puedo explicarlo, puedo explicarlo…

Era un sueño, un “hermoso” sueño, pensaba Marta, empapada hasta las rodillas, hay amor que sueño horrible tuve, no sabes…

Autor: Emetescucha

La sonrisa catalizadora de mi fantasia

November 3, 2009 by admin  
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Hay hermosos momentos en la vida. Uno de los más recientes son los microsegundos de parálisis general, por culpa de una sonrisa. El dueño de esa sonrisa se llama Víctor, tiene 50 años, divorciado, dos hijos. Yo me llamo Liz, tengo 27, soltera, sin hijos.

Esa sonrisa preciosa, abierta, amable, sencilla, pícara, sobre todo limpia, me ha sacudido de manera tal que ahora pienso en él con todos los sentidos y con la imaginación que me dicta deliciosos encuentros románticos, pasionales, pasio-románticos… Y todo este rollo me ha puesto en contacto con las fantasías inconclusas que tengo, deseos que se han quedado pendientes en los revolcones con mis amantes inconclusos. Y para evitar ponerle cuernos a mi novio, por las ganas que le tengo a Víctor, el dueño de la sonrisa preciosa, para desviar la cabeza hacia otra cosa, me he dedicado a mirar hacia atrás, a mi corta, pero intensa historia sexual. Y me parece sumamente morboso y excitante publicar mis historias más privadas aquí. Con la cara de inocente que tengo, ¿quién que me conozca y lea esto me podría identificar? Esto va a ser divertido.

Historias verídicas. Empecemos por el capítulo cero. Despidiendo la inocencia. Yo 19 años, él, 24. Estudiantes de teatro. Él estaba casado, un hijo pequeñito. Con el matrimonio según él, marchando forzadamente (aún no sabía yo que los hombres casados siempre dicen que van mal en su matrimonio cuando quieren ensartarla a una). Todavía tenía yo la inocencia de la que no sabe cómo es la vida, no conoce un pene, ni siquiera cómo es un beso apasionado, ni la mordida de las ganas entre las piernas y hasta cree en que el pecado aguarda en el sexo. Sin embargo, ya sabía yo todo en teoría, pero nada de práctica.

Robin me gustaba muchísimo y aunque yo sabía que estaba casado, empecé a coquetearle. Yo tenía un cuerpo joven, virgen y bonito, bajita 1.57 cm. y de rostro simple, sabía que mi cinturita y mi buen trasero hacía que las miradas masculinas siempre resbalaran por mis curvas. Además usaba vestiditos cortos y zapatos altos, cabello largo y poco maquillaje. El era flaco, alto, carita de niño y labios provocativos. Vamos al grano. Había una fogata de una ceremonia de esos teatreros locos en una noche de luna llena. Al final de la madrugada se sentó junto a mí, un poco por el trago, un poco por tanta libido reprimida nos besamos. Nunca había dado yo un beso tan húmedo. (Después me di cuenta de que el tipo era un “baboso” y que había otros que usaban menos saliva para los besos).

Todo era nuevo, los besitos resbalando por el cuello, descubrí que cuando uno está excitado, cada caricia en cualquier parte del cuerpo produce un estremecimiento en el clítoris, me abrazaba fuerte sin dejar de besarme y nos pusimos de pie y me fue llevando hacia uno de los salones de práctica, dejé de besarlo y le sonreí: “no me voy a acostar contigo” le dije. Me dijo que no estaba pensando en eso y siguió besándome aún más apasionadamente. Me fue recostando encima de una de las espumas que se usan para hacer ejercicios en el suelo y se acostó encima de mí. Yo nunca había sentido el peso de alguien encima de mí, pero lo sentía muy agradable, y esa presión de su pene excitado sobre mi vientre se sentía increíble.

Como les dije, yo sabía teoría y sabía que estaba en tiempos de ovulación y ya tenía demasiadas amigas y familiares como madres solteras, así que aunque estaba en la luna con aquellas caricias y besos tuve el valor de decirle que no otra vez, entonces él me dijo: “tranquila, no te voy a hacer el amor, pero déjame conocerte”. Tan poético como siempre, me convenció. Yo tenía un vestido blanco, largo, sin mangas y con agujeritos en la parte superior, que fue subiendo mientras me acariciaba y me besaba donde nadie lo había hecho, piernas, rodillas, detrás de las rodillas, otra vez el cuello y la barbilla para volver a los brazos, los hombros… yo apenas podía suspirar y saborear todas aquellas sensaciones nuevas y juntas.

No supe a qué horas desprendió mi bra, pero me sobresalté cuando cogió mis senos, uno en cada mano y empezó a acariciarlos con dulzura, después para mi gran sorpresa los empezó a besar y chupar. A pesar de ser una sensación tan maravillosa, no pude evitar mirarlo y recuerdo bien esa sensación de maternidad, él me miró y me preguntó: “no te gusta” yo titubeé, “sí, me gusta, es que nunca me lo habían hecho, pareces un bebé”. Ahí estaba yo, desnuda y él completamente vestido, despeinado y con la camisa apenas abierta de dos botones. Se sonrió y continuó torturándome con su lengua.

Ahora siguió recorriendo mi ombligo, mi vientre, el interior de los muslos y aaahhhh casi me ahogo en un suspiro profundo cuando su lengua tocó directamente mi rajita… jamás me hubiera imaginado que alguien podía meterse mi cosita en su boca. Me avergoncé tanto que empecé a halarlo del pelo para que saliera de ahí, pero él aumentaba la intensidad de sus lengüetazos porque creyó que era de frenesí que yo le halaba. Entre la disputa me llegó el orgasmo, después de unas sacudidas y la sensación de hundirse sin remedio en la nada, me quedé paralizada, con su cabeza entre las manos y la respiración agitada.

Yo conocía esa sensación porque me masturbaba desde jovencita, pero no sabía que eso era el famoso orgasmo. Yo estaba avergonzada y Robin se dio cuenta. Me abrazó y no sé cómo se aguantó la calentura tan tenaz que tenía, me arrulló y mimó hasta que me dormí ahí, en el suelo de un salón de teatro, en la madrugada en que dejé la inocencia, aunque no la virginidad.

Seguimos con los mismos juegos durante varios meses y él se aguantaba el calentón porque yo tenía muchísimo miedo del embarazo y nunca hablamos de condones. Tampoco me enseñó sobre los hombres, ni me mostró su miembro, que se advertía grande a través de los pantalones que nunca me dejó quitarle. La historia quedó inconclusa, supuestamente se separó, estaba sin dinero, pidió prestado a todo el mundo, incluyéndome, se robó una plata en su trabajo y luego desapareció. A las tres semanas me llamó y me dijo que iba a cambiar de vida, que iba a cambiar todo, yo le pregunté si a mí también me iba a cambiar y me repitió: “voy a cambiar todo”. Lo que yo nunca le dije a él era que estaba un poco decepcionada no con sus artes sensuales sino con el orgasmo, porque yo creía que el orgasmo era algo más descomunal, increíble, inimaginable, pero no, era lo que conseguía con mis frotadas de siempre y la diferencia era que duraba un poco más.

Ahora vuelvo al presente y me pregunto si teniendo a Víctor lograría un orgasmo sin precedentes, una sensación que me hiciera gritar como las mujeres de los relatos eróticos y las películas, esa ahora es una de mis fantasías. Pero no debo pensar en Víctor, ni en su sonrisa ni en su cuerpo bien cuidado a pesar de los años, ni en su amabilidad ni en lo musical que suena mi nombre cuando él lo pronuncia. Mejor sigo pensando en el pasado. Mi próxima narración será sobre el primer tipo que me penetró. Ya verán que uno fue el que me dejó sin inocencia, otro sin virginidad y después de mucho tiempo alguien en realidad me hizo el amor.

Adiós a la virginidad.

Ferney. 16 años mayor que yo. Había sido mi jefe en la primera empresa en la que trabajé y su novia trabajaba allí mismo, aunque ella tenía un cargo bajo, siempre se las ingenió para ser odiosa conmigo. Él se había convertido en mi amigo, en tutor de muchas verdades simples de la vida, como que quejarse de la vida es un acto de mala educación con uno mismo y con los demás; que la universidad es algo importante y que sexo no es pecado.

Yo tenía 21 años y acababa de salirme de un grupo de oración, incluso estuve a punto de entrar a un convento, pero allí me dijeron que tenía que conocer más el mundo: Hice caso. De todas maneras ya vestía diferente: largos y cubiertos vestidos, nada de maquillaje y una cruz colgada en el cuello. Cuando Ferney me contó que había terminado con su novia odiosa, por primera vez salimos en un plan diferente al de buenos amigos o al de tutor con su alumna. Yo uso lentes para ver de lejos y me dijo que estaban sucios, entonces me los quitó y yo dejé los ojos cerrados para evitar el salto de visión; me dio un besito corto. Yo me sorprendí, pero ya me lo esperaba.

Después de eso nos sentamos junto a una fuente de agua en un parque de la ciudad y nos seguimos besando. Empezamos a salir con frecuencia y él cada vez avanzaba un poco más en caricias. Con Ferney siempre tuve todo un desarrollo “demasiado normal”, por no decir rutinario. De todas maneras, yo sabía que con él no podía pasar invicta como con Robin, pero ya tenía ganas, mis amigas me hacían bromas por ser virgen a esa edad. Una vez en su apartamento, Ferney hizo sonar un CD de Ana Belén y Víctor Manuel y cuando escuchó la canción “Lía” empezamos a bailar y bajó las manos por mis caderas, yo temblaba y él siguió acariciándome por encima de la ropa. Ese día todo quedó ahí y después nos fuimos a comer. Esos tres años que estuve con él conocí restaurantes, sitios de rumba y de diversión que no imaginaba que existían.

Una vez en su oficina, un sábado en la tarde que no había nadie, estábamos de pie y yo medio sentada en su escritorio, mientras él empezó a jugar con los botones de mi blusa, ya lo había hecho antes, pero empezó a soltarlos y yo dije que no, entonces me preguntó. “por qué” y yo no tenía respuesta y lo dejé hacer.

Me abrió la blusa y luego abrió correctamente mi bra. (La experiencia de un hombre se nota en lo que hace con el bra de una mujer), se quedó mirando mis manzanas y yo tenía vergüenza de que me mirara así, de frente y debajo de una inmisericorde luz blanca de oficina. Luego me miró a la cara y después de un momento me dijo: “y yo qué”, me reí, porque yo nunca había intentado desnudar a nadie, pero empecé a soltar sus botones y fue cuando me di cuenta que la ropa de hombre tiene los botones del lado contrario ¡qué dificultad! Así me abrazó y recuerdo la calidez de ese primer abrazo de un hombre con el torso desnudo sobre mi torso desnudo. Llevó mi mano hasta su entrepierna y yo debí poner tal cara de horror que lo dejamos ahí.

Después de tres meses y de seguir con estos juegos cada vez más avanzados, incluso ya le había masturbado y él a mí (con Ferney jamás tuve un orgasmo), él ya estaba aburrido conmigo y me dijo que él me quería en serio, pero yo no mostraba mayor interés entonces que lo dejáramos en buenos amigos.

Esa noche me metí en su cama y lo dejé que me penetrara… ¡vaya sicología femenina! Entregué mi cuerpo. Estaba terminando la regla, tenía apenas un flujillo café. Después de las caricias que ya me sabía de memoria (besos suaves – besos apasionados – caricias en el pecho – restregada con ropa – quitada de ropa – besos en el pecho – besos en el ombligo – besos en la entrepierna, siempre en rutina y orden perfecto), se puso encima de mí y me dijo que abriera las piernas yo estaba muerta de pánico, pero me abrí.

Ferney decía que no creía en mi virginidad y ese día lo demostró porque empezó con una empujadera rítmica y fuerte, yo volteé el rostro y me agarré de la almohada, sentía que me ardía mucho, me maltrataba y él seguía empujando y empujando. En cierto momento salió de mí y eyaculó en mi vientre. Me besó y se tendió a mi lado. Yo sentía el ardor y no pensé que hubiera podido pasar de la entrada de mi rajita entonces le pregunté: “se pudo o no se pudo” y él me mostró su miembro envuelto en sangre oscura y semen, “mire cómo me dejó”. Esa fue la absurda forma en que dejé mi virginidad, ni por amor, ni por deseo. Simplemente por despedida y por curiosidad.

Seguimos saliendo y cogiendo por tres años. Conocí técnicas y posiciones, a usar métodos anticonceptivos no químicos, a usar la lengua y las manos, pero no mucho de pasión y entrega. Después se casó con su ex novia, que quizás había seguido siendo su novia por todo ese tiempo y yo no lo supe. Esa vez conocí el dolor del engaño. Sé cuanto duele una mentira y por eso ahora me cuido de causar ese dolor.

Pero sigo pensando y fantaseando con Víctor. Me gustaría estar a solas con él y mirarlo hasta cansarme de mirarlo, entonces cerrar los ojos y empezar sólo a escucharlo… luego olerlo, después saborearlo lenta y tranquilamente y por último, sólo al final, tocarlo. Eso lo leí en un libro de Coelho, que antes de tocarse en pareja, deben haberse despertado y estimulado todos los sentidos. Ninguno de los tipos con que he estado ha tenido la paciencia suficiente para acompañarme hasta este punto. Los hombres que conozco son simples, juegan con caricias el tiempo suficiente para tener una erección potente y luego la penetración, no aceptan juegos de estimulación más prolongados y a mi juicio mejores.

¿Sería Víctor la excepción? Mejor dejo de pensar en Víctor y su mirada que parece sensata. Les voy a contar la primera y única vez que he puesto un anzuelo para seducir a un hombre.

Hoy vi a Víctor. Tengo que respirar un poco más hondo de lo normal para que no se me note mucho la emoción que siento y los sueños húmedos que he tenido con él durante las últimas noches. Hoy ante su sonrisa perfecta me surgió una duda: ¿será verdadera esa dentadura o será postiza, de esos dientes que se quitan y se ponen? Es que es demasiado linda. En caso de que así fuera, creo que lo más importante de la sonrisa no son los dientes sino la actitud del rostro y los labios.

Aprendiendo el arte de la seducción.

Transcurría el segundo año en el que vivía fuera de mi casa. Tenía 25 años. Ferney se había casado y yo tenía todo mi cuerpo y mi sensualidad para mí sola, bueno con algunas excepciones que luego les contaré. Además que tenía aún muchos deseos por satisfacer. De tanto masturbarme ya tenía pereza, porque no quería más mis dedos ni imaginarme el calor, quería sentir a un hombre.

Luis Emilio llegó a mi vida de una forma casual, mientras yo era secretaria de una persona relativamente famosa y él ofreció sus servicios como técnico de computadoras; también era filósofo y trabajaba como profesor en una universidad. Durante todo el tiempo que trabajé en aquella oficina me conformé apenas con verlo ir y venir con su maleta llena de quimeras informáticas. Siempre andaba bien vestido, con traje de paño y corbata. Yo lo veía como un ser hermoso, con un caminado perfecto, modales perfectos y cuerpo bien hecho, aunque no trabajado en gimnasio, sino natural, excepto por una pequeña barriguita de ejecutivo. No sé porqué la panza en los hombres se ve sensual.

Un sábado atardeciendo, mientras yo divagaba por internet, encontré a Luis Emilio en un programa de mensajería instantánea. Estaba terminando su clase y se iba para la casa, pero los planes cambiaron. Yo le dije que mi computadora tenía problemas y que necesitaba su ayuda. Qué emoción siento al tener que recordar lúcidamente esto para poder escribirlo. Las letras en la pantalla diciendo “sí, voy a tu casa” se veían eróticas, lo aseguro. Puse un poco de orden en mi habitación a toda velocidad, perfume en la almohada, una florecita en el escritorio y me cambié la ropa interior a unos pantis más chicos y un wonderbra y fui a esperarlo en el sitio convenido. Cuando nos encontramos no éramos el arregla-cacharros y su cliente sino que parecía que fuéramos amigos de toda la vida. Compramos comida para llevar y una botella de ron.

Llegamos a mi casa y yo me quedé mirándolo un momento, entre mis piernas mi vagina ronroneó como un gatito alegre, pero no le dije nada y él tampoco. Fuimos muy buenos fingiendo naturalidad. Cenamos y después con dos vasitos con hielo para el ron llegamos a mi habitación. El se sentó frente a la pantalla y empezó a revisar y se dio cuenta de que todo estaba bien. Yo estaba sentada en mi cama, cerca de su silla. Seguimos tomando y hablando trivialidades, él abrió el reproductor de música y empezó a mirar las canciones que tenía en la computadora, y mientras sonaba puso las figuritas de colores que giran y giran… Yo apagué la luz para verlas mejor y la conversación disminuía. A este punto ya Luis Emilio se había dado cuenta de que todo había sido un truco para traerlo hasta mi casa, pero no se movía de su sitio. Yo empecé a ir al baño, salía y regresaba. Pero lo hacía porque mis intenciones eran al volver hacia mi puesto abrazarlo por detrás, pero no me atrevía.

En una de esas por fin lo hice, me quedé de pie detrás de él y lo abracé por los hombros mientras él seguía sentado. Luis Emilio siguió mirando a la pantalla como si nada y yo continué la conversación sobre cualquier cosa. Cuando fui a sentarme me dijo: “no me sueltes” y yo obedecí entonces puso sus brazos sobre los míos y seguimos mirando las luces que giraban en la pantalla como hipnotizados. Sólo nos movíamos para un sorbito de ron.

Tengo borroso el momento en que empecé a depositar besitos en su oreja y en su cuello, lentamente, sólo con los labios y un pequeño chasquido, mientras él seguía acariciando mis brazos… (Hay hombres que van directo a los senos cuando quieren seducir, pero olvidan cuán erótica puede ser una caricia bien hecha en un codo o en una muñeca). Me cansé de pie y me senté. La conversación cambió de tono y empezamos a hablar de nosotros mismos, de cómo nos conocimos, qué pensamos de cada uno y yo le dije que siempre me pareció un tipo apuesto, pero que lo veía inalcanzable. Cada vez hablábamos más de cerca. Me preguntó: “por qué inalcanzable” y yo le volví a decir: “me pareces inalcanzable” y ¡por fin! Se acercó y nos besamos.

Qué boca tan deliciosa tiene ese hombre y qué emoción la de dar un beso tan esperado, de sólo escribirlo ya me está palpitando el clítoris… Primero sólo con los labios, de esos besos románticos en los que uno estira un poco los labios de la pareja con los suyos propios para luego volverlos a juntar y poco a poco aparecieron las lenguas. Todo iba despacio, delicioso, como yo lo había soñado. Al rato me puse de pie y volví a abrazarlo por detrás mientras seguía sentado, entonces él ya no llevó sus manos a mis brazos sino a mis caderas y piernas. Entre mis piernas parecía haber un pequeño corazón que palpitaba también, pum-pum.

Salimos a la calle a comprar otra botella de ron y volvimos pronto. Cuando llegamos, Luis Emilio volvió a sentarse en la computadora, puso las figuritas a pantalla completa para girarse hacia mí y nos seguimos besando. Me dejó a mí el control de las caricias y repetía en mí lo que yo hacía en él, fui pasando un dedo por su cuello hasta encontrar una cadenita de oro que fui siguiendo con el dedo por su pecho mientras él con su dedo seguía el mismo recorrido en el mío, las caricias aumentaron a dos dedos, tres dedos, una mano, le acariciaba el rostro, el cabello, el torso, las piernas… y él hacía eco fenomenal de todo lo que yo hacía.

Le solté los botones de la camisa y estaba emocionada de hacerlo como un niño con un juguete nuevo. Yo misma me fui acelerando al soltar su cinturón y abrir el pantalón. La timidez me subió de golpe y me senté en el suelo, mirándolo con los ojos asustados, mientras él estaba sentado en la cama, mirándome un poco burlón. Me dijo: “quítate la camiseta”. Yo le dije: “quítamela tú” y estiré los brazos hacia él. Y de ahí no hubo vuelta atrás, es delicioso tener sexo con alguien que nos gusta tanto, que nos parece una persona atractiva e interesante, así se sentía maravilloso esa camiseta resbalándose por mi espalda, por mis brazos hacia fuera, me puse de pie y lo abracé y siguieron los besos en la boca, muchísimos besos y sus manos acariciando mi espalda, mis nalgas, mi cintura, parecía tocándome con brasas ardiendo, se fue recostando en la cama y yo quedé sobre él, ahí se me quitó la timidez y empecé a jugar con mis muslos sobre su palo, a frotarnos con desespero, saqué el preservativo de debajo de la almohada (¡chicas, siempre hay que tener un preservativo debajo de la almohada!), y esperé a que se lo pusiera, me encanta la posición del misionero así que me acosté y lo atraje hacia mí.

Sentir su penetración fue genial, de golpe, aunque me dolió un poco por el látex y el tiempo que llevaba sin hacerlo… el placer de sentirlo dentro se me empezó a regar por todo el torso… ahí pasó algo increíble: ¡Tengo borrado el recuerdo! Quizás porque estábamos muy borrachos, no recuerdo nada desde que me penetró hasta que lo vi quitarse el condón. Pienso que quizás por el alcohol y la excitación me subí a un estado de inconsciencia que escapa a mi memoria. Supongo que mi rajita estaba feliz sintiendo como la acariciaba por dentro, tanto por ser Luis Emilio como por tener tanto tiempo sin disfrutar de un varón. No había más preservativos. Fue una lástima. Yo no sé si tuve orgasmo, pero lo disfruté muchísimo.

Después de vestirse, él tomó un taxi y se fue a su casa, donde su esposa lo estaría esperando. Al otro día cuando me desperté, empecé a reírme como una loca, feliz y traviesa por lo que había pasado. Yo sabía que él no iba con intenciones de cogerme, pero todo fue por mi culpa y yo estaba feliz por eso por haberlo seducido.

Luis Emilio todavía me escribe o me pone mensajes al celular, me dice que piensa en mí y que me desea, pero yo sé que eso es solamente cuando está de pelea con su esposa. Me gustaría tener un orgasmo mientras me penetran, hasta ahora sólo lo he logrado de manera digital y hecho por mí misma.

Hasta el próximo, gracias por sus comentarios.

Autora: Liz

Me tire a la camarera

October 27, 2009 by admin  
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Estas navidades fui a esquiar a los Pirineos con mi familia. Cogimos dos habitaciones comunicadas, pero en fin obviaré los detalles familiares para ir directamente a lo que interesa. También voy a obviar los nombres geográficos porque el pueblecito es pequeño y el hotel, inaugurado hace quince días, sería fácil de localizar.

Como me suele ocurrir últimamente, uno de mis mejores clientes, de viaje por Asia necesitaba cerrar una operación justamente la mañana siguiente de haber llegado, es decir el primer día real de vacaciones después del coñazo del viaje. Al estar en Asia, tuve que madrugar. Me levanté a las cinco. A las nueve seguía preparando la operación desde mi portátil y la cosa iba para largo. Adiós mi primer día de esquí. Decidí quedarme en la habitación. Pero como el hotel era nuevo, todavía no subían desayunos a las habitaciones. Rogué a mi mujer que mintiera en recepción y dijera que me encontraba mal, que el viaje me había dado lumbago y que no me podía mover. Así lo hizo y coló, pero sólo después del desayuno normal, subirían las camareras el mío. Así que mi mujer se subió con las niñas y yo me quedé solo.

Estaba cansadísimo y me metí en la cama. Como en todos estos hoteles de montaña, hacía muchísimo calor y agobiado me fui quitando la ropa y sólo me quedé con mis calzoncillos de Tommy Hilfinger. Sin querer me quedé tan dormido que no escuché llamar a la camarera, así que abrió con la llave maestra. Yo estaba en el mejor de mis sueños. Una prostituta tailandesa me la chupaba sin preservativo. En la misma habitación, mi cliente follaba con otra chica asiática jovencísima, que se quejaba de la enorme polla que tiene mi cliente y esto es absolutamente cierto porque se la he visto. Harto de oírla hablar sin entender nada, se dirige a mi chica, le sube la falda, le quita la tanga, unta su ano con un montón de crema y se la mete por el culo. La chica se agarra a mi polla como si fuese su tabla de salvación. Por mi espalda noto que me llaman. Pienso en la otra prostituta, me giro…

- Buenos días señor.

¡Joder es la camarera! Intento despertarme rápidamente. Estoy súper empalmado, se nota mi polla bajo el ajustado calzoncillo. Intento inútilmente coger la sábana y taparme.

- Déjeme ayudarle.

Su boca queda a dos palmos de mi polla. No es una hermosura ni tampoco una jovencita. Al primer vistazo le echo entre 30 y 35 años, alrededor de un metro sesenta, no mucho pecho y un culo gordito. Lleva una faldita negra, muy ceñida, por encima de la rodilla, medias negras y camisa blanca. Deja el desayuno sobre la mesilla.

- Vaya faena lo del lumbago. Venir a la nieve para esto…

Se afana por hacer la cama conmigo dentro y pasa su mano por encima de mí para estirar las sábanas. Ha tenido que notar mi polla tiesa. Si tuviese un botón de la camisa desabrochado le vería las tetitas, que ahora me parecen algo más grandes. Lo que es seguro es que el sujetador no es blanco…

- No sé si debe molestarse en arreglar la cama porque mi mujer ha dicho que quiere que la cama esté hecha y que me quede sentado en la silla viendo la tele. – Hay que ver como somos las mujeres… Se está usted muriendo y ni caso.

Sigo con la polla tiesa, pienso que incluso se me nota por encima de las sábanas, es una tontería porque no la tengo tan gorda, son suposiciones mías.

- Sentado no se está mal… Digo, por dar conversación mientras me la como con los ojos. Cogí mi cartera y le doy cinco euros. – Muchas gracias señor. Mire desayune tranquilo que ahora vuelvo por la bandeja y le arreglo la habitación.

Sale de la habitación. ¡Coño tendría que haberle dicho algo! Esta tía folla seguro… Al poco vuelve, no llama a la puerta aunque noto la llave. Estoy decidido a atacar y me vuelvo a destapar, hace mucho calor. Ahora no estoy empalmado, pero me siento sexy.

- Ya estoy aquiiii, dice con musiquilla. ¿Qué tal el desayuno? – Estupendo.- ¿Qué hacemos entonces? – Lo que tú quieras. – Bueno, le noto mucho mejor. Me refiero a la cama. – Yo para la cama siempre estoy dispuesto. – Vaya, vaya…

Esta no se corta, tiene ganas pienso, sigo destapado mientras va recogiendo la habitación y no se corta. Se gira y me mira directamente.

- Si yo antes ya había notado algo, bueno ahora no se nota nada. – Eso depende de ti. – Yo sólo hago mi trabajo. Jarro de agua fría. Me lanzo del todo. Saco 50 euros de la cartera. – Toma, sí te quedas un ratito conmigo. Mira el billete.- ¿Y qué hacemos?- Dormir y callar… pues contigo me quiero casar.

Entra en el cuarto de baño. Oigo los ruidos de estar limpiándolo. Sale a los dos o tres minutos. Mi billete está sobre la mesilla. Se aproxima muy despacio. Coge el billete y se lo mete en un bolsillo de la falda. Se dirige a la puerta de la habitación, que estaba abierta y la cierra. Apaga la luz. Se quita la falda y la camisa. Intuyo una tanga negra y un sujetador negro sin aros. Las tetas son más gordas que lo que pensaba. Se acuesta conmigo.

- Dormir y callar. – Vale, pero antes chúpamela un poquito…

Recorro todo su cuerpo con mis manos. Está ardiendo. La beso en la boca. Ella sigue besándome el pecho y va dirigiendo su cabeza a mi polla. Meto mis dedos en su tanga. Tiene el coño chorreando.

- ¿Hace cuanto que no follas? – ¡Huy!… si yo te contara… – ¿Estás casada? – Y cansada. Estoy separada desde hace tres años. – Sabes que eres un poco puta, quítame los calzoncillos y chupa.

Obedece sin rechistar.- Seguro que no es la primera vez que cobras… – Le juro que es la primera vez. – Y te gusta porque te chorrea el coño…

Meto dos dedos en su coño y con el pulgar le acaricio el ano. Empujo, pero sin introducir nada.

- No que eso no lo hice nunca. – Chupa y calla, quéjate cuando te haga daño que antes me has despertado justo cuando mi amigo iba a dar por el culo a una zorra como tú.

Mete toda mi polla en su boca. No lo hace bien, no es una profesional y seguro que el marido no era muy bueno. Sigo trabajando con mis dedos y noto que le viene el primer orgasmo. Ahora si aprieto el pulgar y se lo introduzco entero. Junto el pulgar y el índice dentro de su coño y su ano notando la fina capa de carne entre ambos. Grita y se ve obligada a sacarse la polla de la boca.

- ¿Por dónde quieres que te la meta puta? – Por donde quieras. – Quítatelo todo y metete la polla. Se quita las bragas y el sujetador. – ¿Dónde están los preservativos? – No me seas blandengue cacho puta y métetela a pelo.

Se sienta encima de mí metiéndose la polla por su coño, está tan dilatado y empapado que entra sola. Agarro sus dos tetas para ayudarla a cabalgar. Están muy blanditas y cuando las suelto están un poco caídas, se las estrujo y le estiro los pezones que se ponen como piedras. Enseguida vuelve a correrse.

- ¿Quieres que te la meta ya por el culo? – No por favor que me da mucho miedo. – Chúpamela ahora que sabe a coño.

Me siento encima de ella y le meto la polla en la boca. Le explico cómo tiene que hacerlo.

- Pon esta mano cogiéndome los huevos con la palma y este dedito te llega hasta mi culo y me lo metes un poco por el agujerito. Con la otra mano me masturbas y dejas el capullo para acariciarlo con la lengua, no lo toques con los dientes, no hace falta que te la metas mucho. Pasa la lengua por el frenillo. Me voy a correr en tu boca zorra. Méteme el dedo el culo… me corro me corro.

Intenta cubrirse, pero es inútil, le lleno la cara de semen y mucho le entra en su boca. Voy bajando hasta quitarme de encima y levanto sus piernas hasta juntarlas con sus tetas. Lubrifico su culo con saliva y algo de semen. Pongo mi polla en el borde de su culo y miro como entra lentamente por su ano. Se pone la mano en la boca para ahogar sus gritos. Se está corriendo de nuevo. La embisto varias veces para que termine su orgasmo. Le saco la polla. Me tumbo boca arriba.

- Vuelve a limpiármela con la boca.

Se levanta, se quita el pelo de la cara y lame mi polla sin metérsela en la boca. Apoya su cabeza en mi vientre y observa como mi polla va reduciendo su tamaño.

- Ahora ya no es peligrosa, dice cuando ha quedado pequeñísima. Me da un último beso en la polla. Se levanta y entra en el servicio a ducharse. Sale, se viste y se dirige a la puerta. – ¡Oye, oye! Grito y vuelve. ¿Cómo te llamas? – Nati. – Ha sido mi mejor polvo del año. Gracias…

Contando mi infidelidad

October 16, 2009 by admin  
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Llevo quince años de vida marital con Miguel Cruz. Él es un profesional universitario de mucho éxito y entre las mujeres es muy apetecido. Vivía y moría de celos por eso.

Soy de 32 años, bogotana de ascendencia santandereana, delgada, blanca, 160 de estatura, senos pequeños, piernas bonitas, ojos cafés, labios voluptuosos (descripción según él). Pues bien Siempre que hacíamos el amor Miguel me decía cosas que me excitaban mucho y me hacía ver fotos, videos, CD pornos que al principio me turbaban pero poco a poco me iban excitando.

Por ello me animó a que les contara mis experiencias. Un día, teniendo sexo me pidió que me imaginara que estaba con otro hombre y que me mordía y me penetraba, yo le dije que si, pero en verdad no pude hacerlo. Amo a Miguel, es mi todo. Otro dia, me interrogó acerca de mis encuentros anteriores y que se los contara con “pelos y detalles”. Tenía unas copas de vino, así que me salieron fáciles las palabras y me animé a contarle sobre Alberto y Abel de quienes les hablaré en otra oportunidad.

Esto lo hizo acelerarse a millón y pasamos una noche deliciosa en extremo. Me sorprendí luego de haberlo hecho y disfrutado. Miguel me propuso que me buscara un amigo y tuviera sexo con él, contándole todo detalladamente después.

Desconfié. Estaba segura de que era una trampa. Le dije que no me hacía falta otro hombre, que él era fantástico, que me llenaba totalmente y que mi cuquita y mi culito eran para él solamente. Insistió una y otra vez haciéndome ver que eso no significaba amor, ni infidelidad, sino un rato diferente. Me despejó un poco pero seguía temerosa. Un día viajé a Bogotá. En el aeropuerto de Caracas, conocí a Charles que iba a Cali. Muy chusco, muy querido.

Muy galante, me hizo sentir como una dama. Me decía requiebros que me hacían ruborizar y hacía que mi corazón latiera más que de costumbre. En la cabina se las ingenió para quedar a mi lado. Siempre me enredo con el cinturón de seguridad y él muy caballerosamente, se prestó a cerrármelo y para ello colocó su mano por debajo de la hebilla justo sobre mi cuquita. La dejó allí un instante y sentí como electricidad en todo mi cuerpo y tragué seco, enmudecí, y me susurró “la tienes bien caliente”. Me sonrojé no supe a dónde mirar. Él me tomó la mano y me acarició. Guardamos silencio e imperceptiblemente se acercaba hasta mí y me decía frases halagadoras sin soltar mi mano. Yo lo dejaba hacer y hablar, estaba encantada. Recordaba el pedido de Miguel y sonreía, pero no sabía si dejarlo seguir o detener su marcha. Ya estabilizado el vuelo se prestó para aflojar el cinturón y toda excitada le respondí “Si, por favor”.

Viéndome a los ojos y sonriendo, llevó sus manos allí y esta vez presionó y movió su mano contra mi cuca, lo que me hizo emitir un quejido de placer. Casi me hace acabar allí mismo. Seguimos charlando, intercambiamos nuestros teléfonos y quedamos en que no sería éste el único encuentro. Mi corazón galopaba y mi cuca estaba totalmente húmeda y palpitaba. El vuelo continuó y al aproximarse al aeropuerto “El Dorado” me colocó el cinturón y exageró su frotación dándome a la vez un beso suave y tierno. Si hubiera podido le hubiera guiado su mano por debajo de mi falda hasta eses centro de calor y palpitación que era mi cuca para que me hiciera acabar de una buena vez. Aterrizamos. Nos despedimos. El siguió para Cali. Llegué a mi casa y todo para mí fu como un sueño raro, como un instante imaginado y no vivido. Le conté todo a Miguel y me hizo subir al cielo.

Me hizo de todo, Pasamos toda una noche y el día siguiente haciendo el amor. Pero yo dudaba que viniera a Bogotá y mucho menos que me llamara. El teléfono sonó y me emocioné como una chiquilla. Sentí que mi cabeza iba a estallar, que mi cuca saltaba y se incendiaba y mis pezones se erguían, mi corazón dolía por sus fuertes palpitaciones. Quedamos en encontrarnos en la Plaza Lourdes de Chapinero en horas de la tarde. Veía el reloj a cada momento, parecía detenido. Arreglé mi ropa. Me puse los cucos más excitantes, me perfumé y salí casi corriendo y pensaba “Ya verás que historia voy a contarte, Miguel”. Cuando vi a Charles en Plaza Lourdes sonreí y casi me le voy encima. Caminamos viendo las tiendas y divagábamos más que hablar. Entramos a una whiskería y me sugirió un licor suave y hablábamos muy quedos mientras me acariciaba mis manos. En un momento me besó y le respondí. Esta vez no hubo el pretexto del cinturón de seguridad: me acarició mis piernas bajo mis faldas y sobre mis pantys, con su otra mano atrajo mi rostro hacia el suyo y nos besamos suave y temblorosamente.

Su atrevida mano bajó mi falta subió más y se revolcó allí en ese nido húmedo, palpitante, caliente; en tanto, me hablaba para tranquilizarme. Sentí que mis oídos zumbaban, casi no podía respirar, mis cucos estaban completamente húmedos por mis fluidos. A pesar de que estaba en Bogotá, sentía un calor de mil demonios. Sin decir palabra me tomó mi mano y la colocó encima de su pierna, muy arriba. Pude palpar algo grueso y largo, caliente y palpitante, que luchaba por salir de su encierro. Parecía tener vida propia y era duro como cemento. Me aceleré y me dijo “Tranquila. Relajémonos un poco para poder irnos”. Eso hice y me retiré un poco de él para aliviar mis calenturas. Canceló y salimos caminando relajadamente, pausadamente. Yo no veía ni oía nada. Sólo lo seguía cuando de pronto sentí que me haló para un edificio cuya entrada estaba bordeada de altos arbustos. Se abrió una puerta él se acercó hasta una ventanilla y yo bajé mi cabeza y no sabía que era más: el temor, la excitación o no se qué.

Me tomó de la mano y me guió escaleras arriba hasta una habitación. Apenas se cerró la puerta se abalanzó sobre mí, apretándome hasta casi asfixiarme, besándome, moviendo su pelvis contra la mía. Aproveché de quitarme los zapatos y me revolvía de placer. Me acariciaba la espalda, las nalgas y metió una de sus manos por debajo de mi falda y me frotaba la cuca como un loco. Le dije “Espera” y me quité la blusa. El rápidamente se desprendía de su saco, su corbata, la camisa, los zapatos…no se con que rapidez. Me ayudó a quitarme los sostenedores y me chupaba mis senos con fuerza. Me tumbó sobre la cama y se echó sobre mí, presionando su pene contra mi cuquita y yo lo sentía delicioso. Bajó su mano, levantó mi falda, subió hasta mis pantys y los deslizó hasta mis tobillos, sacándomelos y echándolos a un lado. Después volvió a mis cucos y metió su mano por los pliegues hasta acariciar mi raja de arriba abajo. Con la otra mano, acariciaba uno de mis senos y me lo chupaba fuertemente.

Yo enloquecía de placer. No se en que momento lo hizo, pero de pronto sentí su grueso pene, caliente, palpitante, duro, entre mis piernas. Al sentirlo, gemí de placer y cerré mis piernas apretándoselo para sentirlo más rico. El se lo agarró y metiéndolo por encima de mis cucos me lo colocó en el clítoris y lo restregaba deliciosamente. Yo ya no resistía más, casi pedía a gritos que me lo metiera. Le pedí que me diera una tregua para terminar de quitarme lo que restaba de ropa.

El no me lo permitió, se ocupó de esa tarea. Me terminó de quitar los sostenedores, me deslizó los cucos despacio. Piernas abajo y después los olía con placer. Me recostó suavemente en la cama y se inclinó ante mí y pasó su lengua por todo mi cuerpo, volviéndome loca del éxtasis. Y entonces llegó hasta mi entrepierna, hasta mi hirviente y mojada cuca. Me pasó la lengua de arriba abajo, me la metió en la vagina, se detuvo vibrándola en mi clítoris y entonces se fue por toda la raja hasta mi culo y jugó con el hueco por un largo rato. Volvió a mi cuca mientras me metía un dedo en el culo. ¡Que placer! Acabé gritando desaforadamente. Se subió sobre mí y paseó su pene por todo mi rostro. Confieso que no tuve el valor de mamárselo, pero les prometo que lo intentaré, solo se lo he hecho a Miguel.

Paseó su pene por mi pecho, lo puso entre mis senos, me dio vuelta y lo restregó contra mi espalda, mis nalgas. Me hizo voltear nuevamente y me lo restregó contra mis pies y comenzó a subir, no pide resistir y se lo agarré y después de humedecerlo con mis fluidos lo puse en la entrada de mi vagina y lo fue metiendo y sacando, primero poco a poco y después de un solo golpe lo llevó hasta mis entrañas. Sudábamos a pesar del frío.

Se movía de un lado a otro, de arriba abajo, le respondía en igual forma. Dábamos vueltas. Me coloqué sobre él, jineteando, y me moví hasta que oí como se quejaba. Su pene me llegaba hasta muy adentro. Me atrajo sobre su rostro y me metió su lengua para jugar con la mía y mientras tanto subía y bajaba su pelvis. Se incorporó quedándonos sentados frente a frente, siempre con su pene dentro de mí y chupándome los senos ferozmente. Nuestros movimientos se aceleraron al máximo y entonces se apartó de mí para colocarme una almohada bajo mi cintura, alzó mis piernas y me metió su sabroso pene de un solo golpe. Decía cosas y yo también. Sus metidas y sacadas se hicieron tan veloces que parecía un terremoto, no aguanté y grité y sentí que me salían todos los fluidos.

El emitió un gruñido y en medio de convulsiones sentí su leche hirviendo, espesa y abundante; yo seguí moviéndome y gritándole que me la diera toda, hasta la última gota. No sé que tiempo pasó con su pene adentro, no quería que me lo sacara. Se hizo a un lado y se lo agarré para verlo bañado en su propia leche y en mi fluido, todavía se movía solo. Mi cuca estaba literalmente inundada. Tanto, que cuando me paré para lavarme, su leche corrió deliciosamente por mis piernas hasta las rodillas. Entonces vino la segunda parte que se las contaré luego por que voy a buscar a mi hombre para que me quite esta excitación que tengo: voy a buscar a Cruz Miguel.

Autora: Infiel

Infidelidades de una cuarentona

October 15, 2009 by admin  
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Os voy a explicar una historia real que me sucedió hace 4 meses.

Soy una mujer de 40 años. Cuando era joven estaba para mojar pan, aunque bajita, tenía un cuerpo bien torneado con unas tetas generosas. Pero desde que me casé y dirigí mi propio negocio, de eso hace ya 15 años, las tensiones me hicieron engordar bastante. En agosto me sobraban 20 kilos, ahora, 4 meses después, sólo me sobran 10, os diré que dieta seguí.

El mes de julio estuvo lleno de problemas laborales y personales. Trabajo con mi pareja y eso aumenta la tensión diaria. Llegas a casa y siguen las cuestiones laborales. Nunca dejas el trabajo aparte. Eso hace que nuestra relación se vea mermada. En julio hacía 4 meses que no hacíamos el amor. No sé para que seguía tomando anticonceptivos. A pesar de eso somos los mejores amigos del mundo y nos queremos mucho.

Él ha tenido oportunidades para ponerme los cuernos con compañeras de trabajo y además le han hecho proposiciones muy descaradas. Pero es un tío legal y no lo ha hecho y además me lo ha contado. Él se masturba fantaseando con esas relaciones extraconyugales. Y yo me masturbo pensando en un negro de metro ochenta, con cuerpo de atleta y un pene enorme que pueda mantenerlo dentro de mi un día entero. Y sueño que me adelgazo, adelgazo, adelgazo…

El mes de agosto, ya no podía más. Mi marido estaba de viaje y yo cada día que pasaba estaba más caliente: me eran igual hombres que mujeres, hubiera practicado sexo con cualquiera. Me animé, aunque con cierto temor, a consultar las páginas de contactos sexuales de esta página, y vi un anuncio que decía: “…pene negro de 25 cm., 32 años, cuerpo de atleta, puedo estar dentro de ti una hora sin parar…” Me dije: Aquí está la solución a todas mis neuras. Y le llamé. Tenía una voz agradable y sensual, era de Guinea. Se ganaba la vida haciendo de modelo y aprovechaba sus cualidades físicas para hacer felices a las mujeres. Sus honorarios me parecieron bien, 150 € por noche. Quería quedar en su piso pero a mi no me hacía gracia y le dije que mejor en la casa que unos amigos me habían dejado en vacaciones. Mentira, era mi casa. Quedamos a las 22 hs.

Fui a la farmacia y compré dos cajas de preservativos, ¡dos!, Estaba voraz. Fui al Corte Inglés y me compré el conjunto de sujetador y braga más sexi que encontré. Tuve problemas de talla, pues gasto una 115 de sujetador y por lo que se ve las que tenemos las tetas grandes no tenemos derecho a ponernos ropas sexis (tengo unas tetas enormes, un poco caídas pero aún están duras, con una areola rosada y grande, y un pezón que se sale, parece la tetilla de un chupete). El conjunto de lencería era la leche, color rosa palo con encajes, sólo me tapaba el pubis y los pezones. Después llegué a casa, me duché, me depilé todo lo depilable y me embadurné con crema hidratante de jazmín. Estaba nerviosa, caliente y ansiosa por comprobar cómo sería esa primera experiencia sexual fuera de mi matrimonio. Fue explosiva. Os lo explico.

Llegó puntual. Era la hostia, alto, negro, cuerpo imponente, facciones bien perfiladas y unos labios para hacer sufrir de placer. Iba vestido de sport, muy elegante y moderno. La impresión que me dio fue magnífica. Yo estaba muy nerviosa pero el tío sabía como cortar el hielo.

Me preguntó si me gustaría darme un baño en la piscina, la temperatura era excelente. Le acompañé a la caseta de la piscina y delante de mí se desnudó. Imponente. Un cuerpo magnífico. Se quedó con el slip. ¡Vaya paquete!. Era enorme y no estaba excitado. Como yo estoy bastante acomplejada por mi físico, me sentía muy insegura y quería desaparecer. ¡Allí con la luz de la tarde enseñando mis carnes! Había imaginado desnudarme en la habitación a oscuras para que no se vieran mis redondeces. Él lo notó, se acercó por detrás y me acarició el pecho a la vez que me soltaba el sujetador y los besaba. Después, salió al jardín. Me cambié, me puse un bañador oscuro; estaba tan excitada que las tetas no me cabían dentro. Salí y ya estaba estirado en la tumbona. De perfil, debajo del slip se le veía tal promontorio que me estaba empezando a causar un cierto miedo y a la vez me ponía loca de excitación. Me hubiera tirado encima de su verga a devorársela. Me imaginaba como serían sus embestidas para meterme todo aquello adentro. Pero no, me calmé, saqué unos refrescos y empezamos a hablar. Era un tío interesante, culto y agradable.

Después de hablar largo rato me sugirió comer algo. Pedí por teléfono la cena a un buen restaurante de la zona. Cenamos y nos bebimos una botella de cava. Ya estaba totalmente desinhibida, gracias al alcohol. Recogimos los restos de la cena y fuimos a la cocina. Íbamos vestidos todavía, él con el slip, yo con el bañador, y al entrar en la cocina que es un poco estrecha me rozó en la espalda con su paquete, notó como me pasó una corriente por todo el cuerpo y volvió a rozarme otra vez, no pude más me giré y le metí la mano por debajo del slip, aquello estaba duro como una roca, le dijé que quería que me follara por todos los orificios de mi cuerpo y que la quería sentir toda dentro de mí. Me cogió por la cintura y me puso encima de la mesa de la cocina. Era la medida perfecta, mi cara quedaba a la altura de la suya.

Me besó con esos labios enormes y bien formados, con su lengua recorrió todo mi paladar, sentía que me ahogaba con las embestidas de su boca. Sus manos estaban en mi cabeza, empujándola para poder llegar más adentro con su lengua. Me excitó como nunca en la vida lo había hecho nadie. Yo le tocaba su verga, me pareció que debía medir medio metro. Enorme… Nunca había notado la vagina tan lubricada, estaba echando flujo como si fuera un surtidor. Mis tetas ya no cabían dentro del bañador. Me lo bajó y con esos labios maravillosos me las succionó, besó, amasó y pellizcó. Volvió otra vez a la boca, yo le respondía con el mismo entusiasmo, su saliva sabía buena, hacíamos un ruido enorme con nuestras lenguas, nuestra saliva y nuestros jadeos. Con la fuerza bestial que tenía me levantó un poco y me quitó el bañador de cuajo. Y allí quedaba mi sexo al aire, recién depilado y con un magnifico olor a jazmín, chorreando el flujo que la vagina no dejaba de sacar.

Me lo besó, tuve que agarrarme al armario de la cocina, porque estaba convulsiva y me salía, me abrió las piernas, se inclinó y empezó a lamérmelo de arriba abajo, cogió entre sus diente mi clítoris y me dio un pequeño tirón, fue maravilloso (yo nunca he sentido un orgasmo tocándome el clítoris ni con la penetración, sólo los he sentido masturbándome y apretando las piernas con fuerza), nunca había sentido nada parecido. Siguió recorriendo con su lengua todo mi coño, primero los labios mayores, los menores, el clítoris y por fin me metió la lengua, con sus manos me acariciaba el culo y me empujaba más y más hacia su boca. Entró como la fuerza de un rayo, noté toda su lengua en mi vagina, toqueteándola, empujando más y más. Yo, sentía mucho placer y desazón pero seguía sin tener un orgasmo. Él estaba muy excitado y me decía cosas como: vas a pedirme que salga de ti, te la voy a meter por todos sitios, eres una puta maravillosa, nena vas a ser mi zorra…

Me cogió con los brazos, como si fuera un niña pequeña, me sacó de la mesa se bajó un poco y colocó su polla en la boca de mi vagina, cuando sentí su capullo en la vagina me dio miedo, aquello era demasiado grande para mí. Empujó suavemente y noté como me metía la cabeza de esa verga maravillosa que tanto placer me iba a dar, empujó más y yo empecé a sentir un dolor que subía por la columna hasta la cabeza, empujó con suavidad y me la insertó hasta la mitad. Nos besamos como locos, me tiré para detrás con el cuerpo arqueado, su polla embistiendo, sus manos empujaban mi culo hacia delante y me besaba las tetas y me mordía los pezones y empujaba su pene para dentro, más y más adentro, yo daba alaridos del dolor que me producía, ya no cabía nada más, tenía mi vagina llena, ya no cabía nada más y sólo había metido la mitad. Me dijo al oído, que en el agua sería todo más fácil y siguiendo con las caricias, fuimos a la piscina. Cogí la caja de preservativos del recibidor y se los di, me dijo que prefería hacerlo a pelo, que no tenía ninguna enfermedad y que me podía fiar de él. Lo hice.

En las escaleras de la piscina volvió ha hacerme tocar el cielo, su lengua no paraba, la pasaba por todo el cuerpo, me mordía las tetas, el clítoris, penetraba mi vagina y después con su verga mirando la luna, me penetró de una postura extraña, yo apoyada en las escaleras y él tocando el suelo de la piscina, yo bajando y subiendo y aquello parecía que cada vez entraba más adentro y ya no sentía tanto dolor, debía ser por el masaje del agua en la entrada de la vagina. Él subió un peldaño de la escalera y yo bajé uno, casi la tenía adentro, en una de las últimas embestidas sentí sus huevos tocando mis labios mayores y dije: ya es toda mía. Se había cumplido mi fantasía sexual. Una polla enorme dentro de mí. Arriba y abajo, las embestidas cada vez eran más fuertes y empecé a sentir algo diferente, tenía convulsiones y mi piel se veía enrojecida con los focos de la piscina. Estaba sintiendo un orgasmo y él lo notaba y empujaba para dentro y en círculos, mis tetas estaban más grandes que nunca, duras como piedras y el pezón pidiendo guerra, quería que lo mordieran y estrujaran esos labios grandes y maravillosos. Y llegué al orgasmo, casi perdiendo el sentido, por primera vez en mi vida, a los 40 años, con un pene inmenso dentro de mí. Ya no sentía dolor ni complejos.

Él fue maravilloso siguió acariciando mis pechos y mi boca. Salió de mí con la verga todavía recta y pidiendo más guerra. No se había corrido todavía, llevábamos casi una hora y todavía estaba empalmado y sin correrse. Llevó mis manos a ese miembro maravilloso para que le diera placer. Pensé que después del momento que me había hecho pasar se merecía algo más que unas manos. Le dije que mejor fuera de la piscina, en la yerba. Me acompañó y se estiró al lado. Seguí acariciándole el pene con las manos, subía y bajaba y aquel glande me parecía cada vez más apetitoso. Me puse encima de él y coloqué su polla en el surco que dejaban mis tetas. Le hice un masaje arriba y abajo, él estaba que se salía, yo cada vez se la apretaba más, y él gemía y a mi me volvía loca. Incliné la cabeza y le chupé el capullo, chupé sus fluidos y seguí recorriendo su polla con la lengua, todos los surcos, sus testículos, después me la metí en la boca (que es muy pequeña). No me cabía, me ayudé con las manos, y durante unos minutos le hice una mamada celestial, hasta que él ya no pudo más y se corrió por encima de todo mi cuerpo, su semen salía como de una fuente. Me pareció un manjar. Lo seguí lamiendo hasta dejarlo seco. Quedamos exhaustos. Descansamos un rato y nos dimos un baño en la piscina. Era la 1 de la madrugada.

Subimos a la habitación de invitados, nos metimos en la cama totalmente desnudos y abrazados nos quedamos durmiendo. Me desperté al poco rato sintiendo una presión fuerte en mi trasero. Era su polla y sus manos. Estaba empalmado de nuevo y hurgaba el único orificio de mi cuerpo que le quedaba por probar. Eso sí que me daba miedo. Notó que ya estaba despierta y me beso en la nuca, en el cuello y se inclinó sobre mis tetas. Las mordió y otra vez empezó el juego. Me puso cachonda de nuevo, le hice una buena mamada mientras me masturbaba apretando el clítoris con las piernas cruzadas, fue estupendo. Su polla parecía crecer sin parar, la dejé bien llena de saliva para no sentir tanto dolor.

Era la primera vez que me iban a encular. Me puse como una perra en celo, dándole la espalda, con el culo en alto, la cabeza en el cojín y las piernas bien abiertas. No desperdició un minuto, puso su cabeza debajo de mi coño y me lo comió con pasión haciendo mucho ruido, sus manazas masajeaban mis tetas y me las maltrataban, me encantó ese ataque inesperado de violencia. Primero me metió la verga en la vagina, casi de una sólo embestida y empezó a empujar, me levantó la cabeza y de perfil me besó el cuello, la boca, su lengua me dejó empapada, tenía el sabor de mi coño. Tuve otro orgasmo infinito. Me metió un dedo por el ano, sentí dolor, y después llegó su verga como una roca, me embistió, sentí como si mi cuerpo se abriera en canal. Grité. La sacó, la mojó con su saliva y me la volvió a meter. Se agarró a mis tetas y pezones y me llevaba de delante a atrás, parecíamos los vagones de un tren.

Yo estaba enloquecida, él me decía: te la voy a meter hasta la boca, y a mí me gustaba más y más. Pero quería más placer, le hice cambiar de postura pero sin que me la sacara (ya debía estar por la garganta) éramos sólo uno, él me estaba partiendo el culo en dos y yo me masturbaba con las piernas apretadas y me corrí de nuevo. Sacó su polla y dijo que se la mamará, se la limpié con las sábanas y que apropié de élla. Le hice otra mamada sensacional (siempre se me han dado bien), se corrió con tanto ímpetu, que temí que la cama se viniera abajo. Mientras se corría, me dijo: esta sesión de hoy es gratis, la puta has sido tú. Me encantó.

Dormimos hasta las 12 de la mañana. Me propuso que nos viéramos una vez a la semana pero que iba a ser gratis. Le había parecido una excelente compañera de cama (estaba harto de tías frígidas) y habíamos demostrado que podíamos darnos placer mutuo. A estas alturas de noviembre, en 4 meses, hemos debido follar unas 100 veces. Nos damos placer, sin más. Yo soy feliz, no tengo complejos, he adelgazado 10 kilos, y lo más importante no siento remordimientos, sólo busco placer en el sexo. Entendería que mi pareja hiciera lo mismo. Ahora con mi marido follo los sábados o domingos, él dice que estoy cambiada, que se me ve más feliz, pero yo con 2 minutos de sexo ya no tengo bastante. Cada semana espero ver a mi negro y a su polla toda un tarde.

En un próximo relato os explicaré cuál fue su regalo de cumpleaños.

Autora: Cuarentona

Mi esposa y mi nuevo contrato

October 8, 2009 by admin  
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Me casé con mi esposa Andrea luego de que ella cumpliera sus 19 años, yo tenía 25. En ese momento yo tenía un buen trabajo, que me permitía tener una vida holgada y tranquila en lo económico, además contaba con la amistad de mi jefe, un tipo mayor, divorciado amante de la buena vida.

Mi esposa con sus 19 años era un verdadero manjar fino a ojos de muchos, mediana estatura, delgada, piel blanca, cabello castaño claro, ojos cafés, senos medianos con una aureola rosada y buen pezón, caderas anchas con un culito redondito y bien parado, de tamaño mediano, y siempre con una actitud muy sexy. Siempre fui su único hombre, puedo decir con orgullo que la desvirgué a sus 15 años, y hasta ese entonces jamás fue tocada por otro hombre. Cada vez comenzamos a tener un sexo más placentero, aprendió con creces todo lo que pude enseñarle, perdiendo por completo todo pudor y complejo en la cama, como yo, se hizo una amante del sexo fuerte.

Mi jefe tenía una casa en la playa, donde los fines de semana se “relajaba” en fiestecitas donde no faltaba el buen trago y las comidas, siempre acompañado de sus mejores amigos con sus parejas y algunas putitas amigas de él que siempre invitaba para su deleite personal. Como era obvio, gracias a mi buen trabajo, me comencé a ganar invitaciones a su casa los fines de semana a disfrutar de ese relajo, obviamente me invitó que fuera pero siempre con mi joven esposa.

Cada vez que íbamos lo pasábamos muy estupendo, al acostarnos en una habitación que siempre ocupábamos, teníamos sexo fuerte, sin límite. Mi jefe, un macho caliente de 50 años, no escatimaba seductores elogios, pero sin propasarse mayormente, para mi pequeña bebe, como llamábamos a mi esposa. Andrea, de a poco fue entrando en confianza, convirtiéndose en la regalona de mi jefe, ya que aportaba con su juvenil belleza y simpatía a la alegría que reinaba en esa casa.

Yo nunca he sido celoso, así que instaba a Andrea que cada vez que fuésemos a la casa de mi jefe, se vistiera muy sexy, con faldas o vestidos muy cortos y ajustados, escotes, tops, tacos, etc. Incluso para bañarse en la piscina le pedí que usara un biquini muy pequeño. Comenzó a ser la delicia del lugar. Un día mi jefe invitó a un amigo de él, que residía en el extranjero, de visita en el país, con el cual comenzarían una serie de buenos negocios, a que pasara un fin de semana de aquellos en su casa. Nick, como se llamaba, era un tipo de mucho dinero, de unos 55 años, alto, bien apuesto y muy en forma para su edad. Apenas vio a mi esposa el primer día que llegó se prendó de ella, comenzando inmediatamente una sutil seducción, la que para mi admiración Andrea comenzó a responder también muy sutilmente, entre conversaciones y bailes.

Esa noche al acostarnos y comenzar nuestra acostumbra y muy esperada sesión de sexo, noté mucho más caliente a Andrea, pidiéndome incluso que se lo hiciera por el culo, situación que me produjo extrañeza, pues siempre tenía que batallar mucho con ella para que me permitiera el sexo anal. La verdad que junto a sus teta su culo era mi adicción. Al día siguiente, sábado, nos levantamos como de costumbre cerca del medio día, y nos fuimos a reponernos a la piscina, ella se puso un pequeño bikini blanco, con un calzón tipo colaless, sin pareo mostrando su exquisito culito, además el sostén era muy pequeño el cual a penas tapaba sus duras y juveniles tetas. Pude ver todo el día como Nick el amigo de mi jefe, miraba sin parar a Andrea. Si lugar a dudas que ese manjar de 19 años lo tenía a punto de reventar.

Llegada la noche, nos preparamos para una jornada de buena fiesta, mi mujer se bañÓ largamente, se puso un vestido a media pierna de color blanco, muy ajustado a su cuerpo, sin espalda, amarrado al cuello y con un escote hasta más debajo de su ombligo y que apenas tapaban sus juveniles pezones, una tanga blanca que era un hilo en su culo, y adelante un triángulo muy pequeño que se metía en su depilada vagina, dejando casi sus labios al aire, obviamente sin sostén, además se puso unas sandalias de correas muy finas, taco muy alto y fino, las uñas de sus delicados y sexys pies pintadas de color rojo, con un añillo de oro en un dedo y una cadena también de oro a su tobillo derecho, su pelo tomado desordenadamente con su cuerpo muy perfumado, o sea como decía siempre mi jefe, un exquisito y muy caro manjar de 19 años.

Al llegar al living, pude ver los ojos de deseo de Nick al ver a mi esposa, bueno como los de varios. Inmediatamente mi jefe se me acercó y me dijo que necesita pedirme un favor urgente, me solicitó que por favor saliera hasta el pueblo a comprar dos botellas de whisky, de la marca preferida de su amigo, ya que a él no le quedaba, yo asentí y cuando quise pedirle a mi esposa que me acompañara, mi jefe me detuvo y me dijo que la dejara ahí, que fuera solo, que él la cuidaría. Extrañado y sorprendido acepté, antes de partir vi como Nick, el amigo de mi jefe, y mi esposa se juntaban a conversar en el bar, muy amistosamente, y pude ver como mi esposa le sonreía a Nick muy sensualmente. Mi jefe me miró y acompañándome a mi auto me tomó el hombro y me dijo que Nick había conversado con él y había decidido hacer un muy suculento negocio con mi jefe, y que quería que yo lo manejara, así que fuera inteligente y que no perdiera esa oportunidad de oro por un arranque de celos estúpidos.

Tomé mi auto y me marché, pensando en las palabras llenas de indirectas de mi jefe, pero también en la posibilidad que tenía por delante. más o menos me demoré una hora en ir y volver, cuando llegué vi a mi esposa que estaba bailando muy sexy con Nick, muy juntos, mi jefe me llamó y me invitó a sentarme junto a él y a su amiguita a tomarnos una de las botellas de whisky que había comprado. No podía dejar de mirar como ese tipo de 55 años, seducía a mi bebe mientras bailaban, ocupando toda sus mañas de viejo zorro en esos campos. Fácilmente me podía percatar como se acercaba a sus oídos y le insinuaba algo, puesto que mi esposa lo miraba muy sorprendida pero sin negarle una cómplice sonrisa, además podía ver como se daba mañas para rozarla, abrazarla y hacerle de a poco sentir su verga en su culo, ocultando ese acto con movimientos propios del baile, pero también me percataba que con ese movimiento mi esposa cerraba sus ojitos y se quedaba muy quieta, aprobando su actitud.

No se si el trago que había bebido, que a esa hora del día ya era bastante, comencé a sentirme mareado, situación que rápidamente comenzó a aumentar, situación que se agravaba con los insistentes brindis de mi jefe, hasta que sucedió lo que tenía que suceder, me quedé dormido en el sillón. Dormí como por dos horas, al despertar muy perdido me percaté que ya no quedaba nadie, solo mi jefe con su amiguita muy acaramelados en un sillón adjunto, y al mirar al centro de la sala, que estaba casi a oscura vi a mi esposa colgada del cuello de Nick besándolo muy caliente, y él con sus dos manos debajo del vestido de ella acariciándole el culo. Quise incorporame y detener ese espectáculo, pero mi estado y mi jefe me lo impidieron, diciéndome que los dejara, que era una orden. Al volver a mirar vi como mi esposa sin dejar de besarlo, comenzó a desabotonar por completo su camisa, comenzando a besar su pecho, pasando muy eróticamente su lengua, esa situación junto con sorprenderme me puso mi verga muy dura, ya que Andrea siempre me dijo que no le gustaban los hombres con mucho pelo en el pecho.

Tras eso, Andrea lo volvió a besar muy apasionadamente, él le dijo algo a su oído, ella le sonrió y lo tomó de la mano cual pareja normal y se fueron a nuestra habitación, riéndose ambos, entraron y dejando la puerta abierta como si nada. Me quedé un rato extasiado con lo que estaba viviendo, me serví una copa, la que me tomé de un solo trago, me serví otra, prendí un cigarrillo y me dirigí a la habitación, al llegar me paré en la puerta sin que me vieran, observé que ambos estaban parados en un balcón de la habitación, Nick tenía abrazada a Andrea por detrás, besándole el cuello y recorriendo con sus manos sus piernas, mi verga se puso muy dura, la cabeza del pene me dolía puesto que la tenía muy hinchada. Una mano recorrió sus piernas por dentro hasta la vagina de mi esposa, ella se abrió de piernas permitiéndole que la acariciara, mientras la otra mano, comenzó a tocar sus senos. Podía escuchar los gemidos suaves de Andrea, mientras claramente Nick tocaba su clítoris, y pellizcaba sus pezones. Andrea giró su cabeza introduciendo su lengua en la boca de Nick, encorvando cada vez más su espalda, señal clara de su éxtasis. No pasaron más de dos minutos y Andrea comenzó a tener un clímax el cual gozó como la chiquilla que era.

Me excitaba ver como ese hombre, mucho mayor que mi esposa, la gozaba, pero sin duda me excitaba mucho más ver como ella, con tan solo 19 años, gozaba a ese tipo, mucho mayor que ella. Al acabar de esa forma, Andrea giró y colgándose una vez más de su cuello, lo premió con otro excitante beso. Ahí Nick besó el cuello de mi esposa, comenzando a bajar con su lengua hasta llegar a sus tetas, tomándola fuertemente de la cintura y comenzando a chupar sus exquisitos pezones, Andrea se quejaba y sonreía en una señal clara de aprobación. Estaba en eso cuando ella me vio que estaba para ahí, riéndose me dijo:

-Mi amor, ¿despertaste? – a lo que le respondí, preguntándole que estaba haciendo, Nick me miró y sonriendo me dijo – La bebe está firmando tu contrato. Andrea me dijo: -Tienes dos caminos, irte a casa, o entrar, sentarte en ese sillón y masturbarte gozando viendo como mi nuevo papi me hace gozar, porque hoy voy a pasar una noche muy exquisita con Nick, mi otro papi. Tras eso Andrea le dio otro beso a Nick.

Me dolía tanto la verga, que entré, me bajé los pantalones, me senté en un sillón que había en el balcón y comencé a masturbarme, Andrea se acercó a mi, me dio un beso y se fue donde su amante que se había sentado frente a mi en otro sillón. Prendió un cigarro y se sentó en sus piernas, subiéndose el vestido hasta la cintura. Nick comenzó a chupar las tetas de Andrea muy apasionadamente mientras tocaba su culo, corriendo el hilo de la tanga e introduciendo un dedo en su hoyito.

Andrea comenzó a moverse muy enérgicamente gimiendo como una chiquilla, lo que nos calentaba más a ambos. Una vez más mi esposa se vino como una verdadera putita. Sin dejar de besarlo se corrió un poco hacia atrás y rápidamente soltó su pantalón sacando la verga de Nick comenzando a masturbarlo. La verga de Nick era inmensa, debo decir que mucho más grande y gruesa que la mía, lo que a ella la calentó aun más, ya que rápidamente se arrodilló en el suelo y comenzó a mamarla entera muy desesperadamente, pasándosela por sus tetas y masturbando en su pequeña boca. Nick se encorvaba de placer, soltando pequeños chorros de esperma, que ella se comía con mucho placer.

Nick le dijo que parara que ya no aguantaba más y que se iba a correr en su boca, Andrea se paró muy sensualmente y se volteó a tomar un vaso de whisky que había en una pequeña mesita al medio, agachándose con el culo hacia él, no perdió tiempo y comenzó a pasar la lengua por el culito de ella, provocando más placer en mi mujer, luego de un minuto de eso Andrea se paró frente a él, se sacó la tanga y colocó un pie en la rodilla de Nick ofreciendo su pequeña y caliente vagina, él comenzó a lamérsela, chupando extasiado al sentir su sexo completamente depilado, lo que la hacía verse aun más como una bebe.

Andrea me miró y tirándome un beso, me dijo, ¡Goza!, sentándose de frente una vez más, tomando la verga de Nick e introduciéndosela en su vagina muy suavemente mirándolo con ojos de sumo placer. Nick la penetró por completo, comenzando Andrea a cabalgar en esa enorme verga muy caliente, mientras él le chupaba una vez más sus exquisitas tetas, mientras yo me masturbaba tratando de calmar el dolor de la cabeza de mi verga. Ambos se vinieron rápidamente, corriéndose Nick con abundante esperma dentro de mi esposa, y ella gritando de placer de una manera increíble, como nunca lo había hecho conmigo y al mismo tiempo que yo también me corría.

Los tres quedamos casi muertos, ella comenzó a besarlo nuevamente, moviendo sus caderas una vez más muy suavemente, pues él aun seguía con su verga dura dentro de mi esposa. Nick me miró y me dijo que jamás había tenido una vagina de una bebe, era un sueño. Lo miré aun caliente y le dije:

-Y eso que no has probado su culito.

Andrea me miró sorprendida, le dio un buen beso a Nick, se paró dándole la espalda, diciéndole que le chupara el culito, luego de unos segundos se sentó nuevamente en él, dándole la espalda, tomando su verga y colocándola en el culito, introduciéndola muy lentamente, una vez más hasta el fondo. Andrea comenzó a gritar de dolor y placer, pero sin parar se comió todo ese enorme pedazo de carne por su hoyito hasta hacerlo acabar una vez más dentro de ella.

Luego de unos segundos de descanso, Andrea me miró y me dijo que me fuera a acostar a otra habitación, que ella se quedaba con Nick esa noche. Hasta las 9 de la mañana escuché los gemidos de Andrea, sin duda ambos se dieron un festín, Nick gozando una chica casada de 19 años, que por primera vez tenía otro hombre y Andrea gozando su nuevo papi maduro, que le enseñó a ser una verdadera putita bebe, muy cara y yo disfruté mi nuevo contrato. Cada vez que Nick viajaba a ver su negocio, Andrea lo atendía, pero eso es otra historia.

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