Mi novia es una puta y yo lo disfruto

July 24, 2010 by admin  
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Hola, mi nombre es Alejandro, (1.75 75 kg, moreno claro y velludo) y mi novia se llama Elena (1.65, 58 kg, blanca y bien curveada), estamos en México, andamos rondando los 30´s. Somos unos chicos agradables, relajados, amenos, y muy pero muy calientes. Bien, como referencia les contamos algo de antecedentes de nuestra vida swinger. Ella ya es separada y cómo sexualmente en su matrimonio no le fué muy bien que digamos, cuando la conocí y tuvimos sexo, ambos notamos que iba a ser una parte muy importante de nuestra relación, experimentamos muchas cosas, y esto dió pie a que se dejara llevar en todas mis fantasías. En un inicio, yo ya había leído muchas revistas acerca de este estilo de vida, el cual al imaginármelo, me calentaba demasiado, y si no estaba con ella o la veía, me masturbaba frenéticamente pensando cómo sería ella y cómo se comportaría. Pues bien, en algunas ocasiones que cogíamos y ella estaba demasiado excitada aprovechaba para lanzar mis sugerencias de experimentar algo diferente, con otras personas, pero ante su negativa sólo me quedaba más caliente aún.
Fue por iniciativa de una compañera de ella que es bi de nombre Sandra, que ella empezó a sentir curiosidad, ya que se le insinuaba demasiado, se le acercaba, acariciaba e intentaba besarla o fajarla, ya en esa época me contaba que su grupo de compañeros de trabajo, 3 hombres y 2 mujeres, le proponía realizar alguna reunión en un hotel y darle rienda suelta al cuerpo, es decir, tomarse unas copas, y después lo que resultara, ya que siempre le decían que estaba muy rica, delgadita pero sabrosa, que se notaba que le encantaba coger y sería una delicia comprobarlo. Incluso llegaron a proponerle que bailara para ellos, que le pagarían algo de dinero, para que se vistiera de colegiala o maestra, les bailara, les hiciera un strip tease, y lo que resultara, que podría invitarme a mí para que viera como disfrutaba ella con todos ellos.
A ella no le molestaban los comentarios, pero siempre rechazaba las propuestas, más bien se excitaba al contármelo, y al igual que yo, nos calentábamos tanto que terminábamos cogiendo muy rico, imaginando yo, como sería ese encuentro que ellos deseaban. En un inicio me molestaba un poco que el que era su jefe y sus demás compañeros se la querían coger, su insistencia era continua, y aunque me excitaba la idea en el fondo si ocurriera tal vez me hubiera enojado más.
Total que algún día la convencí de que le diera línea a su compañera Sandra, con el propósito de que de tuviéramos un trío con ella y así disfrutar ambos, ya que Sandra también era una delicia de mujer, ya que era a quien dedicaban sus masturbadas más de la mitad de sus compañeros de trabajo . Sandra aceptó la propuesta, pero más por la calentura de coger con ella, que de que estuviera con ambos. Asistimos a un bar, donde descaradamente Sandra fajaba a mi novia debajo de la mesa, le metía dedo, sobaba sus senos y le besaba el cuello, mientras yo aprovechaba para meterle dedo y tocarle sus senos a Sandra, de todo ello se dieron cuenta las personas de las demás mesas y la mayoría no quitaba la vista de tal espectáculo, fue tan excitante, que el mesero que atendía nuestra mesa, se acerco a nivelar las patas de la mesa con tal de ver por debajo las dedeadas, manoseadas, y las piernas ricas sin medias y ya sin tangas de ambas.
El encuentro no salió como pensábamos puesto que no me pareció a mí que Sandra se obsesionara tanto con ella sin entender que era un trío.
Ahí terminó este intento, pero la calentura siguió y las fantasías y propuestas también, hasta que nos decidimos contactar desde una página especial en contactos swinger. Recibimos cientos de mensajes, y nada que encontrábamos algo interesante.
Ya por esa época mi novia había cambiado de área de trabajo, con nuevo jefe, nuevos compañeros, y obviamente nuevos pretendientes calenturientos. Aquí es dónde empieza el inicio de su comportamiento y en adelante de nuestro cumplimiento de fantasías. Uno de sus compañeros llamado David, se vió bastante hábil, platicando mucho con ella diciéndolo lo guapa que estaba y que se antojaba mucho, pero para no verse tan insistente y que ella cayera solita, platicaba con ella mucho de sexo, pero no insistiéndole sino más bien pidiéndole que le presentara alguna amiga cojelona que quisiera acción, ya que él era un cojelón de primera, y muy caliente, que tenía encuentros esporádicos con amigas, pero ya quería alguna de planta a quien estarse cogiendo, ya que era un experto, y le encantaba estarla metiendo. Mi novia más bien por curiosidad, aceptó, y le presentó algunas amigas pero con ninguna de ellas se concretó nada, yo veía que mi novia se esmeraba en intentarlo ayudar y no pasaba nada, ya por esa época él le comentaba a ella que pues ella no tenía de que quejarse puesto que tenía quien se la cogiera, incluso llegó a comentarle a ella que se había inscrito en una página de contactos con tal de encontrar alguien para tener sexo, pues ya estaba desesperado, así que ella inocentemente (o con iniciativa) le contó de nuestros inicios en el mundo swinger y que también contactábamos con hombres solos, le dimos nuestro Nick de la pagina y el vió nuestras fotos, pero al ver las de ella se puso loquito y excitadísimo, diciendo que nunca se hubiera imaginado lo que tenía escondido mi novia bajo la ropa. Así es que mi novia puso manos a la obra y sólo esperó el momento en que yo mismo se lo pidiera, así que ella dijo que ya tenía un candidato para un trío, y yo le dije que si era su amigo David, que adelante, se lo cojiera. Le brilarron sus ojitos y más ella que ya andaba urgidísima de que él la hiciera suya y comprobar si era cierto todo lo que le decía. Así que previos análisis de salud y con confianza (ya que a mí me gusta mucho el creampie) proseguimos con el plan. Así quedamos un día de la semana, nos pusimos de acuerdo y nos fuimos a un hotel con jacuzzi. Previamente ya habíamos platicado los 3 y le explicamos que se relajara y todo estaría bien, que a mí era algo que me gustaba (prestar a mi novia) y que ella también disfrutaba.
Nos metimos los 3 a jacuzzi, al inicio el estaba un poco indeciso en cuanto que hacer y que ella se excitara, pero poco a poco fue tomando iniciativa y ella fue disfrutando, él tiene una verga más grande que la mía, un poco curveada y un poco más gorda, por lo que ella inmediatamente se prendió de ella y la estuvo estimulando manualmente un buen rato, preparando el trozo que iba a disfrutar.
Estando ella en medio de los dos, jugueteamos ambos, uno con cada seno de ella chupándolo, lamiéndolo, y besando su cuello y boca, mientas le abríamos las piernas, e íbamos acariciando su clítoris y la entrada de su vagina, poco a poco metiéndole un dedo, algunas veces él, en algunas yo, además de acariciarle sus nalgas y culo, es en ese momento que él, se incorpora un poco más cerca de ella y la levanta un poco, para poder restregarle de cerca su verga en sus piernas y en la entrada de su vagina, ella estaba más excitada que nunca, puesto que la estimulábamos manualmente el clítoris, dedeándola, y besábamos poco a poco sus senos, me acerqué a su oído para preguntarle cómo se sentía, diciendo ella que estaba a punto de explotar, muy caliente, excitadísima y que ya quería que él se la metiera. David tomaba su verga y pasaba su cabecita por fuera de los labios de su vagina, frotándola en ocasiones muy rápido, haciéndola que ella se estremeciera. Puso por un momento su cabezona verga en la entrada de la vagina y mi novia no sé si intencionalmente o por accidente, realizó un movimiento como si se resbalara, y de ese deslizamiento se metió la verga de David completa. Soltó un grito muy fuerte y se vino en ese instante, pude tocar por fuera como era que estaba completamente clavada y ver a David disfrutando también de la vagina caliente y lubricada de mi novia. Mientras empezaban ambos un movimiento lento en lo que ella se recuperaba del orgasmo, le indiqué al oído que ese no era el plan, que aunque ya teníamos seguridad de que estaba libre de enfermedades, no se la cogería sin condón, en un inicio me pidió que sólo la dejara disfrutar unas metiditas y después le pediría el condón, pero al verla fuera de sí y moviéndose como putísima, disfrutando y gritando, a la segunda vez que le dije, me dijo que ni madres, que ella quería sentir su semen atascarla hasta el tope, al fin que no había problema. Me dediqué sólo a observarlos de cerca y tomarles fotos ya que era bastante excitante ver a mi novia bien empalada y disfrutando la experiencia al máximo, duraron un buen rato, y después de otros orgasmos más de ella, el dijo que estaba a puno de venirse, y preguntó si se salía, contestando ella con un jalón de piernas acercándolo más a ella y apretando sus músculos vaginales para exprimirlo bien, él dió un grito fuerte anunciando su descarga y sus trallazos de semen al fondo de la vagina de mi novia invadiendo hasta su útero, ella tuvo un orgasmo simultáneo y en cuanto el se salío pude ver en el agua algunos hilillos blancos de semen flotar.
Salimos los 3 del jacuzzi, y mientras él se recuperaba descansando en la cama boca arriba, yo estaba más que a punto de explotar, así que inmediatamente empecé a dedearla y a sentir el semen invadiendo su interior, mi calentura no pudo más y empecé a penetrarla con fuerza, sintiendo lo lubricado de su vagina llena de semen de David, a cada embestida salía un poco de semen de su rica vagina, escurriendo los bordes y llegándole hasta las nalgas, formando una espuma blanca que algunos conocerán cuando se coge una vagina llena de semen, no duré mucho pues estaba muy excitado, así que con una inmensa descarga eléctrica, fui depositando en varias contracciones cada mililitro de semen que le tenía guardadito. Desbordó su vagina, ya que no pudo mas contener tanto. En lo que ella se recuperaba de tantos orgasmos y nosotros también, platicábamos un poco de alguna que otra aventurilla, hasta que David, descaradamente se frotaba la verga anunciando que estaba excitándose y preparándose para una segunda cogida. Para excitarla aún más, la siguió besando, el cuello, senos, cara, estómago, hasta que llegó a su vagina y supe que no le importaba en lo más mínimo estar hasta el tope de 2 bondadosas eyaculaciones, le lamío el clítoris, beso un poco la entrada de su vagina, los bordes, y metía poco a poco sus dedos, con el cuidado de no sacar todo su semen. Ella fue incrementando su excitación hasta que no pudo más y le dijo que ya se la cogiera. La tomó de misionero y le dejó caer toda la verga de un jalón la tuvo después patitas al hombro, y dándole unas metidas muy profundas, tanto que ella casi lloraba, le pregunté si le dolía y sólo indicó que no, que nunca se la habían metido hasta el fondo y le gustaba mucho. La colocó en varias posiciones, de perrito, de ladito, hasta que él le decía al oído que estaba muy sabrosa y apretaba muy rico, así que sintió su llegada, y nuevamente descargó su semen dentro, ella temblaba de tantos orgasmos y de sentir su vagina bastante llena y lubricada. El se dispuso a descansar, por lo que yo aproveché para estimularla un poco, mientras me la mamaba muy rico, con el espectáculo que tuve estaba más que excitado de nuevo, y con la verga bien parada también a punto de estallar de nuevo, así que estando de perrito ya que venirme, saqué mi verga y la descarga de espermas quedó en la unión de sus nalgas y entrada de su culito, ya los 3 bastante cansados y calientes decidimos dar por concluida la sesión, no sin antes vestirse ella con su tanga puesta para impedir que salieran las 3 descargas, lo cual fue imposible puesto que llegando a su casa metí mi mano y descubrí como desbordó la mayor cantidad… Dejando a David en su casa, acordamos que de ese día en adelante sería el amante de planta para satisfacerla sexualmente como más le apeteciera, pero también podía disponer de ella cuando anduviera más que caliente y no quisiera desperdiciar su semen con masturbación.
Así han transcurrido unos meses, y la he notado muy complacida y complaciente, puesto que ahora si tiene verga cada que se le antoja, a veces se salen del trabajo a la hora de la comida a echarse un rapidín, o la mayoría de las veces llega ella más tarde a su casa, así cuando me toca a mí la acción, puedo darme cuenta que ya le dieron su buena calentada, excitada y descargada de semen en su interior, lista para que yo entre en acción con su respectiva dosis.
Aquí no termina la historia, puesto que últimamente sacaba mucho a conversación a su jefe actual, un señor ya maduro de unos 50 y tantos años, diciéndome que era un hombre separado que vivía solo, que a veces no salía, y que de vez en cuando le decía que si en las tardes tomaban un café, pero hasta ese momento creí que esa era toda la verdad, sólo que un día que andábamos los dos solos de antro, ambos tomamos un poco de más, así que llegando a su casa y empezando la acción, aproveché su estado un poco alcohólico para que mientras la cogía, preguntarle sobre su jefe, y cuál fue la sorpresa al enterarme que desde hacía tiempo ya le había pedido las nalgas, diciéndole que él estaba sólo y no tenía como complacerse sexualmente, que él estaba para dar mucho y de sobra y ella para recibir, así que se complementaban y que cuando ella aceptara cogerían muy rico, así el aprovechaba todo momento que estuvieran solos para recordárselo y que ella aceptara, diciéndole incluso que a la hora de la comida hicieran algo rápido, además, proponiéndole que cuando ella tuviera vacaciones lo fuera a visitar para darle gusto todo el tiempo. Ella ya consciente dice que aún no acepta, y me pregunta a mí que si yo quiero ella afloja, pero yo le contesto que ella es quien decide, aunque con su comportamiento yo casi juraría que también su jefe se la anda comiendo sólo que ella no me lo quiere decir, sabe que no me molestaría, pero no lo quiere aceptar, en fín, si a ella le gusta estar cogiendo rico, y a mí me excita, que más que conveniente que tenga varios amantes para satisfacerla, ya que es mi putita insaciable.
Un saludo, y espero me compartan alguna historia similar

Cumpliendo una fantasia

January 18, 2010 by admin  
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Cuando abro la puerta me encuentro con que mi hermana tiene una reunión en mi apartamento con muchos amigos. Eso me molesta, pero no soy capaz de decirle que no a ella y decido que es mejor disfrutar un poco, ya es tarde y la verdad es que estoy cansado, tengo que madrugar mañana pero ya no hay nada que hacer. De pronto encuentro algo que valga la pena.

Mi apartamento esta lleno con todo tipo de gente, algunos conocidos, otros no. Al entrar lo primero que me llama la atención es una mujer alta, delgada, con pelo oscuro que nunca he visto. tiene la piel muy blanca, piernas largas sensuales y bien formadas y se para como una elfa: con las caderas hacia el frente y los hombros hacia atrás; ella me mira de reojo brevemente y se ajusta el collar de la camisa; se que tengo que ir a hablarle, está con otras dos nenas, simpáticas pero palidecen a su lado.

Busco a mi hermana pero no la encuentro por ningún lado y me tropiezo con su mejor amiga; me mira con cara de pena y me dice que lo siente mucho, que mi hermana enloqueció e invitó a toda esta gente pero que si lo deseo ya los saca a todos de mi apartamento. Le digo que no se preocupe y le pregunto por la pelinegra, se rie y me dice que es la amiga de una amiga y que todos los tipos le han caído y todos han sido prontamente rechazados. Me da un golpecito con pena en la espalda y se va.

Voy a la cocina a servirme algo de tomar, como es usual mi hermana y sus amistades toman cualquier cosa, de hecho, lo más barato que encuentran. Reviso mi bar, no lo han notado todavía, así que me sirvo un Glenfiddich y cierro el bar con llave; es el único whiskey que tomo y espero por su bien que no traten de buscar nada, en el bar por supuesto.

Busco un grupo de gente con que hablar, la mayoría me parecen aburridos de antemano y otros están claramente cerrados, así que me voy a hablar con otra amiga de mi hermana. Hablamos un rato de nada serio, me cae bien; después de unos pocos minutos de charla sin importancia decido ir a hablarle a la pelinegra, está con un grupo de personas, me mira cuando me estoy acercando pero me ignora rápidamente, va a ser difícil llamar su atención, decido hacer algo estúpido y le hablo:

“Hola! Perdón, pero te gustan los caballos?”
Todo el mundo voltea a mirarme.
“Supongo que si, porqué?”Contesta ella.
“Estás segura que no nos conocemos?”
La veo voltear los ojos y rápidamente responde
“No, no nos conocemos…”
Rápidamente la interrumpo
“Sabes, yo creo que si nos conocemos, verás cuando yo tenía como 13 años montaba a caballo y en la escuela donde lo hacía había una niña pequeña bien extraña… tenía como 8 y estaba totalmente obsesionada con los caballos, sus cuadernos eran de caballos, su morral tenía caballos, se pegaba calcomanías y se hacía dibujos de caballos, pero lo peor era que a veces le daba por correr como si estuviera galopando y hacia ruidos extraños con su boca… Estás segura que no eres ella?”
Esta mujer comenzó a ponerse roja y todo el grupo nos estaba mirando.
Muy molesta dijo: “No, estoy segura que no soy esa niña! Está loco!?”
Miro hacia abajo con cara de decepción y le digo:
“Está bien, le creo, pero déjeme terminar en el caso, muy poco probable, de que si lo sea, estoy 99.99% seguro que no lo es, pero déjeme actuar, solamente por que existe ese 0,01%” No espero que me conteste y continuo. “Verá, yo era un niño muy malo y nos burlábamos mucho de usted, usted era toda extraña y chistosa… y en los últimos meses hemos llegado a la conclusión, con mi terapeuta, que debería buscarla y pedirle perdón por todo lo que le hice, así que… me perdona?” En este punto abro mis brazos un poco, pongo mis palmas hacia arriba, ladeo la cabeza hacia la derecha e intento dar un paso hacia ella; su cara se ilumina, sonríe y me da un abrazo. “Por favor di que me perdonas!” le digo cuando me abraza (conseguí algo, al menos un abrazo).

Después de este intercambio la ignoro totalmente y le hablo a las otras dos nenas, las hago reír, pasa el tiempo y sigo ignorando a la pelinegra, vuelve a mirarme con odio y ahora desconfianza pero igual la ignoro.

Después de media hora espero a que ella tenga el vaso desocupado, vacío el mio y le digo que vaya y me sirva algo, se pone furiosa, sonrío y le digo que me siga entonces. La llevo a la cocina le pregunto un par de bobadas sobre gente de la fiesta, le pregunto que está tomando y se lo sirvo, cuando me pregunta que voy a tomar yo le respondo “nada de la cocina” y la llevo hacia mi bar, me sirvo otro escoces y cierro el bar, la llevo a un sitio un poco más privado, le hago un par de preguntas personales y le doy un beso, me lo responde, la beso lentamente por unos 10 segundos, me separo de ella y le digo que fue muy agradable conocerla y que voy a charlar con unas personas que conozco de antes, me doy media vuelta y me voy.

Para este momento mi hermana ya ha llegado y me ha estado mirando de lejos y evadiendo, sabe que su idea no fue muy brillante; me le acerco y hablamos un poco, estoy entre molesto y divertido con ella, le pregunto por la pelinegra, me da la misma respuesta: amiga de una amiga, nunca la ha visto y no sabe nada.

Ya es bastante tarde y decido irme a dormir, le digo a mi hermana que arregle cuando acaben, le hecho una mirada a la pelinegra, me está mirando, sonrío y le hago con la mano derecha algunos gestos para despedirme, me doy la vuelta y entro a mi cuarto, cierro la puerta sin asegurarla. Pasan 5 minutos y alguien golpea, estoy en ropa interior pero abro de todas formas (seguro es mi hermana), resulta ser la pelinegra, me da un poco de pena pero es mi casa así que decido preguntarle qué cree que está haciendo pero me empuja dentro del cuarto y cierra la puerta.
“Me ha estado tratando por horas como si yo fuera nadie, eso no me pasa a mi, imbécil!”, le respondo con “Qué es esto!? Quién se cree que es metiéndose así a mi cuarto?” Me empuja encima de la cama, me salta encima y empieza a besarme el cuello y la cara. La empujo, se cae de la cama y me río. Me pregunta con voz herida “Qué le pasa?, ¿no me ha estado tratando de llamar atención toda la noche?” Le respondo que no, pero que ella no está tan buena como cree y que no quiero gastar mi tiempo de sueño en alguien que probablemente no aguantará más de media hora. “Así que mejor me convence de que me va a entretener por más de una hora o déjeme dormir”.

Mi pequeño perdedor de la conciencia está gritándome como loco, haciéndome notar que soy un estúpido pero yo solamente la miro, botada en el suelo, está increíble y tiene un escote bestial, realmente la deseo. Se para, se arregla la ropa, me mira con rabia, me grita “Imbécil!”. Yo la miro, espero 5 segundos y le respondo “puede que si, pero al menos cuando era chico no galopaba y relinchaba como una yegua y tampoco estoy tan loco para meterme al cuarto de un desconocido y lanzándome encima… venga, siéntese” Esto la molesta aun mas, si las miradas pudieran matar estaría bien muerto, pero igual se sienta. “Empecemos de nuevo” digo, me le acerco lentamente, y como no se quita la beso, me devuelve el beso unos instantes. Después, me hecho hacia atrás y le digo “ve, eso es mejor” me hecho más hacia atrás y empiezo a alejarme, me pregunta para donde voy, le digo que ya le dije que no pienso desperdiciar mi tiempo y que voy a llamar a una amiga para que nos acompañe y que si resulta ser algo divertido tal vez se repita. Pensaba yo que esa había sido la tapa, me iba a mandar a freír espárragos y a matar con ellos, igual tomo mi celular y empiezo a buscar un número, me pregunta si hablo en serio, me volteo, la miro y le pregunto si le parece que estoy bromeando, hago una pausa y le digo que no se preocupe, que mi amiga se demora al menos una hora en venir y que eso es tiempo más que suficiente para que me encargue de ella. Se para, me mira aun peor y se va, dando un portazo. El negro del purgatorio me va a romper, pero no importa, es una historia chistosa.

Me lavo los dientes, me desnudo totalmente y me meto en la cama, estoy un poco excitado y decido fantasear un poco con la pelinegra cuando de pronto abren la puerta, alguien entra y la cierran nuevamente, estoy seguro que entraron dos personas pero está oscuro y no las alcance a ver, me siento rápidamente pero no antes que cierren la puerta “Qué es esto? Quién está ahí?” pregunto con autoridad, me responde una voz familiar “Veamos si eres capaz de hacer todo lo que dices”, es la voz de la pelinegra, mis ojos ya la distinguen a ella y a otra mujer. La pelinegra se sube a mi cama y gatea hacia mi, acerca su cara a la mia “veamos si realmente eres capaz de satisfacer a dos mujeres calientes, pero falla y nos aseguramos que nunca más te acuestes con nadie” Me besa, la otra hembra se sube a la cama y se une al beso, las agarro a cada una del pelo y halo hacia atrás, pregunto “y qué pasa si las satisfago y ustedes no me dejan bien agotado y ya piden que pare por que no resisten más?” las dos se ríen con lujuria.

“Encarguémonos primero de ti” le digo a la pelinegra, a la otra le digo “excitemosla mucho”, ambos la besamos por todos lados, la desvestimos lentamente, la tocamos suavemente, rápidamente me doy cuenta que estas dos ya se conocen, pienso tomar provecho de eso, seguro la otra nena me va a ayudar bastante. Cuando llego a sus calzones estos están empapados y su olor es ácido y muy fuerte, un olor sexual que me impulsa a perder el control, me gusta. Me detengo y le digo a la pelinegra “ahora demosle algo de atención a tu amiga”, hacemos lo mismo con ella, besos y caricias por todos lados, la desnudamos lentamente hasta que solo tiene ropa interior, su olor es más dulce. Voy a mi gabinete y saco aceite, lo pongo sobre mis manos y sobre las tetas de la amiga mientras que la pelinegra la besa por todos lados, las dos me están agarrando todo lo que pueden y me están masajeando la verga, que esta dura y ancha, las dejo hacer todo lo que quieran con las manos, no es fácil hacerme venir así. Ya las tengo gimiendo y moviéndose desesperadas, así que es tiempo para darle el masaje a las tetas de la pelinegra, “tu turno” digo; la amiga me agarra y empieza a besarme y a cogerme, no me deja jugar con las tetas de la pelinegra, la agarro por el cuello, firme pero suavemente “no seas celosa, ella tiene derecho a estar tan caliente como tu, mejor ayúdame”, la suelto y en poco tiempo los tres estamos respirando fuertemente y cogiéndonos por todos lados, gimiendo y temblando con cada caricia. Les quito los panties y le digo a la otra que se acueste encima de la pelinegra boca abajo y empiezo a comerle el coño a las dos, las maniobro para que los clítoris queden muy cerca y pueda lamerlos al mismo tiempo y que se toquen si ellas se mueven; voy de una a la otro, follandolas con mi lengua, chupando, lamiendo, saben distinto pero muy bien. La amiga se viene y siento que tiembla cada vez que la lamo, así que me dedico más a la pelinegra, pero no puedo evitar lamer a las dos, finalmente se viene, suavemente pero lo hace.

Esto está muy bueno, ahora las pongo una al lado de la otra, ambas boca arriba y las miro un rato, dejo que descansen un poco, solo las miro. Beso a cada una y las miro, después de un par de minutos me paro al lado de la cama, le tomo las piernas a la pelinegra, la halo hacia mi y comienzo a frotar mi verga sobre su coño, cuando siento que está caliente y húmeda se la clavo hasta el fondo, lo más que pueda y la saco y meto un par de veces “te gusta?… no vas a tener más hasta que le comas el coño a tu amiga y la hagas venir”, a la otra le digo que se siente en la cara de la pelinegra y se deje comer. Le ayudo a ponerse encima y hago que me de la espalda y la halo hacia mi, con mi mano derecha juego con sus tetas y con la izquierda evito que la pelinegra se mueva mucho, de vez en cuando la clavo y otras veces dejo que mi verga descanse encima de su coño, mantengo esto hasta que la amiga se viene, en ese momento monto a la pelinegra salvajemente, como si fuera un semental, y la hago venir muy duro; me contengo y no me vengo, tengo que follarme a la otra. La tomo y la pongo boca abajo deforma que pueda verle el culo, lo tiene muy rico, lo miro bien y lo agarro fuerte, esta posición me hace venir muy rápido y estoy muy cachondo para poder controlarme mucho. A la pelinegra parece gustarle ver como follo a su amiga en cuatro, le lanzo un desafío: “no creo que logres venirte otra vez, mírate, estás agotada y mira a tu amiga, escasamente se puede mover”. Ella sonríe, se levanta, me coje las bolas por detrás y me dice que la haga venir duro, las está apretando suavemente y se siente muy bien, logra marcar el paso de mis embestidas, me dice que ni se me ocurra venirme o me exprime las bolas hasta que me duela, tiene buenas habilidades para negociar.

De alguna manera logro aguantar y la hago venirse, grita como desesperada, su coño que se contrae mucho alrededor de mi verga y la pelinegra cogiéndome las huevas es casi demasiado. Paro, casi no puedo mantenerlo, afortunadamente la pelinegra me suelta y cae al lado de su amiga. No creo que quieran que las toque más pero la pelinegra le da la vuelta a la amiga y pone su cabeza junto a la de ella “ya puedes venirte, encima nuestro, donde quieras… y vente mucho, queremos mucho sémen sobre nosotras.”

Una noche en Miami

November 2, 2009 by admin  
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Mi nombre es Rolando. Durante mucho tiempo he leído relatos en esta página y en realidad me gustan, aún asumiendo que se trata de fantasías de sus autores. El siguiente relato es totalmente real.

Mi amiga Zulema y yo supimos de un lugar en Miami para intercambio de parejas que se presentaba como el mejor de su tipo, y decidimos probar. Zulema es una mujer muy sexy y alegre, de cabello corto muy negro, pero blanca de piel. No es ya una jovencita, pero conserva unas piernas firmes, un lindo trasero y pechos suaves y bien formados.

Pareciera que hay pocas cosas en la vida que disfrute más que el sexo oral, y de ello ha dado amplias pruebas. Ya hemos tenido diversas experiencias de intercambio en bares swingers, y siempre me impresiona su rapidez y habilidad para meterse en la boca la verga de un hombre al que casi acabamos de conocer, mientras la pareja de éste mira extasiada.

El sitio de Miami no nos defraudó. Es un amplio local, con ambiente refinado. Cuenta con una pista de baile, pequeños cuartos donde las parejas seleccionan a sus compañeros por esa noche y una amplia habitación con el piso cubierto de almohadas y colchones, donde múltiples parejas departen sin prisa alguna.

Para llegar a las áreas “calientes” hay que pasar primero a una zona de vestidores en donde uno guarda su ropa y le entregan una toalla o una bata para cubrirse…el tiempo que sea necesario. En una de las alas de este local se halla instalado un jacuzzi de amplias dimensiones. Quizá pueden entrar ahí 10 o más personas. Nosotros nos acercamos al jacuzzi y vimos a una pareja que ya habíamos detectado antes: una mujer de rasgos orientales, delgada, morena de piel y bien formada, con un hombre más joven que ella, de tipo caribeño.

Los habíamos visto de lejos en la habitación colectiva haciendo el amor. Pude notar entonces cómo Zulema clavó su mirada en la verga del hombre mientras poseía a su pareja: se trataba de un buen instrumento, sin duda alguna. De ahí que cuando los encontramos en el jacuzzi, Zulema me sonrió pícaramente y se acercó a ambos.Hundidos hasta el cuello en el agua caliente, conversamos cada quien con la pareja contraria; Zulema con el chico moreno que después supimos se llamaba Esteban y era originario de Colombia, y yo con Alma, delgada y quizá un poco mayor de edad que la propia Zulema.Casi de inmediato Zulema y Esteban comenzaron a besarse.

Claramente distinguí la mano de mi mujer jugando en la entrepierna de su nueva conquista. Yo comencé a acariciar los pechos de Alma, cuya firmeza y suavidad me sorprendieron. La besé, y ella se mostró muy dispuesta y alegre.

En un momento dado, Esteban salió del jacuzzi y se sentó en el borde, justo a la altura de la cara de Zulema. Ya lucía la verga en plena erección, y en el rostro de Zulema adiviné su ansiedad por probar ese instrumento que se le ofrecía orgulloso y brillante por el agua que todavía le escurría.

Yo crucé una mirada con Alma, y al verla coqueta decidí hacer lo mismo que Esteban. Un instante después Zulema había introducido casi toda la verga de Esteban en su boca, mientras Alma me daba una mamada fenomenal. La humedad y la turgencia que se logra por la acción del agua caliente otorgan una sensibilidad que hace memorable una mamada de verga en esas condiciones.

La noche siguió, y no terminó nuestro encuentro con Esteban y Alma, ni nuestro recorrido por ese bar de intercambios en Miami.

Volveré sobre el tema, si ustedes lo desean.

Autor: Morboso

Trio o inicio lesbico

October 12, 2009 by admin  
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Un día mi esposo y yo fuimos de compras y frente al estacionamiento vi un cine erótico, me llamó la atención y tímidamente traté de ver que había más allá de la taquilla, se veían maniquíes con ropa sensual, fotos de escenas eróticas, como solo pude husmear mientras mi esposo recibía el boleto del estacionamiento, me quedé con la curiosidad. A partir de ese momento en mi cabeza giraban varias ideas sobre lo que pasaba más allá de donde yo pude ver, mi esposo es una persona sumamente tradicionalista y jamás aceptaría llevarme ahí, así que dominada por mi curiosidad le pedí a un amigo íntimo que me llevara. Jaime, que es el nombre de mi amigo, accedió al escuchar mi narración de cómo había yo llegado a ese lugar y la curiosidad que tenía, así que accedió a llevarme, él y yo teníamos varios años de conocernos y si bien es verdad que manteníamos relaciones sexuales ocasionales ante todo éramos buenos amigos, él sabía que la relación íntima con mi esposo era casi nula y además extremadamente aburrida así que cuando yo lo necesitaba ahí estaba no solo para el sexo, también para compartir otras cosas lo cual afianzaba más mi confianza con él.

El día que fuimos acordamos ver el ambiente y dependiendo de eso trataríamos de disfrutar la situación o solo nos quedaríamos como meros espectadores. Jaime no es el tipo de hombre por el que la mujer desfallezca, pero ya conociéndolo uno siempre quiere más, es muy buen amante además de estar muy bien dotado. Ese día a pesar de que traté de vestirme lo más discreta posible quise al menos ponerme una falda pegadita pues sabía que eso le excitaba mucho así que vestí con una falda negra arriba de la rodilla, que aunque no demasiado entallada si dibujaba bien las caderas y el contoneo de mis nalgas, una blusa negra con un buen escote al frente que dejaba ver mi gran busto, medias negras y zapatillas negras también. Jaime me pidió que entrara al baño y me quitara las medias, yo accedí y aún más decidí quitarme también la tanga.

Al entrar a la sala él dejó que yo subiera los primeros dos escalones y discretamente me tomó de la pierna y subió su mano hasta notar que mis nalgas estaban al descubierto, bajó la mano y me tomó de la cintura apretándome fuertemente hacia él, yo entre la oscuridad solo atiné a menear las nalgas un poco como tratando de acurrucar su bulto, su ya enorme bulto. Nos mantuvimos así un instante mientras tratábamos de observar donde estaba el mejor lugar. La sala era pequeña y solo las butacas más altas estaban ocupadas, decidimos sentarnos tres filas antes de la última, ya ahí miramos a nuestro alrededor, la última fila estaba llena, la mayoría de las parejas estaban besándose, abrazándose, otras más se encontraban ya casi desnudas, algunas de la chicas mamando otras galopando, un par de parejas completamente desnudos, tratando de acomodarse lo mejor posible para disfrutar el momento.

Jaime me empezó a besar, yo sin más ni más llevé mi mano hasta su entre pierna y lo comencé a acariciar con cierta presión, sin pensarlo más bajé su cierre y saqué su verga erguida aunque noté cierto pudor en él, al ver que el chico de al lado lo miraba, trató de cubrirse con la mano, sin embargo yo me agaché y ahí mismo empecé a lamer y mamar aquello que tanto me gusta, poco a poco fue olvidándose de las miradas y se dejó llevar por la sensación de mi boca caliente mamándole la verga. Por un momento mi cabello caía de forma que cubría su miembro y al darme cuenta de que el chico de la butaca de debajo de la nuestra miraba con insistencia, levanté con mi mano el cabello y traté de mamarlo más y lamer riquísimo, de forma que aquella mirada indiscreta prestara más atención a mi acción, el chico siguió mirándome como disfrutaba del miembro de mi amigo y a pesar de que su pareja le estaba haciendo lo mismo creo que se le antojó que yo se lo hiciera, eso me excitó más así que decidí recostarme boca abajo para poder mamar mejor.

En esa posición Jaime comenzó a levantar mi falda y con sus dedos inició una exploración por mi panocha, yo abrí un poco las piernas para facilitar su labor, sentía riquísimo la dedeada que me daba, sin embargo me concentré tanto en la mamada que yo le propinaba que apenas sentí cuando una mano más trataba de disfrutar mi placer, lentamente giré mi cabeza y vi como el chico de la butaca de enfrente había cambiado de lugar con su pareja y se estiró para poder acariciar mis nalgas, Jaime me hizo una seña para saber si no me molestaba, no respondí, sin embargo me excitó la idea y moví un poco las caderas como aprobando la acción.

Mi panocha escurría y la verga de Jaime estaba sumamente erguida, decidí sentarme nuevamente y después de abrazarme fuertemente Jaime me preguntó si todo estaba bien, le dije que si. Los chicos de frente a nosotros se cambiaron de butaca y se sentaron justo detrás de nosotros, en ese momento Jaime me mencionó que le había excitado mucho que el otro chico me dedeara, yo le dije pues yo lo que quiero es que me cojas, así que me paré frente a él pero de espaldas, abrí las piernas, él subió la falda, me tomó de las caderas y me dejó caer de un sentón en él, mmmmmm! de un solo golpe sentí la penetración, cabalgué así sobre él por un buen rato, hasta que me detuve y me subí sobre sus piernas de frente a él, entonces Jaime metió sus manos debajo de mi blusa y trató de desabrochar mi brasier pero le pedí que no lo hiciera así que solo lo subió del frente y sacó los pechos por el escote, comenzó a acariciarlos y mamarlos delicadamente.

Él chico de atrás tenía en la misma posición a su pareja pero al ver mis pechos grandes y mamables dejó de atenderla, yo miraba sus ojos llenos de deseo hacia mí, no pude contener las ganas y decidí tocar su rodilla con la mano, él al sentirla la llevó hasta sus bolas y me enseñó como acariciarlas, sin embargo tenía ahí ese para de nalgas blancas, suaves, así que decidí dejarlo a él y tocar a su pareja, apreté sus nalgas, ella no parecía molestarse, bajé la mano y dedeé su culito, con eso bastó para que el chico le pidiera que bajaran hasta nuestro lugar, y así lo hicieron.

Ya al lado nuestro, ambas arriba de nuestras respectivas parejas, el chico buscó mi boca y yo solo decidí dejarme llevar, nos besamos pero la chica se unió a nosotros ante la mirada observadora de Jaime quien mostraba su excitación endureciendo más su verga que mantenía dentro de mi, él no se unió al beso, solo disfrutaba de lo que veía, de pronto el chico apartó sus labios y quedamos solo ella y yo besándonos, además ella empezaba a acariciar mis senos, lo cual me dio la confianza suficiente para hacer lo mismo, y aún más, pasé mi mano derecha debajo de sus nalgas y metí mis dedos dentro de su panocha, caliente y depiladita, la chica no era precisamente el tipo de mujer que me llamaría la atención sin embargo la excelente reacción ante mis caricias me incitaba a hacerla disfrutar.

Por un momento al ver que era muy joven me frené, sin embargo ella estaba disfrutando en verdad lo que yo le hacía, tomé sus senos entre mis manos y lamí sus pezones lentamente mordisqueándolos con suavidad y delicadeza, ella estaba bastante agitada, gemía, jadeaba, por un instante miré que todos nos veían, en un instante, Jaime mamaba uno de mis senos, el otro chico mamaba el otro, la chavita y yo nos besábamos, mi vagina apretaba muy fuerte la verga a punto de reventar de Jaime quien no dejaba de complacerme también.

Mi vientre estaba a punto de estallar, tuve que morder mi mano para no gritar, traté de disfrutarlo al máximo y moví las caderas apretando tanto la verga deliciosa como tratando de ordeñarla toda y dejarlo seco.

En cuanto pude incorporarme tomé mi bolsa y le pedí a Jaime que nos fuéramos. El chico se acercó a nosotros para pedirnos el teléfono pero creo que aún no teníamos conciencia de lo que había pasado. Fue muy emocionante esa primera experiencia lésbica, además de exhibicionista, y seguramente lo que vendrá será mucho mejor.

Autora: Kiara

Primer trio con nuestra amiga

October 6, 2009 by admin  
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La vida sexual entre mi esposa ha sido siempre muy excitante. Tanto ella como yo somos muy calientes y nos gusta gozar al máximo cada vez que hacemos el amor.

Llevamos ahora 5 años de casados, pero ya cumplimos 10 años de amantes. Hemos hecho todo tipo de combinaciones y posiciones y muchas de ellas resultaron fantásticas. Dentro de esta diversidad de experiencias, una de nuestras fantasías era la de poder hacer un trío sexual con otra mujer. Mientras hacíamos el amor, frecuentemente fantaseábamos sobre ello, hasta que la oportunidad se dio hace 4 años.

Todo empezó una noche en que invitamos a cenar a una amiga mía, con la que yo ya había tenido relaciones anteriormente. Mi esposa sabía de eso y le excitaba que le contara como me la había cogido en diversas ocasiones.

La noche en cuestión, mi esposa estaba con un vestido que se desabotona por el frente. Me encantan este tipo de vestidos porque al cachondear se pueden abrir exponiendo lentamente el cuerpo de mi amante hasta tenerlo todo a mi disposición, Me encanta hacerle el amor a una mujer mientras el vestido expone su cuerpo por el frente y cuelga de sus hombros. Además, traía el pelo suelto y unos zapatos bajos; eso la hacía ver mucho más joven y más excitante. Mi amiga, vestía unos vaqueros, una playera y zapatos de piso. Cenamos y platicamos de muchas cosas y de muchos temas. Bebimos varios tragos y eso nos relajó bastante. Puse un disco de Keny G que es muy cachondo, y saqué a bailar a mi mujer, mientras mi antigua amante se sentó en un sofá y nos miraba. Mi esposa y yo nos empezamos a calentar; nos besábamos en los labios y yo le acariciaba el cuerpo, las nalgas y las piernas. Le levante el vestido y metí mi mano debajo de sus medias. No traía ropa íntima. Le palpé el coño y para mi sorpresa estaba completamente rasurado. La masturbé un momento pero ella se hizo para atrás y me dijo que bailara con mi amiga. La tomé de la mano y la acerqué a mí mientras mi esposa se sentaba a mirarnos y se acariciaba sobre el vestido. Me pegué al cuerpo de ella y empecé a acariciarle las nalgas y la besaba en la boca. Ella me acariciaba la verga sobre la ropa y eso me puso muy caliente. Volteamos a ver a mi esposa y ella nos sonrió. La llamé hacia nosotros y los tres nos abrazamos y nos movimos al ritmo de la música.

Sentía yo los cuerpos de las dos y besé a mi esposa en los labios, después besé a mi amiga y fui alternando entre una y otra lentamente, mientras les acariciaba las nalgas. Fui juntándolas poco a poco hasta que ellas estuvieron frente a frente y se fundieron en un beso apasionado. Sus manos empezaron a recorrer con avidez el cuerpo de la otra, con excitación y curiosidad. Era la primera vez de ambas con otra mujer. Me hice para atrás y vi como mi esposa le abría los pantalones a su nueva amante y le metía los dedos debajo de sus calzones. Mientras ella, sin dejar de gemir, le metió a mi esposa una mano bajo su falda y le acarició el sexo, se veían calientes y jadeantes mientras se masturbaban. Yo me acerqué a las dos y empecé a desvestirlas porque ellas no se separaban de su beso y se seguían masturbando. Al verse desnudas, se abrazaron más juntas y se acariciaron más el cuerpo y los sexos. Yo me desvestí a toda prisa y me acerque. Ellas voltearon y me acariciaron la verga dura y parada. Nos seguimos besando y acariciando y las llevé al sofá. Quería que mi esposa probara el sabor del sexo de mi amiga, por lo que le pedí que la mamara. Mi amiga se acostó y abrió las piernas mientras mi esposa se metió entre ellas y la empezó a mamar. Yo le metí la verga en la boca y ella me empezó a mamar mientras gemía por las lamidas de mi esposa. Después de un rato cambiamos y ahora ella se colocó entre las piernas de mi esposa y la empezó a mamar mientras ella me mamaba el pene desde su base hasta los huevos. Eso la puso muy caliente y creo que tuvo el primer orgasmo de la noche.

Se levantaron y se fueron de la mano al cuarto mientras yo apagaba las luces y ponía unas velas para hacer el ambiente más sensual. Al entrar al cuarto, las encontré abrazadas en un hermoso 69, gimiendo y acariciando cada una las nalgas de la otra. Yo me acerqué y me masturbé mientras las veía. Me subí a la cama y empecé a mamarlas a una y a la otra. Les frotaba mi verga en sus coños mientras seguían mamándose. Se separaron y empecé a mamar el coño de mi amiga mientras mi esposa se masturbaba. Después cambiamos y mi esposa le mamaba el coño a ella mientras yo la mamaba a ella. Hicimos una cadena en la que ella me mamaba la verga, yo me comía en coño rasurado de mi esposa y ella devoraba con ansia el coño de su nueva amante. Después cambiamos y me empecé a comer el coño de mi amiga mientras mi esposa se tragaba mi verga. Ella tenía las piernas bien abiertas y facilitaba que mi amiga le mamara su coño expuesto y caliente.

Las dos se separaron y empezaron a mamar mi verga entre ambas. Una el tallo y la cabeza y la otra los huevos. Ya que estaba a punto de venirme, mi esposa le dijo a nuestra amante que se sentara en mi verga para vernos coger. Ella se recargó en la cabecera y yo la veía masturbarse con fuerza mientras ella saltaba y se contoneaba en mi verga cada vez más dura. Yo le acariciaba las nalgas y le besaba los pechos al mismo tiempo que mi verga se perdía en el calor de su sexo. El estarme cogiendo a esa hermosa mujer frente a mi esposa, fue demasiado y me chorreé dentro de su coño, gritando de placer mientras ella se venía en un delicioso orgasmo. Cuando nos separamos, mi esposa se metió entre sus piernas y mamó mi semen fuera de ella calentándola nuevamente. Tuvo otro orgasmo delicioso mientras la mamaba y ella misma se masturbaba.

Tomé a mi esposa de los tobillos y la coloqué al filo de la cama en la esquina y la puse boca arriba. Su coño se abrió completo y la empecé a mamar y a masturbar. Mi amiga se me acercó y me ayudó a mamarle el clítoris que cada vez se ponía más duro. Mientras ella la mamaba, me jalaba la verga y esta se empezó a poner nuevamente dura. Le ensalivamos completamente el coño y el culo y le empecé a meter los dedos, de uno por uno, mientras ambos la mamábamos. Primero uno, después dos…tres…cuatro…, mi esposa gritaba de placer. Le empecé a meter al mismo tiempo dos dedos de cada mano y después, juntando las manos le metí tres dedos de cada mano en el coño… 6 dedos dentro de su sexo caliente.

Eso la puso como loca; para llevarla al límite, le metí los dos meñiques en el culo mientras tenía los otros seis dedos en el culo y los pulgares le masturbaban el clítoris y eso fue explosivo. La lengua de mi amiga y mis dedos la llevaron a una serie de orgasmos interminable que hacía que su cuerpo brincara, vibrara, sudara y pidiera más. Mi amiga tenía los ojos fijos en su coño y no dejaba de masturbarme. Le saqué los dedos y la dejamos descansar y tomar aire un momento. Ella no podía creer lo que veía y le dije que metiera un dedo en el coño de mi esposa, lo metió hasta el fondo y yo le metí el índice en el culo, y froté el dedo de mi amiga a través de los tejidos sexuales de mi esposa. Esto la excitó mucho y mi esposa tuvo otro orgasmo delicioso. Ya mi verga estaba parada nuevamente y me levante y le metí la verga hasta adentro con sus piernas en mis hombros. Le dije a mi amiga que se sentara en la cara de mi esposa para que sintiera la textura de su lengua pasando por su coño mientras yo le hacía el amor.

Ella la mamaba con delicia mientras mi verga entraba y salía fuertemente de su coño, mojado, caliente y muy dilatado. Tuvo otro orgasmo y me estrujó la verga con su vagina, exprimiendo mi semen, yo ya no podía más por lo que me chorreé ahora en el coño de mi mujer mientras mamaba el sexo de mi amiga. Ambas tuvieron otro orgasmo y nos acostamos rendidos pero aún excitados. Empezamos a platicar un rato y poco a poco nos fuimos excitando, en las ocasiones anteriores en que le hice el amor a mi amiga, supe que ella goza mucho cuando me ve masturbándome frente a ella; me pidió que lo hiciera nuevamente y yo lo hice encantado. Mi esposa también se empezó a masturbar así que los tres estábamos ahí, calientes, sudorosos y tocando y acariciando cada uno sus sexos. Mi amiga tuvo un orgasmo delicioso seguido por otro más de mi esposa. Saqué del cajón un consolador que le hice a mi esposa y se lo di. Ella se metió entre las piernas de mi amiga y la mamó y le hizo el amor con el dildo. Ya que la excitó, se separó y se colocó con las piernas abiertas empalmada con el sexo de mi amiga. Como cuando se colocan dos tijeras abiertas unidas en los vértices.

Sus coños se frotaban y se excitaban. Las separé un poco y metí el consolador entre sus coños y veía como entraba al mismo tiempo en ambas; pasaba algo gracioso, con la excitación, si una apretaba su sexo, el dildo salía disparado y se metía dentro del otro coño, por lo que hacía un vaivén delicioso. Yo mientras les mamaba y acariciaba sus clítoris y sus pechos. Al verlas se me volvió a parar por lo me metí entre las piernas de mi amiga y la mamé con gusto y deleite. La puse al borde de la cama de a perrito y la metí mi verga en su coño mojado y caliente. Mi esposa se metió debajo de ella, en 69, y empezó a mamarnos a los dos. Pocas sensaciones son tan placenteras con sentir la lengua de tu esposa mamando tus huevos y el clítoris de una chica mientras le metes el pene hasta adentro. Sentir la textura húmeda y rasposa excitando mis testículos mientras nuestra amante me estrujaba la verga con su coño, todo rodeado de sus gemidos, sudor y el olor a sexo y a semen, fue demasiado por lo que me vine nuevamente dentro del coño de mi amiga. Ella, al sentir mi semen, se vino también en un orgasmo y fue seguida de mi esposa. Me salí de su sexo para que mi semen chorreara sobre la cara de mi mujer, pero eso la excitó más y mamó nuevamente con avidez mis jugos del sexo de ella. Nos acostamos y nos quedamos dormidos. Al poco rato me despertó mi esposa, con una mamada deliciosa y mi verga se puso dura nuevamente. Mi amiga estaba cansada por lo que le hice el amor a mi esposa, colocado sobre de ella, con las piernas abiertas y el coño bien abierto y lubricado por mi semen, sus jugos y la saliva de nuestros besos, mientras ella nos observaba. Esto fue muy excitante y me pude venir por última vez en la noche, que ya era de madrugada.

Por la mañana, despertamos y nos besamos de buenos días. Todos estábamos frescos y alegres por lo que nos abrazamos. El verlas a ambas desnudas, a plena luz del día en mi cama, me excitó nuevamente (y a ellas también por lo que pasó). Me sentó contra la cabecera de la cama y les acaricié el pelo. Ellas me frotaban los muslos y poco a poco mi verga se fue poniendo dura y lista. Ellas se fueron acercando poco a poco y finalmente engulleron entre las dos mi dureza. Primero me mamaban el tallo y la cabeza y se besaban al mismo tiempo. Se excitaron y se acercaron más y empezaron a meter los dedos en el coño de la otra mientras me mamaban. Mi esposa sabe mamarme los huevos deliciosamente por lo que le pedí que lo hiciera mientras mi amiga se comía mi verga. Seguimos así un rato pero yo quería verlas acariciándose, por lo que me levanté y las dejé a solas en la cama. Ambas se veían tiernas y deliciosa, empiernadas, besándose, cada una metiendo dos dedos en el coño de la otra. Siguieron un buen rato hasta que me acerqué a ellas y las empecé a acariciar. Sus coños estaban calientes.

Primero acosté a mi esposa y le metí la verga hasta adentro mientras mi amiga se sentaba en su cara. Seguimos así hasta que mi mujer se vino en otro orgasmo más. Cambiamos y ahora mi amiga se acostó boca arriba mientras mi esposa le restregaba el sexo en su boca. Mi verga entró completa en el sexo de mi amiga y me puse sus piernas sobre los hombros. Le hice el amor con fuerza y ella gemía de placer. Mi esposa tuvo otro orgasmo más y se acariciaba los pechos. Me decía que le encantaba ver mi verga dentro de otro coño y me decía “chorréate dentro de ella… llénala… llénale de semen su coño…” yo ya no podía más por lo que una vez más le llené de semen caliente el sexo a mi amiga y le bese los labios y los pechos a mi esposa.

Nos acostamos un rato, ella se metió a bañar y la seguimos nosotros teniendo una última cogida mi esposa y yo en la regadera mientras mi amiga se vestía. Ya limpios y vestidos nos besamos y nos fuimos a desayunar para recuperar las fuerzas perdidas.

Autor: gostav

Intercambio estudiantil

September 18, 2009 by admin  
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Mi nombre es Natalia y cuando estaba en quinto año del secundario fui en un viaje de intercambio estudiantil a Francia. Soy una chica común. Linda, es verdad, pero común. Mi familia no tenía el dinero para pagarme un viaje a Europa. Y yo desde siempre quise viajar y conocer el mundo. Con lo cual, cuando me enteré la oportunidad que ofrecía la escuela, me anoté de inmediato.

El mecanismo era el siguiente: una chica de Francia, en este caso particular de nombre Melanie, vendría a vivir a mi casa por un mes y yo iría a Francia a vivir en la casa de ella por un mes. Yo había salido sorteada para el viaje dentro de los que se anotaron y autorizada por los profesores debido a mis buenas calificaciones. Ya que un alumno/a por más que saliera sorteado/a con malas calificaciones no sería autorizado por el Colegio a viajar.

Me describo, para que puedan imaginarme mejor, les cuento que soy rubia, soy tirando a alta. Soy flaca, tengo buen cuerpo, mis amigas me dicen que tengo un aire a Ingrid Grudke (yo no les creo, me parece demasiado, ella es una supermodelo, pero es lo que mis amigas dicen). Tengo buena cola y lindos pechos. Y los chicos del curso cuando pueden me elogian ambos.

Todo ese último año de secundaria estuve muy emocionada con la idea de poder viajar a un país extranjero. Nunca lo había hecho y que más lindo que Francia. Un hermoso país para conocer y disfrutar. La ciudad del amor. Del romanticismo. La ansiedad hizo que el año se me pasara volando, pero finalmente todo en la vida llega.

Junto a mi familia hicimos todos los preparativos del viaje y cuando tenemos todo listo, nos dirigimos al aeropuerto, me subo al avión y me voy rumbo hacia Francia. El viaje se hace largo, pero como iba muy contenta, se hizo largo para los demás pasajeros no para mí. Tuve algún percance con un gordo baboso que me tocó al lado y que me miraba todo el tiempo las piernas pero nada más. La comida excelente, el servicio del avión excelente también y por suerte dieron excelentes películas para ver. Todo iba de maravilla. De diez.

El avión llega al aeropuerto y aterriza. Cuando salgo del avión enseguida me doy cuenta que no estaba en París sino en otro lado. Una ciudad o pueblo mucho más chico, en las afueras, pero cerca de París, la ciudad del mundo que tanto yo quería conocer. Aunque no era París a donde estaba, el optimismo y las ganas por el viaje no me dejaban ver la realidad por completo. Seguía muy emocionada y contenta.

Por suerte, me estaban esperando. En el aeropuerto un empleado de la familia que me iba a alojar, tenía un cartel que decía Natalia y mi apellido. Era muy grandote, parecía un hombre de seguridad de una discoteca. Me saludó muy cordial y educadamente, me dio la bienvenida en ambos idiomas (español y francés) y me comentó brevemente, algo acerca de la ciudad y de la casa a dónde iba. Hablamos de trivialidades e hizo algún que otro chiste, pero se notaba que no era un tipo muy conversador sino que estaba haciendo un esfuerzo grande para ser cordial y amable conmigo. Yo le agradecía el gesto y trataba de facilitarle las cosas. Me miraba un poco el escote, pero yo estaba tan contenta que no me molestaba.

Al llegar, saludo a la familia. Los dos dueños de casa se llamaban Rikjard y Rachel. Aunque a la Sra. Dueña de Casa le decían Madam. Todos la llamaban así. Nos presentamos mutuamente, hacemos las introducciones de cortesía correspondientes y también charlamos acerca de trivialidades para romper el hielo.

La primera semana transcurrió con absoluta normalidad. Me llevaron a conocer toda la casa que era enorme; no era un castillo, pero le faltaba poco. Era una casa hermosa, de una arquitectura antigua de tiempos napoleónicos. En realidad me llevaron a conocer toda la casa, excepto una puerta que no me quisieron decir hacia dónde conducía, ni tampoco me dejaron atravesar. Me llevaron también a recorrer ese pueblo y algo de París.

La familia que me recibió se dedicaba a la industria vitivinícola, me contaron la historia de la familia y de la empresa. Como el tatarabuelo había empezado la industria, como creció y llegó hasta nuestros días. El patriarca de la familia, ahora ya difunto, había sido todo un pionero, un tipo muy importante en la industria del vino, reconocido mundialmente. Pero los nietos del fundador, actuales dueños y directivos, no tenían tan buen instinto empresario como aquel. Y los negocios vitivinícolas no le marchaban a la familia tan bien como para poder sostener el alto nivel de vida que llevaban.

Todo transcurría con absoluta normalidad pero luego de una semana hubo un par de cosas, un par de diálogos que escuché al pasar y que seguramente no debía de haber escuchado que me hicieron sospechar de que el negocio de la familia no era en realidad tan próspero y que debían de tener otra distinta fuente de ingresos para subsistir. No pasaría mucho tiempo hasta que descubriera cuál. Concretamente esa misma noche, en la cena me enteré de cuál era ese “segundo negocio”.

Ese día, que sería un miércoles, sinceramente ya no lo recuerdo, bajé a cenar a las 20 hs. como era costumbre en esa casa. Nos sentamos a la mesa y empezamos a comer. Charlamos un poco de los lugares de París que había recorrido y si me habían gustado o no. Ellos también conocían Argentina así que también charlamos acerca de mi país.

Comimos una ligera entrada. Tomamos un poco de vino. Me sorprendió que el plato principal tardara en venir. En un momento La Dueña de Casa tomó la palabra, su verdadero nombre era Rachel, pero todos le decían “Madam”. Hizo una nueva introducción sobre el negocio y los orígenes de la familia bastante largo que yo no entendía muy bien a que venía. En las partes finales de este “speech” fue al grano y dijo algo así como:

-“Acá la comida y el alojamiento hay que ganárselo”.

Me explicó también que el negocio de los vinos estaba pasando por un muy mal momento y que la fuente real de ingresos de la familia era una Casa de Burlesque (un Cabaret o Nighclub) que funcionaba de manera aledaña a la casa, que era uno de los de más prestigio y más reconocidos en toda Francia, y cuya puerta de acceso desde la casa era justamente esa que no me habían invitado a trasponer. Luego de todo ese speech todo fue muy rápido y entre el Dueño de Casa y el Guardia de Seguridad me desvistieron, en cuanto me quise acordar estaba en mi bombachita celeste y mi corpiño del mismo color. Tenía los pechos bien apretaditos, juntitos y turgentes por el corpiño chico que tenía puesto. En uno de los rincones del comedor había un espejo de auténtico cristal y me vi ahí reflejada, la verdad que estaba muy linda, en mi conjuntito de ropa interior celeste.

“Como te dije, aquí la comida y el alojamiento hay que ganárselo” me volvió a decir la Sra. Dueña de Casa, que era la madre de la chica que se estaba alojando en mi casa y de seguro, que dado lo hospitalarios y buenos anfitriones que son mis padres, estaría recibiendo todas y las mejores atenciones por parte de ellos. Seguro que no estaría desnuda, sino disfrutando de una ciudad hermosa como es Buenos Aires y disfrutando de todos los paseos y a todos los lugares que mis padres la llevarían a conocer. Yo en cambio estaba en bombacha y corpiño en una casa desconocida y el Sr. Dueño de Casa me estaba “examinando”. Me estrujaba un poco las tetas, me miraba de arriba abajo, el culo, la cara, las tetas, la vagina, me miraba íntegra y también me tocaba. Y con una expresión de lujuria muy fuerte en sus ojos por cierto. Una lujuria salvaje.

“Necesito verte las tetas” me dijo. Yo no me saqué el sostén de inmediato. Entonces de atrás se aproximó un gorila de dos metros y me lo desabrochó sin que me diera cuenta. Si bien tenía un aspecto de gorila, me desabrochó el corpiño sin que me diera cuenta, como un verdadero experto en el amor. Quedé en tetas. Delante de todos, los dos Dueños de Casa y este enorme Guardia de Seguridad. Los tres me miraban. Yo sólo estaba vestida con mi tanga, si se puede llamar a eso estar vestida. Me miraban de arriba abajo, me observaban detenidamente, todo mi cuerpo, mi figura, me recorrían de arriba abajo. La Sra. Madam, se puede decir con una mirada de negocios, como si yo fuera una mercancía, un bien de uso, los otros dos, me miraban como mujer, miraban mis tetas, mi culo y mi vagina. Y creo que se deleitaban y les gustaba lo que veían, porque no podían parar de mirar.

Por suerte no me sacaron la bombacha. Cuando terminaron de mirarme y revisarme les pregunté:

-“¿Ya me puedo vestir?”

Los Dueños de Casa dijeron casi al unísono en un tono muy normal y cordial, completamente ajeno y fuera de lugar con la situación que estábamos pasando:

-“Preferiríamos que termines la cena así como estás y luego puedes ir a tu habitación”.

Yo me senté en la mesa así como estaba y terminamos de cenar. Era raro estar desnuda ante desconocidos, pero si no tomé mi ropa y me vestí fue porque en parte esta rara situación me excitaba. Algo me gustaba el exhibicionismo y era mi oportunidad de satisfacer esas ganas o fantasía que nunca había podido cumplir. Nunca había ido a una playa nudista, siempre tuve ganas, pero nunca me animé a estar desnuda enfrente de tanta gente. Esta vez, era algo más íntimo, eran tres personas y una era una mujer, así que es como si fueran dos personas. Era preferible eso, a los cientos de personas que puede haber en una playa.

Cuando terminamos de cenar nos saludamos y nos fuimos todos a dormir. Noté como me miraban de atrás (el culo) mientras me retiraba del salón y luego cuando subía la escalera. Instante que se me hizo larguísimo.

Cuando llego a mi habitación, entro y voy al placard para ponerme algo de ropa. La desnudez, ya me estaba incomodando. Grande fue mi sorpresa cuando vi que mi ropa ya no estaba. En su lugar había tangas y sostenes de todos los colores, formas y tamaños. Algunas medias y algunos zapatos de taco alto, y un cartel que decía: “Tu ropa está muy bien guardada en nuestra habitación. Te será devuelta completa cuando vuelvas a Buenos Aires y te daremos lo que necesites para cuando salgas de la casa a pasear por París. Pero cuando andes por la casa deberás andar en tanga y corpiño y se te prohíbe usar más ropa que esa sin autorización”. Me quedé helada. No tuve mucho tiempo de pensar, cuando sentí un Toc, Toc en la puerta. Era el Dueño de Casa para explicarme que esto que decía el cartel era durante el día, y que para dormir debía hacerlo completamente desnuda, y que tipo 3 de la madrugada él pasaría a controlar que así lo hiciera. Esperó a que me sacara la ropa me miró de arriba abajo con mucha lujuria una vez más y luego se fue.

Me acosté a dormir, en una casa desconocida, con gente desconocida, sin mi ropa y completamente desnuda. Pensaba que en realidad no iba a venir, pero tipo 3, mientras yo dormía entró a mi habitación directamente. Yo no lo sentí entrar, pero me di cuenta que vino cuando me acarició mi culo, desnudito y al aire. No me hizo más que eso. Y luego dormí desnuda toda la noche y todas las noches que le seguirían a esa. Por lo general yo era de dormir boca abajo, y cuando entraba él, mi culo quedaba bien expuesto para él.

Cuando se hizo de día, bajé a desayunar con una tanga y un corpiño blanco que elegí entre los muchos que había ahí. Era un conjuntito de lencería hermoso, muy sexy y delicado y de diseñador. Debía ser realmente muy caro. La bombacha era bien cola-less, como casi todas las que había en el placard.

Luego del desayuno, anduve todo el día de esta forma por la casa. Lo peor es que como eran gente de dinero, por esa casa circulaba mucha gente, jardineros, sirvientas, mayordomos, incluso invitados que venían a ver a la familia y todos me veían así, casi desnuda. Algo me reconfortaba, saber que era gente que en un mes no vería nunca más, pero igualmente el pudor se siente. Sin embargo, no mucho podía hacer, no tenía ropa que ponerme. Solo tangas y corpiños.

Ya era verano, así que ese día la pasamos una buena parte en la pileta. Yo no usé una bikini, sino que me metí al agua así como estaba, total cuál era la diferencia, y además había tantas tangas y corpiños en mi habitación que al subir podía cambiarme esta ropa mojada y ponerme otra. Los que estuvieron en la pileta, ya sea los dueños de casa, algunos invitados que cayeron a la casa, y/o empleados de los primeros, me miraron toda. Y mucho. Creo que hay muchas, muchas personas, en Francia, que me han visto por lo menos en ropa interior.

La verdad que ese día estuvo muy bueno y lo disfruté bastante.

A eso de las 15 hs., me llama Rikjard y me dice: “Mirá, los hombres prefieren los bronceados parejos, así que porque no te sacás la bombachita y el corpiño así te quemás mejor”. Yo bien obediente, hice lo que me pidió y le entregué en la mano tanto la tanga como el corpiño. Quedé como Dios me trajo al mundo.

Rikjard también me dijo: -“Acostáte acá que te voy a pasar el bronceador” y se dedicó unos quince minutos a pasarme el bronceador por todo mi cuerpo. Empezó por la espalda, la recorrió toda, muy suavemente y muy despacio también; se fue a las piernas, en dónde hizo lo mismo y luego llegó al culo, me lo toqueteó todo un rato largo, largo, largo.

Luego me dijo. –“Ahora date vuelta que te voy a poner de adelante”.

Repitió un procedimiento similar, primero me pasó por los hombros, luego por la panza, el ombligo, las piernas y todo para llegar a las tetas, las que me manoseó y magreo por un rato largo, largo. También me metió mano en la vagina. Vio que tenía algunos vellos púbicos y me dijo: -“Espera que de pasó vamos a aprovecha parar rasurarte” e hizo llamar a una sirvienta y le pidió que traiga las cosas. La sirvienta trajo una palangana con agua, una crema especial y una hojita de afeitar. Rikjard me colocó la crema por la vagina, y luego con mucha paciencia me la depiló a cero. Al terminar me enjuago muy prolijamente, se ve que había hecho esto muchas veces.

A los 3 o 4 días, me acostumbré a andar en ropa interior por la casa. Dejó de darme vergüenza y se tornó algo “natural” el hecho de que los sirvientes, mayordomos, dueños e invitados me miraran. Y si bien me sentía un poco puta, trola, algo en mi interior se encendía con esta situación. Consiente o inconscientemente cada día buscaba las tangas más chiquitas y sexys, las más provocativas. Incluso al vestirme me fijaba, que la tanga que me ponía se me metiera bien dentro del culo. Y también elegía cuidadosamente los corpiños, si bien tengo naturalmente hermosos senos, elegía aquellos que me los realzaran más, que los hicieran más turgentes, aquellos en los que parecieran más grandes. Seguramente esto era ni más ni menos que mi instinto natural de mujer.

El Burlesque estaba separado de la casa solo por una puerta. Yo todavía nunca había entrado. A la semana más o menos de aquella cena en la que empecé a andar semi-desnuda por la casa la Sra. me invitó a pasar con la frase: -“Conoce el lugar, ambiéntate. Mira el lugar, fíjate bien como es todo. Que mañana vas a empezar a trabajar”. Pasé así como estaba en ropa interior. Recuerdo que ese día tenía puesto un conjuntito rojo muy sexy. El lugar estaba lleno de hombres, y de mujeres también, vestidas más o menos con la misma cantidad de ropa que yo. Yo me quedé a un costado solo observando. Aunque era más observada de lo que yo observaba. La ropa interior roja hacía que me miraran bastante. Tomé una o dos cervezas que me invitaron desde la barra. Y traté de entender y descifrar “los códigos” del lugar.

Al otro día recién empecé como camarera. En bombacha y corpiño por supuesto. Ese era mi uniforme de trabajo y de estar. La Sra. me había dicho que tal vez tuviera que hacer un strip-tease, pero que la idea no era que hiciera “pases” con los clientes. También me dijo que iba a ser como un juego, que me iba a divertir y a vivir una experiencia nueva. No estaba segura hasta ese momento si me iba a resultar divertido o no, pero estaba segura de que era un experiencia completamente nueva.

No estaba en los planes, y yo solo era una camarera más, hasta que un cliente me vio, se ve que le gusté y me solicitó especialmente. Yo no quería hacerlo. Cuando lo vi, no era un tipo tan feo, de hecho era algo atractivo. Era alto, era rubio, realmente no me explicaba que hacía un hombre así en un lugar como este. La Dueña de Casa se acercó a mí, me lo señaló con un ademán de cabeza, me dio una palmadita en el culo y me dijo: -“Dale es él, pasa con él”. Y luego nos presentó: -“Hola ella es Natalia, él es Kevin, es irlandés, y ella, el caramelito que te vas a comer, es de Argentina”. “Hola, ¿Que tal?” lo saludé yo y el me contestó algo similar. Hablaba muy poco en español, yo hablo en inglés, pero él hablaba cero español.

Madam continuó la presentación, sólo que la hizo un poco más física: -“¿Estás seguro Kevin o querés ver alguna otra chica?” Le preguntó. Luego tomó la mano de él, la derecha y la llevó hasta uno de mis senos, y le dijo: -“Tocá, mirá lo que es esto, carne de primera”. Ni Madam ni yo estábamos seguros acerca de si Kevin estaba convencido o no, entonces Madam que era una excelente vendedora y mujer de negocios (más adelante me enteraría que fuera de este ámbito era una reconocida empresaria, incluso hacía consultoría en empresas y había escrito dos libros, pero le encantaba la noche más que la vida misma) prosiguió: -“Nati date vuelta”. Yo me di vuelta y quedé de espaldas a Kevin. Madam tomó mi bombachita y me la bajó un poco. Me quedó donde empieza el culo, y luego me dio una nalgadita. “Mirá lo que es esto Kevin” le dijo, “¿Estás seguro de que no estás convencido?”. Y Kevin se convenció. El mismo me subió la tanga y dijo: “Ok. Acepto. En la habitación de siempre”.

Madam me condujo hacia una sala privada en donde una de sus asistentes, Roxana me arregló un poco el pelo y me dio algunas indicaciones y consejos. Roxana no era ni más ni menos que una ex puta que había decidido por un tiempo alejarse de la actividad. Lo que me dijo fue: -“Hacé todo lo que te pida. No te niegues a nada. Igual no te asustes este tipo es buenísimo. Si el te pide que te desvistas o bailes, hacélo. Si el te quiere desvestir, dejáte. Dale una buena chupada, eso siempre les gusta y hacéles creer que te están matando con el sexo que están dando. Hacéles creer que estás recibiendo los mejores pijazos de tu vida. Pero siempre tranquila, vos manejá la situación que actitud y condiciones para puta no te faltan”.

Una vez lista, me indicaron el camino hacia los cuartos privados, al 314, una habitación que él conocía perfectamente ya que era habitué del lugar. Entré a la pieza y él me estaba esperando, ya estaba desnudo por completo, con la verga bien erecta. Yo pensé: “Oh esto va demasiado rápido”. Estaba en mis planes conocer algún chico lindo en mi viaje por Francia, pero no de esta forma. Volviendo a la realidad y saliendo de mis pensamientos, era una pieza de tamaño medio, con no mucho más espacio que para una cama, aunque tenía su bañito privado.

Se paró y se acercó. Y me pegó una cachetada fuertísima en la nalga. Lo miré y sin decir nada, puso su mano en mi corpiño para desabrocharlo. Lo hizo, me lo sacó y enseguida y quedé en tetas. Solo protegida por mi bombachita, que tampoco demoraría mucho tiempo en volar. Y efectivamente me la sacó en un segundo, se ve que la lencería no lo apasionaba demasiado. Me toqueteó toda, como hacia rato no me manoseaban, ni mi novio, ni algún chico que me gustara. Me estrujó el culo y las tetas una y otra vez, mientras me besaba en el cuello, en la boca, o alternaba con chuparme los pezones también. Me apoyaba su miembro en la conchita, me lo hacía sentir, me hacía sentir quién mandaba, que él era el cliente y yo bueno… la flamante puta. Me puso de espaldas a él también y me apoyaba la verga en el culo, aunque sin penetración todavía, esto me calentó muchísimo, me puso a mil. Y mientras tanto me tocaba las tetas y me seguía besando el cuello. Yo no se crean que me quedaba atrás, con mis manos me deleitaba tocando su importante miembro y acariciando sus huevitos. Que luego debería seguramente de probar con la boca. Ya me lo veía venir.

Cuando se aburrió de tocarme y ya estaba listo para más acción, me hizo arrodillar en la cama y que le pusiera el condón con la boca y se me dificultó bastante ya que nunca lo había hecho. No tenía experiencia en hacer eso, tan propio de las prostitutas. Le di una buena follada, o por lo menos hice lo mejor que pude, estuve un rato bien largo con su larga verga en la boca.

Se la chupé por un larguísimo tiempo. Él se calentaba. Yo metía su miembro hasta el fondo de mi garganta. Y usaba solo mi boca, no las manos. Cada tanto lo sacaba de adentro mío y le lamía los testículos. Ahí sí, mientras le lamía los testículos usaba mis manos para acariciarlo y masturbarlo. Él estaba realmente muy caliente. Tanto que se sacó el forro y me hizo que se la siguiera chupando. Cada tanto me tomaba fuerte del pelo, me sacaba su verga de la boca y me hacía lamerle los huevos nuevamente. Y finalmente pasó lo que están pensando, no me avisó y descargó como les gusta hacer a los hombres casi toda su leche en mi boca. Pero lo último que escupió su pene, me lo tiró en las tetas. Yo con el dedo índice de mi mano derecha, me lo pasé por el semen que tenía en las tetas y me lo introduje en la boca al tiempo que se le sonreía pícaramente. Eso lo calentó mucho.

El descansó un poco. Se pidió un whisky a la habitación y se lo trajeron. Se lo tomó y luego la cosa siguió. Que rara me sentía. Una experiencia nueva, que pasaba por mi vida como un torbellino. Parecía que fue ayer que estaba subiendo al avión y ahora… Tantas cosas nuevas vividas.

Mientras yo pensaba y me pasaban miles de cosas por la cabeza a Kevin sólo le pasaba una: el sexo. Entonces me hizo que volviera hacia él y me empezó a besar en la boca. Esta vez estábamos los dos acostados en la cama. En cierta forma esta vez fue distinta, me trató de manera mucho más dulce. Casi como si fuera su novia. Me dio muchos besos, me chupó un poco los senos y me estimuló el clítoris con sus manos. Lo cuál me encendió realmente. Me calentó mucho y casi me provoca un orgasmo antes de que me penetrara. Kevin sabía donde tocar. Pero también sabía cuando parar y antes de que yo estallara de placer, él hizo una pausa y comenzó con la penetración vaginal. Esta vez fue algo muy lindo, muy suave. Una penetración rítmica y cadenciosa la que me dio. Fue por un intervalo de 45 minutos más o menos que estuvimos de esta forma. Fui muy lindo como me trató, me sentí protegida por él, realmente como si algo nos uniera, aunque en el tercer coito volvería a la realidad de que no. Cuando acabó, descargó su leche dentro mío, con profiláctico obviamente. Y yo acabé con él casi al mismo tiempo. Fui un momento muy lindo. Mi primer orgasmo francés y vaya que había sido de los buenos.

Se tomó otro descanso y otro whisky. Al volver a la acción me puso en cuatro esta vez en la cama y me hizo el sexo anal. Todo lo que había pasado antes desapareció. No le importó nada mío. No me lubricó bien y al principio me dolieron mucho sus penetraciones. Si bien no era virgen del culo, no lo había hecho demasiadas veces. No estaba tan dilatado mi anito. A él poco le importó, me puso en cuatro y me empezó a dar bomba. Encima como ya era el tercer polvo, le costó muchísimo acabar y me dio bombazos muy fuertes por el culo por largo tiempo. Tanto que al otro día, me dolía un poquito. Cuando estaba por acabar, hizo lo mismo que hizo cuando me puso su pene en la boca, se sacó el forro, volvió a penetrarme, bombeó un par de veces más y luego descargó toda su leche dentro de mi ano. Que sensación deliciosa debo confesar. Pero no me gustó que no me preguntara o pidiera permiso. Sin embargo yo seguía los consejos de Roxana, que algo sabía del tema: “Hacé todo lo que te pidan”.

Luego se tomó algunos descansos más, algunos whiskys y me echó algunos polvos más, pero no les voy a contar todos para no aburrirlos, pero puedo decirles que era bien potente, me cogió y re cogió. Tal vez fuera así naturalmente o tal vez habría tomado algo que lo ayudase a tener tanta duración y potencia.

Esto fue el primer día. Y cómo ese cliente era un cliente importante, habitué y pagó una importante suma de dinero, estuvo casi toda la noche conmigo. Cuando volví al bar, luego de ser recontra recogida, eran algo de las 5 de la mañana. Ya estaban casi por cerrar y no quedaban muchos clientes. Ahí me tomé otra cerveza, un poco para sacarme tanto gusto a leche y a condón de la boca. Un cliente más quería pasar conmigo, pero Madam decidió que por esa noche era suficiente, por ser la primera y además el cliente no tenía el dinero suficiente para pagar la elevada suma de dinero que Madam había fijado como tarifa para estar conmigo. Madam le hizo entonces un precio más bajo, pero sólo para que bailara un poco frente a él, me desnudara frente a él de manera sexy, y luego tomara un trago sentada en su falda. Hice todo lo que me pidió e indicó Madam. Cuando ya estaban cerrando y los clientes se debían ir, este cliente me dijo:

-“Bueno, ahora quiero vestirte”. “Ningún problema” dije yo.

Entonces él, tomó de arriba de la mesa mi tanguita y me la puso, de paso obviamente que aprovechó para toquetearme la cola y la vagina e hizo lo mismo con el corpiño y mis senos. Y me gané una buena propina que me puso en la bombacha. Bien adentro de la tanga, no en las tiras de los elásticos como es la costumbre. El bar cerró y yo me fui a descansar.

Llegué a mi habitación y como era costumbre, me desnudé. Me miré frente al espejo y me vi muy linda. Intenté hacer un balance de todo lo que había pasado en el día, y tenía un torbellino de ideas, así que no pude hacer ninguno, ni sacar nada en claro, lo único que recuerdo, es que cuando me miré frente al espejo, así toda desnuda, sonreí.

Al siguiente día, tuve que ir a trabajar al NighClub. En este día, no hice ningún pase pero bailé con varios clientes. En el lugar cada tanto ponían música para bailar y a algunos clientes les gustaba bailar. Bailábamos ritmos como salsa, merengue, y similares y me hacían girar y cuando me daba vueltas me tocaban o pellizcaban el culo. Yo, y otras chicas, bailábamos así en bombacha y corpiño y eso calentaba a los hombres y los llevaba a beber más o bien a “pasar” a los privados a tener sexo. A mí me encantaba bailar, así que este segundo día de burlesque fue muy lindo y divertido. Sin sexo explícito y con mucho baile, muy sensual y erótico, ya que lo hacía casi desnuda para hombres que no conocía, pero nada pasó de algunas tocadas lógicas de mis nalgas y de fuertes apoyadas de penes en mi culito. Lo cuál esto último no me molestaba, ya que en el colectivo o en el tren siempre me apoyan, especialmente los hombres mayores.

Al tercer día de burlesque ni pasé con algún cliente, ni bailé con ningún cliente. No sé si esto fue casualidad o parte de un muy planeado y proyectado entrenamiento que Madam tenía en su perversa cabeza. En este tercer día trabajé de otra modalidad. Creó que era la peor de todas.

En esta los clientes pagaban, íbamos a un privado y se masturbaban solo con mirar. Esto era claro mucho más barato y accesible que “pasar”. Esto lo tuve que hacer un par de veces, y no sé si no era peor que ser garchada (follada). Era por lo menos más desagradable. Muchos viejos pagaban por verme desnuda y masturbarse ahí delante de mío. Creo que sin duda eso era peor. Algunos me decían “Juntate un poco las tetas” o “A ver date vuelta y mostrame el culito”. Yo obedecía y hacía lo que me pedían, pero me daba bastante repulsión esta gente, no así los otros.

La mayoría de los que se acogían a esta modalidad gustaban de “hablar sucio” y me decían las peores barbaridades que hube de escuchar en mi vida. Alguna irreproducibles, pero todo el tiempo me decían cosas como “Putita”, “Que trolita que sos”, “Cómo te gusta la verga”, etc. y muchas frases de este estilo.

Sólo una vez tuve que hacer un domicilio y Ohh casualidad, fue el cuarto día. No se porque pero me acuerdo el nombre y nro. de la calle, la calle Rhing 383, era cerca de la Torre Eiffel. Un médico prestigiosísimo. Quiso jugar a la nena y el doctor. Y pidió a Madam una linda puta, pero que no tuviera tanta cara de puta, que no estuviera consumida por la noche, entonces Madam pensó inmediatamente en mí. La única que tenía en su harén de bellezas que no estaba consumida por la noche. En mi rostro todavía se veía inocencia. Que iba perdiendo de a poco.

Me arreglaron como una reina, como una diosa. Estaba vestida muy hermosa muy linda, muy distinguida. Me llevaron en limusina hasta la puerta del lugar y me indicaron que timbre debía tocar. Me prepararon una cartera con todos los elementos necesarios para la tarea, condones, lubricantes, algunos juguetitos, etc.Toqué el timbre: “Ring” sonó el timbre de la calle Rhing 383. Me atendió el médico y me hizo pasar a su residencia. Como ya les mencioné su fetiche era jugar a “la nena y el doctor”. Y jugamos todo un día. Él me revisaba, me hacía desnudar, me pasaba sus “instrumentos” médicos por todo mi cuerpo una y otra vez. Y finalmente me cogía también una y otra vez. Pero esto es un episodio que tal vez les cuente más en detalle en otro relato.

A partir del quinto día, los días se fueron repitiendo. Pero en general se parecían al primero y al segundo: hacía “pases” con los clientes, y bailaba un poco con ellos. También alguna que otra vez hice algún que otro strip-tease a pedido de algún cliente. Pero no hice más domicilios ni por suerte Madam me expuso a que se masturbaran conmigo (yo le había comentado que no me gustaba y ella me dijo que no me preocupara que no iba a ocurrir más).

A los 10 días más o menos, llego a mi pieza. Me quiero cambiar y veo que esta vez había solo tangas y había un nuevo cartel relativo a la ropa: “Esta semana hemos cambiado las reglas, ahora solo podrás usar una prenda para cubrir tu cuerpo y será una tanga. No puedes usar nada más a no ser que nosotros te autoricemos. Si te vemos aunque sea una vez con un corpiño puesto, tomaremos severas medidas. Rikjard y Madam”. Nuevas reglas, parecía casi lo mismo, pero de hecho no lo era. A lo otro ya me había acostumbrado, a esto tendría que acostumbrarme. Y no sería fácil. Así como uno se siente seguro con ropa, yo me sentía “vestida” (por efecto del acostumbramiento) en tanga y corpiño. Pero ahora, debería sentirme nuevamente desnuda por un tiempo hasta que me acostumbrara.

Y estas reglas regían para todo. O sea que cuando iba al Cabaret, ya entraba de movida en tetas. Los hombres no paraban de mirarme, de “violarme” con la mirada. La nueva perversión que conocí de Rikjard fue que cuando a la mañana venía algún cartero o alguien a entregar algo me hacía ir a mí a recibirlo. Y no me daba ropa adicional. Tenía que salir así en tetas. Los empleados postales y/o similares no entendían absolutamente nada, pero se deleitaban con la visión que Rikjard les ofrecía.

Los días en tanga directa en el Cabaret, tuvieron mucha más acción que antes, los hombres se calentaban con más facilidad conmigo y me elegían mucho más que antes, con lo cuál tuve que hacer muchos más “pases” con clientes que antes. Para si, entre Rikjard y Madam, comentaban y pensaban: “Va muy bien, aprende muy rápido esta chica. Tiene un futuro, si le interesa, extraordinario”. “Hay que ver, hay que esperar, darle su tiempo de maduración, pero condiciones y actitud no le faltan”.

A los 8 días de haber andado en tanga todo el tiempo por la casa, llegó a mi habitación y para mi sorpresa, un nuevo cartel: “Nuevamente hemos cambiado las reglas. Esta semana, solo podrás usar sostén para cubrir tu cuerpo. Te vas a sentir bien putita con tu conchita al aire, seguramente más que antes y tal vez como lo que eres, una putita. Al estar tu culo descubierto por completo, cualquiera lo puede tocar o nalguear en cualquier momento y no te puedes resistir, pues esas son las reglas de la casa. Gracias. Rikjard y Madam”.

Pensé en ir a protestar pero luego me di cuenta que sería inútil. Quería aunque sea usar tangas. Además, los corpiños me incomodaban y me parecía sin sentido usar corpiño y no tanga. Cuando le comenté esto a Rikjard y Madam que prefería usar ropa interior completa, o solo tanga si tenía que elegir o completamente desnuda si no había chance de que me autorizaran a usar tangas. Ellos muy estrictos me dijeron: -“Las reglas son las reglas y debes aceptarlas”. Y no me quedó otra que aceptarlas. Así transcurrieron varios días, casi 11 en los que mi vagina anduvo bien ventilada.

Mientras tanto de noche seguía trabajando en el NightClub de la familia. Ahora entraba directamente en sostén y nada más. Algunas veces me permitían ponerme alguna falda transparente, pero no tangas. Y eso hizo que los clientes me eligieran mucho más que antes e hice muchísimos pases. Había tenido más sexo en par de semanas que en toda mi vida anterior. Incluso muchos clientes, como ya estaba en conchita, me hacían que les suba arriba, me hacían desabrocharles sus braguetas, sacar sus vergas y me cogían ahí en el salón. A la vista de todos. Me hacían quedar como la más puta entre las putas, ya que alguna que otra vez no pude aguantar y me corrí con todo. Y me fui transformando en la más puta entre las putas.

A los 11 días de haberme casi acostumbrado a andar mostrando mi concha y mi culo por todos lados, llego a mi habitación y ahora el placard estaba lleno de ropa, pero era ropa algo anticuada, bastante conservadora, no había una sola minifalda, o una musculosa escotada. El cartel del día decía: “Toma esto como un entrenamiento. Ya puedes vestirte, con lo que quieras que haya aquí. Esta ropa es tuya, te la regalamos toda, incluso cuando vuelvas a tu casa puedes llevarte lo que quieras. No puedes andar más desnuda por la casa, ni siquiera puedes usar biquini y no puedes ingresar más a la Casa de Burlesque. No debes, ni puedes trabajar más allí. Ya te has ganado el alojamiento y comida del que te hemos hablado. Rikjard y Madam”.

Ya no entendía nada. Había pasado el último mes casi desnuda todo el tiempo y ahora no podía. Estuve 5 días usando esta ropa, vestida como Laura Ingalls prácticamente y al 6to. día no aguante más. Estaba desesperada. Necesitaba desnudarme. Necesitaba que alguien viera mi vagina, mi culo, mis tetas. Que alguien me rozara incidentalmente o intencionalmente, necesitaba exhibirme en ropa interior en el Cabaret y que los hombres se babearan conmigo, necesitaba bailar strip tease para los clientes, ponerles un condón con la boca y que luego me cogieron y re-cogieran. Necesitaba todo eso y más. Pero no. No me permitían más trasponer la puerta negra que daba al Cabaret. Estaba vestida casi como una monja, y ya la ropa me molestaba. Y por lo que me había comentado Rikjard esto iba a ser así hasta mi vuelta a Buenos Aires. Es decir que ya no iba a entrar nunca más al NightClub. Ni siquiera para tomar una cerveza o despedirme de las chicas. Con algunas de ellas, había entablado una buena relación y me habían enseñado unas cuantas cosas.

En otro momento, en otro rincón de la casa, Rikjard le comentaba a su mujer: -“Esta funcionando a la perfección el entrenamiento. Está sacando la putita que tiene en su interior. En unos días más te va a suplicar que la dejes volver a desnudarse y al Cabaret”. Y no se equivocaban para nada…

Un día no aguante más y si bien no lo tenía permitido me agarró como un ataque de locura, de pánico y me desnudé en el medio de la casa. Quedé desnuda completamente y comencé a andar así por la misma. A nadie le molestaba realmente, los mayordomos y sirvientes contentos, pero las reglas eran las reglas y yo las había quebrantado flagrantemente. Rikjard me hizo llamar a su despacho. Me saludó muy cordialmente. Me preguntó que había pasado y yo le conté. Al final de la charla, en la que yo le expliqué y conté todo, él me puso un collar negro en el cuello, para marcar que estaba en penitencia. Aunque no me hizo nada. Me explicó que ese collar lo llevaría todo el tiempo mientras durara mi período de castigo. Ese día a la noche pude volver al cabaret, pero sería de una manera especial. Rikjard me mandó a decir por uno de sus asistentes que me estuviera desnuda en el jardín principal a eso de las 19 hs… Así lo hice.

Fueron dos guardias de seguridad, dos gorilas, me ataron, me llevaron a una habitación oscura de la casa y me dejaron así hasta las 24 hs.. A esa hora, me llevaron al burlesque. Yo seguía teniendo el collar negro que marcaba que estaba en penitencia. Y sí antes fui un objeto sexual, un juguete sexual de varias personas durante varias semanas, en calidad de penitencia me tratarían con algo mucho más bajo y vil que ello.

Con los ojos vendados, amordazada con una de mis tangas en la boca y desnuda. Me ataron en el medio del Cabaret y dejaron una fusta a mano. Cualquier cliente que quisiera y gratis, me podía dar fustazos en el culo, en la vagina o en las tetas. También podían realizar conmigo otras prácticas medio sado como introducirme bolas chinas en el culo y demás. Yo estaba completamente expuesta e indefensa, desnuda y atada por las muñecas al techo. No veía, no podía gritar, solo sentir, lo que fuera que tuviera que sentir. En un momento tuve ganas de orinar y se lo dije a Rikjard cuando pasó cerca de mí. “Aguantate” me dijo él en un tono cortante.

También los clientes podían introducirme dedos en la vagina. Muchos lo hicieron y me corrí una y otra vez, como una verdadera zorra delante de todos. No podía parar de gemir, de humedecerme, la sensación era de una lujuria total, aparte llevaba antes de esa noche casi una semana de abstinencia sexual. Más tarde me comentarían que al lado mío había un cartel con un listado de todas las cosas que los clientes podían hacerme gratis ese día y por cuáles tendrían que pagar. Hacerme sexo anal ahí delante de todos costaba unos 70 euros y si no me fallan las cuentas recibí unas 3 o 4 vergas por el ano. Sexo vaginal unos 50 euros y solo 2 quisieron hacérmelo así, ya que estando yo parada se complicaba un poco. Otra cosa que me hicieron ese día fue: un cliente pagaba la suma correspondiente, entonces venía un empleado y al collar le ponía una soga que entregaba al cliente, me soltaban las ataduras de las muñecas por un rato, el cliente tiraba de ella y yo debía ir gateando hasta la mesa de ese cliente y practicarle sexo oral, tragándome todo el semen.

Fue una rara sensación, pero también tuvo algo de lindo. Yo estaba ahí, desnuda, atada y expuesta. Era menos que un juguete sexual. Menos que un animal sexual. Cualquiera de los presentes hacía conmigo lo que quería. Me tocaron, me penetraron, me hicieron de todo. Y me gustó. No me pregunten porqué. Sé que no es lo normal, lo lógico, lo convencional, pero me gustó y lo disfruté. Disfruté que me hicieran sexo anal, los fustazos, los petes, el sexo vaginal, en fin confieso que disfruté todo ese día de penitencia muy intensamente.

Al otro día ya había superado mi día de castigo y volví al Cabaret pero normalmente como en los días anteriores. Sin embargo no pude volver a usar ropa y mientras estuve en esa casa anduve o bien desnuda o por momentos en tanga. A partir de ahí saqué bien afuera la PUTA que hay en mí y fui en el Cabaret la más perra de todas. Batí todos los records de ganancias del mismo. No le hice asco a nada, hasta hicieron un Gang Bang conmigo en el medio del salón en el que me habrán cogido unos 20 a 24 clientes.

Así transcurrió más de un mes. Luego, por suerte el mes de intercambio estudiantil terminó. Los padres de Melanie me acompañaron al aeropuerto y me despidieron como si todo el mes hubiera sido un “intercambio estudiantil normal” y no como lo que fue. Que gente rara que eran. Por suerte terminó y volví a mi casa. Realmente no aprendí mucho de lo que venía a aprender a Francia, pero por cierto que aprendí muchas otras cosas y debo confesar que hoy ya de vuelta en mi país y en mi vida normal, usar ropa me cuesta, por eso cuando puedo, aprovecho y me hago una escapada a playas nudistas.

Me excitaría recibir tus comentarios.

Autora: Julieta

Lo teniamos todo planeado

September 7, 2009 by admin  
Filed under Intercambio de Parejas

Soy suya. Completamente. Y aquella noche, todo iría un paso más allá. Teníamos todo planeado, él me llevó en coche hasta allí, pero entré sola a la discoteca. Me dirigí a la barra y pedí una copa, entonces entró él, nos intercambiamos una mirada que combinaba complicidad y deseo, pero no nos hablamos.

Me fui de la barra hacia la pista, era un sitio grande y había bastante gente. Al poco tiempo de estar en la pista se me acercaron varios tíos, dos de ellos me resultaban graciosos y miré hacia atrás para cerciorarme de que él me estaba mirando… y así era, no me quitaba ojo de encima, su cara era la viva imagen de los celos y excitación que casi le hacía tener fuego en los ojos.

Entonces me hizo un gesto con la cabeza, casi imperceptible, para que siguiera… ese fue el comienzo. Sabiendo que él estaba de acuerdo empecé a tontear en serio con aquellos dos tíos, ni siquiera me acordaba de cómo se llamaban y me daba igual, era la primera vez que tenía claro lo que quería de ellos, sólo eran una herramienta que nos serviría para tener aún más placer.

Me preguntaron por qué estaba sola, les dije que había discutido con mis amigas y que me había marchado, pero no me apetecía irme a casa tan pronto y había decidido ir a tomar algo. Les extrañó mucho, y estoy segura de que pensaron que era una putita que tenía ganas de follar, pero en cierta manera así era.

Hablábamos y nos reíamos, y cada vez más descaradamente, no dejaban de mirar mi escote. La verdad es que no me extrañaba. Aquella noche llevaba la camisa más sexy que había sido capaz de encontrar y un sujetador negro muy bonito, que apenas podía contener mis pechos. Tengo una talla 100, natural, unas tetas de verdad, que hacen que los tíos giren la cabeza cuando voy andando por la calle.

Cada vez estaba más caliente y, disimuladamente, me agachaba un poquito, riéndome y haciéndome la tonta, para que pudieran ver bien mi sujetador y mis tetas. Incluso les rozaba con ellas, como sin querer, cuando bailábamos. Les pedí que me invitaran a otra copa y así lo hicieron, pensaban emborracharme y ponían mucho énfasis en que bebiese más rápido… pero realmente era yo la que controlaba la situación.

Disimuladamente no paraba de mirarle, seguía en el mismo sitio, inmóvil, con los ojos clavados en la escena y tan excitado que incluso desde mi posición podía notar como su polla intentaba salir del pantalón. Me gustaba estar allí, yo jugaba con dos tíos a los que no conocía y que estaban súper excitados y 10 metros más allá estaba él, muriéndose por clavarme su polla como nunca lo había hecho. Antes de terminar la segunda copa miré hacia él y le hice un gesto con la cabeza para que se acercase… quería que estuviese cerca y que me oyese hablar con aquellos tíos, que viese como tomaban cada vez más confianza. Los dos se habían dado cuenta de que buscaba algo más que hablar con ellos, y ya me cogían de la cintura con descaro, o ponían sus manos en mi pierna…

Al poco tiempo de estar los cuatro juntos él me miró con ojos de furia y se levantó hacia el baño, entonces cogí a los dos chicos por la muñecas, efusivamente, sin dejarles tiempo a pensar, ni a preguntar, segura de lo que estaba haciendo y me metí con ellos en el baño. Los tíos flipaban, no sabían que estaba pasando. Entonces le miré, excitadísima y muy picarona, pidiéndole permiso…él no dijo nada, solo sonrió.

Era la señal. Ya no había vuelta atrás. Me agaché despacio, mirándoles a los ojos… me quité la camiseta y el sujetador negro de encaje que llevaba. Todos me miraban con deseo. Estaba excitadísima cuando todos me empezaron a tocar las tetas… me encantaba… seis manos para mí sola, acariciándolas y apretándolas. Lo hacían con desesperación, con mucha fuerza, y a veces me hacían daño. Pero eso todavía me ponía más.

Entonces decidí que ya era suficiente, que quería más… les dije con voz autoritaria que ya estaba bien, que se sacasen la polla de una vez porque no tenía toda la noche. Junté mis tetas y todos se empezaron a pajear delante de mí… me encantó esa situación… tres pollas frente a mí… ummmm, se corrieron rápido, uno tras otro, sobre mis tetas… me folló como nunca lo había hecho… como si fuera una verdadera puta.

Había tanta leche que me resbalaba entre ellas, bajando hasta el estómago. Entonces él casi sin dejar que se abrocharan los pantalones los echó del baño… les dijo: “fuera de aquí, ¡ahora!” con esa voz potente y dominante…

Yo me había levantado y acariciándome mis tetas con toda aquella leche sobre ellas le pregunté: “¿te ha gustado, cariño?” y sin decirme una palabra me tiró contra la pared súper fuerte y me folló como nunca lo había hecho… como si fuera una verdadera puta.

Me repetía al oído todo el tiempo que era su puta, que iba a hacerme lo que le diera la gana, que le iba a obedecer a todas sus órdenes… y eso me excitaba aún más… me encanta ser su puta y sentirme como tal, haciendo todo lo que se le ocurre, todos sus deseos, sus fantasías… y entonces sacó su polla de mí y se corrió en mi cara, dejando entrar parte de su leche en mi boca… fue una corrida bestial… luego le limpié muy bien su preciosa y perfecta polla, me encanta hacer eso…

Salimos del bar todavía excitados, ni siquiera me fijé si aquellos tíos seguían allí… lo único que pensaba es que era su puta y que ya tenía ganas de que me lo hiciese saber otra vez…

Autora: Susana

Cuando conoci a mi cuñado

September 3, 2009 by admin  
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Hace un par de años descubrí esta página, desde entonces soy una habitual seguidora de estos relatos. Nunca me había atrevido a escribir, pero hoy no he podido más y voy a contar mi historia. Una historia real que empezó hace muchos años. Por razones obvias los nombres y lugares son ficticios pero los hechos son tal como se describen.

Tengo cincuenta y un años bastante bien llevados, me cuido y procuro estar atractiva. De ciertas parte de mi cuerpo, que no voy a detallar, me siento orgullosa y creo que con razón. Desde hacía unos años pertenecía a un club social de mi ciudad, allí nos reuníamos un grupo de chicos y chicas. Realizábamos actividades deportivas, culturales y sociales. A pesar de no conocernos todos, ya que cada uno se dedicaba a una u otra actividad, solíamos coincidir en la cafetería del club y nos relacionábamos entre nosotros con más o menos intensidad.

A mis dieciocho años me había fijado en un chico que solía aparecer a menudo ya que estaba metido en el grupo de teatro. Me gustaba, pero mi timidez, y los seis años que me separaban de él solo me permitían cruzar alguna palabra inconexa. A mediados de julio el club celebraba la fiesta anual de fin de ejercicio. Ese año se celebró a las afueras de la ciudad, en un restaurante al aire libre junto a un lago. Gracias a que los padres de una amiga, conocidos de los míos, que asistirían también, y tras mucho insistir, pude salir por primera vez de noche sin la compañía familiar.

Cuando llegué al lugar del acontecimiento el corazón me dio un vuelco, allí estaba él. Días antes habíamos coincidido con él en la cafetería, me había saludado e iniciado una conversación trivial, en la cual deslicé la pregunta de si asistiría a la fiesta, su respuesta fue negativa. Allí estaba charlando y riendo en un corrillo con una cerveza en la mano. Pasé por su lado mil veces, ni se fijó. Al cabo de un rato se separó del grupo y se encaminó al interior del local, aproveché para hacerme la encontradiza, le saludé con una sonrisa, me devolvió el saludo con un movimiento de cabeza y desapareció. En ese momento llamaron para que nos acomodásemos en las mesas. Había una preparada especialmente para la gente joven. Me senté, a mi derecha se sentó mi amiga y al otro lado un chico con una cara llena de granos.

Toda la juventud tomó asiento, el único sitio libre quedó justo en el otro extremo de mi posición. Mi deseo de poder sentarme junto a él no se iba a cumplir. El vecino de los granos había iniciado una conversación conmigo que malditas las ganas de seguirla. Mientras Intentaba no ser descortés con mi interlocutor, una voz a mi derecha me pidió si le podía acercar la botella de vino. Sentado a mi lado, a menos de quince centímetros, pidiéndome una botella de vino estaba el chico de mis sueños, busqué a mi amiga. Estaba en el lugar que le hubiese correspondido a él, sonriendo malévolamente y guiñándome un ojo. Luego me enteré que cuando le vio asomarse al jardín, mientras yo atendía al de los granos, dejó su puesto y ocupó ese lugar dejando la única silla libre de la mesa a mi lado.

Te he pedido la botella de vino – me repitió – no que te cases conmigo. No sabía que hacer, las manos me sudaban, le acerqué como pude la dichosa botella y rocé su mano al dársela. Todos los espectros del rojo se posaron en mis mejillas, mis hormonas de quinceañera se dispararon. Notaba que mis pezones se apretaban contra el sujetador, mis braguitas se humedecían, las piernas me temblaban, las palabras se me trabucaban en la boca. Los primeros minutos de la cena estuvo hablando con varios comensales, yo le miraba sin decir nada. Cuando me atreví a intervenir en la conversación, se giro, paso el brazo por el respaldo de mi silla y muy cerca del oído me susurro,- creía que la chica más guapa de la fiesta se había quedado mudita.

Si antes las hormonas se me dispararon, ahora estallaban dentro de mí como las palomitas en un horno, la respuesta fue un balbuceo incomprensible que me fue correspondido con una risotada. A partir de ese momento todo fueron atenciones por su parte. Terminamos la cena, sirvieron los cafés y unas cuantas copas. Pasó su brazo sobre el respaldo de mi silla, yo hacía lo posible para rozar con mis hombros su brazo, de vez en cuando acentuaba sus palabras con suaves golpecitos sobre mi espalda que a mi me parecían las más dulces caricias. Hablamos y reímos. Al otro lado del jardín, junto al lago empezó a sonar música, se formaron parejas y grupos que se fueron a bailar. Nos quedamos casi solos en la mesa.

Un par de amigos vinieron a buscarle para que fuera a bailar, contestaba diciendo que eso del baile no se había hecho para él. Seguimos charlando y riendo, en un momento dado me dijo.

- Ve a bailar, yo me quedo aquí, diviértete. No te quedes aquí por un pobre inepto del baile. – No, te hago compañía, además – mentí – el baile tampoco es mi fuerte.

Seguimos charlando, mi amiga vino a buscarme y me arrastró al lavabo para que le contara las novedades. Estaba más emocionada que yo, por lo visto éramos la comidilla de todo la mesa. Raúl, así se llamaba, era uno de los chicos del club que más pasiones despertaba entre las chicas, y hasta la fecha no se le conocía ningún romance con nadie del club. Aparecía por el club los días de ensayo del grupo de teatro, se tomaba unas cervezas en bar social, charlaba con los que por allí se encontraban y desaparecía. No era como otros, mi caso, que nos pasábamos todas las horas posibles en las instalaciones del club.

Regresé con mi amiga del aseo, ella se fue a la pista de baile, y yo me senté de nuevo junto a Raúl. No había tomado asiento cuando se levantó, tiró de mi mano y dijo:

- No me perdonaría nunca desaprovechar la oportunidad de bailar con una belleza como tú – me tenía de pie frente a él, con su dedo pulgar acariciaba mi mano – eso si estás dispuesta a aguantar algunos pisotones e improperios -. No me dio tiempo a contestar me arrastró hasta la pista.

Una canción de Adamo, sus manos en mi cintura, sonaba en el tocadiscos. Por lo visto debo poner las manos en tu cintura – me susurró, mientras me rodeaba con sus brazos – hasta aquí es fácil, lo difícil viene ahora -. Mis manos subieron a sus hombros y poco a poco fueron rodeando su cuello. Me hablaba, me pisaba. Nunca he sabido que me dijo, ni sentí sus pisotones. Estaba en una nube, no veía, ni sentía. Solo notaba sus manos que paseaban por mi espalda. El roce de su pecho en el mío hizo que mis pezones se irguieran hasta sentir un dulce dolor. Un calor indescriptible me invadió por todo el cuerpo. Nunca he sentido algo parecido, ese momento es el más maravilloso que he vivido en la vida, creo que tuve varios orgasmos.

Bailamos y bailamos, abrazados como si no pudiéramos despegarnos. Por suerte los adultos estaban a lo suyo alejados de la juventud. Varias parejas se perdieron por los jardines del restaurante. Por desgracia nosotros no, y eso que yo estaba dispuesta a perder todo lo que me hubiera pedido
Como a Cenicienta me llegó la hora de irme. Los padres de mi amiga le habían prometido a los míos que antes de la dos estaría en casa. Cumplieron. Él se quedó con el amigo con el que asistió a la fiesta. Era plenamente consciente que me había enamorado perdidamente de ese chico.

Esa noche al meterme en la cama me masturbé, una, dos, tres veces, perdí la cuenta, solo se que al día siguiente tenía los labios de la vagina enrojecidos. Mi hermana, cinco años mayor, que dormía en la misma habitación que yo, a la mañana siguiente me dijo pícaramente, – hermanita, anoche no parabas de jadear, debiste despertar a todo el barrio, ¿Qué pasó en la fiesta? -. Me sonrojé y callé.

Hacía pocos meses había cumplido dieciocho. Mi vida consistía en ir al colegio, pasar los ratos de ocio en el club, ir algún día al cine con amigas y cuando mis estrictos padres me lo permitían, asistir a alguna fiesta Mis relaciones con los chicos no habían pasado de oírles decir cuatro burradas, nunca había besado a nadie y desconocía lo que era el sexo. Me masturbaba por puro placer sin relacionar la excitación con alguien en concreto. Esa noche cambió mi vida, mi cuerpo notó sensaciones desconocidas. Descubrí que el placer de masturbarme pensando en alguien era una forma de practicar el sexo. Desde ese día hasta hoy, más de treinta años después cuando me masturbo pienso en esa noche, en Raúl y en lo que me hizo sentir.

En mi casa cualquier conversación era excusa para hablar de Raúl, mi hermana se pasaba el día haciendo broma sobre él. A partir de entonces acudía al club con la esperanza de encontrar al chico de mis sueños. En el club cada vez que se abría la puerta miraba si era Raúl el que entraba. Él siguió con su rutina cotidiana, aparecía cuando había ensayos, se tomaba una cerveza, charlaba con los amigos y se iba. Lo único que gané es que ahora cuando me veía me daba dos besos y a veces se sentaba charlar conmigo. No sabía que hacer para llamar su atención y quedarme a solas con él.

En mis fantasías siempre aparecía él. Me besaba, me desnudaba, me acariciaba, me lamía todo el cuerpo y me follaba hasta quedar inconsciente. Estos pensamientos me excitaban de tal manera, que si la masturbación había sido algo íntimo en mi habitación, pasó a ser una necesidad en cualquier momento. Aprendí a masturbarme en cualquier sitio. Apretando los muslos uno contra otro con un ligero movimiento de la pelvis logré obtener placer en los lugares más peregrinos, el autobús, el cine, incluso sentada en la parte trasera del coche de mi padre.

Cualquier lugar en el que pudiera sentarme era un lugar propicio para darme placer. Raúl sin ni siquiera besarme era el responsable de haber abierto un camino de placer infinito. La educación mojigata de la época llegó a hacerme plantear si eso era una enfermedad y me estaba condenando a una vida totalmente pecadora dependiente de mi sexo.

Los dos meses de verano los pasé fuera de la ciudad, con lo que los encuentros con Raúl fueron imposibles. De nuevo en casa, llegó la rutina diaria y el reencuentro con los amigos del club. Volví a ver a Raúl, tan amable y simpático como siempre. Por esas fechas mi hermana sentimentalmente no andaba bien. Estaba a punto de dejar un novio con el cual llevaba año y medio y que no disfrutaba del beneplácito familiar. Era un chico pendenciero y bebedor, que todavía hoy no entiendo como mi hermana pudo enamorase de él. Por este motivo, mi hermana, pasaba por un momento sentimentalmente delicado.

Una tarde en que la noté especialmente deprimida la llamé a la oficina y le dije que la pasaría a buscar, así podría conocer a Raúl del cual se pasaba el día haciendo bromas sobre su existencia. A las seis de la tarde estaba en la puerta de su oficina, la encontré más animada. Era mi única hermana y siempre la había admirado, congeniábamos y nos tapábamos una a la otra de las tiranías de nuestros padres. Mi hermana era muy diferente a mí, no era tímida, había salido con muchos chicos desde una edad más temprana a la mía, cosa por otra parte, hizo que nuestros padres la marcaran muy de cerca. Muchas veces mentí por ella para evitarla duros castigos, sobre todo por lo estrictos horarios que nos tenían fijados.

Fuimos andando hasta el club, durante el camino solo le hablaba de Raúl, ella se reía de mi admiración. Confesó que tenía ganas de conocerle, por que un chico que haya conseguido –dijo – que mi hermana descubra que lo que tiene entre las piernas sirve para algo más que para hacer pis y tener la regla, es de admirar.

Llegamos al club. No estaba, temía que al conocerlo mi hermana le dijera lo loca que me tenía. A última hora de la tarde apareció por la cafetería. Le saludé, le presenté a mi hermana y se sentó con nosotras. Como siempre se mostró atento, servicial y simpático. Llegó la hora de irnos, salimos los tres juntos, al llegar a la calle se despidió de nosotras.

Como teníamos tiempo para cumplir con el horario de llegar a casa, decidimos ir dando un paseo. Mi hermana me comentó que tenía muy buen gusto, que era un chico muy guapo. La conversación no siguió por esos derroteros, por primera vez en su vida mi hermana me contó los problemas que tenía con su actual novio. No sabia que hacer si dejarlo o seguir con él, era consciente que era un bebedor empedernido, que corría detrás de cualquier falda que se pusiera por delante, pero no era capaz de dejarlo, estaba enganchada. En estos momentos llevaba más de un mes sin verle y solo sabía de él por terceras personas.

Pasó el tiempo, mi hermana animada por mi, comenzó a frecuentar el club ya que era una manera de hacer nuevas amistades y tratar de olvidar ese novio que solo la llamaba de vez en cuando. Para no hacer más extenso el relato, mi hermana empezó a salir con Raúl, todo sea dicho que no fue ella la que lo provocó. A Raúl le gustó mi hermana desde el primer momento y la invitó varias veces a salir. Nunca dije nada ni lo hablamos con mi hermana. Las cosas son como son.

Con el tiempo empecé a salir con otros chicos hasta que encontré el amor definitivo con el que me casé. Mi hermana se había casado con Raúl un par de años antes. Mi matrimonio fue feliz, hasta que un desgraciado accidente de coche me dejó viuda con treinta y dos años y dos niños pequeños. A pesar de que esos años de casada fueron maravillosos, nunca pude olvidar esa noche con Raúl en la que no pasó absolutamente nada. Además le veía con mucha frecuencia puesto que era mi cuñado. Jamás pasó nada entre nosotros, me trataba como su hermana pequeña, con bromas y chanzas.

A raíz del fallecimiento de mi marido tanto él como mi hermana se volcaron en mí y en los niños, poco a poco fui rehaciendo mi vida. Volví a trabajar y pasaba temporadas en casa de mi hermana con los niños, se habían mudado a una localidad costera y en verano los niños pasaban con sus tíos y los primos un par de meses en la playa. Yo acudía los fines de semana o cuando tenía vacaciones. Durante esos años tuve un par de relaciones más o menos duraderas, pero que no cuajaron. Hace un par de años decidí no intentar más aventuras, desde entonces me relaciono más con mis amigas y paso muchas temporadas en casa de mi hermana. Los chicos ya son mayores y hacen su vida. Raúl sigue como siempre, atento, simpático y bromista conmigo.

Mi hermana vive en un chalet con jardín y piscina en verano paso muchos días con ellos. Las noches estivales de calor la ventanas y puertas quedan generalmente abiertas. Oigo a mi hermana y mi cuñado en sus juegos amorosos, sobre todo a mi hermana que es muy escandalosa. Esos jadeos me transportan siempre a esa noche cuando bailé con Raúl, me excito muchísimo y acabo masturbándome pensando en tenerle dentro de mí. En su casa, cuando me ducho pienso en Raúl. Ha pasado por ahí unos minutos antes, me lo imagino acariciando mi cuerpo desnudo y húmedo.

Un caluroso día de hace cuatro veranos, estábamos mi hermana y yo tomado el sol en una hamaca junto a la piscina, una voz llamó desde el chalet de al lado. Era la vecina que le recordaba que habían quedado en ayudarla a hacer una tarta para el cumpleaños de su hijo. Mi hermana se levantó, me confesó en voz baja que se le había olvidado, le dije que se fuera que ya recogería yo la cocina. Se puso un pareo y se fue a casa de la vecina, no sin antes decirme que tenía por lo menos para un par de horas.

Decidí poner la cocina en orden. Me levanté de la hamaca. Raúl estaba al otro lado del jardín bajo la sombra de un espeso árbol, dormía la siesta, el periódico le tapaba la cara. Me fui hacia él a coger la taza de café y la copa de coñac que estaban en el suelo. Me acerqué y pasó algo que nunca pensé que pudiera pasar. Me agaché a coger la taza y la copa, le miré, puse mi mano en su pecho y le acaricié, no se movió. Bajé la mano hasta el borde de su bañador, paré. La mano no obedeció a mi cerebro y escarbó bajo el bañador, hasta llegar al pene, estaba flácido. Mi voluntad dejó de existir, me arrodillé, con la otra mano bajé el bañador, el pene seguía flácido sujeto por mi otra mano. Le pasé la punta de mi lengua por el glande, tuvo un ligero espasmo, repetí varias veces, notaba que crecía. Me lo metí en la boca chupando y lamiendo, crecía por segundos.

Algo en mi interior me decía que parara, no podía. Raúl seguía con el periódico sobre la cara sin moverse. Su polla crecía en mi boca mientras seguía chupando y lamiendo, empecé a mover esa polla arriba y abajo con la mano, mientras con la otra mano acariciaba mi clítoris y metía mis dedos dentro de la ya húmeda vagina. Me corrí, poco después me regaló un buen chorro de leche que se esparció por mi cara.

Aparentemente seguía dormido. Chupé su polla para dejarla sin rastro de semen y la volví a poner bajo el bañador. Con la cara llena de sus efluvios cogí la taza, la copa de coñac y me fui a la cocina maldiciendo lo que había hecho por una parte, pero por otra, satisfecha de haber culminado algo que tenía pendiente desde hacia cuarenta años. Llegué a la cocina, me lavé la cara y me dispuse a fregar la vajilla. El agua del grifo iba enfriando mi cuerpo todavía caliente. Le daba vueltas a lo que acababa de hacer, nunca me perdonaría haber traicionado a mi hermana. Trataba de justificarlo, fue algo impulsivo, irracional, algo deseado durante años.

Mis manos restregaban el estropajo sobre un cazo cuando las braguitas de mi bikini fueron fuertemente impulsadas hacia abajo. El susto fue monumental, no me dio tiempo a reaccionar cuando intenté girarme estaba sentada sobre la encimera de la cocina con la piernas abiertas y la polla de Raúl apuntaba a mi coño. No me resistí, entró toda dentro de mí con un placer inigualable. Entraba y salía a una velocidad de vértigo, sus huevos golpeaban mi culo y eso producía más placer. Si es posible más placer.

No nos dijimos nada, yo tenía mis manos apoyadas sobre la encimera, me arrancó la parte superior del bikini, su boca mordía y lamía mis pezones. No se cuantos orgasmos llegué a tener, jamás había experimentado tanto placer ni tantos orgasmos seguidos. No se el tiempo que duró ese polvo, pero cuando él se corrió yo ya no podía mas. Salió de mí, se agachó y me dio un lametón en el chocho caliente, dilatado y mojado de mis efluvios y su leche, se levantó y se fue. Me quedé allí, quieta un buen rato hasta que me vi capaz de reanudar lo que estaba haciendo.

Al rato llego mi hermana, se puso a charlar conmigo en la cocina. Minutos después Raúl nos recordó que esa noche íbamos a cenar a casa de unos amigos, y que el se iba a comprar unas botellas de vino ya que la bodega estaba bajo mínimos. No conté nada a mi hermana de lo sucedido.

Volvimos a casa de madrugada tras la cena en casa de los amigos. Estaba en mi habitación medio dormida, todavía con el placer en mis huesos del polvo con mi cuñado en la cocina. De fondo se oían los jadeos y grititos de mi hermana, producidos por la verga de Raúl. El pensar que hacía unas horas esa polla había estado entrando y saliendo de mi coño hizo que me mojara como una colegiala, empecé a pasar mis dedos sobre el depilado coño. Mi hermana jadeaba como una locomotora. No pude más, me levanté de la cama y me encamine a su habitación.

Mi hermana estaba tumbada en la cama, sus piernas sobre los hombros de Raúl mientras este bombeaba con su polla el coño de mi hermana. Entre jadeos suplicaba que no parara. Sus ojos se cerraron y unos cuantos grititos secos indicaron que había llegado al orgasmo. Él sacó su polla y empezó a hacerse una paja mientras ella seguía jadeando en la cama, se había dado la vuelta, su cuerpo yacía sobre la cama, sus pies apoyados en el suelo dejaban ver un coño abierto y brillante. Me acerqué por detrás le cogí el pene y me lo llevé a la boca, apartó mi boca de su polla y me tumbó en la cama en la misma posición de mi hermana. Una al lado de la otra.

Mi culo se ofrecía a su polla, metió la lengua en mi culo, luego un dedo, luego dos, me dolía, por fin me la clavó violentamente, grité. Mi hermana giró la cabeza y me vio a su lado penetrada por su marido, no dijo nada. Raúl seguía follándome por el culo, el dolor inicial se convirtió en placer. Sacó su polla de mi culo y se lo clavó a mi hermana. Mi culo se movía compulsivamente, sin control. De nuevo salió de mi hermana y me folló a mí. Así estuvo mucho rato, follándonos a las dos, yo me corrí dos o tres veces, mi hermana pedía más. Al final nos dio la vuelta a las dos y nos puso la polla en nuestras bocas, por fin se corrió, ambas nos tiramos a lamer esos jugos que salían de ese pene que tanto nos había hecho gozar. Me levanté como pude y me fui a mi habitación.

Por la mañana no veía el momento de levantarme. No sabía como justificar lo de la noche anterior, me moría de vergüenza de presentarme delante de mi hermana y mi cuñado. Mi hermana golpeó la puerta de la habitación y me invitó a levantarme, el desayuno estaba servido en la terraza, eran las once de la mañana. Me puse una bata sobre mi cuerpo desnudo, hice de tripas corazón y salí a desayunar. Un suculento desayuno estaba preparado en la mesa del porche. Mi hermana se sentó a mi lado, Raúl como todas las mañana se había ido a buscar el periódico y a dar su paseo matutino.

Ambas en silencio empezamos a dar cuenta de las viandas, era indudable que el ejercicio de la noche nos había abierto el apetito. Por fin mi hermana sacó el tema, me preguntó que me había pasado, si tan mal estaba para que tuviera que follarme a su hombre. Me puse colorada y no supe que contestar. Mi hermana soltó una risotada que me dejó perpleja. Me contó que ellos se excitan mutuamente contándose con quien les gustaría echar un polvo, y Raúl siempre dice que tiene una deuda pendiente conmigo. Que cuando me conoció le atraje mucho, pero que eso de seducir a una niña de 18 años le dio miedo, y más viendo lo dispuesta que estaba en esos momentos.

A medida que pasaron los años siempre le decía que cualquier día iba a terminar eso que hace casi cuarenta años no se atrevió a hacer, follarme. Siguió diciéndome que ella se daba cuenta que yo también deseaba saldar esa “deuda”. Al principio la molestaba y sentía ciertos celos de pensar que su marido se quería follar a su hermana, pero, con el paso del tiempo esos celos se habían diluido y si tenía que ser engañada con alguien que fuera con su hermana. Raúl no era mujeriego siempre había sido fiel. Más de una vez mi hermana le había retado a que me follara, que se atreviera a decirme sus deseos, lo único que exigía era saberlo.

Raúl nunca lo intentó, y no por falta de ganas, en las fantasías que le contaba a mi hermana frecuentemente aparecía yo. La conversación terminó dándome todas las facilidades para que follara con su marido. Me quedé sorprendida, pero dispuesta a aprovechar esa oportunidad. Desde que me quedé viuda había tenido varias relaciones, pero lo que ahora se me planteaba era lo ideal para una mujer, follar con un hombre que te gusta, pero sin tener que aguantarle cada minuto.

Mi cuñado volvió cuando habíamos acabado de desayunar, se acercó a nosotras, mi hermana cogiéndole por la cintura lo atrajo hacía ella. Me miró, me guiñó el ojo y me dijo – es hora que vayas aprendiendo ciertas cosas -. Bajó su pantalón y su polla quedó al aire. La tomó con su mano izquierda y con la derecha cogió una cuchara que metió en la mermelada, con ella embadurnó esa polla que ya iba tomando consistencia. Se la metió toda en la boca, chupando y lamiendo, mientras con la mano iba moviéndola lentamente de arriba abajo.

Alucinaba con lo que estaba viendo, me estaba excitando y mis manos apartaron la bata y se dirigieron a mi coño, que empecé a acariciar. Raúl apartó la vajilla de la mesa, alargó su mano y me cogió del pelo, me levantó de la silla y me tumbó en la mesa. Sacó la polla de la boca de mi hermana que ya estaba tiesa y dura, puso otra cucharada de mermelada sobre mi chocho y me hizo la comida de coño más placentera de mi vida. Cuando estaba a punto de correrme metió la polla dentro de mí. Entraba y salía muy lentamente. Nunca me habían follado así. Tuve múltiples orgasmos, perdí la noción del tiempo, mi hermana sentada, con los dos pies apoyados sobre la mesa se masturbaba viendo como me follaba su marido.

Por fin la sacó y se la metió de nuevo a su mujer en la boca donde se corrió. Mi hermana llegó al orgasmo masturbándose mientras el semen le caía por la comisura de los labios.

Desde ese verano me follo a mi cuñado cuando me apetece, esté o no delante mi hermana. A veces dormimos los tres juntos en la misma cama, o me despierto porque mi cuñado se ha venido a mi cama y me está follando. Otras veces soy yo la que voy a su cama y me lo follo mientras mi hermana duerme a su lado. Algunas veces nos lo follamos mi hermana y yo al mismo tiempo.

Como buenas hermanas compartimos muchas cosas, entre ellas al mismo hombre. Lo único que siento es que todo esto no hubiera ocurrido años atrás. Ahora debemos ganar el tiempo perdido.

Autora: CaldaMarta

La cama desecha

September 3, 2009 by admin  
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Por el aspecto de la habitación, se adivinaba que habían estado gozando de sus cuerpos hasta el amanecer. Por un lado un zapato tirado en el suelo, un poco más adelante… el otro, debajo de la cama más adelante, caída en el suelo una minúscula falda negra, una blusa color fucsia, estaba sobre una silla tirada de mala manera… Debajo de la cama se podía ver el tirante del sujetador… solo había que tirar de él para sacarlo.

El olor a sexo estaba en el ambiente, desde la puerta pude ver que estaban dormidos, la noche debió ser bastante agitada. Su posición dejaba ver sus nalgas morenas, se notaba que era un culo bien duro y bronceado. Estaba desnuda, boca abajo, su pelo revuelto caía sobre la almohada, era negro, largo, un poco rizado. Dormía con una respiración profunda y acompasada, parecía un sueño muy reparador…

Al otro lado, estaba Jonis un brazo caía por fuera de la cama, su cuerpo fornido estaba desnudo, parecía una figura de ébano su voluminoso paquete estaba en reposo, después de una noche de excitación y placer.

Sonó el teléfono y… Amalia se movió, alargó su brazo hasta el lugar de donde venía el sonido, lo descolgó y lo volvió a colgar, pero con todas estas operaciones… Jonis se despertó, al ver que Amalia estaba despierta, la cubrió con su pierna, buscó sus labios, los besó… Ella alargó sus brazos y tomó entre sus blancas manos su cara, respondiendo a su caricia con un beso largo y dulce, la mano de Jonis fue directamente a la entrepierna de la joven, las fue separando poco a poco, fue abriéndolas…

Notaban que la excitación volvía a apoderarse de sus cuerpos, su coño se humedecía, se abrió como un túnel profundo y negro… Al sentir sus dedos como entraban en el reducto, se estremeció de placer, aún tenía en sus poros el sudor que la pasión y el deseo habían dejado impregnando en todo su cuerpo la noche anterior.

Ella buscó el falo de ébano y notó que estaba muy caliente y duro se puso de rodillas encima de él y como si fuera una amazona experta, aferrada al lomo de su caballo, empezó a cabalgar primero despacito… Poco a poco iba aumentando el ritmo, Jonis tomaba los pechos de Amalia, que con su boca abierta jadeaba de placer, le acercaba sus tetas a su boca, él las lamía, las mordía, jugaba con ellas…

La excitación iba en aumento, los dos se movían al mismo ritmo, cuando la excitación llegó al máximo Amalia emitió un grito de placer que debió oírse desde bastante lejos, yo que desde la otra habitación lo estaba contemplando todo sin ser vista, no pude más, acaricié mis pechos y mi clítoris… Me sentí envuelta en la misma locura que el hombre de ébano y la mujer blanca. Sentí un rabioso orgasmo, prolongado, no pude más que salir de mi escondite y unirme a ellos.

Amalia me miró y… me hizo un lado en su cama, vino inesperadamente hacia mí y empezó a acariciarme los pechos, mordía mis pezones, chupaba mi cuello, mordía mis orejas, yo estaba totalmente embriagada de placer, era la primera vez que asistía a un trío.

Joni, al ver la reacción de Amalia, acercó su boca a mi coño para chuparlo, metía su lengua dentro, mordía mi clítoris yo busqué lujuriosamente su falo, que estaba duro como si verdaderamente fuera de ébano… Estaba caliente follaba mi boca una y otra vez, de pronto se estremeció y corriéndose en mi boca sentí como si se tratara de un espasmo.

Su semen salía por las comisuras de mis labios, estaba loca de placer, con las caricias que Joni me estaba prodigando con su boca. Amalia se encargaba de cubrir con caricias todo mi cuerpo hasta enloquecerme no podía resistir más, les decía… no paréis, no paréis, ¡enloquecía! Me dejé ir y… de pronto un temblor me invadió de placer y lujuria…

La mañana fue inolvidable, irrepetible, maravillosa, sentí el placer más profundo e inesperado que jamás pude llegar a imaginar.

La experiencia fue magnífica.