Crónicas de un estudiante

August 2, 2010 by admin  
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Hacía un día caluroso en la Ciudad. El bullicio y el ruido dejaban claro que era un día normal en la capital mexicana. Lo mismo pasaba en el CCH – SUR. Gente deambulando por todas partes, dirigiéndose a ninguna parte, felices de malgastar el tiempo que deberían aprovechar en las aulas, pero que preferían utilizar socializando.

Prácticamente así eran las primeras semanas de Agosto. Libres de responsabilidad. Donde las faltas en la clases no cuentan y es fácil ponerse al corriente con los deberes escolares. Que bella época, diría yo, cuando las responsabilidades no son tan fuertes como en un trabajo o al final de tu carrera profesional. Y ahí estaba yo, destrozado por una mujer que se fue a vivir a Monterrey.

Había faltado la primera semana porque me habían operado la nariz, debido a que las muchas peleas le habían hecho mella. Y me presenté al salón de clases donde se suponía sería mi primer asignatura del día. Cuál fue mi sorpresa al encontrarme con un bombón.

El sistema de esta preciada institución constituía en revolver los grupos cada año con ninguna razón en particular (y si la hay, me aburre explicarla) y por azares del destino, ya que el CCH es muy grande, me tocó la suerte de reencontrarme con esta hermosa mujer. Se había recortado el cabello hasta un poco arriba de los hombros. Pantalón de mezclilla entallado, realzando su ya de por sí, visible trasero, playera blanca con una leyenda que rezaba “respeta mi autoridad” acompañada con un personaje de una serie que transmite MTV.

Hermosa y atractiva como siempre, Elisa me recibió con un entusiasmo que no esperaba y que, sin embargo, me agradó. Dado que era la única persona que conocía en el salón, decidí sentarme con ella. Nos pusimos al corriente y bromeamos sobre nuestros pequeños encuentros. Siempre ha existido, a pesar de lo obvio, una excelente amistad con ella.
Hablamos largo y tendido sobre las trivialidades del verano. Yo pasé la mayor parte en campamentos religiosos, obligados por mi padre, para después terminar en el hospital con una operación de nariz, de la cual, rechacé la oportunidad de respingármela. Ella no había hecho mucho pero se había conseguido un novio, al cual, estaba dispuesta a ponerle los cuernos a un solo tronar de mis dedos.

Yo siempre le dije que ella era la mujer con la que yo debería de estar toda mi vida, sólo que tenía un pequeño y gran defecto que me impedía formar algo con ella. A mí no me gustaría ser un cornudo. Se que a mucha gente le encanta e incluso les excita saberse cornudos, pero desgraciadamente tiendo a enamorarme muy rápido de las mujeres y sólo conozco a algunas mujeres que han estado conmigo que no me hayan puesto los cuernos. Eso me hace sentir traicionado. A menos que exista un acuerdo, como en los swingers, las orgías o lo que me paso con Gabriela (se recomienda leer la serie de “UNA PUTA INESPERADA”), jamás tragaré la infidelidad.

Y con Elisa era así. Para mí es una mujer sumamente deseable, no sólo por fuera. Es muy lista y sobre todo aguda. Tiene muchas cualidades que no quisiera resaltar y resumiré diciendo que es la analogía de la esposa del rey Leónidas, en la de película de 300, sólo que con el trasero de Inés Sains.

Por razones que aún ahora no entiendo, rechacé su oferta y aunque se desilusionó, no dejó de coquetearme en varias semanas, incluso con su novio enfrente.

Y así pasaron aproximadamente como dos semanas sin nada en particular que resaltar, hasta un viernes. Lorena organizó una fiesta en su casa donde sucedieron cosas bastante interesantes que, creo, hacen honor a la mención.

A lo largo de esas dos semanas comencé una relación con Lorena. Una mujer de tez blanca. Ojos cafés, cabello castaño, una hermosa cara y una figura delgada. Su cuerpo no era la gran maravilla, incluso me atrevo a decir que esta y sigue estando plana, tanto de adelante, como de atrás; sin embargo, no estaba tirada a la calle. Una chica “normalona”. Eso sí, llamaba bastante la atención por su cara. Era una mujer hermosa y el porte de niña pandrosa le quedaba como anillo al dedo.

A eso de las 5 de la tarde, estábamos en casa de mi nueva novia sólo ocho personas y bastante alcohol por consumir. Todos los nombres son cambiados, pero los apodos, prefiero dejarlos así. Estaban reunidos el “abuelo”, el “flanders”, el “mini miN” y yo, junto con Lorena, Elisa, Alejandra y Karen. Comenzaré por describirlos en el orden de mención.
El “abuelo” era un tipo de 19 años cursando 3er semestre de bachillerato; de ahí su apodo. 1.60 de estatura, un porte bohemio (barba y lentes de intelectual) y un poco de panza. Es un tipo bonachón aún ahora. El “flanders” era un tipo alto. Lentes y cabello castaño. Su apodo se lo ganó por presumir que tenía sky y al invitarnos a todos a ver una pelea de pago por evento, sólo se veía en su T.V. el canal religioso. Bastante ocurrente y muy gracioso. Para el “mini miN” no hace falta descripciones, pues es obvio el porqué de su sobrenombre. Atino a decir que es una de las personas más alivianadas que conozco.

De Lorena ya había hecho mención y de Elisa una bastante amplia (recomiendo leer la serie de “UNA PUTA INESPERADA”), así que sólo resta Alejandra y Karen. Alejandra era una chica con una cara hermosa y con unos ojos de un azul claro; el mismo cuerpo de Lorena, sólo que ella era… digamos “darketa”. Karen era una chica extremadamente flaca, pero con unas tetas… ufff. Cabello negro y lacio, lentes y una cara de niña buena que pervertiría hasta el más santo. Ella era la fresa del grupo.

La intención era organizar una peda, pero sólo con los amigos… algo “VIP”. La casa de Lorena es amplia y sus padres son bastante alivianados… de hecho me atrevería a decir que son unos buenos hippies y también le entran a todo. Ellos no llegarían hasta la tarde siguiente.
Después de dos horas de estar tomando mezcal y cerveza y fumar algo de mota, todos ya estábamos en un estado de alegría conjunta, difícil de explicar. Fue por eso que valientemente, el “abuelo” propuso jugar a la “botella”. NOTA: es un juego de castigos… ahh… me da hueva explicarlo…

- Yo juego si no juega el Cold ni Lorena – dijo Elisa
- ¡Ah chinga! ¿Por qué? – dijo Lorena contrariada
- Estás de acuerdo que si a alguno de ustedes les toca perder – explicaba Elisa – Tú no vas a dejar que besen al Cold y tampoco creo que el Cold esté bien con que te besen a ti
- ¿Cómo no? – respondió Lorena – Si esto es sólo un juego y además yo estoy presente. Yo no tengo problema con que se bese con alguien más, si yo estoy presente. ¿Tu si wey? – me preguntó
- Yo tampoco tengo broncas – respondí sorprendido por su actitud – podemos jugar si quieren.
- A girar la botella – sentenció el “mini min”

Todos nos colocamos alrededor de la botella y en el primer turno me tocó perder a mí, con Alejandra para ponerme el castigo. “Tu castigo es besarme, por más de 20 segundos y de lengua”. Se hizo un silencio algo incomodo, pues ese castigo estaba dando mucha información a cerca de muchos aspectos… Todos rieron nerviosamente, incluyéndome a mí, además de que se hicieron escuchar los clásicos “uuuuuuuuuuuu” que la mayor parte de los jóvenes hacen para molestar a las parejas y todos argumentaron lo que habíamos dicho hace uno instantes. Así que, miré a Lorena, quien se alzó de hombros y me dijo: “pues vas wey”, con una cara de enojo y resignación. También me alcé de hombros y me acerque a Alejandra y la besé. Si he de ser sincero, la primera vez que vi a esa chica, me gustó. Su cara y sus ojos son una expresión de belleza pura. Su sonrisa es magnífica y su estilo le da algo de rudeza. Acierto a decir que disfruté el beso y afirmo que ella también.

Los siguientes 30 minutos transcurrieron con la misma película. Las bocas de todas las mujeres pasaron por todos los hombres y viceversa. Hasta que después de unos tragos más (todos fondos, para ponernos más pedos) el “flanders” tuvo la fortuna de castigar a Elisa.

- Tu castigo es besar a… – dijo el “flanders”
- Ya invéntate algo mejor que los besos, pon otra cosa – dijo Elisa
- … Lorena por 10 segundos y de lengua.

Risas y asombro, aunque afirmación por parte de todos los presentes (a excepción de Elisa y Lorena) ante la sentencia del objetivo de los besos. Elisa y Lorena se negaron rotundamente, aunque después de 10 minutos de ruegos y argumentos Elisa le comento al oído algo a Lorena y después dijo lo siguiente:

- Va, le doy un beso a Lorena, pero cuando me toque a mí, me voy a desquitar. ¿Estamos?

La sangre se nos heló a los hombres, mientras que las demás mujeres apoyaban a su propio género. Yo tuve la distracción de ir al baño y cuando regresé los hombres habían accedido sin mi consentimiento ante tal propuesta. El beso fue un asunto escatológico, pues Lorena y Elisa eran muy hermosas y hasta creo que lo actuaron un poco más.
El alma se me vino a los pies cuando, al siguiente girar de la botella, el castigo era para mí y curiosamente Elisa tenía el privilegio de imponer el castigo. Me miró con compasión y burla al mismo tiempo y me dijo: “ni modo Cold, no te quería castigar a ti, pero ya quedamos. Dale un beso de lengua al ´abuelo´ por 10 segundos”.

Puta madre, son las peores palabras que había escuchado, hasta ahora, en toda mi vida. Afortunadamente el abuelo mostró su apoyo al negarse rotundamente. Los argumentos, las críticas y las reclamaciones no se hicieron esperar.

Yo jamás había hecho una cosa así y no estaba lo suficientemente ebrio para hacerlo. Para ser honesto, eso nunca me ha gustado y no quería hacerlo. Al término de 20 minutos de debatir, concluimos que deberíamos sacrificarnos por el grupo con la esperanza de ver más besos entre mujeres. Con un asco inmensurable y demasiada valentía me acerqué al “abuelo” e introduje mi lengua en su boca. Fueron los peores 10 segundos de toda mi vida. Por alguna razón, cuando termino el beso, todos se quedaron muy callados. Giré la botella y para desgracia de los hombres, le tocó a Lorena castigar al “flanders”. No sé si estaba celosa por el beso que le di a Alejandra, pero Lorena sentenció que “flanders” me tenía que besar a mí. Maldita suerte.
Esta vez la resistencia fue menos, pero aún así nos negamos en un inicio. Fue… una vez más asqueroso; sin embargo, lo hicimos. Llevábamos ya cerca de una hora jugando a lo mismo, pero todos y cada uno de los presentes estaba muy entretenido. Nos tomamos dos rondas más de fondos y el “flanders” giró la botella una vez más. Esta ocasión la cosa nos favoreció, pues Alejandra perdió y nuevamente el “flanders” propuso algo… “difícil” de cumplir.

- Quiero que te sientes sobre el “mini” y te fajes con él por un minuto. El te tiene que tocar y todos debemos verlo.
- Jajajajajajajajajajajajaja – se rió Ale
- Uuuuuuuuuuuuu – dijimos todos al unísono
- ¿Qué pedo con tus castigos wey? – preguntó Lorena
- Soy imaginativo – respondió el “flanders” – además, ustedes se pueden desquitar cuando quieran; ya viste a tu wey, ya me dio un beso y se atascó con el “abuelo”
- Fue un castigo carbón, no te emociones, que mis besos son para Lorena
- Pues no opusiste mucha resistencia – apuntó Lorena
- Yo sólo cumplo con mis castigos, pero eso sí, ya me desquitaré cuando me toque castigar…
- Con que no te castigues tu solito con Alejandra… – respondió Lorena
- Relájate Lorena, sólo fue un beso y sólo estamos jugando – dijo Alejandra que se levantaba y se acercaba al “mini” quien sólo se dejaba hacer con una sonrisa en la boca – Además, tu novio besa muy bien.
- Ya lo sé… – dijo Lorena y Elisa se me quedó viendo de una manera muy cómplice y Lorena cayó en cuenta de eso
- Y que conste – agregó Ale – que cuando a mi me toque, también me voy a desquitar
- ¡Que si, ya sabemos! – dijimos al mismo tiempo todos
- De eso es lo que tengo miedo… – dijo Lorena a Elisa por lo bajo, pero debido a su estado etílico, todos lo escuchamos

Alejandra se colocó en las piernas del “mini” y le dijo “disfrútalo chaparro”, tomó una de sus manos y la colocó en su nalga izquierda. El “mini” sólo decía “ah, caray” y Alejandra le plantó un beso demasiado fogoso. Volvió a tomar una de las manos del “mini” y la colocó en uno de sus pequeños pechos. Alejandra comenzó a bajar por el cuello de su “pequeño” amante el cual sólo seguía diciendo “ah caray”, pero tenía los ojos medio cerrados, obviamente disfrutando de la situación que estaba viviendo. La emoción duró poco, pues el plazo de tiempo se había cumplido (demasiado rápido para mí gusto) y Alejandra se levantó, pero antes de regresar a su lugar le dio un buen beso al “mini”, quien se quedó clavado en el asiento con una sonrisa de oreja a oreja. “Bueno, ahora voy yo”. Todos nos habíamos quedado paralizados y embobados (tanto hombres como mujeres) al ver tanta desfachatez en una mujer, pero acierto al decir que todos estábamos terriblemente excitados.

La botella giró y por segunda ocasión consecutiva, el “flanders” tuvo el privilegio de castigar a Elisa. Todos estábamos esperando alguna nueva idea, pero sólo pidió un beso entre Karen y Elisa. Otra ronda de fondos y mi suerte cambió, pues me tocaba castigar a Alejandra. Y esta vez fui yo quien propuso algo difícil de cumplir. “Tu castigo es quitarte el pantalón”. Los vítores masculinos se escucharon casi al instante mientras las mujeres sólo reían nerviosamente. Alejandra no tuvo ningún reclamo ni vergüenza en cumplir su castigo y reveló una minúscula tanga de color negro y unas piernas bastante blancas, pero bien torneadas. Al “mini” le comenzaba a estorbar el pantalón y la vista de los demás hombres se dirigía, inevitablemente, a ese espectáculo. Lorena le cambió el asiento al mini, quien estaba junto a mí y me besó, retirando mi mirada de la humanidad de Alejandra.

Todos, al ver el acto de Lorena, comenzaron la rechifla mientras decían que ninguno de los dos había perdido aún para andar besándonos. Los celos de Lorena eran latentes así como su ebriedad. Alejandra giró la botella y esta vez ella castigaba a Elisa. “Ni modo compañera, fuera playera”. Elisa ya estaba demasiado ebria y no tardó ni 10 segundos en quitarse su playera dejando al descubierto un bra también negro bastante sexy, que casi dejaba ver sus pechos por completo. “Aguas cabrones, que si me toca perder se van a enterar” dijo Elisa al percibir las miradas de todos los hombres sobre ella… bueno, más bien sobre sus pequeños pero bien redondos pechos.

Elisa giró nuevamente la botella y curiosamente le tocó castigarme. “Uy, aguas Cold, ya viste lo que acaba de decir” dijo el “abuelo” mientras Lorena trataba de convencer a Elisa de que no se pasara de lanza conmigo, porque yo era su wey. “Ni modo amiga, así es esto. No te me enojes, que sólo es un juego y tu dijiste que no había bronca. Así que, Cold, tu castigo es… quedarte en bóxer y darle un beso de lengua a Karen por 20 segundos masajeando sus bubis y todos tenemos que ver”.

Eso significaba sacarme toda la ropa, menos el bóxer y darle un beso a una mujer con unas tetas impresionantes, lo que implicaba cierto grado de excitación que posiblemente se notaría… Pero estaba pedo y me quité la ropa. Sentía todas las miradas sobre mí, en particular la de Elisa y Alejandra. No le tomé importancia y me acerque a Lorena, le di un beso rápido y después me dirigí a Karen que estaba muy nerviosa, aunque no me quitaba el ojo de encima. “¿Seguro que puedo tocar tus…?” le pregunté, antes de besarla y ella sólo asintió diciendo: “pues es parte del castigo…” y nos besamos. No llevaba ni cinco segundos cuando Elisa reclamó que no le estaba tocando nada a Karen y dijo que tendría que volver a empezar… Lorena la fulminó con la mirada y Elisa sólo se reía. Puse mis manos en esos asombrosos pechos y la volví a besar. Honestamente fue un buen beso y la sensación de estar tocando unos pechos después de algunos meses sin poder coger ni nada por el estilo, fue como un bálsamo para mí, aunque tuve que hacer acopio de toda mi concentración para que mi “amigo” no se despertara.
Terminó el beso con aplausos y rechiflas. Karen estaba roja como un tomate y Lorena estaba ampliamente molesta. Para no hacerles el cuento largo, al “flanders” le tocó perder y prácticamente se fajo a Alejandra en frente nuestro. Elisa perdió y besó a Lorena por un minuto. Una escena que con gusto me encantaría repetir. Todos perdimos y nos quedamos en ropa interior, a excepción del “mini” y de Karen. Y el “mini” perdió y también prácticamente se fajó con Elisa. Sin embargo, lo que detonó el inicio de lo siguiente fue lo que Elisa propuso.

- Ni modo Ale – dijo Elisa ya bastante ebria – te tocó perder, pero te va a encantar mi castigo.
- Jajajajajaja – risas de todos
- Lo que tienes que hacer – continuó Elisa – es besar al abuelo y por los medios que quieras lograr que tenga una erección y si en 5 minutos no se le para te desnudas.

Todos nos quedamos ampliamente sorprendidos, pero animamos, quizá por el estado de ebriedad, a Alejandra a cumplir su castigo. Ella sólo sonrió ante tal propuesta y se acercó a un “abuelo” sentado, en bóxer y calcetines cafés que estaba visiblemente feliz ante la tentativa que se le ofrecía. Alejandra que estaba sólo en tanga y en bra y que dejaba ver ya bastante de sus encantos, pidió música para un strip y comenzó a bailar sensualmente ante el “abuelo”. Él sólo intentaba desviar la mirada, pero era imposible. Todos los que estábamos presentes en la sala de Lorena no dejábamos de mirarla. Vaya que esta chica bailaba bien. Lorena estaba como hipnotizada y no le quitaba el ojo de encima. Mientras tanto, Alejandra se sentó sobre el abuelo, colocó sus manos en sus nalgas mientras ella le acariciaba el pecho. Comenzaron a besarse y ella empezó a saltar en el abuelo. Casi al instante, dejó de besar al “abuelo” y dijo,” ya está”. Se levantó y dejó ver una clara erección asomando por el bóxer.

Todos nos reímos y nos burlamos del “abuelo” quien sólo atinaba a decir “es imposible que no hubiera sucedido, es una mujer muy bella”. Alejandra giró por enésima vez la botella… le tocó perder a Elisa y por azares del destino, nuevamente Alejandra castigaba. Lorena protestó inmediatamente, anticipando lo que se avecinaba. Pero no valió de nada su reclamo, pues Alejandra dijo tajantemente:

- Lo que yo acabo de hacer, se lo tienes que hacer a el Cold – dijo Alejandra y agregó – pero sin bra
- Ah, no, eso si no, así estoy bien. Si no más que me vea el culo se le va a parar.
- Sin bra – aclaró Alejandra
- Nel

Todos estábamos ya bastante tomados e incitaban a Elisa a hacerlo, excluyendo a Lorena y a mí (bueno, yo si quería, pero Lorena ya estaba bastante molesta, así que me quedé calladito…) Total que después de diez minutos de ruegos, Elisa dijo “va, pero cuando me toque, me voy a desquitar, sea hombre y mujer” y todos dijeron “va”.

- Me las vas a pagar pinche vieja – le dijo riendo Elisa a Alejandra mientras se desabrochaba el bra – Ahora si Cold y “mirones”, prepara tu verga, que la quiero bien erecta.
- Mucho ruido y pocas nueces – dijo el “flanders”

Y Elisa se despojó de su bra, aunque inmediatamente se tapó. Se acercó a mí, mientras Lorena estaba a mi lado con cara de pocos amigos, pero no dijo ni impidió nada. Elisa miró a Lorena y le dijo “perdóname amiga, pero ya comparte a tu wey, aunque sea por hoy”, me miró a mí y me dijo “ya cabrón, como cuando estábamos con Ga” y quitó las manos que cubrían esos pequeños pero bien redondos pechos y no sé porque, me olvidé de Lorena, me olvidé de lo que me rodeaba y me concentré sólo en Elisa. Nos besamos como cuando lo hicimos. La abracé, le toqué todo el cuerpo y perdí la noción del tiempo. Sólo sentí un zape poco después y reparé en que todos estaban diciendo que ya había sido mucho tiempo y que probablemente yo ya estaba más que “satisfecho”. Lorena estaba que echaba humo mientras yo seguía sobando ese soberbio culo. Elisa se separó de mí dejando ver mi ya erecto miembro se volteo y había empezado a caminar cuando dijo “ya vale madres” se regresó y ante mi asombro (y el de todos los presentes) sacó mi verga del bóxer y comenzó una mamada.

Todos se callaron y se quedaron clavados en su lugar. Elisa interrumpió su felación y se acercó a Lorena y le plantó un beso, le arrancó el bra y le dijo “ven, que te va a gustar”. Lorena, aún atónita se dejó hacer y las dos se arrodillaron y comenzaron una doble mamada que me estaba llevando al cielo. El “mini” no se quedó quieto y comenzó a besar a Karen, quien estaba igual de sorprendida. Alejandra se acercó al “abuelo” y al “flan”, sacó sus miembros semi erectos y comenzó a mamárselas, mientras ellos acariciaban sus pechos.

Al poco rato, Karen ya estaba desnuda y el “mini” le estaba haciendo un oral. Que rápido el “chiquitín”… “quien lo viera” pensé.

Mientras tanto, Elisa y Lorena seguían mamando mi verga. Después de varios meses sin sexo (y ni siquiera una “manuela”) esto era la gloria. Noté que Elisa le metió mano a Lorena y en un momento le susurró “si ya estás bien mojada pendeja”. Mi mente no concebía lo que estaba sucediendo, pero en realidad estaba pasando. Estábamos comenzando una orgía. “Elisa, ya cabrona, dame chance”, le dije y pararon su faena oral, mientras Elisa se quitaba su minúscula tanga y se ponía a cuatro. Lorena me besaba y le dije que se colocara en mi boca, que igual y no era muy bueno, pero que le iba a gustar. A Elisa le dije que esperara y me cabalgara. Me coloque en el suelo y Elisa se puso sobre mí.

¡¡Uff!! Que rico. Ya extrañaba un coño como aquel. Comenzó un lento pero constante sube y baja y antes de que Lorena me llenara la cara con su hermoso y peludo coño, alcancé a ver que Karen se acercaba a cuatro patas para besar a mi novia, mientras que el “mini” se ajusticiaba alguno de sus agujeros. Alejandra era penetrada por el “abuelo” y le mamaba la verga al “flan”.
Lo que había dicho Elisa era cierto: Lorena estaba empapada. Comencé mi labor, feliz de probar nuevamente ese sabor fuerte que tienen las mujeres. Ese es uno de mis sabores favoritos y me he hecho adicto a él. Elisa de vez en cuando me pegaba en los muslos y gemía como loca. Lorena también lo hacía bastante fuerte y me incitaba a seguir mamando. Escuché que el “abuelo” cambiaba de lugar con su compañero y que el “mini” se estaba viniendo en el coño de Karen.

Cinco minutos después Lorena anunció que se venía, pero cuando lo logró no salió casi nada de su vulva. Cayó rendida a mi lado, junto a Karen que se masturbaba lentamente. El “mini” sólo observaba la escena. Elisa me seguía cabalgando, pero yo estaba a punto de venirme, aunque quería durar más. El “abuelo” anunció que se venía y lo hizo en la boca de Ale. El “flanders” lo hizo poco después en el coño de Alejandra e instantes después yo hice lo mismo. Elisa aún no se venía y me reclamó diciendo “¿Qué pasó Cold? Tu durabas más…” Le dije que sabía que me recuperaba pronto y le solté un cachete en las nalgas. Karen se acercó a mí y me besó muy tiernamente. El “mini” se estaba manoseando a mi novia y el “flanders” también se le unió. El “abuelo” se quedó sentado besándose con Alejandra mientras que Elisa y Karen intentaban “levantar mi ánimo”. No tardaron ni dos minutos, pues ver toda la escena que estaba aconteciendo era demasiado excitante.

Karen comenzó a mamármela y le propuse a Elisa hacerle lo mismo que le había hecho a Lorena, pues extrañaba sus jugos. No se lo dije ni dos veces, cuando ya estaba sobre mí gimiendo como toda una golfa. Pude notar que Karen no tenía mucha experiencia, pues era un poco torpe al mamarla, pero igual disfrute el tratamiento. Yo seguía mamando ese coñito rasurado y terriblemente empapado de flujos.

Mientras tanto, “el flan” y el “mini” se cogían a mi novia. El primero se la metía por el coño mientras que el segundo por la boca. Alejandra y el “abuelo” seguían en su faje, pues el pobre no podía lograr una erección y Alejandra se empeñaba en lograrla. Aún así se la estaban pasando bien, pues los besos eran bastante apasionados, al igual que sus caricias.
Diez minutos después Elisa se vino y empapó mi cara y mi cabeza. Y extrañaba eso flujos tan deliciosos. Se retiró y le dije a Karen que parara. La recosté en un sillón y la penetré. ¡Por Dios! Esa vagina era más estrecha aún que la de Elisa. Karen sólo gemía y me atrajo hacia ella. Me besó y me dijo al oído: “Pablo, deja a Lorena y se mi novio… estoy enamorada de ti”.

Me quedé helado ante tal declaración e incluso por poco se me baja la erección. Al ver que paraba agregó “pero por favor, no le digas a nadie y sigue, que se siente muy rico”. Pero no podía seguir. Jamás me imaginé que Karen sentía eso por mí. De hecho pensaba que la que quería algo conmigo era Alejandra, quien había logrado, con la ayuda de Elisa que el “abuelo” “despertara” y ahora le hacían una doble mamada.

“¿Qué no te gusto?” escuche preguntar a Karen, pues seguía sin moverme. Reanudé mi mete y saca, pero muy lentamente y le susurré “Karen, igual y estoy muy pedo pero no te lo creo… además tu también estas así. Mejor hablamos cuando ya no estemos tan borrachos… pero si me gustas… ¿Cómo crees que no? Si estás bien buena y además estas muy bonita”. Y aumenté el ritmo mientras sentía como ella me abrazaba con sus brazos y sus piernas.
Escuché a mi espalda como Elisa decía “vamos a ver como mamas pendeja” mientras Alejandra sólo gemía mientras el “abuelo” la penetraba. El “mini” anunció que se venía en la boca de Lornea y así lo hizo. Cayó rendido al suelo, mientras el “flan” seguía cogiéndosela.

Como un cuarto de hora después el “abuelo” se vino en el coño de Alejandra mientras que ésta seguía mamando la vulva de Elisa. El abuelo también cayó rendido al suelo, mientras que Elisa inundaba la cara de Alejandra, la cual sólo se había venido una vez. Yo seguía cogiendo a Karen, aunque habíamos cambiado de posición y ella ahora estaba a cuatro. El “flanders” seguía cogiendo a Lorena en la misma posición. Yo sólo aguanté otros quince minutos más y me corrí dentro de Karen. El “flanders” aguantó cinco minutos más que yo e hizo otro tanto con Lorena, quien se había venido ya dos veces.

Todos caímos rendidos al suelo y reparamos que el “abuelo” y el “mini” estaban en su séptimo sueño. Nadie habló ni dijo nada. Todos estábamos recostados en el suelo, semi conscientes de la situación que estaba pasando. Unos minutos después me levanté y le pedí ayuda al “flanders” para mover a los dos caídos en el campo de batalla.

- ¿Cómo ves? yo aguanto otros tres palitos más – le dije al “flanders” por lo bajo.
- No mames wey, estamos bien pinches locos… perdón por cogerme a tu vieja – me dijo el “flanders” riendo.
- Relájate wey, vamos empezando. Mira, ahorita hazle lo que quieras, pero después de hoy, aguas.
- Pinche Cold… No mames, estamos cabrones, pero va, que siga la fiesta.

Acomodamos a los dos dormidos en el suelo de la cocina y regresamos a la sala para encontrarnos con que Elisa mamaba el coño de Lorena y Alejandra se fajaba con Karen. “Nos tocan de a dos” me dijo el “flanders” y después agregó “¿me dejas cogerme a tu vieja otra vez?” Asentí con una sonrisa, pues quería probar a Alejandra, quien parecía ser muy parecida a Elisa y una lejana Gabriela.

El “flanders” se dirigió hacia donde estaban mi novia y Elisa, mientras que yo me acerque con el rifle inhiesto a donde estaban estas dos mujeres. Alejandra colocó boca arriba a Karen y me dijo “dale”. Yo no me hice del rogar y comencé con mi labor. Alejandra se sentó en la cara de Karen y me besó de una manera que nunca voy a olvidar. Jamás había sentido algo como aquello. Me estremecí de la cabeza a los pies. Después me miró a los ojos y me dijo: “cuando se duerma esta fresita, me vas a coger como Dios manda”. Yo asentí. Mientras tanto, el “flan” estaba cogiendo a mi novia, quien hacía un 69 con Elisa.

Karen se vino a los diez minutos y terminó rendida. “Ven” me dijo Ale, mientras Karen se quedaba luchaba por mantenerse despierta, pero a los pocos minutos después de su orgasmo, cayó dormida.

Alejandra me llevó al baño al cerrar la puerta me soltó una cachetada en la cara. Me besó nuevamente y me nalgueó de una manera brutal. Mantuvo su cara pegada a la mía y me miró a los ojos. “Yo sé que a ti te gustan las emociones fuertes, así que me vas a coger muy fuerte” me dijo con una mirada de deseo que hace mucho no veía. “Sólo si puedo hacer esto” le dije mientras le soltaba una nalgada igual a la que ella me había propinado. Ella rió y me besó y me volvió a nalguear. Yo hice lo mismo. Nos nalgueamos como cuatro veces y cada ocasión era más fuerte que la anterior. Cuando me iba a dar la quinta, le detuve la mano, la empujé le solté una cachetada en la cara, la volté y la puse a cuatro. La penetré inmediatamente y sin más comencé un ritmo bastante rápido, mientras azotaba sus casi inexistentes nalgas blancas. Ella sólo gemía. La tome por el pelo y alcé su cara, para escupirle. Ella sólo gemía de placer, pero no parecía tener ningún tipo de orgasmo.

Estuvimos así unos veinte minutos y aún no se venía, cuando yo estaba a punto de hacerlo. De repente escuché “Pégame más y apriétame las tetas, que ya voy a acabar”. Le azoté el culo cinco veces, pero disminuí el ritmo, pues estaba ya algo cansado. Me pegué a su espalda y le apreté las pequeñas tetas que colgaban y se movían. Le anuncié que me venía y ella me dijo que esperara, porque ella casi ya lo lograba. No pude cumplir su orden y me vine instantes después de que le hubiera dicho que acababa. Pero seguí moviéndome aunque ya me había venido y un minuto después ella lo hizo de manera estrepitosa.

Ella cayó al suelo y comenzó a temblar. Inmediatamente me incliné para ver que le sucedía, pero argumentó que eran orgasmos simultáneos. Me tranquilicé y me dijo que me la había rifado. Después de que terminaran su “serie de orgasmos” se levantó y me propuso regresar a la sala.
La sorpresa fue ver que el “flanders” estaba acostado con mi novia y los dos estaban profundamente dormidos en el suelo. Elisa se estaba sirviendo un último trago cuando nos vio llegar.

- Vaya, al menos un hombre queda vivo. Tenías que ser tu Cold, pero veo que andas ya muy gastado – comentó Elisa, ebria a más no poder.
- Todavía aguanto uno más… si tengo la estimulación pertinente – dije casi en el mismo tono que ella – pero mira a mi vieja, se acostó con otro y no aguantó mucho.
- Pero si tú ya te cogiste a todas menos a ella – apuntó Alejandra.
- Jajajajaja – reímos al unísono Elisa y yo y después agregué – tienes razón.
- Quién diría que acabaríamos así… – comentó Elisa

Alejandra me sirvió un trago y ella se tomó otro más. Nos sentamos en el único sillón libre, bajamos el nivel del estéreo que entonaba “De música ligera”. Alejandra fue a mear y yo comencé a besar a Elisa, que tenía un sabor indiscutible de jugos femeninos y algo de semen. Me dio igual. En aquel faje se me volvió a parar, pero ya me dolía; sin embargo, a Elisa no le importó y me dijo “cógeme como cuando lo hicimos con Ga” y le respondí si me dejaba taladrarle el culo, con mucho gusto. Ella sonrió y se colocó a cuatro y me dijo “pensé que jamás lo ibas a preguntar, pero antes ábrelo un poco, porque no me va a entrar”. Sin más comencé un delicioso beso negro y le metía de vez en vez un dedo o dos, mientras, que con la otra mano, jugaba en su vagina con mis dedos. Ella gemía una vez más como sólo ella sabe hacerlo y me rogó que ya se la metiera, porque ya estaba muy excitada, que le valía verga que le doliera. Me levanté y apunté mi inhiesto cipote a la estrecha entrada de su culo. Me costó un poco de trabajo (y si soy honesto, casi se me baja la erección) pero al fin entró…

Ya extrañaba ese culito y la mejor era tenerlo a mi merced. Comencé un ritmo semi lento, mientras comenzaba a golpearle las nalgas de manera suave. Reparé que Alejandra no llegaba y se lo comenté a Elisa, quien le dijo que le valía madres donde estaba esa pendeja, que la siguiera penetrando y aumentara el ritmo. Así lo hice y me dejé llevar. La azoté como lo hacía con Gabriela y ella lo disfrutó igual. A los diez minutos, se corrió por enésima vez en la noche y cayó rendida al suelo.

- Ya extrañaba que me cogieras Cold – me dijo jadeando – Sólo tú me coges así…
- Si, pero yo todavía no termino – le dije masturbándome

La muy zorra se abrió de piernas y me invitó a hacerlo ahora en su coño. No me hice del rogar y me coloqué sobre ella. Esta vez, me dijo que lo hiciera lento y pausado. Ella me abrazó y me besó y sentí lo mismo que cuando me besó Alejandra. Un estremecimiento de la cabeza a los pies. Notó que temblaba cuando me acariciaba la espalda.

- ¿Tienes frío? – me preguntó – o ¿Por qué tiemblas?
- No más… – respondí vagamente y después de un rato de silencio sólo roto por nuestros cuerpos agregué – ¿Por qué no eres fiel Eli? ¿Por qué no puedes estarte… ohhh… quieta con alguien y ser fiel? Me encantaría ser tu novio en lugar de andar con Lorena…
- Ahhh… Cold, sólo te voy a decir una cosa… tú no me amas… ohhh, así… porque si me amaras, me amarías como soy… y yo soy así…

Esa ocasión sentí que no me cogí a Elisa. Hice el amor con ella. Fue un momento muy especial. Las caricias, los besos, los gemidos, los jadeos. Todo fue muy especial y hubo un momento que recordaré por siempre: me levanté para ver su cara y me encontré con esos ojos verdes; me sonrió, acarició mi cara con sus dos manos y me besó.

No sé cuánto tiempo pasó, aunque pienso que fueron como 20 minutos, cuando Elisa me avisó que se terminaba y le dije que a mí me faltaba bastante más. “Que hueva carbón” me dijo con una sonrisa y me besó. Comenzó a gemir más y más fuerte y se vino. Asombrosamente yo todavía no podía terminar y seguía en pie de guerra.

- Ya wey, ya, no mames, termina – me dijo Elisa
- No puedo…
- Jajajaja – se rió y agregó – Bueno, déjame ir a mear y ahorita regreso y me la metes otra vez por el culo… no creo que me haga daño otro orgasmo y unas nalgaditas.

Se levantó y se fue al baño y a los pocos instantes me llamó para que fuera con ella. Lo que encontré me dio risa. Alejandra estaba dormida en la tasa del baño. Al parecer se había quedado así después o en el proceso de decantación que realiza el cuerpo humano. Elisa me propuso algo que aumentó mi lívido. “¿Y si le meamos encima?” No había terminado la frase cuando Alejandra dijo “si quieren, a mí me gusta”. La volteamos a ver y se masturbaba lentamente mientras nos miraba medio dormida, pero consciente de los que sucedía. Elisa no se hizo esperar y la comenzó a mojar con el preciado líquido dorado. Yo la imité y noté que no intentaba tragar nada de lo que le soltábamos. Sólo le gustaba recibirla. Quizá le daba asco.

Cuando terminamos, regresamos a la sala, acompañados de Alejandra. Yo seguía con mi rifle mirando al cielo y Alejandra aún medio dormida intentó hacerme una mamada, pero Elisa la movió y le dijo que ya mejor se durmiera. Ella se negó y exigió que me la cogiera como hace rato. Así lo hice y me la refiné sin compasión. A los cinco minutos, disminuí el ritmo, pues estaba muerto, pero seguía sin poder correrme y reparé en que Elisa seguía tomando y que Alejandra ya se había dormido, aunque yo seguía penetrándola. Le azoté las tetas y no despertó. La incliné un poco y le azoté el culo con la mayor fuerza que me fue posible, pero no despertaba. “Mira” le dije a Elisa, mientras le pegaba y me la cogía, pero no daba señales de vida. Fue algo muy extraño, pero muy excitante.

- Ya Cold, la última y nos vamos – me dijo pasándome un trago – y también va por la cogida, eh?
- Como tú mandes hermosa – dije – Uno, dos… tres

Fondeamos el vaso y ella se colocó a cuatro, pero decidí no clavársela en el culo y hacerlo en su coño. A ella no le importó y la azoté de nuevo con todas mis fuerzas. Duré sólo diez minutos más y por fin logré el orgasmo. Elisa se vino un instante después y caímos rendidos, en el suelo de la sala.

Debido al inminente calor que se propinaba el verano, todos fuimos felices de dormir en el suelo frío y debido a nuestro estado etílico, nadie sintió incomodo el dormir en sobre el duro cemento. Antes de caer, nuevamente en los brazos de Morfeo, un pensamiento cruzó por mi mente: “todos se habían cogido a mi novia menos yo y yo me había cogido a todas las mujeres presentes, menos a ella… que cagado…”.

Mi adorable novia Virginia

July 19, 2010 by admin  
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Mi novia, Virginia, es muy guapa y sexy. Es de esas chicas que por donde pasan, dejan huella. Todo el mundo se la queda mirando cuando se cruza con ella. Y sigue mirándola cuando se ha cruzado. Una cara muy bonita, con unos ojos marrón, casi negros, llenos de ternura y con un gran brillo. Metro setenta, un cuerpo muy bien proporcionado, con un buen pecho, una cintura espectacular, un culo sobresaliente. Su manera de andar enloquece, como su manera de mirar. Sólo tenía un problema. Para mi, un gran problema: ¡quería llegar virgen al matrimonio! Me dejó muy claro que ella no era de esa clase de mujeres que van a la cama con el primer novio que se pillan y que creía que muchas parejas se rompían porque se hartaban de sexo antes del matrimonio. Yo creía que era una tontería. Pero tanto la amaba, y la amo, que estuve de acuerdo y renuncié al sexo con ella. Y así estuvimos tan
felices. Hasta que…

El miércoles 20 de mayo de 2009, nunca olvidaré esta fecha, la acompañé a casa de sus padres y, como siempre, me despedí de ella con un beso en la mejilla.

- ¡Hasta mañana, Juan! – ¡Hasta mañana, cielo! – ¡Sueña con los angelitos, Juan! – ¡Soñaré con mi angelito, cielo!

La vi meterse en su casa, con mi vista luchando por verle las braguitas por debajo de su minifalda, tarea siempre imposible para mí. ¿Quien le mandaba vestir tan sensual? Me fui caliente como un demonio, como todos los días.

Valoré la posibilidad de una ducha fría o de autocomplacerme cuando llegara a casa. Desde un primer momento había prometido a Virginia que no iría con mujeres y que le sería completamente fiel. La verdad es que a menudo me costaba mantener mi promesa. Pero la amaba tanto, y la amo, que jamás la engañé. Demostré mi fuerza cuando Martita, la hija del jefe, me tiró los tejos hace un año. Pero, aunque es una chica muy bonita y apetitosa, la rechacé muy educadamente y le dije que comprendiera que tenía novia y que le debía ser fiel. Esa noche en que Martita se me insinuó me tuve que hacer un buen par de manuelas para calmar mi calor: me imaginaba abrazado a Martita mientras Virginia me acariciaba y besaba. ¡Un trío espectacular! Después supe que Martita se había enrollado con mi compañero de trabajo y, por lo que él me cuenta, ella es un bombón caliente en la cama, un volcán lleno de cariño y ternura. Pero bueno, no me arrepentí de ser fiel a Virginia. Hasta el miércoles 20 de mayo en que…

Cuando ya me había despedido de mi novia y me alejé de la casa de sus padres, me volví y… ¡quedé helado, temblando! Vi una silueta acercándose a una ventana y entrando por ella. ¡Mi pobre Virginia! ¡Un atracador! ¡O un violador! ¡O un asesino! ¡O las tres cosas a la vez! Sabía que ella estaba sola ese día porque sus padres habían salido de viaje a Benidorm. Tenía que salvarla. Me acerqué corriendo pero al llegar a la puerta me detuve e intenté no hacer ruido. Puse mi oreja en la puerta, pero no conseguía oír nada. Hasta que unos pasos me asustaron. Me escondí y pude ver a un par de figuras que se acercaban a la misma ventana y se colaban en ella. ¿Qué podía hacer contra tres criminales? Cogí un palo que había tirado en la acera. Sigilosamente anduve hacia la ventana. Dentro había un poco de luz, pero no podía ver nada. Tenía que acercarme más. Oí algunas palabras:

- ¡Vamos, Virginia, son unos buenos amigos! – ¡No, no, de ninguna manera, Manolo! – ¡Hija, sólo van a mirar y ya está! – ¿Pero tú que te has creído? ¿Que soy una estrella de porno? – ¡Pues claro que no, Virginita! – ¡O se van ellos o te vas tú con ellos! – Amigos, vais al comedor a tomaros una copa. No hay nadie más en la casa, ningún problema. – ¡Manolo, pero nos dijiste que tu amiguita nos deleitaría con unos bailes y desnudo! – ¡Bueno, Javi! Yo te dije que Virginia bailaba muy bien y se quitaba la ropa con gran sensualidad, pero si ella sólo quiere actuar para mí, actúa para mí y punto! ¿Además, quien te mandaba traerte a un amigo?

- Rafa no es un amigo, ¡es mi hermano! Y cuando le dije que iba contigo a ver a una chica tan guapa, no paró hasta que le invité.- ¡Bueno, chicos, basta ya de tanto bla, bla, bla! ¡Si queréis, podeis tomar una copa y largaros! – dijo Virginia harta de la situación.

Javi y Rafa salieron de la habitación hasta el comedor. Yo no daba crédito a mis ojos cuando vi a Virginia empezar a moverse a unos pasos delante de Manolo. Oscilaba las caderas muy eróticamente, luego acercaba su cara a la del hombre, elevaba su pecho con las dos manos, se giraba para que la viera bien por detrás, se subía un poco la falda y mostraba sus nalgas desnudas, volvía a estirar la falda para abajo hasta cubrir su culo para volverla a subir hasta mostrar el minúsculo cordón de su tanga…

- ¡Bien, bien, que gran bailarina! – gritó Manolo! – ¡Si te gusta, sigue mirando, que ahora viene lo mejor, cariño! – le contestó Virginia y le dio cariñosamente un beso en los labios.

Virginia, de nuevo de espaldas, se quitó delicadamente el tanga aunque la faldita no permitía ver lo que cubría.

- ¡Bravo!

Los gritos de Manolo hicieron que Rafa y Javi se apostaran en la puerta y miraran la escena a escondidas. Yo, mientras tanto, empezaba a ponerme a cien. No entendía la situación. Estaba aturdido, aunque caliente como nunca. ¡Virginia empezó a subirse el vestido y a mostrar un espléndido culo! Iba contorneándose al quitarse el vestido.

- ¡Uy, ya sólo me queda el sostén! Eso no me lo quito, no, que estaría completamente desnuda! – y seguía bailando.

Se acercó a Manolo y le puso el pecho cerca de su cara hasta que él empezó a besarle y a lamerle el escote. Luego le mordió el sostén, lo rasgó y lo arrancó con los dientes. Empezó a mamarle el pecho izquierdo y a manosearle el derecho. Virginia dijo:

- No, no, por favor, no mames que no tengo leche para tí!

Pero aunque decía esto, le empujaba su cabeza hacia sus tetas, ávidas de la boca de Manolo. Rafa y Javi debían tener una vista espectacular del culo de Virginia mientras yo podía apenas ver nada porque Manolo me impedía la visión. Este se bajó los pantalones y Virginia automáticamente empezó a lamer, a besar y a chupar su miembro viril.

- ¡Ummm, que rico está! Gracias por esta comida divina! ¡Me encanta comer tu tranca! – ¡Ya sabes que es para ti siempre que lo quieras, Virginita!

Seguro que se trataba de un chantaje. ¡Quizás Manolo y sus secuaces habían secuestrado a los padres de Virginia y la obligaban de esa forma si quería recuperarles vivos! Aprovechando que nadie miraba hacia mi dirección, entré por la ventana y me escondí tras un sofá. Desde ahí pudé ver que Manolo chupaba uno de sus dedos y empezaba a acariciar el agujerito posterior de Virginia. ¡Que bonita estaba así desnuda! Enseguida introdujo la punta del dedo en el ano y, en un momento, el dedo entero. Ella, pobre en lugar de quejarse, aún dijo:

- ¡Que bien me tratas el culito, cariño! – ¡Si quieres, todavía te lo cuidaré mejor, Virginita, como el otro día! – ¡Sí, sí, encúlame como el lunes pasado! ¡Me encantó!

Con esas palabras, Javi y Rafa se debieron poner a cien porque ambos se acercaron a Virginia y la empezaron a acariciar.

- ¡Uy, ay, pero que malos sois!

Era cierto, mi pobre novia era atacada por tres bandidos. Miré el palo que tenía en mi mano y pensé en salir y empezar a dar hostias, pero entonces vi como mi novia cogía la mano de Rafa y la acercaba a su coñito:

- ¡Mira como está de húmedo! ¿Tienes algún remedio para mí?

Rafa empezó a meterle un dedo, y dos, y tres… hasta una buena parte de los cinco dedos! ¡Mientras Manolo ya tenia también casi la mano entera en el culo de la chica! Virginia besaba agradecida a los tres hombres. La cogieron entre los tres y la acercaron a la cama. Manolo se tumbó boca arriba y sus amigos colocaron a Virginia encima de él. Enseguida empezó a penetrarla y Virginia no pudo evitar un grito de placer y una gran eyaculación de jugos orgásmicos.

- ¡ Humm, ay, uy, gracias, gracias, necesitaba una polla dentro! Desde hace dos días que añoraba una polla!

Yo no daba crédito a lo que oía. No pude evitar, de manera automática, sacar mi pene de la prisión de los pantalones y empezarlo a masajear. Mientras, Javi se acercó a la retaguardia de Virginia y le ensalivó bien la entrada del ano. De golpe le introdujo la punta de su pene.

- ¡Oh, ah! ¿Pero quién es este cabrón? ¿Pero qué te has creído? Uy, ay! ¡Sigue, sigue! No la saques ahora, no! Ay, que gustazo! – ¡Venga, hermano, no seas tímido! Venga, Rafa, que ya es hora que estés con una mujer. Deja que te coma el nabo!

Obediente, Rafa acerca su tranca a la boca de Virginia. Esta lo toma con avidez y empieza a besarlo y mamarlo. Yo, desde detrás del sofá, veo las tetas de Virginia, divinas, apuntando al suelo. Una fuerza irreprimible me empuja a cogerlas, lamerlas y achucharlas, pero no puedo hacerlo… los criminales me verían y podrían matarnos a Virginia y a mi. Vuelvo a mirar el palo y sopesar el ataque por sorpresa. Pero enseguida presto más atención a mi otro palo, bien inhiesto, y lo sigo acariciando cuando veo que los jugos de mi prometida vuelven a brotar con abundancia entre una serenata de gritos, suspiros y aullidos.

- ¡Ven, Rafa, ven! -le dice Javi a su hermano. – Ya ves que la chica goza con nosotros. Mira, ponte detrás de mí. ¿Qué ves? ¡Dos pollas penetrando a la chica por el coño y por el culo! ¡Y lo que disfruta! ¿Porque disfrutas, no, niña? – ¡Sí, sí, mucho, gracias, sois verdaderos amigos! ¡Ay, mmmmm, que bien! – Pues mira como es la naturaleza de sabia, Rafa, que permite que con sólo una chica podamos disfrutar tres hombres. Ya verás, coge tu polla y escoge el agujero. ¡Verás como cabes!

Increíblemente, Rafa introduce su pene muy erecto en el culito de Virginia que ya estaba ocupado por el pene de Javi. ¡Tan prieto como se lo descubrí hacía un momento y ahora acoge dos penes! Empezaron los tres hombres a moverse al unísono. Ella empezó a gritar de nuevo y a derramar su ambrosía. Yo dejé caer el palo y, sin pensar, salí de mi escondite, cogí las tetas de mi novia con las dos manos y le introduje mi pene en la boca:

- ¡Come, amor, come! – ¿Pero, qué haces tú aquí, Juan? Hmmmm, no, hmmm! ¡que rica! ¡No, Juan, no, no podemos tener sexo, hmmm, no, quiero que nos respetemos hasta que nos casemos! Ah! Hmmm!

Las palabras de Virginia quedaron completamente ahogadas por los nuevos gritos de placer de la chica, con un nuevo orgasmo muy húmedo. También los cuatro hombres gritaron a viva voz ante su eyaculación conjunta. Virginia quedó inundada de semen. Su boca con mi leche, su coñito, con la de Manolo, y su culito, con la de los dos hermanos. Su lengua, ávida, limpiaba sus labios, su cara. Sus dedos recogían parte del semen derramado por su culo, vulva y piernas y lo introducía en su boca para que su lengua pudiera saborearlo. Los cuatro hombres abrazaban ahora fuertemente a la chica, la
besaban y le cuchicheaban bonitas palabras de agradecimiento.

- ¡Os lo agradezco yo a vosotros, amigos. Os habeis portado muy bien. Gracias, Juan, espero que comprendas mi intención de enamorada y de novia ilusionada con tener tu amor y respeto hasta el día de nuestra boda!

Cuando iba a responderle, aún no sé con qué palabras, callé al oír fuera, cerca de la ventana, unas voces:

- Es aquí, aquí es. Hay un poco de luz. A ver, a ver. Javi dijo que valía la pena de venir, que la chica está increíblemente buena y que, además, es muy cariñosa y caliente. Espero que nos deje entrar a los cuatro. ¡Que bien lo vamos a pasar!

Mi primer trio

January 27, 2010 by admin  
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Este es el primero de varios relatos que haré en esta espectacular página de la que soy fanático desde hace varios años. Es acerca de mi primer trío.

Shirley era una gran amiga y conocida de años. Vivía cerca de mi casa y nos conocíamos desde niños, pero no fue hasta que ambos cumplimos 18 que empezamos a tener sexo. Lastimosamente ella empezó a viajar por todo el país por asuntos de negocios y sólo podíamos vernos un par de veces al año cuando llegaba a mi ciudad. Lo primero que hacía una vez instalada en algún hotel o casa alquilada me llamaba y nos entregábamos al placer.

Cuando ya teníamos 21, llegó de sorpresa y lógicamente me llamó. Media hora más tarde ya estaba tocándole la puerta y dispuesto a pasarla bien con ella (como siempre). Era una casa pequeña pero cómoda, con un gran living y enormes sillones. Mi amiga es rubia, blanquita, como de 1,65 m, con figura bastante atractiva y con unos senos enormes y firmes. Empezamos a tomarnos unos whiskys y contarnos experiencias sexuales que nos pasaron en el año sin vernos. Shirley se explayó de una manera increíble y me contó que cumplió varias de sus fantasías como estar con dos hombres, un par de tríos MHM y otros encuentros lésbicos. Mi excitación fue rápida y mi bulto se notaba de lejos (mide 20 cm de largo y 5 de ancho). Ella sonrió y con toda confianza empezó a sobarme por arriba del pantalón, sabiendo que eso me encanta. Nos besamos como locos y nos tocábamos frenéticamente. Me desvistió sin pensarlo mucho, dejándome solo el boxer. Yo le quité la blusa y por fin tuve a mano esos grandes y deliciosos senos. Los toqué y besé durante varios minutos, lamiendo sus pequeños y rosados pezones, provocándole una excitación notable, mientras ella seguía tocando mi verga durísima. Me susurró en el oído algo que elevó aún más mi calentura: “Hoy voy a cumplir tu fantasía de estar con dos mujeres”, para luego quitarme la ropa interior y empezar a lamer mi miembro erecto, arrodillada y yo sentado en el sofá. Cuando ya me estaba haciendo una mamada increíble alguien entró a la casa y luego al living: su compañera de trabajo. Sin vergüenza alguna, Shirley saludó a su sorprendida amiga y me la presentó. Se llamaba Lorena y era un hermosa negra caribeña, alta, con el pelo trenzado, un top que marcaba sus medianas y firmes tetas y una minifalda que apenas cubría su increíble y parado trasero. Sus largas y casi musculosas piernas me volvieron loco desde el primer segundo que las vi.

La negrita pidió una explicación, a lo que Shirley respondió (sin dejar de masturbarme): “El es el amigo del que te ha hablado siempre. Anímate y únete al juego. Yo sé que tú quieres”. Lorena no dijo una sola palabra y se marchó a su habitación. Mi amiga me aseguró que pronto volvería, ya que la conocía muy bien y que no resistía la tentación de tener un miembro como el mío.

Ya desnudos completamente, Shirley se subió encima mío y me montó como loca, jadeando mucho como siempre hacía. Yo disfrutaba con mi lengua de sus hermosas tetas y ansioso por poseer también a esa negra bella. Al poco tiempo tuvo un orgasmo feroz que la hizo gritar.

Se sentó al lado mío a descansar y continuamos bebiendo. Grata fue mi sorpresa al ver a Lorena acercarse con un babydoll transparente y sin ropa interior. Shirley le dijo que sabía que iba a venir a disfrutar con nosotros y ella con su sensual acento caribeño agregó: “Pero amiga, si tus gritos se escuchan en toda la casa, jejejejeje. Tengo muchas ganas de tomar también”.

Shirley le sirvió un vaso y se sentó al lado mío, quedando cada una a mi lado. Yo descansaba placenteramente al lado de dos atractivas mujeres pero la negrita casi desnuda a mi lado me tenía a mil, con una erección feroz. La rubia me masturbaba suave mientras los tres continuábamos tomando un poco, hasta que llegó el esperado: “Tu turno, amiga”. Lorena dudó un poco pero me empezó a tocar delicadamente el miembro duro y me dio un rico beso medio salvajón y me susurraba cosas calientes al oído. Bajó la cabeza y me dio una mamada fenomenal mientras yo le sobaba los pechos. Se quitó el babydoll, se levantó y dejó que le toque la espalda y luego sus firmes glúteos y sus hermosas piernas. Subió hacia el sofá y puso a disposición de mi boca su deliciosa y afeitada vagina. Adoré ese momento y ella gemía como loca. Shirley me hacía sexo oral mientras tanto. Se levantó y quitó la tanga sensualmente y al igual que mi amiga se arrodilló para darme una mamada doble genial. Jugaban con mi verga de manera exquisita, turnándose la cabeza y los huevos….fue tan bueno que casi me hacen acabar.

Nos levantamos los tres desnudos y nos dirigimos con nuestros vasos de whisky a la habitación de Shirley, la cual sacó un porrito. Mientras nos lo fumamos nos seguíamos tocando y excitándonos mutuamente. Ellas se besaban y lamían sus pezones mutuamente. La negrita con un hermoso: “Quiero meterme esa cosita rica”, me acostó y me montó dándome la espalda pero dejando a disposición ese hermoso y duro culo, el cual no dejé nunca de tocar. Shirley también subió a la cama y la besaba y lamía los pezones hasta que tuvo su primer orgasmo junto el primer mío. Mi amiga se encargó se limpiar con la boquita nuestros líquidos, tanto en el vagina de Lorena como los de mi pene. Me levanté y senté en una silla a seguir tomando mientras disfrutaba el espectáculo de ver el hermoso 69 que esas dos increíbles mujeres hacían.

Un par de minutos recuperé la erección y aproveché la situación para aprovechar y penetrar desde atrás a Shirley y a ratos también meter mi aparato en la boca de la morena que saboreaba gustosa nuestros jugos. Segundos después le tocó el turno a Lorena y la penetré profundo por atrás.

Lo mejor de la noche llegó cuando ambas diosas se lubricaron el culo y pusieron en “cuatro”, una al lado de la otra para que las penetre. Fue sencillamente espectacular. Primero con mi amiga y luego con la negrita que fue quien recibió mi deliciosa descarga.

Luego de unas tres horas de sexo, alcohol y unos porritos más…nos bañamos los tres, me despedí de ellas con tremendos besos y quedamos de repetir la “acción” al día siguiente.

Espero les haya gustado y prometo participar más seguido con mis historias verídicas.

La profesora en Casablanca

November 11, 2009 by admin  
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Hola a todos, me llamo Luisa, soy profesora y actualmente tengo 34 años. Mi pelo es negro, largo y liso; mis ojos son verdes y mis medidas son 1’70 de altura y 94-62-95. No os voy a contar que soy una mujer espectacular tipo Pamela Anderson o Shalma Hayek, pero tengo un buen cuerpo y mis grandes ojos verdes me hacen atractiva.

Mi vida sexual entra dentro de los cauces normales, tanto ahora como en el pasado con los novios ocasionales que tuve. Pero “normalidad” no creo que se deba considerar suficiente en algo como el sexo, que debe ser extraordinario. La falta de lo “extraordinario”, de lo que te puede hacer vibrar, sentir emociones especiales, convierte la normalidad en algo monótono y aburrido, y lo peor de todo es que, como no tengo pareja estable, no llego a alcanzar el nivel de confianza suficiente con mis ocasionales parejas como para intentar algo diferente. Esto hace que tenga que suplir mis carencias en este campo con la fantasía y también en internet.

Tal vez por este mismo motivo a veces siento ese tipo de excitación que hace que deje la cortina un poco descorrida en unos probadores cuando sé que me pueden ver; o al regresar después de una noche de juerga separo las piernas en el taxi, haciéndome la borracha para que el taxista me vea las bragas. Pero no creo que sea sólo exhibicionismo, creo que es más como dejar salir al animal que llevamos dentro, que por breves momentos actuamos de una forma completamente irracional y puramente instintiva. Son breves momentos en que dejamos a un lado nuestra forma de ser habitual y dejamos aflorar nuestros instintos primarios como hembras (o machos), buscando, en definitiva, lo que nos falta: morbo.

La experiencia más fuerte que viví en ese sentido me sucedió hace tres veranos, cuando me fui de vacaciones dos semanas a Casablanca, con unos tíos míos. Ella tiene 54 años y es la típica señora entrada en kilos, muy habladora y mi tío tiene 57 años, es calvo y con una buena barriga. Son la típica pareja que había dedicado toda su vida a la educación de sus hijos y ahora que estos ya eran mayores, comenzaban a hacer turismo. Yo en ese verano acababa de romper con un novio que tenía y mi madre, como me veía sola y desanimada, y lo que es peor, sin ningún plan en perspectiva me sugirió hacer ese viaje a Marruecos con mis tíos, ya que sabía que sola no iba a ir a ningún lado. Yo, como tampoco tenía nada mejor que hacer, acepté.

Ya no iba con muy buen ánimo y las primeras impresiones tampoco contribuyeron a mejorarlo. No es que sea racista, pero la gente de allí me resultaba desagradable, más que nada supongo que por la falta de higiene y el excesivo calor, que hacía que me resultara incómodo que estuvieran cerca, por el olor que desprendían. Esta es una de las manías que tengo: estoy incómoda con la proximidad de gente que no huele bien. Así, cuando dábamos un paseo por el zoco o por cualquier otra calle concurrida, al poco tiempo ya deseaba volver al hotel. Más o menos así fueron transcurriendo todos los días hasta que surgió uno de esos momentos irracionales de los que os hablaba: un día hicimos una excursión a un pueblo cercano a Casablanca, ya que nos habían dicho en el hotel que era un pueblo muy típico marroquí (resultó ser una completa decepción).

Mientras mi tío se acercaba a un bar a buscar agua fresca, mi tía y yo curioseamos en un pequeño mercadillo que había en el pueblo (no era ni mucho menos un zoco, estaban los que atendían en los puestos y cuatro o cinco personas más, dos de nuestro mismo hotel y los puestos eran sólo cinco). En el único que vendían telas y prendas de vestir había una prenda que me llamó la atención ya que era muy bonita, pero no le vi ninguna forma conocida. Se lo comenté a mi tía y esta se acercó al vendedor para preguntarle qué clase de prenda era y como se utilizaba. Estuvieron discutiendo un rato, básicamente por señas y sin entenderse mucho por lo que podía ver.

El vendedor, que era un señor que tendría entre 55 y 65 años, sucio y con mal olor, delgado, de mi estatura y con una barba pequeña y mal cuidada, después de discutir un rato con mi tía y cuando ella me señaló un par de veces indicando que era para mí, se acercó y trató de indicarme cómo se ponía, con gestos y señas, pero yo no acababa de entenderlo y además me estaba empezando resultar repulsivo tenerlo tan cerca. Como no me veía precisamente decidida a comprarle la prenda, me indicó que lo siguiera a lo que debía de ser su casa y que estaba situada justo detrás del puesto, haciéndome señas de que lo podría probar. Yo me mostraba indecisa, pero mi tía lo solucionó con un ¡anda vete, no seas tonta!

Descorrió la cortina que hacía de puerta, me puso la prenda en las manos, me invitó a pasar y cerró mientras mi tía y él esperaban fuera, hablando de nuevo sin entenderse. La prenda por lo poco que pude entender de sus explicaciones, se enrollaba en el cuerpo, y los dos extremos se sacaban hacia delante por encima de los hombros, así que me saqué la blusa y lo enrollé como pude. Era bastante largo y, como tenía una blusa sin mangas, estaba más tapada que con la blusa, así que descorrí la cortina para mostrar el resultado. El resultado no debió ser muy bueno porque el vendedor puso un gesto de desaprobación y decía que no con la cabeza. Mi tía lo volvió a solucionar: ¡deja que te lo ponga él! Dijo mientras le hacía gestos al vendedor para que pasara. Ella debía pensar que se ponía como un chal, por los hombros y que yo tenía la blusa puesta, además en ese momento apareció mi tío y empezó a discutir con él, como solían hacer muy a menudo por cualquier tontería, dejándonos al vendedor y a mí un poco de lado.

El vendedor pasó y, rápidamente, comenzó a retirarme la prenda, diciendo que no con la cabeza y sin mudar su gesto de desaprobación. Sucedió tan rápido que no me dio tiempo a reaccionar. Su gesto y su actitud cambió completamente cuando descubrió que estaba en sujetador: se calló automáticamente, se quedó quieto y su rostro pasó de la sorpresa inicial al deseo (si hubiera sabido que no tenía la blusa puesta creo que no se hubiera atrevido a quitarme la prenda), mientras clavaba su mirada en mis pechos. Yo, por mi educación y mi timidez, suelo ser bastante recatada, hasta tal punto que me puede resultar incómodo estar en sujetador, incluso delante de mi madre. Así que en aquellos momentos sentí una enorme vergüenza, y cuando ya iba a echar la mano a mi blusa para ponérmela y salir de allí, algo me detuvo, sucedió uno de esos momentos irracionales de los que os hablaba al principio. No sé, no puedo explicarlo, supongo que estar semidesnuda delante de aquel marroquí, activó la parte instintiva de hembra que hay en mí, como si lo morboso de la situación me hiciera aflorar ciertos sentimientos, por lo general ocultos. Lo único que sé a ciencia cierta es que alcé los brazos en cruz, y me quedé quieta.

Se acercó por detrás de mí y sin decir nada me desabrochó el sujetador (era de estos sin tirantes, muy fino, para que no me diera calor, pero que sujetan poco: yo de hecho me lo ponía para que no se me transparentaran mucho los pezones en la blusa, ya que los tengo bastante grandes), y lo colgó junto a la blusa, cogió la prenda y vino por delante, se paró unos instantes, como pensando cómo colocármela, pero mirándome descaradamente los pechos. Yo en esos momentos me empecé a sentir muy excitada, hasta tal punto que me pareció que todo daba vueltas y la discusión de mis tíos fuera me sonaba como muy lejana. Lo cruzó y lo colocó sobre mis pechos, rozándomelos lateralmente, después le dio un par de vueltas sobre mi barriga, de forma bastante ajustada, se situó detrás de mí y pasó cada punta por debajo de la tela en la espalda, de abajo hacia arriba, de tal forma que al hacerlo apoyó las manos en la parte alta de las nalgas, después lo sacó por encima de los hombros (algo de su explicación había entendido), volvió a colocarse delante, cogió una de las puntas y empezó a introducirla sobre la tela que estaba sobre los pechos. Al meterla por arriba rozó mi pezón con la punta de sus dedos y debió de notar su dureza.

En vista de mi pasividad, volvió a meter la mano por debajo de la tela, pero en vez de agarrar el extremo, agarró el pezón y le dio un pequeño pellizco con dos dedos, mientras me soltaba una sonrisa lasciva. Cuando le tocaba al otro pecho, ya al introducir la tela por arriba me agarró el pezón entre los dedos y empezó a pellizcarlo con suavidad. La humedad ya había empezado a aflorar en mi braguita cuando empecé a sentir vergüenza, desembocó en esos momentos en un orgasmo. Tras este primer orgasmo, y aunque todavía me sentía muy excitada, reaccioné por unos instantes, empecé a decir que no y a intentar retirar su mano, empujándolo. A pesar de lo excitado que estaba la retiró y se alejó un metro de mí, supongo que por miedo a que pudiera gritar. Acabé de pasar yo el extremo de la tela por el pecho y él acabó de colocármelo introduciendo los extremos por debajo de la parte que tenía enroscada en el estómago. Mientras me miraba al espejo lo vi detrás de mí, con cara suplicante.

No sé si suplicaba que no dijera nada o que le dejara seguir, lo cierto es que, en parte me dio pena y en parte todavía me sentía excitada, por lo que cogí sus manos y volví a colocarlas en mis pechos, dándole a entender claramente que no iba a dejar pasarle de ahí, estuvo amasándolos y pellizcándome los pezones un buen rato sobre la prenda que me había colocado, hasta que me pareció que la discusión de mis tíos amainaba. En esos momentos le dije que basta y comenzó a retirarme la tela. Cuando ya me iba a poner el sujetador se acercó de nuevo suplicante, acercándome la boca a los pechos. Asentí con la cabeza y le dio un suave beso con los labios a cada pezón, succionando levemente (me pareció hasta tierno y sensual). Ya había terminado de vestirme y caminaba hacia la puerta cuando sentí sus manos masajeando mis nalgas hasta introducirlas en mi entrepierna, por encima de la falda, dejé incluso que apretara brevemente mi coño antes de terminar de salir por la puerta. Esa fue su última caricia.

Ya fuera le pagué la prenda y mi tía pareció sorprenderse incluso de que hubiera acabado tan pronto de probármela. Esa noche, en cama, no podía quitarme de la cabeza la cara de excitación del marroquí mientras me miraba fijamente los pechos y, a pesar de que ya me había masturbado al ducharme, volvía a sentirme tremendamente excitada. No tuve que estimular mucho mi sensible clítoris: me bastó con recordar el escalofrío que sentí cuando me agarró el pezón con sus dedos para volver a tener un tremendo orgasmo. Mis tíos al día siguiente se sorprendieron mucho cuando les dije que después de desayunar me iba a dar un baño con ellos en la piscina del hotel, ya que los días anteriores siempre les había puesto excusas (la verdad es que me daba reparo ponerme en bañador en la piscina delante de los empleados marroquíes del hotel que atendían las mesas de la terraza). Les dije que ese día sentía mucho calor.

En la piscina eché de menos no haber traído alguno de mis bikinis y sí un bañador que utilizaba para hacer natación los inviernos (es el ejercicio que hago para mantener el tipo, lo recomiendo, es muy bueno), y que había metido en la maleta sin mucho convencimiento de utilizarlo. Le pedí a mi tía que me pusiera protector solar en la espalda y, mientras lo hacía, me sorprendí a mí misma mirando de forma insinuante al camarero de la barra y comencé a imaginarme que no era mi tía sino él quien me estaba masajeando la espalda, y además, estaba desnuda. ¡Dios! ¡No podía ser! ¡Lo que eran instantes instintivos se habían convertido en algo recurrente que no me podía quitar de la cabeza! ¡Yo, la reflexiva y conservadora, me sentía como una perra en celo! Tuve que levantarme precipitadamente y darme un baño para que mi tía no notara que iba a tener un nuevo orgasmo. Si mi comportamiento por la mañana les había parecido sorprendente, después de comer debieron pensar que me habían abducido, ya que fui yo misma la que les propuse ir al zoco, algo a lo que me había negado desde el segundo día, cuando nos acercamos, vi la gente que había y el mal olor que se notaba. Menos mal que la buena de mi tía exclamó:

- ¡Ay hija, por fin te empiezas a animar un poco! – justo cuando mi tío parecía que iba a pedir alguna explicación.

El zoco estaba lleno de gente, pero mis sensaciones habían cambiado completamente: ya no me molestaba el fuerte olor a humanidad que se respiraba y tampoco rehuía el contacto con la gente. Caminaba detrás de mis tíos sintiéndome cada vez más excitada con los roces inocentes y no tan inocentes que empezaba a sentir por todo mi cuerpo. En un momento que me paré en un puesto de recuerdos para turistas, pude notar claramente, a través de la tela de mi fino vestido de verano, una mano posada sobre una de mis nalgas. En vista de que ni siquiera me giraba y permanecía estática, comenzó a juguetear con el elástico de mi braguita. Introdujo dos dedos entre la nalga y el elástico, sobre el vestido y comenzó a descender lentamente.

Cuando estaba muy cerca de su objetivo, que no era otro que mi ya empapada almejita, mi tía me llamó, así que reaccioné y la mano se retiró. Volvía a sentirme muy excitada y volvieron a mi mente todas las sensaciones del día anterior, cuando aquel maloliente marroquí jugueteaba con mis sensibles pezones. Así, cuando mis tíos dijeron que iban a entrar en una cafetería para refrescarse, les dije que había visto algo en un escaparate que me gustaba, que fueran entrando. No sé si se creyeron o no mi excusa, ya que no les di opción a réplica y volví a sumergirme en el zoco, que para mí era en esos momentos como un lugar mágico en el que podía disfrutar de miles de sensaciones diferentes, todas ellas muy placenteras.

Empezaba a sentirme flotando, como mareada (supongo que, en parte, también sería por el calor y el fuerte olor existente), me daba la impresión de que era yo misma la que buscaba ahora los roces, para producirme placer. Vagué un rato sin rumbo hasta que acabé en una callejuela estrecha, sin salida, que estaba desierta. No sé cómo había ido a parar a aquel callejón, pero era evidente que estaba ya fuera del zoco y perdida.

Cuando iba a dar la vuelta para intentar regresar al zoco y localizar a mis tíos, me di cuenta de que al fondo del callejón había un marroquí sentado en los peldaños de entrada de una casa. Vestía una túnica que le llegaba hasta los tobillos y era casi un anciano. Pero lo que me llamó la atención de él fue su cara: se parecía mucho al vendedor del día anterior: tenía la misma barba descuidada y sobre todo los mismos ojos oscuros, mirándome de forma lujuriosa. Lo que estaba provocando su mirada era que, en mi “paseo” por el zoco, uno de los tirantes de mi vestido estaba descolgado hasta el codo y se me notaba claramente el pezón hinchado por la excitación a través de la fina tela del sujetador de verano que llevaba puesto, pero yo estaba tan absorta que, en esos momentos, no me di cuenta, simplemente me aproximé a él sin decir nada, sólo pensando en algo que preguntarle y que no pareciera demasiado estúpido.

El, naturalmente, notó mi grado de excitación y, sin decir nada, se levantó y comenzó a acariciarme con una mano la teta descubierta, mientras que con la otra bajaba el otro tirante. Sus caricias y los pellizcos que me daba en mis sensibles pezones provocaron mi primer orgasmo. Ya se había deshecho del sujetador y ahora se dedicaba a chuparme los pechos con glotonería, pasando rápidamente de uno a otro y regalándome de vez en cuando suaves mordisquitos en los pezones, para, seguidamente, lamer con avidez la aureola. Sus manos mientras tanto, habían levantado el vestido y estrujaban con rudeza mis nalgas por dentro de mis braguitas, mientras un dedo pugnaba por entrar en mi estrecha cavidad posterior.

En esos momentos abandoné mi pasividad y mis manos se dirigieron como autómatas a su abultada entrepierna para seguidamente, comenzar levantar su túnica. El se percató de mis intenciones: se la acabó de remangar y volvió a sentarse en los peldaños, separando las piernas. Yo me agaché y empecé a pasar mi lengua por aquél mástil, que se erguía insolente delante mí, dentro de un sucio taparrabos y cuya punta comenzaba a asomar, por arriba, de su prisión. El olor que desprendía era insoportable y, en cualquier otra circunstancia, me hubiera provocado arcadas, pero yo me encontraba demasiado excitada como para no encontrarlo apetitoso. Liberé tan preciado tesoro de las ataduras que lo aprisionaban y comencé a saborearlo con deleite: mi lengua parecía haber cobrado vida propia y comenzó a recorrerlo lentamente desde la base hasta el glande, como deleitándose en el sabor del más exquisito helado que había probado.

En esos momentos noté como otras manos comenzaban a bajar mis braguitas para, seguidamente, comenzar a introducir los dedos en mis dos agujeritos, centrándose especialmente en pellizcar mi sensible clítoris. Se cansó muy pronto de jugar con los dedos porque de pronto noté que otro pene comenzaba a penetrarme lentamente por mi almejita, como recreándose en el proceso de entrada. Pero a mí no me importaba, en esos momentos mi mundo era aquél duro y caliente helado que estaba saboreando con deleite y que vibraba ante las caricias de mi lengua. Cuando me cansé de recorrerlo todo entero de arriba abajo con mi lengua, introduje el glande en mi boca y le pegué un pequeño mordisco.

El pobre marroquí ya no pudo aguantar más y comenzó a descargar semen en mi boca, que yo tragaba con avidez, como hace un sediento en el desierto cuando encuentra una cantimplora llena de agua fresca. Solo fue un momento más tarde cuando aquel otro pene que había comenzado a penetrarme empezó a eyacular dentro de mí, coincidiendo con el orgasmo más brutal que he tenido en mi vida, que era como la culminación de los que tuve desde las caricias iniciales en mis pezones de este anciano marroquí, que me recordaba al vendedor del día anterior. Al pasar un rato tumbada en el suelo, recobrándome, empecé a tomar conciencia de la realidad y me fijé por primera vez en el individúo que, aprovechando mi calentura, me había penetrado: ¡Era mi tío!

Cuando le pareció que tardaba, salió a buscarme, pensando que me había perdido y, cuando me encontró, decidió aprovechar la situación. Ni él ni yo dijimos nada, yo recompuse como pude mis vestimentas y regresamos los dos a buscar a mi tía, en silencio y sin mirarnos. Después de esto, yo recuperé mi normalidad, regresamos y ni él ni yo comentamos nunca nada de lo que había sucedido en aquella callejuela de Casablanca, ni tampoco volvimos a tener contacto sexual de ningún tipo. Esta es la experiencia más fuerte de este tipo que he tenido. Supongo que verme en sujetador delante del vendedor hizo que se sintiera tan caliente que provocó todo lo demás.

Este es mi primer relato, basado en una experiencia personal. Me encantaría que me escribierais comentéis que os ha parecido o cualquier otra cosa que os apetezca. Lo que cuento de mí, mi descripción, ocupación y forma ser también se corresponde con la realidad, para que os hagáis una idea de cómo soy.

A quien la suerte se la de…

October 29, 2009 by admin  
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Faltaba un hombre para completar cuatro parejas. Y Toño (cosa rara), se acordó de mí.

- ¡Diga!- ¡Hola, Alex! Soy Toño. ¿Cómo te va, tío? Toño no llamaba nunca. De modo que, si lo había hecho, es que quería algo de mí. – Bien, hombre, como siempre. Y tú, ¿qué tal? – Tirando. Oye, te llamaba porque hace mucho que no nos vemos, y a lo mejor… Verás, este fin de semana hay una fiesta en el chalet de unos amigos, y he pensado que igual te apetecía. – ¿Los conozco? –pregunté. – No, pero son gente muy maja, ya verás. (Ahí había gato encerrado, seguro). – Oye, Toño. Nos conocemos desde la escuela, así que ¡déjate de chorradas! ¿Cómo es que me llamas al cabo de?… (Ni me acordaba de cuándo fue la última vez que hablamos). Clarito y al grano. ¿Qué fiesta es esa, y por qué me invitas?

- Tú siempre tan suspicaz. Bueno, por una vez tienes razón. Verás, es que normalmente coincidimos cuatro parejas en casa de esos amigos. Una de esas parejas eran Marina y Arturo. Pero resulta que se han tirado los trastos, a pesar de lo cual Marina se ha empeñado en venir, aunque sólo sea de mirona… (Se cortó claramente en ese punto). – ¿Cómo que de “mirona”? –pregunté. – Bueno, déjame que te explique. Es que se trata de una fiesta muy especial…

- ¿Qué tiene de especial? – Bueno, tío, que tú no has nacido ayer -explicó-. ¿Has oído hablar de “swinging”? (Claro que sabía el significado de la palabra. Aquello empezaba a ponerse interesante). – Sí, por supuesto. – Pues va de eso. Cuatro parejas, todos gente agradable, que nos reunimos unas cuantas veces, sobre todo durante el verano, para pasarlo bien… Sin complejos ni inhibiciones.

Se me levantó de inmediato. Uno había oído hablar de esas cosas, por supuesto. Pero si tuviera pareja, pues no me gustaría un pelo seguramente ver como se la follaba otro tío. Pero aquello era distinto, porque ni conocía a la tal Marina, así que… Se me ocurrió de repente una idea que consiguió que el pene volviera a su estado de reposo.

- Oye, Toño, ¿va de todos con todos, o sólo chico-chica? – Bueno, uno de los tíos es bisexual, pero los demás no nos prestamos, y eso quedó muy claro desde el principio Aunque, como tú eres nuevo, a lo mejor te hace alguna proposición, ¡je, je! – Mira, Toño, será mejor que lo olvides. – ¡Que no, tío, que no! Que es broma.

Total, que acabó convenciéndome (no le costó mucho, no). Había que recoger a Marina, que no tenía coche. No me importaba, y además me solucionaba otro problema, porque ella sabía donde era el sitio (un chalet en una zona exclusiva, fuera de la ciudad), pero yo no. Al día siguiente me llamó Toño de nuevo, y me dijo que la chica me esperaría el viernes a las 6 p.m. en… (Una dirección del centro). Total, que llegó el viernes. A lo largo de esos días, estuve varias veces a punto de arrepentirme. Pero luego venía a mi imaginación una escena de orgía que vi hace tiempo en una peli porno, y me empalmaba sólo con la imagen mental. Además, es que llevaba ya más de dos meses sin un buen conejo que se comiera mi nabo. Así que lo dejaba correr.

Cuando vi a la tal Marina, se me “cayeron los palos del sombrajo”. Uno se había imaginado una chica normal tirando a feíta, falta de sexo, pero nada más lejos de la realidad. Casi tan alta como yo, morena con el pelo cortito, ojos castaño muy claro, con unas pestañas más largas que mi hipoteca, una naricilla ligeramente respingona que le daba un aire travieso, boca llena, unas tetas redondas y altas muy bien puestas, cintura estrecha que dejaba paso a unas caderas muy apetitosas, a juego con su culito, de esos de nalgas bien diferenciadas. ¡Y qué muslos! Llevaba un vestido claro de una pieza, con la falda cortita, así que pude apreciar lo bien formados que los tenía. A juego con sus piernas, realzadas por unas sandalias con medio tacón.

Decididamente, su novio merecía un par de ostias, por dejar a una cosa así. Me quedé tan agilipollado, que ni reaccioné cuando ella me estrechó formalmente la mano. Luego conseguí salir del trance, le dije alguna pavada que no recuerdo, y nos sentamos en mi auto.

Yo estaba más “cortado” que la leche. Veréis, os lo explico: uno conoce a una chica que le gusta, y piensa en “llevársela al huerto”, si, pero en un futuro indeterminado, sin plazos. Pero aquello rompía todos mis esquemas porque, aunque acababa de conocerla ¡íbamos a follar!, y la idea me produjo una erección imparable. Ella también estaba un poco violenta, todo hay que decirlo. Rehusaba mirarme, y tenía que sacarle las palabras con sacacorchos. De todos modos, se le había subido la falda hasta bastante más arriba de lo que aconsejaba la decencia, y no había hecho ninguna intención de cubrirse, con lo que tenía una perspectiva increíble de sus apetecibles muslos, casi hasta las braguitas. (Si es que las llevaba). Me atraganté sólo de imaginar que dentro de un rato podría comprobar seguramente si se había puesto o no ropa interior. Decidí que lo mejor para romper el hielo, era “coger el toro por los cuernos”:

- Oye, Toño no me ha explicado prácticamente nada. ¿Te importaría ponerme al corriente?

Ahora sí me echó una larga mirada. Dudó unos instantes, y luego se decidió a hablar.

- Pues verás. Somos… éramos -corrigió- cuatro parejas muy liberales, incluyendo a Toño y Andrea, su novia. No hay apenas reglas, sólo una higiene estricta, y buen “rollo”.- Perdona… -titubeé unos instantes, luego me decidí-. No me respondas si no quieres, pero se me hace un poco “cuesta arriba” que una chica tan bonita como tú… No iba bien. – Bueno, quiero decir que yo tenía la imagen de que esto era cosa de parejas ya maduritas, que se aburren haciéndolo solos, y buscan la variedad para mantenerse sexualmente activos.

Marina tardó en responderme. Luego pareció decidirse:

-Verás, no fue de golpe y porrazo, sino que la cosa fue derivando poco a poco. Al principio sólo nos reunimos un par de veces para cenar o tomar una copa. Llegó el verano, y una noche -sonrió- en la que todos habíamos bebido algo de más, alguien propuso bañarnos en la piscina. Hacía mucho calor, y apetecía. Pero claro, sólo los dueños de la casa tenían bañador. Fue Helena “con hache” -por primera vez oí su risa- (es que se presenta así ella misma, explicó), la primera que dijo que no le importaba bañarse en ropa interior, si nadie se fijaba mucho. Al final resultó que sólo llevaba unas braguitas muy pequeñas debajo del vestido, pero parece que no le importaron las miradas de todos los hombres, y se metió en el agua. Aquello fue como la señal.

Todos los hombres se las arreglaron para convencer a sus parejas, y el próximo recuerdo que tengo es que estaba nadando sólo con sujetador y tanga. Cuando se me pasó un poco la borrachera por efecto del agua fría, me avergoncé un tanto, pero ¡se estaba tan a gusto! Cuando salí fuera de la piscina, me quedé de piedra: Piluca y Juan (los anfitriones), completamente desnudos, me ofrecieron una toalla. Yo no sabía qué hacer, pero ellos actuaban con mucha naturalidad, y enseguida se apartaron para atender a otros. Otra vez fue Helena, la más decidida. Después de secarse ligeramente, dijo que le molestaba la humedad de las braguitas, y se las quitó. Y poco a poco, todos fueron siguiendo su ejemplo. Se echó a reír de nuevo.

- Yo estuve un buen rato tapándome los pechos con un brazo, y con la mano en… -carraspeó-. Bueno, finalmente, dos copas más, todo el mundo estaba desnudo, total, que se me fue pasando poco a poco el pudor. Aquella noche no sucedió nada más -continuó-. Pero el fin de semana siguiente volvimos. Nos habían citado a las 7, como hoy, o sea que era de día. Me extrañó que Piluca y Juan llevaran albornoces, porque hacía calor. Pero cuando habíamos llegado todos, se los quitaron, y estaban desnudos, como la otra noche. Luego Juan hizo un discursito hablando de nudismo, de que total, ya nos habíamos visto todos así…

En unos minutos estábamos todos en pelotas de nuevo. Otra vez me dio algo de vergüenza, porque la vez anterior, mal que bien, la oscuridad me hacía sentirme más oculta, pero mi novio me animó, y me daba reparo ser yo la única vestida, total que me desnudé también. Creo que Piluca y Juan lo tenían todo planeado. Después de la cena, pusieron música suave, y salieron a bailar, animándonos a que los imitáramos. Ya estábamos todos más o menos acostumbrados a estar sin ropa, pero bailar desnudos, bueno, todos nos fuimos excitando poco a poco. Y cuando vimos a Juan y Piluca haciendo el amor sin ningún reparo, abrazados sobre el césped… bueno, el paso siguiente fue más fácil, y al cabo de unos segundos estábamos mi novio y yo imitando a los anfitriones, como todo el mundo. Se detuvo unos segundos antes de continuar.

El paso siguiente vino rodado. Dos semanas después, ya nos pareció a todos de lo más natural desnudarnos nada más llegar. Todo se desarrolló lo mismo, hasta que a la hora del baile, en lugar de hacerlo con su mujer, Juan se acercó a Andrea y la sacó a bailar. La chica lo dudó un poco, miró a su pareja como pidiéndole permiso, pero luego se decidió. Y al final, terminamos bailando todas con todos, alternativamente. En un momento determinado estaba yo bailando con Toño, que por cierto estaba bastante… excitado. Yo trataba de mantenerme a distancia, pero su “cosa” me rozaba continuamente, y me fui excitando sin querer. Quise apartarme, pensando que a mi novio igual no le parecía bien, pero entonces le vi bailando con Helena, y no sólo estaba bien pegadito a ella, sino que tenía una mano metida entre sus piernas. Así que un poco por rabia de ver lo que estaba haciendo mi novio, un poco también porque a esas alturas yo estaba ya bien calentita, no sólo le permití a Toño que se me pegara como una lapa, sino que ni siquiera le aparté la mano cuando empezó a acariciarme los pechos.

Cuando me quise dar cuenta, éramos los únicos bailando. Piluca estaba cabalgando como una posesa encima de Pepe, la pareja de Helena. Arturo, mi novio, estaba entre las piernas de Helena, y Juan tenía a Andrea sobre él, moviéndose como una condenada. Casi sin pensarlo, me encontré tumbada en la hierba con Toño, y… (A estas alturas, el relato de la chica me había puesto ya “a mil”. Me estaba imaginando la escena, cuando rompió el encanto la voz de Marina).

- Tienes que dejar la autopista en la próxima salida. Luego ya te indicaré. – Entonces -pregunté- ¿la cosa va de que cada quién se empareje con quién quiera? (Yo no había visto a las otras, pero tenía muy claro con quién quería aparearme). – Bueno, con el tiempo, fuimos introduciendo juegos y variaciones, no sólo para la asignación de compañero, sino para hacerlo más interesante. También hubo un par de parejas más, pero después de unas cuantas fiestas, no volvieron. – ¿Juegos? -inquirí extrañado. – Sí, verás. Hay uno por ejemplo, la “botella femenina”. ¿Sabes eso de que se pone una botella en la mesa, se hace girar, y el elegido o elegida es aquél al que apunte la boca cuando se detiene? Pues Juan hizo construir una mesa que tiene encima una plataforma redonda, que gira sobre ruedas en un carril. Entonces, se ponen todos los varones alrededor, y las chicas nos vamos subiendo una a una a la plataforma, con las piernas encogidas y los brazos alrededor de las pantorrillas.

La idea de una chica en posición fetal, mostrando de seguro la vulva entre sus piernas, me estaba provocando sofocos.

- Alguien la hace girar, -prosiguió-, y lo mismo que con la botella. Te toca con el tío que quede más cerca de tu cabeza. – Otro juego es el de la oscuridad, pero hay que jugarlo en una habitación vacía, para que nadie se lastime. Apagan las luces, con todos alrededor de las paredes. Entonces Juan da una palmada, y todos paseamos por la habitación, andando muy despacio. De vez en cuando tropiezas con alguien. Compruebas si es varón, y entonces él te mete mano, y tú a él, a tientas, sin saber de quién se trata.

Otra vez se echó a reír con ganas.

- Una de las veces a alguien se le ocurrió encender la luz, y pillamos a Helena y Piluca muy abrazaditas, aunque debió ser un error, porque no te imagines que hay sexo homosexual; sólo hombres con mujeres. Bueno -concluyó-. Cuando ya estamos todos “a tono”, una nueva palmada de Juan, y entonces… bueno, digamos que te tumbas en la alfombra con quién estés en ese momento.

Tuve que colocarme el pene dentro del pantalón, porque estaba dolorosamente oprimido. Hacer eso conduciendo no puede ser disimulado, así que Marina lo advirtió, y me miró con cara de picardía. Estuve a punto de pedirle que se callara, pero ella, sonriendo irónicamente, continuó.

- Está también el de “todos contra una”. Todas las chicas, por turno, nos tumbamos en una mesa… este… bueno, abiertas de piernas. Los hombres van pasando uno a uno, y te… lo hacen, exactamente quince segundos, cronometrados por los demás mediante un reloj de pared. Esto dura hasta que la chica se corre. Entonces se baja, y otra ocupa su puesto. Los tíos suelen aguantar bastante, porque tienen quince segundos de actividad, seguidos de cuarenta y cinco de descanso. De vez en cuando, uno de ellos no se puede controlar, y termina dentro de la chica que está en la mesa. Piluca me dijo una vez, cuando acabó el juego, que ella se había venido seis veces.

Estuve tentado de preguntarle cual era su “score”, pero me callé, no fuera a mosquearse. Marina continuó:

- Está también “el día de las chicas”. Sacamos de una bolsa un número, del uno al cuatro. Y por el orden de los números que hemos sacado, escogemos a nuestra pareja para esa noche. Se quedó pensativa. – Eso fue parte del problema con Arturo, mi novio. Andrea tiene una suerte increíble, y casi siempre le escogía a él. Se debieron aficionar demasiado, porque un día llegué pronto a casa, y me los encontré en la cama. Luego supe que llevaban viéndose a solas varias semanas… Total, que tuvimos una discusión, y rompimos.

No pude por menos de sonreír ante lo que me parecía una inconsecuencia. O sea, que Andrea y Arturo habrían follado veinte veces delante de ella, pero que lo hicieran ellos solos… eso no, era infidelidad.

- Luego hacemos concursos y exhibiciones, aunque últimamente no, porque ya son previsibles los ganadores. No hubo tiempo de que me explicara lo de los “concursos y exhibiciones”. Se interrumpió cuando parecía que iba a continuar: – ¡Ahí, es esa casa de la izquierda!

Alguien debería estar al tanto de nuestra llegada, porque la puerta cochera se deslizó silenciosamente sobre un carril. Aquello no era una casa, era una mansión. Seguro que la mía cabría entera en la décima parte de una de sus dos plantas. Y rodeada toda de un tupido seto, impenetrable a la vista. Muy conveniente. Estacioné el coche bajo una cubierta, donde ya había otros dos, y nos bajamos. No se veía un alma, y yo no sabía qué hacer. Pero Marina, muy decidida, se encaminó hacia la parte trasera, rodeando la construcción.

Cuando terminamos de dar la vuelta y vimos a los invitados alrededor de una enorme piscina, para mi desilusión, advertí que todos estaban completamente vestidos. Bueno, esto hay que matizarlo. Piluca (luego supe que se trataba de la anfitriona que, por cierto, llevaba muy bien sus cuarenta y dos años), vestía una falda negra larga hasta los pies, pero en la parte superior, sólo una blusita finísima sin nada debajo, que dejaba admirar sus pechos como si no la llevara. Yo siempre había pensado, cuando veía transparencias como aquella en un desfile de moda, que ninguna mujer se atrevería a ponerse algo así, pero estaba equivocado al parecer.

Helena con Hache había elegido una blusa con escote muy amplio y abierto, por el que se asomaba de vez en cuando uno de sus pechos, de pezones erectos, que no se molestaba lo más mínimo en volver a cubrir. Por debajo, una falda hasta las rodillas, que se abría en un costado hasta la cintura, dejando ver casi permanentemente un muslo muy tostado y bien hecho. Y Andrea llevaba una minifalda vertiginosa, que mostraba en cuanto se movía lo más mínimo el inicio de sus nalgas, cuando estaba de espaldas, o su pubis cubierto por una braguita roja, cuando estaba de frente. En la parte superior, una blusa sin espalda anudada flojito al cuello y nada debajo, porque sus pechos eran claramente visibles cuando te ponías a su costado.

En cuanto a los hombres, sólo un pantalón corto -Juan, según supe después- y un par de torsos desnudos, incluido el del anfitrión. (Y es que en esto de la moda masculina hay menos imaginación, y nadie diseña pantalones abiertos por los que asome la polla, por ejemplo). Todas las mujeres, preciosas, y todos los hombres “bien hechos”. Pensé que aquel conjunto de “cuerpos Danone” no se había reunido por casualidad, sino que había sido fruto de una cuidadosa selección (después confirmaría que, efectivamente, Juan y Piluca había elegido a las parejas entre sus amistades o conocidos).

No tenía planeado hacer una serie, pero es que me han salido cinco páginas de Word con los preliminares. De forma que lo dejaré aquí, y otro día seguiré con lo que pasó después. No os lo perdáis.

Si queréis hacer algún comentario, sacarme algún defecto, o alabarme (esto último es lo que más me gusta), podéis hacerlo.

Vacaciones de estudiantes

October 19, 2009 by admin  
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En período de exámenes, después de pasar la noche en vela, Lucía y yo hicimos el amor con ánimo profiláctico, sólo para reponer fuerzas, y bajamos hacia la C.U. En el camino, Lucy me expuso un plan que, me dijo, ya había aprobado Tamara. Según esto, una tía suya le prestaría por cuatro días, un departamento en Acapulco, “y Tamara y yo, que hemos decidido irnos a vivir juntas, queremos despedirnos, al menos por un rato largo, de los pitos”, así que habían planeado pasar esos días en una orgía sostenida, “en que nosotras pondremos las reglas”, y habrían de ir tres vergas distintas y, si fuese posible, otra chica. “Una de esas tres es la tuya y otra, quiero yo que sea la de tu amigo Felipe, y tú puedes proponer la tercera, que pertenezca, dicho sea de paso, a un chavo de mente abierta y que no sea un macho insufrible”.

Otra obligación previa: los seis involucrados habríamos de llevar un dictamen negativo de la prueba de Elisa, hecho ex profeso, y ellas pedirían a la tercera chica que las imitara en la opción correcta: DIU (ambas cosas serán enormemente tranquilizantes, dijo). Ellas impondrían también unas reglas de puntuación que al final del evento darían un ganador por sexo, que sería premiado el último día, y que tendría por esclavo al perdedor del sexo opuesto durante dos semanas posteriores al regreso a México (esclavo o esclava en secreto, aclararon). Los tres varones, dijo Lucy, habríamos de pagar las comidas (”que deberán ser de buena factura”) y aceptar sus reglas, que serían una sorpresa pero que, me garantizaba, nos gustarían. La tercera chica habríamos de buscarla nosotros.

Cuando llegamos a la Fac, presentamos el examen del día y yo salí a las Islas a meditar. Ya veía venir que Lucy y Tamara se casarían. De hecho, luego de cuatro o cinco encuentros triangulares, durante tres o cuatro semanas, me habían excluido, aunque yo había podido estar alguna que otra vez con Lucy, y una con Tamara (habían pasado poco mas de tres meses desde nuestro primer encuentro triple). Les debía mucho a ambas, las quería y las sigo queriendo, aunque hace años que no duermo con ninguna de las dos, y sabiendo, como sabía, que están locas como cabras, no me disgustaba la idea de arreglarles su despedida, ni, mucho menos, la de tomar parte en ella. No dejaba de sorprenderme, además, que Lucy, tan modosita, que ante sus padres seguía jugando el rol de hijita perfecta, hubiera tomado tan brava decisión.

Esa misma tarde convoqué a junta a Felipe y a Roberto. Felipe, un rubiales con fama de conquistador, buen lector y amigo, punk y contracultural, estaba ahí (aunque no se lo dije) a expresa petición de Lucía, a quien le alborotaba la hormona. No en vano, le decían Felipe “el Hermoso”. Bobby es mi más querido amigo, y había vivido con él aventuras y borracheras sin par, y sabía que me haría deudor de su gratitud eterna al invitarlo a tan inusual y desaforado evento, es alto y delgado, bien plantado aunque nada espectacular. El único impedimento serio era el dinero, pero era cosa de movernos y conseguir una lana, pidiéndola a quien fuera.

Les conté la propuesta. Primero, se sorprendieron de que mi intimidad con Lucy y Tamara llegara a tanto, pues yo, como caballero que soy, no ando contando mis andanzas (y si se las cuento a ustedes es como los curas de antaño contaban los problemas de conciencia: “se dice el pecado, pero no el pecador”, y he alterado de tal modo los hechos, que sólo sus protagonistas podrían reconocerlos, porque lo único inalterado es lo que hicimos en privado). Felipe nos contó entonces cómo, en un viaje de prácticas, había follado como loco con Tamara una noche en que las compañeras de cuarto de aquella, entre las que no estaba Lucía, por cierto, habían ido a una disco con el grueso del grupo, dejando libre la habitación hasta tarde (”y es un cañón, una tigresa, mi buen, coge como una diosa”, le dijo al Bobby, porque era obvio que no tenía que contármelo a mí).

Les dije que había otra condición: ellos debían conseguir a la tercera mina. “Una tía guapa, potable, asequible, pero no un pimpollo: guapa, para que despierte nuestros instintos, pero no tanto que opaque a las otras dos, que esté equilibrado el pedo ¿saben?” Y les dije que yo no quería saber nada del asunto hasta que lo consiguieran: “y tienen dos semanas”.

La tercera mina fue Alicia, una güerita de buen ver, exnovia de Felipe, que estaba en primer año en otra carrera de la Facultad. Alicia aceptó el juego, pero exigió que Lucy y Tamara la incluyeran en la definición de las reglas. Finalmente, convenimos en que ellas se irían por su lado, en el coche de Lucía, y nosotros habríamos de partir por nuestra cuenta, pasar a la playa y llegar al departamento hacia las seis de la tarde del primer día, un miércoles. Así sería.

Ahora hay que hablar de esas tres preciosas y magníficas chicas: Retomo otra descripción de Tamara: “Yo solía verla por los pasillos, chaparrita, delgada, con unos profundos ojazos negros que iluminaban sus rasgos indígenas y su larga cabellera de ala de cuervo. Tenía (tiene) unas caderas estrechas pero claramente femeninas, unos pechitos que apenas despuntan y unas piernas delgadas y bien torneadas, bajo un pubis pétreo y un duro y plano estómago”. Hay que agregar algunos datos, que ya sabía o que supe en esos días: 24 años, 1:53 de estatura. Nunca nos dejó tomarle las medidas, aunque hay que decir que era más esbelta que Alicia.

De Lucía: Muy morena, “[...] luce una espesa y ensortijada pelambrera, una naricita de botón, y unos labios gruesos, grandes y rojos, diseñados para mamar [...] es una chica generosamente dotada, quizá en exceso: 1.67 [de estatura] adornados con unos pechos grandes y redondos, con unos enormes pezones morados que, un día, por curiosidad medí, encontrándome con un metro y casi diez centímetros. No tenía, ni por asomo la cintura de sílfide de Tamara, pero el recubrimiento carnoso que la envolvía no demeritaba su figura, como tampoco lo hacía un culo desmedido, alegre de vivir, que con trabajo acomodaba en los mesabancos y que, enfundado normalmente en minifaldas negras o azules, solía atraer feroces miradas hacia sus gruesas pero firmes piernas. Un pimpollo estilo años cincuenta.” Tenía por entonces 22 años, y sus medidas eran 110-76-106.

Alicia acababa de cumplir los 19 (por poco se los festejamos en Acapulquito), de facciones muy finitas, ojos color castaño claro, lo mismo que el cabello, casi tan bajita de estatura como Tamara (1:55) y, aunque delgada, muy bien proporcionada: 82-58-80. En realidad, había sido una sabia elección, porque me encantaba. A pregunta nuestra, nos contó que había perdido la virginidad a los 17 años, con un primo suyo, de 18, y que Robert y yo seríamos sus varones número 8 y 9.

Le pedí que me contara de los otros, y sonriendo pícaramente dijo que sólo los enumeraría: su primo ya dicho; su profe de química en primero de prepa; un novio de 19 años; “dos españoles en Cancún”; Felipe, “aquí presente”; y… “el otro es un secreto”.

Y es que el primer día fue de pláticas en ese tenor. Tamara y Lucía contaron sus primeras experiencias, y Lucía dijo que había tenido once amantes de sexo masculino, y una, “la mejor”, mujer. Tamara sólo nos dijo “muchos”. Yo volví a contar la historia de Lupita, hablé de Ariadna, y dije que Alicia sería la sexta mujer con quien lo haría (luego de Ariadna estaba Mirna, y luego Tamara y Lucía). Felipe tenía una larga historia, desde que huyó de casa y se recluyó en una comuna punk. Roberto había tenido dos amantes y otras tantas aventuras ocasionales, y ninguna novia. Felipe tenía 24 años, yo 22 y Roberto 21.

Es que, como quedamos, habíamos llegado a las seis de la tarde al departamento, una cosa hermosa, no cercana a la playa, aunque desde el balcón se dominaba la bahía, pues el edificio estaba inverosímilmente construido en las pendientes del Veladero. Un departamento muy amplio, bien amueblado y con tres recámaras. Nos recibieron vestidas, y nos hicieron sentarnos a la mesa: “hoy es día de plática y confesiones -dijo Lucía-, de descanso y preparación. Cada quién dormirá con su pareja asignada, y está prohibido coger más de dos veces, y mañana, a las ocho en punto, empezamos. Mañana es mi día, yo mando”. Había que estar a las ocho en punto: todos bañados, bien aseaditos, y ligeros de ropa, pero no desnudos. Así que estuvimos confesándonos unos a otros, tal como he resumido. También se acordó que yo llevara la minuta de los acontecimientos, lo que me permite reconstruirlos detalladamente.

Antes de salir a cenar nos asignaron las parejas de esa noche, diciendo que habríamos de portarnos como noviecitos. Y he de decir que el criterio fue de lo más equitativo: Felipe con Lucía, Roberto con Tamara y su servilleta con Alicia. La chiquita estaba entusiasmándome: tenía el pelo recogido en una cola de caballo, y llevaba un traje de baño de una pieza y sobre él, una minifalda de mezclilla, completando su atuendo con unos huaraches. Nos amontonamos junto a Lucy, y desde ahí empecé a tocar su piel dura y suave, acariciándole los hombros descubiertos, las mejillas y la delicada curva de las pantorrillas.

Cenamos mariscos, bueno y ligero, y todos nos moderamos notablemente con la bebida, y apenas pasadas las diez estábamos Alicia y yo desnuditos, dándonos una ducha fría. Yo estaba admirando el sedoso vello rubio que cubría su espalda y sus brazos, y la abundante mata de pelo que sombreaba su pubis, mientras la enjabonaba dulcemente. Nos secamos el uno al otro, y nos fuimos a la cama, donde la acosté boca arriba y empecé a besarle los labios vaginales y succionarle el clítoris, hasta que me pidió que se la metiera, a lo que no me rehusé. Me mecí despacio dentro de ella, con toda la intención de prolongar el momento, retrasando mi orgasmo hasta que alcanzara el suyo. Nos acostamos, y sus delicadas caricias hicieron que se me parara otra vez, y al pedirle “el segundo de la noche, reglamentario”, fue al baño y luego de limpiarme el pito con una toalla húmeda, me lo mamó hasta hacerme ver estrellas. Finalmente, nos dormimos. Al día siguiente esperamos la hora prevista sentados en el balcón, viendo la límpida mañana acapulqueña.

Autor: sandokan973

La ley seca en el bar

October 13, 2009 by admin  
Filed under Orgias

Las elecciones llegaron y con ello la ley seca, aunque en algunos lugares se vendió licor (como siempre) hay quienes siguen con la tradición de la Ley seca, por lo que el bar en donde labora mi esposa, pues el viernes 3 de julio decidió cerrar temprano, el acceso de clientes fue muy bajo y no hubo problema para el cierre, nos quedamos unos cuantos limpiando y acomodando mientras los demás se retiraban algunos más comenzaron a hacer una pequeña fiesta, con las muchachas del bar y como siempre, mi esposa escucha fiesta y de inmediato se apunta, la música sonaba y rápido se pusieron a bailar, mi esposa bailaba con uno de los encargados de barra, total que no faltó el “prudente” del grupo.

-No podemos quedarnos aquí –dijo Juan- mejor nos vamos al depa de Eli.

Esto por que como se supone entraría en vigor la Ley seca por las próximas elecciones pues el bar no podía dar señales de ningún servicio, de inmediato se oyeron un par de respuestas.

-Si vamos –dijo Zita una de las chicas. -Vamos a hacer una orgi-fiesta –siguió el gordo.

Algunas risas comentarios más, comentarios menos y así se empezaron a organizar, antes de darme cuenta ya se habían ido.

-Joder con tu vieja –dijo Pedro, el tipo que me estaba ayudando en la limpieza- ya se largó y te dejó solo.-Ya terminamos. Fue lo único que atiné a decir.

En cuanto terminamos me apresuré a guardar las cosas y de inmediato me fui al departamento, cuando llegué desde afuera podía escuchar con claridad la bulla que había al interior, tomé mi llave y entré sin más problemas, el cuadro era hermoso, las chicas estaban en topless, incluida mi esposa que andaba en tanga y todos bailando, la música sonaba a medio volumen por lo que se podía platicar y gozar de la música, yo entré de lo más natural, mientras una de las chicas –Xiomara- me entregaba una cerveza destapada.

-Gracias. Dije.

Me senté en un pequeño sillón a tomarme mi cerveza mientras el ambiente seguía muy animado, las 3 mujeres se exhibían mientras 3 de ellos bailaban y los otros 2 tomaban en un lado de la sala, los bailes era muy candentes debido a la situación, de vez en cuando ellos amasaban las tetas de ellas sin que ellas opusieran resistencia, Xiomara resultó más atrevida y comenzó a restregarse de cuerpo entero a su pareja de baile para después hacerle lo mismo a otro, y después a otro, así se fue también con los que estaban sentados que encantados la dejaban hacer lo que ella quisiera, y ellos la tocaban por todos lados, entonces Zita la imitó y empezó a hacer lo mismo con todos los hombres, mi esposa no se quedó atrás e hizo lo mismo, comenzando conmigo, me bailó y me tocaba el paquete encima del pantalón, yo la acariciaba por todo el cuerpo se me acercó al oído y me dijo…

-Quítame la tanga.

Yo la miré un poco confundido, pero obedecí y bajé de a poco su tanguita hasta quitársela ante el aplauso, gritos de apoyo y chiflidos de todos, ya sin la tanga se dio la vuelta y se dirigió al gordo que esperaba con una sonrisa de satisfacción, tan pronto la tuvo cerca se abalanzó a manosearla de manera tosca y a arrimarle su verga, mi esposa le dio la espalda y le restregaba las nalgas en la verga del gordo y el gordo se dedicaba a amasar sus tetas, yo miraba el espectáculo impresionado y excitado, el gordo tenía una cara de satisfacción más que evidente, después mi esposa se separó de él y se dirigió a uno de los que estaban sentados, comenzó a bailarles muy cachondamente, para después sentarse en las piernas de Juan, quien hizo lo propio cuando la tuvo encima.

Tan entretenido estaba observando a mi esposa como jugaba con sus amigos que no me había dado cuenta que Zita y Xiomara ya estaban desnudas también, Zita abrazada del gordo y Xiomara sobándole la verga por dentro del pantalón a Pedro, yo estaba más que excitado viendo todo el cuadro, Zita dejó al gordo y se dirigió a mí, me tomó de los cabellos con fuerza y me restregó la cara en sus grandes senos, pero cuando mi esposa vio eso de inmediato dejó a Juan y le dijo…

-A no, él no juega.

Mi esposa tomó del brazo a Zita y la condujo a Juan…

-Con este si haz lo que quieras.

Pedro que ya tenía la verga de fuera porque Xiomara se la había sacado me dijo riéndose burlonamente…

-Ni modo pendejo, tú no juegas, pero yo sí.

Entonces jaló de la mano a mi esposa y se la puso en su erecto miembro y todos empezaron a reír, mi esposa lo empezó a masturbar suavemente mientras él le agarraba las nalgas a mi esposa, Xiomara por su parte estaba bailando sola en medio de la sala, Rafa que ya estaba un poco ebrio se sacó el miembro y le dijo a Xiomara…

-Mira, ven a moverte aquí chiquita.

Xiomara lo obedeció casi de inmediato y se le sentó encima, solo que no dejó que la penetrara, él hacía intentos por penetrarla y ella burlándose no se dejaba, hasta que en un momento el aplicó fuerza y logró penetrarla pero ella se separó de él al instante.

-Pendeja, -dijo Rafa impaciente- no seas miedosa. -Págame cabrón –dijo riéndose- como que culees gratis.

Todo explotamos en risas al ver a Rafa caminar con el pantalón hasta las rodillas y de su bóxer saliendo su pene erecto, realmente se veía chistoso entonces Zita se acercó cachonda a él.

-Ay pobrecito.

Diciendo esto lo empezó a masturbar con fuerza.

-Mamámela –dijo Pedro a mi esposa.

Mi esposa buscó mi mirada pero no quiso chupársela y dijo:

-¡Todas o ninguna!

Queriendo decir que las otras dos hicieran lo mismo o ella no lo haría. Entonces Zita de inmediato se hincó delante de Pedro y dijo:

-Órale, va.

Pedro tomó entonces a mi mujer de los cabellos un tanto brusco, la jaló y la hizo hincarse delante de él diciendo:

-Órale pendeja, no te pongas mamona nomás porque está tu marido ahora.

Mi esposa cayó hincada de un solo golpe y Pedro sin soltarla del cabello la guió a su pene, ella sin oponerse empezó a chuparlo mientras él seguía haciéndole daño en el cabello, después de un rato mi esposa le dijo a Pedro.

-Vámonos para allá. Señalando la recámara.-Ya ves pendeja –dijo Pedro- pa’ que te pones pendeja si ya sabes que tu culo es mío.

A los pocos minutos que se metieron empezaron a escucharse pequeños jadeos que fueron aumentando, mientras Zita y Xiomara se aventaban una orgia con dos de los hombres. Mientras yo seguía tomándome un par de cervezas vi como Xiomara le deba una felación de campeonato a su amigo, mientras a Zita la manoseaba su compañero y le mordía las tetas, ella se retorcía de placer la escena era muy buena, excitante, pero Xiomara se levantó y propuso:

-Vámonos para allá para estar más cómodos.

Señalando el cuarto en donde estaba mi esposa con Pedro, los cuatro se encaminaron hacia la habitación dejándonos a los demás ahí hasta terminarnos el licor que había.

Sin poder aguantar más decidí echar un vistazo al interior de la pequeña recámara, lo primero que vi fue a Pedro con Xiomara, él estaba sobre ella y ella con las piernas en los hombros de él, mi esposa estaba más al fondo con Rafa (habían cambiado de parejas) mi esposa estaba de pie dándole la espalda a Rafa, ella recargada sobre la pared y él desde atrás penetrándola con fuerza y agarrándola de las tetas.

La otra pareja estaban sentados en la cama, ella lo montaba dando “sentones”, la imagen de ver a mi esposa en esa posición hizo enamorarme más de ella, se veía preciosa, me hubiera gustado quedarme ahí, pero Rafa me hizo un ademán para que me saliera y así lo hice…

Al día siguiente se dieron una ducha pero antes que mi esposa lo hiciera yo entré al cuarto para hacerle el amor, lo cual fue riquísimo, sentir el semen de otro en su vagina, y restos de semen en su cuerpo, ya que cuando le agarraba las tetas tenía semen en ellas, y yo trataba de untárselo por todo su cuerpo, al vernos, los demás nos imitaron y comenzaron a hacer el amor de de nuevo, hasta que uno de ellos me dijo:

-Bueno Lalito, ya dame chance, voy yo.

Me hice a un lado mientras él volvía a poseer a mi esposa y yo me dirigí a asearme…

Por favor les ruego me manden sus comentarios.

Autor: cornudodeorizaba