Mi mejor amiga (2)
July 23, 2010 by admin
Filed under Primera vez
Digamos que me llamo Marcelo, tengo 18 años soy alto cuerpo mas o menos tengo una amiga digamos que se llama Pamela fuimos amigos desde el cole los mejores amigos siempre nos contabamos nuestros problemas amorosos etc… Ella tiene una tienda por la cual yo pasaba siempre ella es espectacular, un cuerpaso increible siempre todos los chicos la han deseado y yo no era la excepción siempre quise follarmela, unos pechitos increíbles redonditos y un culito espectacular igual redonditos bien formados y es que ella se cuidaba, en algunas ocasiones ella me había dicho que ella ya habia perdido la virginidad yo no lo creía.
Un día jueves por la tarde cuando me iba a mi casa pase por su tienda para comprar algo estuvimos hablando y me mostró en su celular una fotos de su chico con otra y ella estaba triste, me quede hablando con ella por un buen rato… cuando ya se hacia mas de noche le dije que me iba a mi casa me pidió que le ayude a cerrar la tienda ya que sus padres habían viajado y sus hermanos estaban trabajando por la noche, yo normal le dije bueno pero que me iba a abrigar, de media hora volví de lo mas tranquilo, le dije ya volví cerremos la tienda y empezamos a acomodar todas las cosas y lo hicimos, cuando ella se agacho a colocar unas cajas vi su culito tan rico y tuve ganas de tocarselo pero me aguante y mi pija se hacia grande, después de una hora terminamos y cerramos la tienda pero al cerrar me corte la mano con la puerta y empezó a sangrar, ella me dijo mira lo que te hiciste no había nada para parar la sangre, rápido cerramos la puerta y como su casa quedaba a no menos de cinco cuadras me llevo para curarme fuimos corriendo.
Al llegar a su casa me metió a su cuarto y saco un pequeño botiquín que tenia y me puso unas vendas… al verla hacer eso me gusto su carita ademas que se le veía un poco los pechos…Cuando ya me paro la sangre me invito a que me quede a cenar que ella haria algo yo acepte y fuimos para su cocina yo me sente y ella empezo a hacer algo de comer… Empezamos a hablar de nuestras parejas y yo le pregunte que si en verdad habia perdido la virginidad y ella me dijo que si yo le pregunte que como lo habia hecho y como se habia sentido y ella me respondia con risas, que lo habia sentido bien y que le gusto, yo note que era mentira y le pregunte haber dime como es el pene, ella solto un plato al escuchar eso y cuando se paraba de recogerlo la agarre y la empeze a besar, caminamos como cinco pasos besandonos ella al principio quiso safarse pero al introducir mi lengua en su boca me correspondio llegamos a una mesa que habia ahi la acaricie todo su cuerpo, Dios mio por fin tocaba ese culo que por años habia deseado la aprete fuerte y le dije apuesto a que aun eres virgen ella me dijo asi es, la volvi a besar y ese rato pense.. Que joder me la follo a la mas deseada!!! La cargue en mis brazos como una pareja de recien casados la lleve a su cuarto que estaba mas o menos como a 10 metros la tendi en su cama y la empeze a besar el cuello, su cuello era hermoso iba bajando y le saque la bluza que llevava puesta estaba con un corpiño blanco ese rato se lo quite y empeze a mamar esos pechitos redonditos que estaban duritos ayy que placer ella empezo a gemir… ahh..ahh que rico…
Entonces fui bajando mas hasta llegar a su vientre y le quite el jean que tenia y estaba con un cachetero rojo, fui bajando besando su cuerpo hasta llegar al principio de cachetero sabia que si bajaba estaria en su vagina y eso me exitaba, mientras iba besando iba sintiendo un olorsito unico y creo que ella ya estaba mojada ese olor y esa sensacion jamas me olvidare que rico tenia la vagina peludita… la besaba lami unos vellitos de su vagina mientras le quitaba el cachetero me aproximaba a sus labios vaginales mientras le tocaba los pechos con mis manos, le di una lamida a parte de sus labio ella gimio aaayy!! y no quiso que avanze mas abajo volvi a besarle la boca mientras ella me denudaba a mi y yo le apretaba sus senos, ya con mi pene afuera apunto de explotar le hice abrir sus piernas y ella me dijo despacio amor por favor, yo le dije esta bien, ella no queria que toque su vagina con mis manos, agarre mi pene y le fui penetrando poco a poco mientras la besaba, ella gemia sentia el dolor…. aaayyy aaayyy con despacio me suplicaba yo no le hice caso y cuando entro la cabeza de mi pene la meti mas y mas ferza ella grito de dolor aayyyyyaaaayyyy!!! yo no queria parar me rasguño la espalda del dolor yo empece un mete saca y ella gemia mas pero ya de placer mmmmm ay aha ha ah ah que rico decia… Yo seguia sin parar hasta que vi hacia abajo habia mucha sangre yo la habia desvirgado, no me importo seguia hasta que estaba a punto de venirme, aayy me vengo le dije, ella no queria me dijo salte que no usaste condon pero no lo hice caso y me vine dentro de ella cuando ella sintio mi semen dentro de ella se calmo y dijo aaaayyyhhh pero yo no pare me fui mas arriba de ella para darle mi pene para que me lo mamara ella no queria porque dice que le daba asco yo la abri la boca y la meti ella empezo a hacerme un mete saca con su boca y cuando me venia quiso vomitar, se agacho para querer vomitar a un lado de su cama yo vi ese culito tan rico y la agarre e intente meterla…Ella dijo que haces? no por ahi no por favor que me destrozaras, no me importo lo que me decia la agarre la aprete su culo y le fui metiendo mientras ella gritaba para que no lo hiciera y se lo meti y dio un grito que estoy seguro que se escucho hasta la calle de su tienda grito aaaaaayyyyyyyyyyyy me dueleeeeeee y le empece el mete saca y ella lloraba de dolor yo me vine en su culito cuando por descuido le saque mi pene ella me voto a un lado de la cama haciendome caer y me dijo eres un estupido me hiciste doler, no sabia que decirle la agarre y la bese y quise dejar en su cuerpo mi firma la agarre de los pechos las aprete las junte y me masturme en sus pechos y le di mi semen en su boca la cual la trago mientras le tocaba su vagina que rico se sentia que ella tambien me toque mi pene como queriendome masturbar. Quedamos muertos agotados habiamos follado como dos horas ya iba a ser media noche me vesti y le dije que me iba creo que apenas me escucho porque dormia la bese y le di una nalgada y un beso a su culito y me lleve su cachetero de recuerdo. Al dia siguiente baje con mi mamá a comprar y nos encontramos con ella y apenas podia caminar y mi mamá le pregunto que se hizo y ella respondio que se cayo y yo me rei cuando me quedamos solos me dijo esto no se quedara asi la proxima te dejo sin verga y me dio un beso…. y follamos un par de veces mas pero eso luego les cuento y les contare mis aventuras con mi novia y otras mas chauu
Mi primera vez con el padre de mi mejor amiga
July 20, 2010 by admin
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Deje el cepillo de dientes en mi neceser, me fui a mi habitacion y me eche en la cama que me habian improvisado ya que me estaba quedando unos dias porque mis padres se habian ido de vacaciones, y yo no habia querido ir. Me quede dormida ensegída.
Me desperte por unos ruidos raros que habia escuchado en la habitacion de al lado y me dirigi hacia el ruido, cuando entendi de que era el ruido tube cuidado de que no me pillaran.
Yo tenia 17 años y no era una idiota, Angel, el padre de mi amiga estaba penetrando a una chica cuyo nombre desconocia. Por suerte Susana y su madre no estaban en casa por que me daria mucha pena ver lo que le estaba haciendo el cerdo de su padre, pero cuando me fije en su cuerpo fuerte, en su torso sudado y en su enorme pene me emepece a ponerme caliente. Me tire al suelo sin hacer ruido siguiendo observando la escena. Nunca habia sentido esta sensación, me levante del suelo con miedo a que me pillaran cuando terminaran.
Continue viendo la escena escondida, cuando angel aumento la velocidad y la penetro más rapido, siguio jadeando y la chica no paraba de gimir. Finalmente Angel derramo toda su leche dentro de ella. Y yo silenciosamente me marche a mi cama.
Pasaron dias desde aquella noche, la ingenua de su mujer no se daba cuenta de que tenia más cuernos que el padre de Bambi, Hasta que un dia yo estaba terminando de ducharme, era por la mañana, no habia nadie. Angel entro al baño para lavarse la cara y espabilarse. Yo rapidamente con miedo a que supiera que yo le vi esa noche cuando estubo con esa chica, cogi la toalla me seque, me la enrole por el cuerpo y sali de la bañera, Desgraciamente tropece y bese las frias baldosas del baño .
- ¿ Laura estas bien ? – Dijo mientras me ayudaba a levantarme
-Si… muy bi… – No conseguí terminar la frase
Le mire a los ojos azules que tenia, en su torso desnudo sudado tras una noche de enorme calor. Como yo siempre digo las desgracias nunca vienen solas, se me cayo la toalla y me vio completamente desnuda, mojada por el paso del agua sobre mi piel. Podía notar como mi rostro se sonrrojaba de verguenza, rapidamente recogí la toalla del suelo y me la enrrolle. Cuando me miro desnuda habia notado que habia sido una mirada de deseo pero yo no podía hacer otra cosa que mirarle los pies avergonzada. Empeze a subir la vista y vi que tenia una erecion, el me deseba a mi y yo a el desde la noche que vi como penetraba con su enorme pene la vajina de esa desconocida.
Empezo a acercase a mí , a cogeme de la cadera y atraela hacia la suya , note como su pene erecto tocaba la cintura atraves de la tela de su pijama, eso ponerme humeda. Levante la vista hacia sus ojos y aún contenian esa mirada de deseo.
-Se…
- Laura, te deseo desde el primer día que te ví desnuda mientras te duchabas. Y quieras o no hoy vas a ser mia.
Yo no dije nada, el poso su mano en mi muslo, elevo mi pierna y hizo lo mismo con la otra y me llevo a su habitacion.
Empezo a besarme el cuello cuando estabamos encima de la cama, el estaba encima mia entre mis piernas con su pijama. Descendio del cuello a los senos y de ahí a mi vajina, empezo a lamer mi clitoris, empece a extalar de placer y demotrarlos con gimidos.
Se levanto y se quito los pantalones de pijama y se apoyo de nuevo de mí.
- Por favor, no – le dije , aunque mi cuerpo pedia lo contrario , mi cuerpo si hablara pedia a gritos << Hazme tuya en este momento,penetrame con tu enorme pene muy profundo >>.
No me hizo caso el cogio su pene erecto y apollo la cabeza en mi vajina y la empezo a introducir dentro de mí, empece a notar como mi vagina daba de sí para que puediera entrar el enorme pene, empece a gimir de una especie de dolor y de placer. Note como un liquido corria entre mis piernas,me imagine que era sangre. Una vez que mi vajina no daba mas de sí o eso pensaba yo , el empezo a penetrarme un poco mas rapido, yo empece a gimir descontrolada me cerro la boca con un beso y yo le mordi los labios , me agarro de las manos y yo se las aprete del placer, mi cuerpo daba saltos de placer y aumento de velocidad y me penetro mas rapido y mas brusco, tube mi primer orgamo. No paro hasta deposito encima de mi su leche, ese liquido caliente que se deslizaba dentro de mí.
Nos miramos a la cara , los dos sudados y no sabia como pero con una simple mirada sabia que esa ocasion se iba a volver a repetir. No me sentí mal por que el padre de mi amiga me estubiera follando, ni por su madre. Me tocaba a mi ser egoista y disfrutar de este verano , Sitiendome más mujer.
La amiga de la familia
January 1, 2010 by admin
Filed under Primera vez
Tengo que decir que lo que voy a contar, sucedió realmente. Yo hoy tengo 37 años, y me he decidido a contarlo, porque creo que nadie se molestará, sobre todo la protagonista, junto conmigo, de esta historia, ya que lamentablemente murió hace algunos años. Por esa razón, omito nombres.
Todo comenzó cuando yo tenía 18 años. Por aquel entonces, yo estaba experimentando ese fuego que sólo se siente al amanecer de la adolescencia. Ella era amiga de la familia, de unos 36 años, más bien baja, 1.55 cm, con unos pechos que a mí me volvían locos, grandes y hacia adelante, y un buen culo. De cara no era muy agraciada, pero sí muy pícara. Tengo que decir que lo que sucedió, no fue por iniciativa de ella, sino más bien por mi terca insistencia.
El hecho fue que con motivo de las fiestas patronales de mi pueblo, ella se desplazó desde su ciudad, hasta mi casa con la idea de pasar unos días con nosotros. Su habitación estaba junto a la mía, y la utilizamos normalmente como cuarto para ver la televisión. Por ese motivo, por las noches yo permanecía en su habitación un rato, viendo la TV., mientras ella acostada, me acompañaba. En los primeros días, yo me excitaba muchísimo viendo su enorme sujetador, colgando de un lado de la silla de la habitación, y ella me lo notaba, pues yo estaba en pijama, y ya se sabe.
Yo aprovechaba cuando se iba al baño para oler su ropa interior, ese aroma que dejaban sus tetas en el sujetador, esas minúsculas bragas, (en esos días no se usaban por aquí los tangas, como ahora). Luego le hablaba de que me gustaría follarla, y ella una y otra vez me decía qué era lo que veía en ella, que yo tenía unas cuantas primas muy buenas, algo mayores que yo, no mucho, que seguramente estarían encantadas de follar conmigo. Yo la verdad, lo veía difícil, y además se me caería la cara de la vergüenza, si me rechazaban, así que lo más seguro, y rápido para mí era seguir insistiendo.
Una noche me dijo si quería ver la TV. desde su cama, así que me senté al borde, apoyando mi espalda en el cabecero. Al rato, ella al ver mi pene tieso, me dijo si sabía como aliviarlo, y yo le dije que no. Entonces me bajó un poco el pantalón del pijama, y comenzó a acariciar mi pene. Yo sentí un escalofrío en la espalda, que era nuevo para mí. Siguió con sus caricias, cada vez más rápidas, hasta que en unos minutos, tuve mi primera corrida, la cual fue a parar toda en sus manos. Esa noche dormí como un recién nacido.
Seguimos con esa práctica unos dos días más, hasta que una noche, insistí en metérsela por la vagina, a lo cual ella, después de tanto insistir, accedió. Yo creo que esa vez no llegué a metérsela, pues nada más estar encima de ella, chupando sus enormes tetas, y el roce de mi pene, con los pelos de su pubis, me corrí como nunca. Como la experiencia fue muy corta, acordamos repetirla al día siguiente, ya que mis padres irían al baile de las fiestas, y yo podría estar toda la noche en la cama con ella.
Durante el día siguiente, ella se cruzaba conmigo por los pasillos de casa, o se hacía la encontradiza, y levantándose la falda, me dejaba ver unas bragas minúsculas, que dejaban salir los pelos del pubis por todos lados. También, y cuando mis padres se iban a trabajar, se quitaba el sostén, y caminaba por la casa solo con una camiseta larga, que le llegaba un poco más abajo del culo, con lo que yo fácilmente notaba la figura de sus pechos balanceándose dentro de su camisa. Todo eso me ponía de lo más cachondo, pero ella me tenía prohibido masturbarme hasta la noche.
La noche siguiente, la tengo grabada a fuego en mi mente. Después de cenar, mi hermana pequeña se fue a dormir, por lo que yo me metí enseguida en la cama con “la amiga de la familia”. Totalmente desnudos comencé a chupar sus tetas, y con una mano, acariciaba su vagina, intentando con sus indicaciones, tocarle el clítoris. Ella mientras comenzó a masturbarme muy suavemente. Su intención no era otra que hacerme correr, para que luego pudiera completar mi penetración vaginal. Así fue.
Después de correrme sobre ella, y aún con el pene tieso, ella me guió hasta la entrada de su vagina, que aunque sólo la había tocado muy levemente con mis dedos, se encontraba bastante mojada. El pene, que por aquel entonces ya lo tenía más o menos del tamaño actual, unos 16 cm., se introdujo en ella con una suavidad increíble.
Me estuve moviendo sobre ella al principio muy rápido, hasta que ella me dijo que me calmara, que sino me iba a correr demasiado pronto. Ella gemía, primero muy calladamente, para ir subiendo de tono poco a poco, hasta que me corrí en su interior, aún recuerdo esa corrida.
Ella que tenía sus piernas cruzadas sobre mí, se desplomó, y yo sobre ella. Después de descansar no sé por cuanto tiempo, me dijo que me pusiera boca arriba, poniéndose ella sobre mí. Al instante ya tenía mi pene erecto, y ella se lo introdujo nuevamente en su vagina, iniciando unos movimientos pélvicos, que me excitaron increíblemente.
Yo mientras tanto le agarraba las tetas, chupándoselas con desespero. Ya cuando estaba a punto de mi tercera corrida, y habiendo tenido ella un nuevo orgasmo, se sacó mi pene, poniéndolo entre sus pechos, haciendo lo que se conoce como una “cubana”, terminando yo por chorrear de semen sus tetas y cara.
Por increíble que parezca, después de todo un día de aguantar sus provocaciones, todavía me quedaron ganas de otro, y ella me dijo de probar a cuatro patas, así que me puse detrás de ella, y fue ella la que la introdujo en su “chocho”. La agarré por la cintura y comencé un mete y saca muy lento, gozando cada centímetro de su vagina.
No sé por qué, pero esa postura me excita mucho más que las anteriores. Entonces le dije de cambiar porque me iba a correr muy fácil, así que esta vez, se sacó mi pene y lo empezó a lamer, hasta metérselo todo en la boca, mientras me acariciaba los huevos.
Estuvimos así como 5 minutos, girándose poco a poco hasta que tuve su vagina junto a mi cara.
Me dijo, “chúpamela”, y fui directamente al asunto, comenzando primero con la punta de la lengua, hasta acabar por meterla toda en su vagina, chupando sus jugos. Ella se retorcía con mi pene en su boca, y eso me ponía a tope, hasta que ambos terminamos por tener una corrida monumental.
Ya casi de madrugada, me volví a mi cama, quedándome el mejor recuerdo de mi iniciación sexual con la “amiga de la Familia”. Luego tuvimos más ocasiones, en las cuales me enseñó más cosas, sobre todo en verano, mientras pasábamos las vacaciones en la playa, pero esas son otras historias
Memorias de una puta: los inicios
December 28, 2009 by admin
Filed under Primera vez
Amigos es para mí un enorme placer ayudar a mi querida y puta amiga Vero a publicar sus relatos históricos sobre sus inicios de puta, estas son historias reales que ella me cuenta; le excitó saber que los daré a conocer para el placer de los distinguidos lectores de esta pagina
Hola mi nombre es Verónica, soy una joven puta ustedes dirán, ¿puta y tan joven?, pues si, en estos relatos les platicare como me inicié en la putería, contándoles como fueron mis primeras veces, sí leyeron bien, mi primera vez en todo y cada una de mis experiencias
En esta ocasión les narraré mi primera vez, como perdí mi virginidad y di mis primeros pasos de puta.
Yo estaba en el colegio y tenía 18 años y los hombres me miraban con mucho morbo en la calle ya sea con el vestido del colegio o con mi vestuario normal, cuando iba con mis amigas por la calle nos divertíamos viendo que los hombres se volteaban a mirarnos e imaginábamos el conquistar y seducir hombres en especial hombres maduros con experiencia en el sexo.
Al cumplir los 18 años, me propuse perder mi virginidad, porque algunas de mis compañeras ya la habían perdido, y quedábamos pocas vírgenes aunque tenía un novio , no quería que fuera él, sino un hombre con mucha experiencia que me enseñara pero el dilema era conseguirlo pues no iba a hacerlo con esos hombres que en la calle se volteaban a mirarme y algunos a decirme algún piropo o morbosidades.
Cuando una de nuestras compañeras del colegio cumplió años, le organizaron una fiesta en su casa y me invitaron, a esta fiesta fui pantalón blanco muy ajustado, los únicos zapatos de tacón que tenía, y una blusa blanca ajustada. La ropa interior era normal, el brasier y el panty nada sensuales. Varios hombres mayores y otros más jóvenes bailaban con nosotras, uno de los hombres de unos 30 años, amigo del padre de la chica que cumplía años me sacó a bailar varias veces y hablaba mucho conmigo, me preguntaba muchas cosas del colegio, que mi novio, de mi familia y poco a poco se puso de atento conmigo y me ofrecía bebidas y comida. La fiesta empezó a las tres de la tarde pero todas las compañeras de clase se fueron antes de las seis, pero todos los mayores siguieron la fiesta bebiendo y bailando y yo me quedé.
Después de que las compañeras del colegio se fueron y la chica que estaba cumpliendo años se fue con su novio que la invitó a cine, me quedé un rato más en la fiesta y pude notar que ese hombre estaba interesado en mi, a aunque me dijo que era casado pero que su señora no había ido a la fiesta por estar un poco enferma, me pidió mi número de teléfono móvil y se lo di, en ese momento imaginé lo que se proponía conmigo y yo me propuse dejar que las cosas ocurrieran.
El lunes siguiente cuando iba a salir del colegio me llamó y me saludó muy cariñosamente y me preguntó que si tenía tiempo para tomar un café con él y conversar. Acepté pero le pedí que no me recogiera en el clase porque no quería que mis compañeras me vieran con él, nos citamos a varias calles de allí y tomamos café con muchas galletitas porque a mí me gustan mientras me volvió a preguntar de mi familia, de mi novio, de las clases, de mi futuro, de mis gustos, etc., me dijo que yo era una chica muy linda y muy inteligente y que a él le gustaban mucho las chicas como yo a lo que conteste que a mí me gustaban los hombres serios y responsables como él.
Poco a poco entramos en confianza y seguimos encontrándonos todos los días durante dos semanas en la misma cafetería, cada día se notaba más cariñoso conmigo y yo no le hacía resistencia, en su auto llegó a tomarme de las manos, acariciar mis brazos, abrazarme y darme besos en las mejillas y muy cerca de la boca, a mí me gustaba que me consintiera de esa forma, me sentía feliz, me sentía mujer, me sentía mayor.
El jueves de la segunda semana de estar saliendo me confesó su amor por mí, sabía que solo quería follarme y era lo que yo buscaba, aunque casado me pidió que lo aceptara como su amiga noviecita, yo le dije que no quería problemas ni con mi familia menos con la suya, él me dijo que si éramos discretos no pasaría nada por lo cual acepté y me dijo muy feliz que eso había que celebrarlo y que conocía un sitio muy bonito, tranquilo e íntimo para que juntos lo celebrábamos, nos besamos apasionadamente, era la primera vez que me besaba un hombre de esa forma, él se dio cuenta de mi excitación al sentir su lengua en mi boca, estábamos en su auto en una calle solitaria y me acarició las piernas debajo en la falda, sentí sus dedos pasar sobre mi rajita húmeda por la excitación, sentí sus manos sobre la blusa acariciando mis tetas, yo solo lo deje que continuara mirándole a los ojos sin decir nada permitiendo que viera mi cara de llena excitación, el ya sabía que yo era virgen y yo ya le había dicho que a mí me gustaría iniciarme con un hombre serio y responsable.
Me llevó a ese sitio bonito y tranquilo que él conocía y que yo siempre había querido conocer era un motel al norte de la ciudad, me gustó mucho la habitación muy amplia, la cama muy grande, espejos por todas partes, un TV en donde presentaban películas para adultos, un jacuzzi muy lindo, un baño amplio y cómodo y una alfombra de color rojo, que contrastaba con unas luces un poco amarillentas.
Me encontraba asustada, pero me dijo que confiara en él y así podríamos ser muy buenos amigos por mucho tiempo. El llevaba una pequeña botella de brandy y brindamos por nosotros. Sentados en la cama me abrazaba, nos besamos apasionadamente en la boca, y tomábamos brandy, aunque a mí me parecía muy feo, con un par de sorbos que tomé me empecé a sentir mareada, pero no me importaba porque estaba en los brazos del hombre que me iba a volver mujer.
Seguimos besándonos y bebiendo sorbos de brandy mientras que el me acariciaba por entre la falda, me abrió la blusa y me acariciaba las tetas, yo estaba dispuesta a todo, quería perder mi virginidad!., me sentí muy mareada, pero recuerdo que me ayudó a recostarme en la cama y siguió acariciándome y besándome, yo le aceptaba sus besos y caricias, lentamente me quitó la ropa con mucho cuidado y cariño, sin la blusa me besó los brazos, los hombros, el cuello, me quitó el brasier y me besó las tetas pero reaccioné de mi mareo cuando empezó a chupar mis pezones y con una mano mi rajita ¡me excité mucho!, creo que sentí un pequeño orgasmo, ¡mi primer orgasmo con un hombre en una cama!.
Empecé a gemir, me quitó los zapatos y las medias, me besó los pies muchas veces, me gustó sentir sus besos, después me quitó la falta y el panty. Recuerdo que quedé desnuda y mareada, y él estaba vestido. Se puso de pie junto a la cama se quitó la corbata la camisa, me gustó ver su pecho algo peludo, se quitó los zapatos y los calcetines y por último el pantalón quedándose en pantaloncillos y se acostó junto a mí abrazándome y besándome en la boca, en el cuello, chupando mis pezones y poco a poco empezó a bajar a mi vientre besándome hasta que llegó a mi pubis, con cuidado abrió mis piernas y se colocó al frente y empezó a besarme el clítoris y toda la vagina; ¡me gustó muchísimo!, me excité muchísimo y gemí mucho, sentí otro orgasmo, él quería asegurarse de que era virgen, porque me habría las piernas bastante y abría mi vagina con sus dedos para mirar mi himen intacto.
Trajo del baño una de las toallas y la colocó debajo de mis nalgas. Por mi mareo no supe en qué momento se quitó sus pantaloncillos ni cuando se puso el condón. Siguió acariciándome el clítoris con su boca y yo seguí excitándome mucho hasta que vio que yo estaba muy excitada y de pronto se montó sobre mí, me abrazó, me besó apasionadamente, me chupó los pezones, y poco a poco empezó a empujar muy suave y despacio su verga dentro de mí, estaba excitada y mareada pero sentí algo de dolor, me abracé a él y seguí gimiendo y dando pequeños griticos, el se movía muy suave y con mucho cariño y me abrazaba y me besaba y me consentía; sentía su verga que se movía adentro de mí, me dolía un poco pero al mismo tiempo me gustaba sentir su verga adentro y a él encima de mí.
Se movió mucho tiempo, hasta que terminó se bajó de mí, se acostó junto a mí y me besó y me acarició con mucho cariño, yo sabía que ya ¡NO ERA VIRGEN!, ¡yo me sentí feliz¡ aunque estaba bastante mareada, él se levantó, revisó la toalla que estaba debajo de mi, pero no alcanzó a untarse de mi sangre y fue al baño, me acosté de medio lado a esperarlo, estaba mareada y me alcancé a dormir, se acostó junto a mí y me besó, me acarició y desperté. Fuimos al baño a ducharnos, y allí en la ducha me hizo arrodillar para que se lo chupara. No me fue difícil mamárselo porque antes que perder mi virginidad yo ya les había mamado la verga a dos hombres, quienes me enseñaron a hacerlo y con quienes no tenía sexo vaginal para mantenerme virgen.
Yo dejé que él me indicara como se hacía una mamada pero no le dije que yo ya lo sabía hacer, por lo cual, traté de no mamarlo muy bien para que no se diera cuenta de mi experiencia en el oral; su deseo fue muy claro quería que recibiera su semen en la boca y no botarlo sino comerlo, le dije que no estaba segura de poder hacer eso pero él me dijo que el semen era saludable, la verdad es que no le dije que yo ya había tragado el semen de los dos hombres con los que yo practicaba sexo oral, cada vez que se lo mamaba.
Se lo seguí mamando bajo la ducha hasta cuando eyaculó, sentí mi boca inundada de semen, costó trabajo tragarlo pero me lo tomé todo, me ayudó a ponerme de pie, terminamos de ducharnos y regresamos a la cama, la ducha me ayudó a quitarme el mareo. Él quería echarse otro polvo pero le pedí que lo dejáramos para otro día, a su insistencia le propuse que se lo mamaba otra vez y él aceptó y en la cama se lo volví a mamar hasta que otra vez eyaculó y recibí otra dosis de su nutritivo semen al cual yo ya estaba acostumbrada.
Nos quedamos un rato más en la cama, él me abrazaba y me acariciaba y hablamos de lo lindo que le había parecido a él tener sexo conmigo y que quería que fuéramos amigos. Cuando salimos del motel me invitó a comer pizza y después me dejó cerca a mi casa; al día siguiente nos volvimos a encontrar y me pidió tener sexo pero le dije que esperáramos unos días para volverlo a hacer, porque me dolía un poco, muy comprensivo dejó pasar una semana para volverme a llevar al mismo motel de la primera vez; con él continúe teniendo sexo todas las semanas, una, dos y hasta tres veces a la semana.
Después de perder la virginidad, con dos de mis amigas del colegio nos íbamos a una discoteca, adentro apostábamos a ver quién sería la primera chica que levantaba un hombre para bailar y después para que la llevara a la cama, a veces los hombres que conseguíamos solamente querían bailar, tal vez no les gustábamos lo suficiente, en otras ocasiones una de nosotras conseguía hombre para la cama, a veces lo conseguíamos todas; acostumbrábamos a ir los viernes por la noche porque era el mejor día para buscar sexo, acudíamos a dos o tres discotecas especiales para eso, para buscar sexo sólo por placer, pero tratábamos de que los hombres que nos llevaran a la cama fueran amables con nosotras, nos invitaran a beber o comer algo antes de llevarnos a la cama porque nunca nos gustaron los tacaños, cuando veíamos que el hombre sólo quería follarnos le decíamos que estábamos muy cansadas y que nos dolía mucho la cabeza por el ruido de la música y nos íbamos para la casa.
A mí varias veces me fue bien en las discotecas, conseguí hombre que me invitaba a tomar algún trago, bailábamos y mientras tanto me preguntaba si tenía novio o porque estaba sola con mis amigas en la discoteca y le decía que me gustaba divertirme. Cuando el hombre me gustaba yo me dejaba abrazar y acercar su cuerpo al mío mientras bailábamos, y hasta dejarme manosear el trasero para demostrarle que me gustaba y así era más fácil que me propusiera que saliéramos para ir a algún sitio más íntimo, y yo le decía que tenía mucha hambre y mucho frío, y así lograba que me invitara a comer algo antes de llevarme a la cama. La mayoría de las veces me llevaban a motel pero algunos vivían solos y me llevaban a su apartamento. Cuando era en su apartamento era mucho mejor porque casi siempre amanecía con él y a veces me invitaban a desayunar, con algunos de ellos volví a tener sexo sin necesidad de ir a la discoteca a encontrarnos, sino que me llamaban y arreglábamos una cita, así amplié mi círculo de amigos.
Alguna vez conversando con mis amigas llegamos a la conclusión de que a los hombres les resultaba muy barato follarnos y nos propusimos empezar a cobrarles en efectivo en lugar de que nos invitarán a comer pizza o hamburguesa o alguna otra cosa, entonces le dije a uno de ellos que le proponía que en lugar de llevarme a un restaurante me diera el dinero en efectivo porque lo necesitaba para comprar algo, y a él le pareció muy buena idea y de esa misma forma lo fui haciendo con los demás de tal forma que los hombres me llamaban para tener sexo y me daban dinero cuando llegamos al motel o yo llegaba a su apartamento.
Cuando conocí a nuevos hombres yo les decía que necesitaba comprarme ropa o comprar algo para alguien de mi familia y que necesitaba dinero y los que eran generosos me daban el dinero. Pero cuando yo veía que los hombres querían sexo gratis no aceptaba seguir con ellos. Después he seguido aceptando citas pero hago como las otras chicas que se dedican a lo mismo y cobro una tarifa.
Es así como me volví puta, gano dinero haciendo lo que más me gusta, el sexo, posteriormente les seguiré platicando como fueron mis otras primeras veces. Eso sí debo dejar en claro que en la calle soy una dama pero soy muy ardiente en la cama, como a los hombres les gusta.
Le he pedido a un gran amigo que me ayude a publicar mis relatos, él será como mi editor erótico y espero que quienes me lean no se incomoden si para comunicarse conmigo mis lectores deben hacerlo a través de él. Mi amigo los comunicará conmigo.
Sonia
November 12, 2009 by admin
Filed under Primera vez
Estaba yo estudiando en la facultad, cuando ingresé era algo mayor comparándome con los compañeros que me tocaron en suerte (tenía 29 años). La mayoría de ellos difícilmente superara los 21 años. La carrera era una de ingeniería, y la casi totalidad de mis compañeros no tenían una base sólida para encarar este tipo de carreras por no tener una base técnica, por lo tanto, yo me sentía como el tuerto en el país de los ciegos, no es que sea el único con base técnica para encarar esta carrera, sino que era el más abierto y el que trataba de solucionar todas las dudas que ellos no querían o no se atrevían a consultar con el profesor por diferentes motivos que sólo ellos sabrían.
Entre ellos había una chica que provenía del interior del país, había venido para estudiar a la capital y trabajaba en una empresa comercial para costearse los estudios, tenía 19 años y se llama Sonia. En todo el año no reparé mucho en ella, lo único que me interesaba era que ella pudiera ocupar un asiento lo más adelante posible porque tenía un problemita en la vista, aparte de ello, lo que más podía destacar es que era muy introvertida. Llegaron los exámenes a fin del ciclo lectivo, y ya casi todos estábamos preparados para pelear la batalla intelectual que esto representa, pero, un buen día se me acerca Sonia y me dice que está totalmente colgada con matemáticas.
- ¡Pero Sonia! ¿Ahora me lo dices? ¡Faltando muy poco para el día del examen!
Debo destacar que era jueves y el examen estaba programado para el próximo lunes, a mí no me vendría mal un repaso de todo lo visto hasta ese momento, quedamos en que nos encontraríamos en un bar cerca de su casa para que yo le explicara lo mínimo indispensable como para que tenga sus armas para ese examen.
Llegó el sábado y nos encontramos en el bar que ella me había señalado como posible lugar de estudios, no quiero recordar cómo era ese bar, cuando llegamos habría ya en el lugar unas veinte personas, pero lo destacable de todo es que Sonia era la única mujer en el lugar, yo no me sentía cómodo en ese ambiente, no me permitía concentrarme con facilidad. Sonia no era una chica de las que se puede llamar atractiva, es de estatura baja, su cara no era del tipo de esas de las que uno se enamora a primera vista, pero su cuerpo, en el cual yo no había reparado hasta ese día, era bastante deseable,me atrevería a calcular que sus medidas eran 95-65-95, estaba enfundada en un vestido liviano de color blanco, sin mangas pero con hombros, y amplio a los costados, por lo que pude apreciar unos brazos bastante velludos y por debajo de ellos se dejaba ver un corpiño de color rojo, creo que eso es lo que más me llamó la atención puesto que es mi color favorito para la ropa interior femenina, aunque también yo mismo tengo algunos slips de ese color para mi uso personal.
La cosa es que yo no me sentía bien en ese local y se lo comenté, a lo que ella respondió que no había otro lugar para poder estudiar, ella compartía el departamento con dos amigas y no quería que fuéramos para allá.
- Bueno – le dije – en este barrio tiene que haber un hotel de pasajeros, de esos en los que se puede alquilar una pieza por todo un día. – Sí, por acá hay algunos de esos, pero desconozco las calidades. – Busquemos uno donde podamos alquilar una habitación por toda la tarde y estudiaremos tranquilos, si no te parece mal.
La miro a los ojos y noto que baja la cabeza mirando al piso y con un acentuado color rojo en sus cachetes, quizás por vergüenza, por el calor reinante o por ambas. Estábamos al fin de la primavera, a escasos 20 días del inicio del verano.
- Perdón – dije con un tono entre apesadumbrado y excitado – te avergoncé. – No, está bien, lo que pasa es que no estoy acostumbrada a este tipo de propuestas y mucho menos a la idea de pasar todo un día encerrada con un muchacho entre cuatro paredes. – Estudiando, repliqué. -Estudiando o lo que sea, el tema es que no estoy acostumbrada. – Bueno, entonces si eso te pone mal tampoco es una solución viable, puesto que te va a costar mucho trabajo concentrarte en el estudio.
Se quedó pensativa un rato y terminó aceptando mi propuesta, no sin antes acotarme que iríamos a estudiar y nada más, a lo que respondí que por mi cabeza no había pasado otra idea, y era cierto, hasta ese momento mi único objetivo era hacer lo imposible para que Sonia no reprobara el examen. Le pregunté si conocía algún lugar acogedor donde poder estar cómodos, que por lo menos no nos caminaran las cucarachas por encima mientras estudiábamos, a lo que respondió afirmativamente, que ella había estado viviendo allí unos meses cuando llegó a la capital, pero que no quedaba cerca, salimos del bar y tomamos un taxi hasta el hotel. Luego de las registraciones de rigor nos dieron una habitación doble con una cama matrimonial que tenía, además, un placard y una mesa con dos sillas, esto último era lo que necesitábamos. Debo decir que el lugar era muy limpio y que daba gusto estar en esa habitación que poco o nada tenía que envidiarle a un hotel de tres estrellas, aunque el precio que debería pagar era irrisorio.
Entramos en la habitación y nos acomodamos, yo, como buen curioso, lo primero que revisé fue el baño y me agradó por parecerme cómodo. Miro hacia el lugar donde estaba Sonia y la veo de nuevo con la cabeza baja y colorada de vergüenza, me paro delante de ella, le acerco una mano a su mentón y, tratando de levantarle la cara para mirarla a los ojos le pregunto con tono de broma, tratando de cortar el hielo.
- Quizás tu incomodidad se deba a que todavía eres virgen.- No, virgen no soy, pero…- Pero ¿qué? Ahora no te quedes cortada, termina la frase. – Se quedó pensativa de nuevo y como tomando coraje me dijo. – Pero es como si lo fuera. – ¿Quieres hablar al respecto? Yo no te quiero obligar a nada, pero si necesitas desahogarte contando algo que te tenga mal, acá estoy yo, para escucharte.
Cuando dije esto me invadió un sentimiento de ternura tremendo, como creo que nunca había sentido por nadie que no fuera mi hermana o mis padres, pensé que si largaba su rollo nos íbamos a sentir más cercanos y que podría ser el comienzo de una hermosa amistad. Inmediatamente ella respondió
- No sé si debo comentártelo a vos, si bien nos conocemos hace varios meses, también es cierto que nunca hubo, entre nosotros, un acercamiento tal que me influya a contarte una parte tan importante de mi vida. – Está bien – repuse – comprendo y respeto tus sentimientos. – ¡Que dulce eres! Gracias por tu comprensión.
De nuevo se quedó como cortada y terminó diciendo que me iba a contar su historia.
- Resulta ser que del lugar de donde provengo las chicas difícilmente lleguen vírgenes a los 15 años, en ese lugar la mujer no tiene derechos, no es que sea algo explícito, pero hasta las mujeres agachan la cabeza delante de un hombre, es parte de la cultura, yo no fui la excepción, pero mi historia, y creo que la de muchas chicas, no es del todo agradable. Volvía de la escuela una tarde de verano, con mi pollera tableada color verde y una camisa blanca con corbata verde, mis tetas eran chiquitas y ni cola tenía, cuando al llegar a una esquina se para un muchacho delante de mí, era muy alto y tenía un cuerpo muy grande y forzudo, calculo que tendría alrededor de 18 años, quizás más, me miró de tal manera que me asusté, tuve ganas de salir corriendo pero la piernas me temblaban de miedo, quise gritar y sentí mi garganta cerrada por el mismo motivo, en ese momento, me puso una de sus manotas sobre mi boca y con la otra en la cintura me levantó y me llevó dentro de un terreno vacío.
Mientras Sonia contaba esto yo me imaginaba el final y agradecí no ser ella para no tener que pasar por una situación similar, y poniéndome en su lugar imaginé su sufrimiento, tanto el del momento, como el de ahora que lo estaba contando, la interrumpí diciéndole que si le hacía mal recordar que no siguiera, me contestó que le hace mal recordar pero que le hace muy bien comentármelo a mí, porque estaba entrando en confianza. Me acerqué un paso más, de manera que estuve muy cerca de ella, acerqué mis brazos a sus hombros, la acerqué hacia mí, la abracé y le di las gracias en su oído, a lo que ella respondió dándome un beso muy tierno en mi mejilla. Yo alejé mi cabeza ligeramente y la miré a los ojos, noté el brillo típico de las lágrimas cuando se asoman a la luz, estaba notablemente emocionada.
Terminó contando que la tiró al suelo, entremedio de algo de basura que estaba desparramada por el terreno, le arrancó su bombacha y la ensartó (nunca mejor utilizado este término para describir una violación) sin más preámbulos. Contó también que, luego de moverse cinco o seis veces (que le parecieron miles) dio por terminada su labor enchastrando el interior de su vagina y se retiró con una sonrisa de oreja a oreja. Ese fue su debut en las lides del sexo, su primera vez no creo que sea la envidia de ninguna mujer, sino todo lo contrario, tenía frente a mí a la protagonista del relato y no lo podía creer, yo no sé (porque no soy psicólogo) si su gran introversión se debe a una cuestión de cultura o si es una postura que adoptó desde esa experiencia, el hecho es que su forma de vestir nunca fue muy atrevida, sino todo lo contrario, lo más atrevido que le vi lucir en todo el año lectivo, es el vestido que llevaba puesto ese día y no era para arrancar suspiros, precisamente.
Al escuchar el fin de su relato, me invadió un sentimiento de ternura con Sonia como única destinataria, en ese momento fui yo el que la besó en la mejilla, a lo que ella respondió poniéndome una de sus manitas sobre una de mis mejillas, luego hizo algo parecido con la otra mano, al tener mi cara entre sus manos, acercó su cara y besó mis labios con una suavidad y cariño como nunca recuerdo que me haya ocurrido. Quise cambiar de tema diciendo que estábamos allí para estudiar matemáticas, a lo que ella respondió sin soltar mi cara de entre sus manos.
- Ahora no estoy tan segura de querer aprobar este examen, si no lo apruebo ahora, lo podré aprobar en marzo del año que viene, es más, no sé si estoy tan segura de presentarme el lunes.
Esta respuesta me dejó helado, y hasta me hizo sentir un hormigueo en mi pene, no sabía que hacer, si seguir besando sus labios buscando alguna reacción muy erótica en sus ánimos o enojarme por estar en esa situación a la que no había ido preparado, en último de los casos podríamos estar ahí hasta la mañana del día siguiente sin que nadie nos dijera nada al respecto.
Retomando el tema del examen, yo le contesté que era mejor terminar aprobando ahora, dentro de lo posible, para así poder disfrutar plenamente de las vacaciones sin la preocupación de tener que prepararse para, a fines de febrero o principios de marzo, rendir un examen de matemáticas. Sinceramente, esto último que dije no me lo creería nadie, ni yo mismo, pero lo dije como para poder darle un giro alternativo a la situación que ya se estaba poniendo demasiado romántica y posiblemente termine en una encamada de la que, por lo menos, Sonia no se iba a olvidar por mucho tiempo y no es que yo sea el supermacho ni que sea el superdotado, sino que trato de ponerme en el lugar de Sonia e imaginarme lo que ella pudiera pensar o sentir y eso me asustaba, hasta este momento yo no me había enganchado con ninguna chica con las que he salido, pero tampoco rompí ningún corazón y engancharme con Sonia podía significar que ella se haga ilusiones de algo a lo que yo no quería enfrentar a pesar de que todos mis amigos de la misma edad ya estaban casados. El asunto es que Sonia respondió a mis palabras y me contestó:
- Justamente eso es lo que estaba especulando, yo no tengo problemas en ninguna otra asignatura, la única que me quedaría pendiente sería esta y tendría todo el verano para prepararla. – Ah, entonces ya nos podemos ir – repliqué con un gesto irónico y pícaro al mismo tiempo, como para poder darme cuenta de lo que podría llegar a estar pensando Sonia, en realidad lo que quería hacer era confirmar mis sospechas.- No te hagas el malo conmigo, yo sé que no sos así, vos sos muy dulce y sé que no te querés ir. – Eso era justamente lo que yo me estaba temiendo y no quería escuchar, me hubiera sentido mucho mejor si me contestaba que bueno, que nos vayamos, pero ella, a pesar de que no le interesaba presentarse a rendir este examen, todavía se quería quedar. – Escúchame Sonia, y préstame atención. – Soy todo oídos. – Hay algo que quiero dejar claro entre nosotros. – Y cuando dije esto ella no quiso escuchar nada más, ya sabría que iba a terminar diciendo y no lo quería escuchar, interrumpió mis palabras con un beso, un beso de verdad, largo, húmedo y apasionado.
Yo la tomé de la cintura y arrimándola más hacia mí, la estrujé en un fuerte abrazo mientras le acariciaba la espalda por sobre su vestido. De repente, mientras la acariciaba sin dejar de besarnos, algo arañó mi mano, me di cuenta de que había pasado mi mano sobre la cremallera de su vestido y ahí mismo pensé en bajársela, dudé, estuve acariciándola por unos minutos más mientras en mi cabeza me debatía entre la posibilidad de bajarla y no bajarla, pero me decidí y comencé a descender mi mano por su espalda con el cierre de su vestido entre mis dedos, cuando hube llegado a la mitad de su espalda, percibo que ella comienza a besarme con más audacia, con más sensualidad, como diciendo, en un lenguaje sin palabras, “Por fin te decidiste”. Al notar este cambio yo continué bajando el cierre hasta el final de su recorrido.
Pasé mi mano por dentro del vestido y comencé a acariciar, suavemente ese hermoso cuerpo que ya me estaba pareciendo el de Miss Mundo con la calentura que estaba sintiendo en mis genitales, la respuesta de Sonia no se hizo esperar, ella había pasado sus manos alrededor de mi cuello y al sentir las mías tocando la piel de su cintura, llegando al comienzo de sus glúteos, comenzó a apretarme contra ella, como queriendo que su cara y la mía sean una sola, nuestros dientes chocaron, imagino que nuestros rasgos faciales ya habrían desaparecido por la presión de nuestros rostros, ya me estaba doliendo ese gesto de cariño (¿o de amor?).
Como para tratar de zafar de esa presión puse mis manos en los hombros de su vestido y comencé a desplazarlos hacia adelante, en un claro ademán de intentar sacárselo, eso hizo que aminorara su presión puesto que, como aprobando mis intenciones, desplazó su cuerpo ligeramente hacia atrás para dejarme hacer, al pasar la parte superior de su vestido por encima de su corpiño pude escuchar un suspiro pronunciado que se escapaba de ella sin dejar de besarme. Alejé sensiblemente mi cara de la suya porque quería hablar y ella lo entendió, mientras, muy a su pesar, dejó de besarme por un momento.
- Déjame ver tu cuerpo – le dije mientras acariciaba sus brazos hasta llegar a sus muñecas y sacar sus manos de mi cuello y nuca para alejarla un poco de mí y poder contemplar su cuerpo casi desnudo. – Me da vergüenza – exclamó.- No tengas vergüenza, mirá, yo me voy a sacar la camisa como para que no te sientas en inferioridad de condiciones.
¿Inferioridad de condiciones? Ella no sabía lo que podía llegar a conseguir de mí a esta altura de las circunstancias, ya me tenía en su poder y ella no lo sabía o al menos no sabría el poder que podía ejercer sobre mí en ese mismo instante. Comencé a desabrocharme la camisa pero, contrariamente a mi costumbre, lo hice muy lentamente como para que se vaya haciendo a la idea de a poco, de que iba a verme con el torso desnudo, estaba muy lejos de mi inspirar una reacción erótica con mis movimientos y mucho menos intentar parecerme a un striper.
Pero Sonia me miraba expectante, como si quisiera ver enseguida qué es lo que había bajo mi camisa, mientras tanto, yo podía apreciar su cuerpo, ya que estaba algo alejado de mí, a pesar de estar a menos de un metro de distancia, pero podía observar que toda su ropa interior era de color rojo, con encaje, y que los vellos que había podido ver en sus brazos se repartían, casi, por todo su cuerpo, lo que me puso más excitado aún fue pensar que en su entrepierna podía llegar a tener una mata de pelos muy espesa, y eso contradiciéndome yo mismo, puesto que toda mi vida me gustaron los pubis con muy poco o sin nada de vello, pero este cuerpo era distinto, acá no quedaría bien ver una vulva afeitada y todo el resto del cuerpo con vello por donde mires, era un vello liviano apenas algo más oscuro que una pelusa, lo que más me ratoneaba era ver que desde su ombligo salía una línea de pelusita, ligeramente más espesa que el resto, que presumo terminaría en su zona pubiana.
Pero volviendo a mí, Sonia obtuvo lo que esperaba, a pesar de mi parsimonia simulada, pudo ver mi torso desnudo, acto seguido extendió una mano y la acercó a mis pectorales que si bien no son nada del otro mundo, son el producto de haber practicado natación durante 15 años de mi vida, estaba como en otro planeta, creo que yo, en ese momento, no existía para ella, sino que tenía frente a si un cuerpo masculino a punto de explorarlo y nada más, esto no me molestó, puesto que sus exploraciones me gustaban.
Le puse las manos en la cintura como para acariciarla, pero apretándosela la acerqué hacia mí, ella no salía de su asombro por lo que se estaba dejando hacer, pasé mis manos hacia atrás, en su espalda y busqué el broche de su corpiño, cuando lo encontré, con una rápida exploración digital pude detectar de que tipo era y se los desabroché sacándoselo para adelante.
- Espera… despacio. – me dijo
Yo no podía creer lo que escuchaba, todavía estaba sintiendo vergüenza, ya me puse a pensar que no llegaríamos muy lejos en ese día. Le dije que me sacaría también los pantalones así quedábamos ambos en igualdad de condiciones (con respecto a la vestimenta, porque en lo que respecta a los cuerpos, Sonia lleva las de ganar) y mientras tanto, haríamos cosas que nada tuvieran que ver con nuestra desnudez y así ella podía ir acostumbrándose. Aceptó con un tono rojizo en su cara, yo creo que nunca se le fue, pero su condición vergonzosa aún no la había perdido.
En ese momento quise aprovechar para poder observarla bien, Sonia tiene un lindo cuerpo, su piel es de color cobriza sus pezones son oscuros de un marrón muy intenso y su cintura se diferencia perfectamente de su busto y de sus caderas, su vientre existe, pero es apenas perceptible, es lo que se puede decir un bomboncito, aunque con vellos, en este punto yo quería que llegase el momento de sacarle su bombachita que por su color y por su tela se veía bastante sexy, aún no la había visto de atrás, en ese instante, como leyendo mi pensamiento, me dijo que tenía ganas de orinar, le pregunté si podía acompañarla y por respuesta tuve una cara colorada y un “No, todavía no”, ese “todavía” me terminó de destrozar los sesos. Cuando hubo dicho esto último, se dio vuelta para dirigirse hacia el baño, ocasión en la que pude contemplar su cola, la bombacha que tenía puesta no era de esas diminutas pero era un triángulo que no llegaba a tapar, en su totalidad, las nalgas de Sonia, realmente me gustó lo que vi, en las nalgas también tenía vellos apenas perceptibles pero mucho algo más notorios que el común de las mujeres que yo había conocido hasta ese momento.
Mientras Sonia estaba en el baño, me puse a reflexionar acerca de cómo habíamos llegado a esta situación, y no pude más que reconocerme a mí mismo que Sonia me excitaba por lo distinta, su cuerpo tiene ese toque de distinción que tanto me atraía, su excesiva cantidad de vello en todo su cuerpo generaba en mi una sensación distinta pero un deseo irrefrenable de experimentar un cuerpo totalmente distinto a lo que había conocido hasta ahora, si a eso le sumaba su inocencia llegaba a un resultado muy atractivo y que poco a poco iba dejando una marca en mis pensamientos.
Cuando Sonia salió del baño no pude dejar de contemplarla, yo sentía que estaba teniendo una erección de las buenas y no pude, aunque tampoco quise, disimularla. Ella lo notó y se avergonzó aún más todavía, aunque todavía tenía la cara colorada como un tomate, en sus ojos se notaba una mirada de curiosidad, yo ya no encontraba palabras para expresar nada, estábamos los dos solos en la habitación de un hotel, casi totalmente desnudos, sólo teníamos nuestra ropa interior que tapa nuestras zonas a la altura de la cadera, me limité a acercarme a ella para fundirnos en un abrazo, nada ocurrió, Sonia también me abrazó y sentía como trataba de alejar su zona pubiana de la mía, yo bajé mis manos, las puse sobre sus nalgas y la atraje hacia mí para que sintiera el efecto de mi excitación, como Sonia es un poco más baja que yo, mi pene erecto se le apoyaba en la zona entre el ombligo y su pubis.
Ese abrazo se prolongó en un beso muy apasionado por parte de ambos, mientras nos besábamos, yo trataba de friccionar mi pene contra su cuerpo ya que sentía que necesitaba ese tipo de caricias y aún no me atrevía a pedírselo, para no echar por tierra todo lo que hasta el momento estábamos logrando, yo estaba en lo mejor de la fricción cuando siento que la respiración de Sonia suena algo más agitada y entrecortada, lo que me indicó que se estaría excitando también ella, ese indicio me incitó a dar un paso más y subí una mano hasta uno de sus senos, acariciando suavemente, durante el recorrido, su costado y algo de su abdomen, en el trayecto su respiración se sintió más profunda, hasta que llegué a apoyar una de mis manos en su seno derecho en ese momento su respiración se transformó en un largo gemido, solamente ahogado por mi boca debido al beso del que ambos estábamos disfrutando.
Comencé acariciando su seno lentamente, sin presionar demasiado, trataba de no tocar su pezón, lo esquivaba a propósito, pero los pocos roces que le hacía, los hacía parecer casuales, eso la excitaba mucho, mientras tanto, ella me acariciaba la espalda llegando hasta el borde de mi slip y volviendo a subir sus manos, intuí que no se atrevía a seguir bajando, yo ya tenía mi mano derecha sobre sus nalgas y las estaba acariciando, alejando un poco mi boca de la suya le dije que a mi también me gusta que me acaricien las nalgas, poco a poco se fue atreviendo más hasta que luego de un rato ya su terreno acariciado se extendió desde mi nuca hasta mis nalgas, en ese mismo instante, a modo de premio por su audacia, yo comencé a acariciarle el pezón derecho que estaba demasiado duro y puntiagudo debido a mis caricias casuales.
Yo no podía respirar, mi excitación era tal que me dificultaba la respiración, pero reparando en ese mismo detalle, en ella, comprobé que pasaba por un trance similar y me decidí a continuar avanzando, a sabiendas de que este momento iba a ser inolvidable para ambos, comencé bajando mi mano hasta llegar a su ombligo y me quedé un rato acariciándolo mientras con mi pulgar tocaba el borde de su bombacha y trataba de ingresarlo por dentro de ella, acaricié todos sus vellos, como si estuviera viendo lo que hacía mi mano, no dejaba de acariciar su ombligo con mis dedos anular y meñique, mientras con el pulgar ya estaba acariciando su vello púbico, lo encontré tal como lo había imaginado, abundante y espeso, ella no modificaba mucho sus caricias, eran como al principio, pero ahora ya se atrevía a presionar más mis nalgas.
Dejé de acariciarla como lo venía haciendo hasta ese momento para poner mis manos en sus caderas, justo en el elástico de su trusa e ir tomándolo con suavidad mientras lo deslizaba hacia abajo con mayor suavidad todavía, una vez que tuve la parte superior de su bombacha de manera que ya se encontraba debajo de la línea de sus glúteos por detrás y de su zona pubiana, por delante, siento que Sonia hace lo mismo con mi slip, la dejo hacer, no emito sonido alguno, ella deja de besarme para poder seguir bajándolo con comodidad, ahora es ella la que quiere mirar y poniéndose en cuclillas de manera que su cara se encuentra frente a mi pene, que aún está dentro de mi slip, pero con mi vello ya al aire, continúa con sus intenciones de despojarme de mi ropa interior, yo no sé si se imagina lo que va a pasar cuando siga bajando y deje mi pene entero al aire, pero ella sigue inspeccionando, de repente repara en una mancha húmeda, bastante grande, que se presenta ante sus ojos, y como tomando coraje me pregunta:
- ¿Ya acabaste? – No – le respondo – ese es el líquido preseminal, pero no me falta mucho.- ¿Me vas a dejar que yo te lave tu ropa interior? – No importa, de acá hasta que nos vayamos ya se va a secar.
Le contesté como queriendo zafar de una situación que estaba llegando hasta donde yo no quería que llegase porque solamente una mujer enamorada te lavaría la ropa interior.
- Por favor, me encantaría hacerlo, yo no voy a permitir que mi hombre ande por la calle con un calzoncillo manchado, aunque no se le vea.
En ese momento pensé: “cagamos… dijo la expresión que yo no quería escuchar, mi hombre”, pero ahora sé el motivo por el cual no quería escucharla, porque lejos de molestarme su comentario, me agradó y vaya si me agradó, yo no lo quería reconocer, pero no se puede evitar lo inevitable, yo también me estaba enamorando, y no sabiendo que responderle le dije:
- Bueno, si es tu deseo, lo haremos juntos, pero después.- Sí. Sí, después.
Su mirada, que yo veía desde arriba, ya no era la de la nena tímida que había entrado avergonzada a esa habitación, ahora su mirada tenía un brillo especial, era la mirada de una niña animada, como la de aquella que está esperando el regalo prometido. Continuó bajando mi slip y sucedió lo que tenía que suceder, al liberar mi pene, este salió disparado hacia delante, apuntando directo a su cara como un resorte, Sonia se sorprendió y tiró su cara para atrás, quizás pensando que este le iba a pegar en la cara lo que me causó gracia y riendo le dije:
- No es tan largo como para que llegue a pegarte en la cara.- Pero es duro – contestó
Terminó de bajarme los slips los que, al llegar a mis tobillos, le ayudé a sacar, la tomé suavemente de los hombros y le hice una ligera presión hacia arriba, indicándole que quería que se pusiera de pié de nuevo, así lo hizo, comprendiendo perfectamente mi deseo, yo quería continuar sacándole su ropa interior, ahora era yo el que se agachaba, no sin antes premiarla con un hermoso beso, tan dulce como apasionado. Al tener su pubis frente a mis ojos no pude evitar mi deseo de besárselo y así lo hice, le di un par de besitos cariñosos en esa zona y terminé quitándole la bombacha, la que quedó en el piso junto a mi slip. Poniendo mis manos en sus rodillas, como abrazando una con cada mano, comencé un lento ascenso hacia su entrepierna a lo largo de sus muslos, al llegar mis manos a su destino, pude comprobar que ella tenía también su vagina muy mojada, ya que la humedad se notaba en sus muslos unos cinco o seis centímetros antes de llegar, pasé mis manos por detrás de ella, llegando a tocar de nuevo sus glúteos que ahora estaban desnudos y subiendo mis manos dejé un brazo abrazando su cintura y con el otro abrazaba su espalda a la altura de sus pechos, esta posición me ayudó a que, con un leve empujoncito haga arquear su cuerpo hacia atrás a lo que ella respondió con un abrazo a mi cuello pero más por temor a caerse que por cualquier otro sentimiento.
En esa posición la besé con frenesí y ya casi con lujuria, mientras retiraba mi mano de su cintura para pasar a su entrepierna, en esta posición no tenía más remedio que tener las piernas abiertas, fui directamente a la entrada de su vagina, yo quería acariciarle esos labios y sí, estaba realmente mojada, a tal punto que yo pensé que ella ya había tenido un orgasmo, presumo que mientras le acariciaba un pezón. Pero ahora era distinto, yo ya había ingresado un dedo entre sus labios y estaba buscando su clítoris, quería provocarle un orgasmo sin penetrarla, mi pene estaba tocando el costado de uno de sus glúteos, como tomando coraje bajó una mano acariciándose su costado hasta llegar a él y comenzó a acariciar mi pene, con mucho temor, no sé a qué, pero esto hizo que sus caricias sean tan suaves que me volvieron loco por demás, en ese mismo instante yo encontré su botoncito del placer, no necesité acariciarlo por mucho tiempo que ya me hizo sentir que ella estaba llegando al orgasmo.
Fue en ese momento que pude comprobar que antes no había tenido un orgasmo, puesto que ahora separó su boca de la mía para poder gemir con mucha pasión, casi al borde de la locura y llegando a dejar escapar algunos gritos, mientras que su vagina se mojaba como nunca había visto mojarse vagina alguna, la cantidad de líquido segregado se puede comparar perfectamente a un orgasmo masculino por su cantidad y consistencia, mientras tanto, sus caricias en mi pene fueron aumentando en velocidad y presión ejercida llegando a un punto tal que ya tenía mi orgasmo en la punta de mi pene lo que me costó mucho retener, decidí no continuar con las caricias por un momento y en medio de un abrazo que, retribuyó con más fuerza aún, y un beso ya demasiado amoroso, la fui invitando a ir a la cama, con ligeros empujoncitos que entendió a la perfección.
Una vez acostados, ella comenzó a acariciar mi pene de nuevo y decidí dejarla hacer lo que quisiera conmigo, quería ver hasta dónde podía llegar sólo con su instinto de mujer, pero no pude disfrutar mucho tiempo más de sus caricias, no pasó mucho tiempo que mi pene se endureció más todavía y comenzaba a latir, cada vez con mayor velocidad hasta que iba a explotar eyaculando, suspiré, gemí, y le dije, ya me vengo amor, estoy terminando y acto seguido comencé a eyacular con tanta violencia y cantidad como nunca antes lo había logrado mujer alguna, Sonia, lejos de asustarse, parece que eso la excitó aún más y no paraba de acariciar en un acto de masturbación perfecto, lo que si pude notar fue que la presión de sus manos era muchísimo más liviana, llegando a ser una caricia, como agradecida del regalo que le había dado o como si se sintiera muy feliz de haberme hecho gozar de semejante manera.
Levanté mi mirada buscando la suya, cuando la encontré la miré con mi mejor mirada de agradecimiento y le dije:
- ¿Te sientes bien? – Sí, yo no creí nunca que una situación así me podría llegar a gustar, la primera vez que sentí el líquido masculino en mi cuerpo me dio mucho asco, pero ahora me doy cuenta de que una se puede sentir muy bien con este acto, hasta satisfecha, porque le provoca mucho gozo a la persona que quiere. – Sí mi amor, esto es muy placentero para mí, pero hay sentimientos superiores todavía que podemos disfrutar juntos, pero ahora me toca a mí hacerte feliz. – ¡Yo soy feliz si tú eres feliz!
Eso fue lo último que le escuché decir, porque ya estaba besando su ombligo y bajando por el caminito natural que lo une con su pubis. Su jadeo no sólo no cesaba, sino que se hacía cada vez más notorio para transformarse, cuando llegué a besar su zona pubiana, en auténticos gemidos, no quería imaginarme lo que haría o diría cuando se encontrara su clítoris con mi lengua; pero el momento llegó y al fin se encontraron, mi lengua y su clítoris en una lucha sin cuartel, mi lengua lo presionaba, lo rodeaba, ahora que lo tenía más cerca pude apreciar su real tamaño, tendría alrededor de dos centímetros de largo y como un centímetro de diámetro, sin exagerar, esas eran sus dimensiones y entonces me decidí, tome ese apéndice entre mis labios y comencé a succionarlo tranquilamente, mientras que de su boca se escapaba un leve quejido:
- Ay… ay… ay… – ¿Te estoy haciendo daño? – le pregunté.- No. No me duele, pero es una sensación extraña.- ¿Pero te molesta o te agrada?- No se, no lo puedo definir, pero sigue, sigue, a ver qué pasa.
Ni lerdo ni perezoso continué con lo que estaba haciendo para terminar dando pequeños mordiscos en su clítoris, en ese momento tuvo el orgasmo más intenso que había tenido en toda la tarde y al estar tan cerca de la entrada de su vagina pude corroborar que su orgasmo concluía en una eyaculación, en cantidad y color similar al semen pero de una consistencia algo más liviana, más líquida. Decidí parar, no quería agotarla físicamente tan pronto, apenas hacía una hora u hora y media que habíamos ingresado a esa habitación y todavía teníamos toda la tarde por delante. Me recosté a su lado y ella me abrazó, nos quedamos así un largo rato, sin decirnos nada, yo sólo escuchaba su respiración entrecortada y ella no hacía más que abrazarme y besar mi cara, por todos sus rincones, hasta los ojos me besó.
Sonia se decidió a continuar bajando con sus besos me di cuenta de que ya estaba más repuesta, besó mi cuello, mi pecho, se detuvo un poco en mis tetillas, cada una a su turno para luego seguir bajando, yo estaba extasiado, no quería que pare porque quería ver hasta dónde podía llegar sin decirle nada, hasta donde se permitía llegar, siguió bajando, se detuvo en mi ombligo pero me hacía muchas cosquillas, hasta el punto de que era una molestia, a pesar de que no le dije nada ella lo percibió y no siguió haciéndolo, siguió bajando y, para mi sorpresa, llegó con su cara a mi pene, lo tomó con una mano y se lo pasó por los cachetes de su cara, luego de unos segundos lo arrimó a sus labios y le propinó unos besitos muy suaves en la punta, no se atrevía a más, por lo que decidí no decirle nada, me hubiera gustado que siguiera y que abrazara la cabeza ardiente de mi pene con sus labios, pero callé. Ella se incorporó volviéndose a recostar a mi lado y le pregunté:
- ¿Quieres sentirme dentro de ti?- Sí, ahora siento que lo necesito, quiero sentir una penetración placentera por primera vez en mi vida.
Atrás quedaron los días de autorrepresión de Sonia y lo estaba haciendo conmigo, me puse encima de ella a lo que respondió abriendo las piernas para dejarme a mi acomodarme entre ellas, inmediatamente estuve sobre ella, sintiendo el calor de la entrada de su vagina en la punta de mi glande, a lo que mi pene respondió con un endurecimiento superior al que ya tenía, estaba tan cerca que podía sentir un pequeño y suave latir de sus labios, no me apuré, empujando suavemente penetré apenas un centímetro más sin dejar de mirar la expresión de su rostro, ella había cerrado los ojos y el resto de su cara tenía una expresión relajada, aflojando mi presión volví atrás el corto camino recorrido para volver a entrar, esta vez un poco más…
Había colocado la mitad de la cabeza de mi miembro en su interior, sus suspiros eran muy fuertes, estaba esperando la plena penetración, pero yo, sin intenciones de torturarla, me había propuesto que esta penetración la iba a disfrutar con todo su cuerpo y de nuevo retrocedí el camino andado, aguardé unos segundos para volver a entrar, esta vez, hice que toda la cabeza de mi pene estuviera en su interior, y comencé a mover mi cintura de manera tal de salir y entrar pero nunca llegué más allá de donde había llegado hasta ahora, yo me contuve, sentía que mi orgasmo estaba pronto a llegar pero quería que este acto fuese más placentero para Sonia que para mí, quería lograr que llegara a su orgasmo sin mayor penetración que la que estaba aplicando.
No tardó mucho, en menos de un minuto Sonia se retorcía en un orgasmo terrible, tan así que yo temí por su agotamiento antes de que concluyera con mis intenciones, en medio de su fuerte orgasmo, era el punto que yo esperaba, hice que mi penetración fuese completa, llegando a sentir que tocaba la pared superior de su útero y de esta manera comenzar un coito completo, salía hasta dejar solamente un par de centímetros dentro de ella, entraba mi pene en su totalidad y así sucesivamente, de nuevo sentí los espasmos de mi orgasmo, contuve la eyaculación otra vez, trataba de contenerlo hasta el próximo de ella.
No tardó mucho en tener otro orgasmo tan fuerte como el anterior a lo que aproveché para sacar mi pene de su interior justo en el momento que soltaba mi eyaculación, cayendo esta en todo su vientre y algunas gotas llegaron a chocar contra sus senos, su ombligo contenía un charquito blanco provocado por mí, me retiré de encima de ella y me recosté de nuevo a su lado, para mi sorpresa, ella se pasó un dedo por su ombligo y lo llevó a sus labios como quien prueba un dulce, creía que Sonia era incapaz de un acto así, pero creo que estaba presenciando el nacimiento de una nueva Sonia. Me miró con un gesto pícaro y se incorporó para poner su cuerpo sobre el mío, se apretó a mí y hasta hizo un movimiento de manera tal que nuestros cuerpos quedaron impregnados de mi semen. En ese mismo instante, ella me dijo:
- Uy, mira cómo nos ensuciamos. – Sí, lo veo, contesté con un gesto más pícaro que el de ella, vamos a tener que bañarnos.- Bueno, pero primero déjame descansar un poco, quedé agotada. – Por supuesto, mientras tu descansas yo me ducho.
Dije esto sin sentirlo así, yo también me sentía agotado.
- No. ¿Eres loco? ¿Cómo te vas a duchar solo? Te puedes resbalar y caer, no señor, nos bañamos juntos.
A lo que respondí con una corta carcajada y una mirada de complicidad. Descansamos un rato, abrazados, besándonos suavemente los labios, a veces no tan suavemente y nuestros besos eran muy apasionados. Estuvimos así hasta que Sonia fue la que rompió el silencio:
- Estoy muy agradecida mi amor. Quiero que sepas que soy toda tuya, que nunca te voy a decir que no a nada, quiero experimentar todo lo que se nos ocurra, pero lo quiero hacer contigo y con nadie más. – No Sonia, tú no eres mía ni de nadie, nadie pertenece a nadie y yo también estoy muy agradecido contigo, me entregaste tu virginidad y eso no tiene precio.- ¿Mi virginidad? Pero si…
Antes de que continuara hablando sellé sus labios con un beso, lo que ella entendió perfectamente, si bien yo no fui el que atravesó su himen, fui el primero que le proporcionó placer. Nos levantamos y nos dirigimos hacia el cuarto de baño, lo hicimos abrazados y besándonos, creo que debimos de haber tardado unos cinco minutos para caminar dos metros, mi pene ya estaba erecto de nuevo y Sonia lo miró con su mejor cara de pícara. Una vez en el cuarto de baño, me dijo que tenía ganas de orinar y se dirigió hacia el inodoro con intenciones de sentarse en el, a lo que le dije:
- No, por favor, ahí no, hazlo acá, bajo la ducha y sobre mi pene.
A ella se le notó un brillo distinto en su ojos y un gesto de asombro, caminó dos cortos pasos hacia mí, me abrazó por la cintura y, levantando una pierna hacia mi comenzó a orinar relajada, yo me agaché un poco para que su hilito dorado pudiera mojar mi pene como yo quería, al sentir su calorcito abrazando todo el cuerpo de mi pene, este se me puso más duro todavía, cuando hubo acabado, le pedí que no bajara su pierna que descansaba sobre un costado de mi cadera, yo también tenía ganas de orinar y me dispuse a hacerlo apuntando a su clítoris, lo que le provocó una sensación de placer a juzgar por sus gestos y su mirada, no toda mi orina fue a dar contra su clítoris, yo me iba moviendo hasta llegar a la entrada de su vagina, y enviar el resto allí adentro.
- Si hace unas horas alguien me hubiera dicho que yo iba a mear a alguien o que alguien me iba a mear a mí, podría haber vomitado de asco, pero esto fue hermoso mi amor. Estoy muy feliz de haberlo hecho. Ahora se, más que antes, que todo lo que me pidas va a ser para provocarnos placer.
Al oír estas palabras lo único que se me ocurrió hacer fue darle un beso. Luego abrí la ducha y nos metimos debajo, ella me enjabonó a mi primero, cuando le tocó enjabonar a mi amigo lo hizo con tal suavidad y dulzura que este se endureció más todavía, cosa que me sorprendió sobremanera, luego yo hice lo mismo con ella, le enjaboné todo el cuerpo, me detuve en sus pechos, enjaboné su entrepierna quedándome algo más sobre su clítoris para luego enjabonar su espalda y su trasero, llegado a este punto, Sonia se puso de espaldas a mí y con un movimiento de cintura envió su cola exageradamente hacia atrás, me entretuve demasiado con su ano y el jabón, al punto de que un dedo entró sin querer y sin problemas dentro de su agujero, de su boca se escapó un gemido de placer, no lo había pensado pero en ese momento se me ocurrió que podíamos gozar ambos de ese lado, seguí enjabonando y probé introducir dos dedos dentro de su ano, sus gemidos fueron aún más intensos, comencé a entrar y sacar mis dedos sin problemas y de repente Sonia me dice entre suspiros:
- ¡Qué lindo mi amor! ¡Cómo me gusta!
Al escuchar esto dejé un rato su ano para enjabonarme yo mismo el pene, me agaché un poco para ponerme a su altura y apoyé a mi amigo en esa entrada tan estrecha pero relajada, intuí que si lo hacía bien y sin desesperarme no habría dolor, sólo placer y comencé a empujar suavemente dentro de su ano, este no ofreció mayor resistencia, pero no había puesto ni la cabeza dentro de el, sólo estaba en el trámite de provocar la dilatación, aflojaba la presión y volvía a empujar, quería que se dilatara solo, sin provocarlo con mis embates, retiré mi pene para pasar más jabón por ese agujero que se me hacía cada vez más dulce, al enjabonar presionaba más con el jabón de lo que había hecho con mi pene, pude hacer que se lubricara el interior con la misma espuma ayudado con mi dedo índice, cuando conseguí esto y Sonia no hacía más que gozar, me decidí a ir más adentro, apoyé mi pene en esa entrada divina y empujé suavemente hasta que luego de unos cuantos segundos entró toda la cabeza de mi amigo en ese túnel oscuro, no sin inconvenientes pero sin dolor, cosa que le pregunté:
- ¿Te duele? – No, siento un escalofrío que me recorre todo el cuerpo, pero no me duele.
Entonces comencé un movimiento de salir y volver a entrar pero sin pasar el límite al que ya había llegado, ella se retorcía de gozo y en una de mis entradas fue Sonia la que empujó hacia atrás provocando que mi pene penetrara completamente en su canal anal.
El grito que escapó de su boca no fue de dolor, según dijo en ese mismo instante, cuando me dijo que estaba gozando mucho, mis movimientos comenzaron de nuevo, en este momento el recorrido era más extenso, mi amigo salía y volvía a entrar, pero esta vez en toda su plenitud, de repente Sonia se convulsiona en lo que a mí me pareció el mejor orgasmo que tenía ese día, y yo seguía con mi movimiento, sin exagerar, calculo que ese orgasmo (o esos orgasmos) debió durar como medio minuto, el mismo tiempo que me llevó a mí llegar al mío para eyacular dentro de su culito precioso, no me moví más y ella se incorporó, pero ninguno de los dos hizo movimiento alguno para intentar sacar mi pene de su ano. Girando su cabeza buscó, con su boca la mía y nos besamos así hasta que mi pene perdió totalmente su erección y salió solito del lugar que lo cobijaba; hecho que aprovechó Sonia para voltearse totalmente hacia mí y continuar besándonos.
Terminamos de bañarnos y nos fuimos a la cama, con todas las intenciones de acostarnos a descansar, de repente ella me dice:
- Tengo ganas de hacer popó. ¿Quieres venir?
A lo que respondí:
- No. Ahora no, en otra oportunidad.
Me recosté y me quedé dormido antes de que Sonia volviera del baño, no me había dado cuenta pero estaba destruido, mientras dormía, en sueños recordaba la sensación que me había provocado la defloración del ano de Sonia, sentía cómo me apretaba todo el pene, cómo (gracias al jabón) entraba y salía como si fuera una vagina muy estrecha y cómo Sonia llegó a un orgasmo terrible que no me explicaba cómo tuvo fuerzas para llegar hasta la cama.
No sé cuánto tiempo estuvimos dormidos pero ya eran las diez de la noche cuando Sonia se despertó antes que yo y se propuso despertarme de la forma más agradable posible, besándome en los labios y acariciando mi pene, cuando logró despertarme yo le sonreí y me dijo que tenía hambre, fue ahí cuando miré el reloj y me percaté de la hora, según mis cálculos debemos de haber dormido alrededor de cuatro horas.
- Bueno – contesté – tú has vivido en este barrio. ¿Hay algún buen restaurante por acá? – Sí. Acá a la vuelta hay un restaurante chino.- Entonces vamos a comer.
Nos levantamos y Sonia se puso su vestido encima de su cuerpo desnudo, como no era un vestido muy sexy no se notaba que no tenía ropa interior, yo la imité y me puse los pantalones sin mis calzoncillos, y mi camisa, salimos y llegamos al restaurante, nos sentamos y un chino de alrededor de los treinta años se apresuró a recibirnos y acompañarnos a una mesa apartada, creo que algo se nos notaba en las caras. Nos indicó que la comida era autoservicio y que él nos traería las bebidas que elijamos, nos recomendó una marca de vino que yo no conocía y que quise probar, Sonia aceptó cuando le pregunté y nos alcanzó una botella de vino rosado y algo dulce, cosa que pude comprobar cuando me sirvió un poco para degustarlo y cuando le di mi aprobación nos sirvió a ambos, antes de que se retirara le pedí que me recomendara algún plato, lo que me respondió con un nombre en chino que no entendí y se debió de notar en mi rostro, porque inmediatamente el chino me dijo que era lo que estaba en la tercera bandeja de la derecha, y que a la señorita le recomendaba la de al lado.
Me levanté con los dos platos y serví exclusivamente lo que nos recomendó el chino, no mucho (por si no nos gustaba cuando lo hubiéramos probado) fui con los dos platos hacia la mesa y nos dispusimos a probarlos no sin antes proponer un brindis.
- Por la nueva Sonia – dije
A lo que Sonia respondió levantando su copa y sonrojándose de nuevo. Cuando observé lo que contenía mi plato, antes de probarlo, pude observar que era una especie de guisado con brotes de soja, algunas legumbres y carne que tenía sabor a fruto de mar, no era pescado, al menos alguno que yo conociera porque su color era amarronado similar al del pollo, pensé que sería algún marisco. Era un plato exquisito.
Nos servimos otro plato de eso mismo que nos habían recomendado y cada uno probó el del otro, el de Sonia también era riquísimo, luego nos servimos otro plato pero ya buscamos otras cosas, no comimos lo mismo, yo me serví un par de mejillones a la provenzal, un poco de calamares de similar preparación y lo acompañé con una ensalada de brote de soja, a lo que le agregué un poco de tomate y de lechuga; Sonia se sirvió una ensalada similar a la mía pero para acompañar a una porción de carne vacuna.
Realmente teníamos mucho apetito, porque ya íbamos por el tercer plato, en realidad sería el segundo porque del primero serví muy poco. Cuando pasé por al lado del mismo señor que nos atendió le pedí que nos acercara otra botella de vino, cosa que hizo al instante. Llegamos al postre y nos sirvieron, a pedido nuestro, una crema helada de chocolate para mi y otra de frutillas para Sonia.
Nos quedamos haciendo sobremesa bastante tiempo, casi una hora más luego de haber terminado nuestros platos, esto lo hicimos, más por mí que por Sonia, porque ella me había excitado con su piecito sobre mi entrepierna y yo ya no me podía parar sin que se me notara la erección, que no bajaba, puesto que yo, ahora, estaba con un pié entre sus piernas y con el dedo gordo dentro de su vagina, acariciándola a modo de masturbación.
Volvimos al hotel, cuando el conserje nos dio nuestra llave le dije que quizás nos quedaríamos un día más, agradeció mi aviso y nos fuimos a la habitación. Nos desvestimos, nos besamos, Sonia me acarició el pene y se agachó con intenciones de llevárselo a la boca, esta vez lo tomó con una mano y acarició toda la cabeza con sus labios, me miró desde abajo y me dijo que quería hacerlo, que tenía muchas ganas de hacerlo pero que no sabía cómo y no quería que no me gustara ni hacerme daño, yo le dije que comenzara que le iba a ir indicando.
Aprendió rápido, aprendió incluso, a dejar descansar a mi amigo en su garganta sin que le dieran arcadas, tanto hizo que yo ya estaba al borde del orgasmo, le avisé lo que pasaba pidiéndole que se retire, a lo que respondió con una negativa porque quería saber qué se siente y siguió con su felación hasta que acabé eyaculando en el interior de su boca, fue una eyaculación terrible, estuve más de veinte segundos mandando mi semen al interior de esa boquita que tantas veces había besado ese día, no sé dónde iba a parar, porque por los costados de sus labios no se escapaba nada, cuando terminó se levantó y me besó apasionadamente, permitiéndome sentir el sabor de mi propio semen en su boca, diciendo:
- ¡Qué feliz que soy haciéndote gozar! ¡Gracias por darme la oportunidad de sentirme tan mujer por primera vez en mi vida! – A lo que respondí con otro beso apasionado, yo no sabía qué decir, me había quedado sin palabras.
Nos acostamos y yo le pedí que nos durmiéramos, que no era bueno hacer el amor después de comer porque se corta la digestión, me miró con cara de nena caprichosa a la que la mandan a estudiar cuando quiere mirar televisión y asintió no de buena gana, ella se dio vuelta dándome la espalda, yo pensé que se habría enojado, que no había entendido mi razonamiento pero me equivoqué, Sonia pasó una mano por detrás de ella buscando mis testículos, los que acarició muy suavemente provocando una erección superior a la anterior, yo no lo podía creer, no podía creer que tuviera una erección así luego de todo lo que había pasado ese día, pero en ese momento se me cruzó por mi mente la imagen del chino que nos atendió en el restaurante, el vino, y el plato que nos había recomendado, estaba seguro de que se trataría de alguna combinación de comida y bebida con atributos afrodisíacos.
Cuando Sonia se percató de mi erección me dijo que no me preocupara, que ella iba a hacer todo para que yo no tuviera una indigestión y tomando mi pene con su mano derecha se lo fue arrimando a la entrada de su ano, se movió muy lentamente, trataba de no moverme a mí por nada del mundo, hizo un rápido movimiento de cintura hacia atrás que provocó que la cabeza de mi amigo entrara en su ano, pero a ambos nos dolió, estaba todo muy seco, se lo sacó, se puso la mano en la boca y procedió a mojar tanto su agujero como mi pene con reiteradas idas y venidas de su mano hacia su boca y vuelta a su ano o a mi pene.
Lo volvió a intentar y esta vez la penetración no tuvo ningún inconveniente, ella se movía con mi pene dentro de su rabito y yo acompañaba los movimientos, como a modo de broma me dijo con aire irónico:
- No, déjame a mí, no vaya a ser cosa que se te corte la digestión. – Yo me sentí mal por esa expresión pero ya sabía lo que era despertarse en medio de la noche con ganas de vomitar debido a hacer el amor después de cenar y no sabía cómo decírselo, estaba gozando tanto con la sodomización que ella misma había provocado que no encontraba palabras para decir nada que no fuera como “me gusta” o “cómo te quiero”.
Estuvimos así algo más de cinco minutos (creo que los siete del promedio del que hablan las estadísticas) cuando llegamos a un espectacular orgasmo los dos juntos, ya no me cabía ninguna duda, lo que el chino nos había recomendado tenía capacidades afrodisíacas, no podía ser que yo todavía estuviera eyaculando como si fuera el primer orgasmo del día. Nos quedamos dormidos en esa misma posición, yo todavía con mi pene dentro del ano de Sonia y ella abrazándome tomada de una de mis nalgas como queriendo que yo no saliera de dentro de ella.
Nos despertamos pasado el mediodía del domingo y fuimos a almorzar al mismo restaurante, no estaba el chino que nos había atendido la noche anterior, pero pedimos el mismo vino y comimos lo mismo que nos había recomendado, volvimos al hotel y tuvimos un día de sexo y lujuria como si nada hubiera ocurrido anteriormente, ya pasaron quince años de esto, tanto Sonia como yo nos recibimos de ingenieros y estamos casados, tenemos nuestra propia empresa y, de tanto en tanto, volvemos al mismo hotel y comemos en el mismo restaurante. No tuvimos hijos, pero porque la vida no nos los dio, creo que por un poco de egoísmo tampoco consultamos a un profesional para saber el motivo y hacer algún tratamiento, de ser necesario. Estamos muy bien juntos, tanto como ese primer día, ella me tiene a mí y yo la tengo a ella.
Nos amamos.
Autor: Toty
Fabiana
November 6, 2009 by admin
Filed under Primera vez
Fabiana era una joven de 18 años, estudiante. En el colegio al cual asistía hubo un concurso para escritores. La propuesta la sedujo, ya que como a muchos jóvenes, le gustaba escribir. Para Fabiana era más fácil expresar sus sentimientos por escrito, en la tranquilidad de su habitación frente a unas hojas papel, lápiz en mano podía gritar, enojarse, declarar su amor, besar, y acariciar con total libertad. En sus páginas era libre, no había censuras, ni reprimendas. Fabi estaba en esa etapa difícil, dejando de ser niña y convirtiéndose en mujer y en estas épocas son muchas y muy diversas las influencias del medio.
Sus escritos eran muy variados, según como fueran transcurriendo sus días, a veces eran poemas, otras veces eran relatos cómicos, románticos y hasta eróticos. Le gustaba un compañero de clase, pero él era novio de otra compañera. Un día llegó un nuevo profesor y todas las chicas se enamoraron irremediablemente de él. El profesor era una persona muy seria y trató por todos los medios de mantener la distancia. Esta actitud decepcionó mucho a Fabiana, quien escribió muchas líneas acerca de la tristeza que le produjo la indiferencia del docente.
Lo que la chica no había notado era que otra persona fuera del colegio, la miraba con los ojos de un hombre apasionado. Un vecino del edificio, amigo de sus padres, un hombre casado y cuyos hijos eran amigos de los hermanos de Fabiana. Gustavo tenía 45 años, era amable y compinche con los jóvenes, con él, los chicos hablaban de mujeres, con él tuvieron sus primeras conversaciones de sexo. A Gustavo le gustaba Fabiana, y durante muchos meses trató de reprimir sus deseos; pero el cuerpito de Fabiana era una invitación al gozo.
La muchacha era alta, delgada, de cabello negro y largo. Fabiana era virgen, una hermosa virgen. Gustavo comenzó a acercarse a la chica, buscaba conversar sobre el colegio, los amigos, las fiestas. Le prestaba atención, escuchaba sus problemas. Al igual que frente a sus escritos, Fabiana se sentía cómoda y libre hablando con este hombre. Un día le confesó que escribía historias y poemas, Gustavo quiso leerlos y cuando ella se los entregó sintió que le estaba ofreciendo su vida, sus más íntimos secretos.
Ella estaba cada vez más unida a Gustavo y él ya no resistía la tentación de tomar esa vida en sus manos. Entre los relatos había algunos que revelaban la inocencia de Fabiana y sus deseos de sentirse amada. Él aprovechó esto para hablar de sexo con la muchacha:
-Me gustaron tus relatos, particularmente el de tu romance con Andrés. ¿Es tu novio?-No, pero me gustaba mucho. Nunca tuvimos nada.- Quisiera hacerte una pregunta íntima, ¿puedo?-Si. -¿Alguna vez tuviste sexo con un chico? – (Totalmente colorada de vergüenza). No, soy virgen -Está bien, no tienes que sentir vergüenza, es bueno que podamos hablar de esto. Es sólo que tus relatos me hicieron pensar que ya tenías experiencia. Entonces, ¿lo que sucede es que tienes deseos de tener sexo? -(Casi no podía hablar, pero quería demostrar que era una persona madura de manera que se sobre puso y continuó la conversación). En realidad siento mucha curiosidad. Tengo sensaciones extrañas al imaginarme esas situaciones, mi cuerpo se excita, me duelen los pechos.
Gustavo intentó convencerla de que descubrir su sexualidad, la ayudaría a escribir mejor y desde luego cambiaría su vida para siempre. Después de varias conversaciones de este tipo, y de conseguir que la muchacha se dejara besar, ella accedió a tener intimidad con el padre de sus amigos. Él la citó un día en una plaza y la llevó a un hotel. Cuando entraron a la habitación Fabiana sintió deseo de salir corriendo, pero no pudo, estaba asustada y excitada a la vez.
Aunque ni siquiera se había puesto a pensar si aquel hombre le gustaba o no, tenía mucha curiosidad, tenía mucho por aprender y le tenía confianza, él iba a ser el hombre que la iniciara en el arte de amar. Gustavo se acercó, la besó intensamente, introdujo su lengua en la boca de Fabi, de inmediato una corriente eléctrica corrió por la espalda de la chica. Se desnudó primero y giró frente a la chica para que ella lo observara con detenimiento. Ella se acercó lo acarició y llevó sus manos a los genitales, los sostuvo por un momento y la erección no se hizo esperar. El pene duro de Gustavo rozaba su vientre.
Él comenzó a respirar agitadamente y le dijo:
-Mi pene te va a desvirgar rico, mi amor. Me vas a sentir en tu interior y vas a pedirme que derrame mi leche en ti. -Enséñame más fue todo lo que pudo decir.
De inmediato Gustavo comenzó a desnudarla. Le quitó toda la ropa y la acostó como a una muñeca sobre la cama. Ella no se movía, él acarició sus pechos pequeños de pezones erguidos, se inclinó sobre ellos para mamarlos. Le pidió que aflojara las piernas para poder tocar su sexo. Las piernas de la muchacha cedieron y los dedos del hombre sintieron la humedad del flujo vaginal. Comenzó a masturbarla y Fabiana comenzó a gemir. Tuvo su primer orgasmo y cuando pudo aflojar el cuerpo se levantó de la cama de un salto. Gustavo tuvo que detenerla para evitar que saliera de la habitación desnuda. La abrazó fuerte contra su cuerpo.
-No te asustes, tienes que dejarte llevar. Tuviste tu primer orgasmo y eso me hace feliz. Tú eres una hembra y yo seré tu primer macho.-¡Quiero irme, déjame salir!
Era claro que no iba a perder su oportunidad, de manera que la llevó al baño, la ayudó a ponerse una bata, refrescó su rostro y volvieron a sentarse a los pies de la cama. Sin soltarla, le habló del amor, el deseo, de lo hermosa que era y cuánto la deseaba mientras que acariciaba su pelo y besaba su mejilla. Fabiana cedió y se recostó nuevamente, él abrió su bata posó su mano sobre el monte de Venus y le dijo que quería depilarla. Ella ya no podía pensar con claridad y lo dejó trabajar. Atrajo su cuerpo hasta el filo de la cama, separó sus piernas, enjabonó el vello púbico y comenzó a afeitarla. Cuando terminó su trabajo, apenas había un hilo de vello. Fueron al baño nuevamente para terminar de higienizarla y al sentir los dedos de su compañero y el agua tibia jugando con su sexo tuvo otro orgasmo.
Fabiana no podía decir una palabra, sólo gemía de placer ante los estímulos recibidos. Salieron del baño, Gustavo la hizo sentarse en el piso frente a un espejo, las piernas abiertas y flexionadas, la muchacha podía ver como su sexo estaba enrojecido y húmedo, el flujo vaginal brotaba generosamente. El estaba sentado a sus espaldas y sobaba sus tetas favoreciendo así el fluir de sus licores. Lentamente la acostó en el piso sobre unas toallas, puso una almohada bajo sus caderas, de manera que el sexo de Fabiana quedó levemente levantado, su respiración comenzó a agitarse nuevamente, ¡el momento había llegado!
El hombre hundió su cabeza entre las piernas de la joven, comenzó a lamer y chupar su clítoris, sus labios y la entrada de su vagina. Ella no dejaba de gemir y de moverse. Él se levantó y comenzó a presionar la entrada a su vagina con su dedo mayor.
-¡Tranquila nena, tranquila! Respira profundo, quédate flojita. Esto no te desvirgará, pero facilitará las cosas. ¡Ay mi nena linda, estás tan estrecha, como te voy a gozar! -¡Ya por favor! Me duele, me duele. -¡Tranquila nena, tranquila! Déjate hacer y te prometo que después de hoy, querrás coger todos los días.
Fabiana aflojó sus músculos y el dedo del hombre venció la resistencia. Entró, salió, hurgó y presionó sin romper el himen. Luego de esto, su pene erguido fue enfundado en un condón y comenzó una danza con el clítoris: lo rozaba, lo presionaba hasta que se colocó a las puertas del placer tan ansiado. Gustavo sujetó las caderas de la chica y la atrajo hacia sí. Sus cuerpos quedaron pegados, sus ojos se enfrentaron, la muchacha casi no sintió dolor y cuando Gustavo la besó comenzó a sentir el movimiento del pene, que permaneció un largo rato dentro de su cuerpo.
En las toallas quedó un pequeño rastro de lo sucedido, pero en el delgado cuerpo de la muchacha las huellas serían imborrables. Permanecieron en el suelo un rato más, Fabi no reaccionaba, estaba boca arriba con las piernas abiertas y los brazos a los costados, Gustavo estaba a su lado con una mano sobre su seno. Después de una hora, él la ayudó a recomponerse, se ducharon juntos, se vistieron y cada uno volvió a su casa. Esa noche hablaron por teléfono en secreto y al otro día él fue a buscarla al colegio. En el auto él le pidió que lo dejara tocarla, ella se recostó en el asiento, separó sus piernas y la mano de él se perdió bajo su uniforme.
Volvieron al hotel, esta vez casi no se hablaron, Gustavo la desnudó y sin más la penetró con fuerza, mamó sus pechos. Cuando terminó, ella comenzó a acariciar sus genitales, los testículos se hincharon de placer, y él llevó la cabeza de la muchacha hasta su pene. Ella entendió el pedido y torpemente comenzó a mamarlo. Gustavo la hizo retirarse antes de eyacular. Esa tarde Gustavo hizo que Fabiana perdiera todas sus inhibiciones, la vergüenza, la timidez ya no tenían cabida en esa relación. A partir de ese día cada vez que tenían una oportunidad, se encontraban, se tocaban, besaban.
Autora: Amandaz
Meli, el primer orgasmo
November 4, 2009 by admin
Filed under Primera vez
Hola, me llamo Melisa, soy nueva en esto de escribir relatos, pero llevo mucho tiempo leyéndolos, y quiero contarles mis historia, empezaré por describirme, Tengo 22 años, mido 1.66, soy morenita, cabello oscuro al hombro, no soy gordita ni muy delgada, algo normal diría yo, mis medidas son 87-65- 88, dicen mis amigos que soy wapa, les creeré…
Mi historia comienza, hace cuatro años, yo estaba de novia con un chavo que se llama Omar, estábamos enamorados, teníamos 10 meses de novios y de un tiempo antes ya no aguantábamos las ganas de tener relaciones pero era mi primera vez y tenía un poco de miedo, nosotros éramos compañeros de clase y estudiábamos en la tarde así que cuando nos íbamos de pinta nos íbamos a casa de un amigo que tenía un sonido y organizaba reuniones para hacer pruebas con el sonido, en una ocasión nos invitaron pero en esa ocasión no quisimos ir, no teníamos ganas, así que estábamos pensando que hacer.
El me dijo que tenía ganas de estar en un lugar tranquilo donde solo pudiéramos estar él y yo y que nadie nos molestara, le dije que yo también, pero que no había donde ya que ese día estaban ocupadas nuestras casas, él me dijo que podíamos ir a un hotel que estaba ahí cerca y que ahí no nos molestarían, le dije que si, sabiendo que ese sería el día.
El fue a su casa por dinero para el hotel y pasamos a un centro comercial por un vodka y cigarros y finalmente entramos al hotel, yo estaba muy nerviosa pero cuando llegamos a la habitación se me quitaron los nervios, nos acostamos y sirvió unos tragos y encendimos un cigarro, estábamos platicando de lo a gusto que estábamos y él me empezó a decir lo linda que me veía, yo traía puesta una falda arriba de la rodilla, holgada de color gris, una blusa blanca al igual que mis calcetas largas, él iba con su saco, un pantalón gris y una playera blanca.
Después de los halagos yo le agradecí con un beso, nos empezamos a besar y a acariciar por encima de la ropa como hace mucho lo hacíamos, me levanté a apagar mi cigarro y él se sentó en la orilla de la cama, yo me acerqué, él me abrazó quedando mi pecho a la altura de su cara, abrió sus piernas para que yo me acomodara ahí, me vio a la cara, me abrazo de la cintura, yo lo besé, él empezó a acariciar mis nalgas por encima de la falda y a besarme el cuello, yo acariciaba su cabello, subió sus manos y desabrochó mi blusa y me la quitó por completo, me besó los senos por encima de mi bra rosa que llevaba, le ayudé a desabrocharlo y quedaron al aire mis senos, empezó a chuparlos y darme mordiscos en los pezones, mientras sus manos se encargaban de mis nalgas por debajo de mi falda, yo le quité la playera, me giró y me tiró boca arriba en la cama, se puso sobre mi y empezó a besarme toda, empezó por mis labios bajando por mi pecho haciendo una pausa en los senos, luego bajó más hasta mi ombligo metiendo su lengua en el.
Él sabía que eso me gustaba mucho, luego bajo más, me levantó la cadera para poder bajar el cierre de mi falda, me la quitó y siguió bajando hasta donde le estorbó mi tanguita rosa que hacia juego con el bra, me besó por encima de la tanga que ya estaba muy húmeda, me la quitó y me empezó a dar una mamada excelente, me metía la lengua, mientras con una mano se encargaba de mis pechos y con la otra la me metía un dedo por mi ano.
Loca de placer quería devolverle el favor, me levanté, le hice un pequeño baile y me acomodé a modo de quitarle el pantalón, y después de quitarle su calzón quedó frente a mí un pene maravilloso, en ese momento el más grande que había visto (luego vería varios más grandes) lo empecé a chupar como paleta, de arriba abajo, le besaba y le succionaba los huevos, así estuve un buen rato hasta que él me dijo que esperara.
Se levantó y me recostó en la cama totalmente, se puso sobre mi pero se acomodó para que le chupara el pene mientras él me chupaba la pepa, estuvimos en un rico 69 durante un rato, él abría mi pepa con sus manos y metía su lengua jugando con mi clítoris mientras yo besaba y chupaba su verga desde los huevos hasta la punta, el liquido preyaculatorio era delicioso, lo saboreaba y lo distribuía por todo ese rico palo que estaba tan deseosa dese meterme, creía estar en la cima del éxtasis cuando se levantó y me preguntó ¿estás lista?
Asentí con la cara, se acomodó y me penetró poco a poco, yo grité un poco pero él me besó para que callara, se quedó un rato dentro de mi solo besándome y dando masaje a mis senos, poco a poco yo me empecé a mover y él me siguió encontrando un ritmo, yo estaba muriendo de placer, era mi primera vez y lo estaba disfrutando mucho, estuvimos así hasta que él tuvo su primer orgasmo, pero yo aun necesitaba más, así que lo giré y ahora él quedó boca arriba, me subí sobre su pene, lo besé profundamente y fui yo quien besó su cuello y el pecho, sentía como empezaba a crecer una vez más, él me acariciaba las caderas y me levantaba para besarme los senos, estuvo un rato entretenido besando y acariciando mis senos y mis pezones que estaban más duros que un coco.
Cuando estuvo listo, lo tomé y me lo metí yo solita, lo empecé a cabalgar, era delicioso, sentía más placer que antes, estuve así unos 10 minutos, sintiendo como palpitaba dentro de mi, lo podía sentir muy caliente, luego sin sacármelo me giro y quedé espaldas a él, me tomó por la cintura y me levantó, me llevó contra un mueble donde había un espejo, me inclinó la cabeza y me lo empezó a meter y sacar otra vez, sentía como chocaban sus huevos con mis nalgas.
Él me tomaba de las caderas y de repente se inclinaba para besarme la espalda y jugar con mis senos, hasta que al fin llegué a ese maravilloso momento, el orgasmo, él siguió un minuto más bombeando y tuvo otro orgasmo, me llevó de la mano a la cama y caí sobre él, estuvimos así acostados un rato, encendimos un cigarro, nos metimos a bañar y lo volvimos a hacer en el jacuzzi.
Esa fue la primera vez que tuve un orgasmo, después de un tiempo terminamos, y nos dejamos de ver, hace un mes lo volví a ver y fue un reencuentro especial, pero ya les contaré en otra historia.
Espero les haya gustado, según si sus votos son buenos les contaré después mi primera vez con una chica, mi primera vez en un trío, mi primera vez por el ano y mi reencuentro con Omar entre otras historias, saludos y no se olviden de votar.
Autora: Melissa
El policia
October 1, 2009 by admin
Filed under Primera vez
Me dicen Vicky, y todo comenzó cuando aún era virgen, 18 años, una chica muy bien dotada. Mi mejor amiga se llamaba Erika. Yo asistía a un gimnasio para mantenerme en forma, aunque sinceramente lo hacía más para ver descaradamente a los instructores quienes estaban muy bien dotados y tenían brazos fuertes y cuerpos apetecibles, sabía que eran algo mayores para mí, pero no le hice mucho caso.
Un día mi amiga hizo algo que no sé si fue para bien o para mal, presentarme a Tony, su amigo el policía, cuyo nombre verdadero prefiero no revelar debido a que esto es una historia 100% real y me sucedió hace algunos años. Tony tenía 23 años, y era policía de una de las alcaldías más reconocidas aquí en mi país. Era un tipo blanco, bastante corpulento, y sobre todo muy alto. Tenía ojos claros y cabello muy corto.
Al conocerlo y darle la mano, enseguida supe que tenía un algo especial que me atraía, quizás fue por su fuerte apretón de mano, del que creía iba a salir lastimada. Pasaron los meses y enseguida me encapriché con ese hombre, mi hombre y tenía que ser para mí a como diese lugar. Cada vez que nos veíamos me daba besos muy cerca de la boca provocándome e incitándome, en ciertas oportunidades hacía comentarios picantes, y cuando viajábamos juntos en el metro rozaba su cuerpo contra el mío apretando su miembro contra mi cuerpo y pidiendo disculpas debido a que había mucha gente.
Ese era un jueguito que me gustaba y se estaba convirtiendo cada vez más excitante, nunca había hecho algo así con nadie y ya la curiosidad era algo que me estaba volviendo loca, y que sólo había podido saciar tras varias jornadas de masturbación que me daba cuando estaba muy atrevida y caliente. Un día después de mucho derroche de atrevimiento empezamos a salir juntos y nos dimos ese tan ansiado y apasionado beso, nos hicimos novios un 2 de febrero y el 24 de febrero después de una proposición algo indecente y varios días de no dormir a causa de poder tomar la mejor decisión acepté.
Fue a recogerme a las puertas del gimnasio, yo tuve que mentirle a mi mamá diciéndole que iba a hacer un trabajo en casa de unas amigas, cuando en realidad iba a descubrir eso que llamaban ¡hacer el amor, tener relaciones, acostarme con alguien, entregar mi cuerpo! Apenas llegó, pude darme cuenta que había cambiado el papel ahumado de las ventanas, ahora era sumamente oscuro y era imposible poder ver nada adentro ni siquiera en el vidrio de adelante. Eso está prohibido aquí, pero como él era policía estaba autorizado.
Entré al carro y pude ver como aún cargaba puesto una chaqueta negra y el chaleco antibalas. Enseguida me puse cómoda, charlamos un rato mientras nos dirigíamos al que creía, sería un hotel. Me preguntó si estaba segura de lo que íbamos a hacer, que una vez que empezara no podría parar. Yo le dije que sí, aunque le confesé que tenía un poco de miedo, ya que como le había dicho esa era mi primera vez. Me dijo que para calmarme mejor me llevara algo a la boca y cuando bajé la mirada ya estaba bajándose el cierre del pantalón y sacando por un lado su erguido pene.
Aunque era virgen todavía ya había visto uno que otro miembro. Lo vi con cara de excitación, y el inmediatamente apoyando sus manos encima de mi cabeza la bajó y la puso en posición que quedara justamente enfrente de su pene. Sin dudarlo lo metí en mi boca y empecé a pasar mi lengua por la punta redonda y roja tal como lo había visto en una película pornográfica, humedecía mi lengua con bastante saliva la cual refregaba contra las paredes carnosas y rojas. Cuando estaba ya por finalizar mi labor, el carro se detuvo. Alcé la mirada para ver en donde nos encontrábamos y cuál fue mi sorpresa al ver que me había llevado nada más y nada menos que a una especie de alcabala en donde minutos antes había estado de guardia y en donde a veces le tocaba pasar la noche.
Era un lugar pequeño, con un parque infantil en la parte de atrás y que estaba algo escondido de la calle, casi no pasaba gente por esa zona, y cuando le pregunté qué hacíamos ahí, se acomodó el pene dentro del pantalón y salió del carro. Me abrió la puerta como cualquier caballero lo habría hecho y me invitó a entrar, me dijo que había convencido a un amigo de que él haría la guardia de esa tarde y que se fuera a descansar. Entramos y enseguida cerró puertas y ventanas y bajo las persianas.
Encendió el aire acondicionado y me llevó a la parte de atrás en donde había una especie de cuarto con una cama litera en donde quitándose los zapatos se me abalanzó encima y empezó a besarme muy apasionadamente en el cuello, me sacó lentamente la blusa de tirantes roja que llevaba puesta ese día y contempló durante unos segundos esos pechos jóvenes y virginales que nunca habían sido tocados por ningún otro hombre y cuyos pezones estaban bastante erguidos y lo suficientemente duros como para que se traspasaran y se notaran a través del sostén.
Pasó su lengua por encima de mis dos grandes y jugosos senos y siguió bajando pasando por mi ombligo y bajando hasta la entrada de mi vientre en donde me levantó en sus brazos y empezó a bajar el cierre de mi corta falda negra en donde aguardaba una muy diminuta tanga color blanca cuyo delicado hilo posterior realzaba la belleza y el buen contorno de mis firmes y provocativas nalgas. Me había depilado el coñito para la ocasión, y mi sexo yacía húmedo y caliente esperando que fuera tocado por las grandes manos de ese hombre quien había disparado a varios maleantes. Me dijo cierra tus ojos que te tengo una sorpresa, cuando lo hice se quitó la ropa que tenía puesta y sólo se quedó en interiores, escuché un ruido metálico y cuando abrí los ojos sentí el frío de unas esposas que me colocaba atándome a la cabecera de la cama. Me dijo no te asustes hoy será el día más feliz de tu vida te voy a hacer la mujer que ha sentido más placer en un sólo día.
Me quitó el sostén y la tanga y empezó a chupar apasionadamente mis pezones, los mordisqueaba y yo gemía de placer, le pedía que por favor no parara porque me gustaba mucho la sensación de sentir que me estaba comiendo las tetas. Casi me vuelvo loca del placer que me estaba proporcionando y no acababa de recuperarme de la mamada de mis tetas cuando enseguida sentí su boca y su lengua dentro de mi húmedo sexo, mi coño a reventar empezaba a latir al compás de las embestidas salvajes de la boca de Tony dando círculos en mi clítoris y haciéndome sentir la mujer más deseada del planeta. Yo no podía tocar su pene ya que tenía mis manos atadas a la cama, pero él se dio cuenta y volteándose me metió su pene en la boca y empezamos a hacernos un tremendo 69, con lo que llegamos a nuestro primer intenso orgasmo.
Mientras se recuperaba empezó a secar el exceso de jugo vaginal que salía de mi coño. Cuando acabó y ya nos habíamos recuperado de nuevo se puso encima de mí y me preguntó si ya estaba lista para retomar la acción y empezar el segundo round, contesté que sí que me rompiera la virginidad de una buena vez y que quería sentir todo su miembro dentro de mí. Puso su pene en la entrada de mi concha y empezó lenta y suavemente a empujar hacia adentro. Mientras hacía círculos sobre mi clítoris con sus dedos, y estimulaba el punto G con su pene dentro de mí.
Ahh estaba volando de placer no cabía dentro de mí, todo lo que estaba sintiendo era maravilloso, mis uñas empezaban a clavarse en su espalda, lo arañaba y lo mordía salvajemente tal como lo estaba haciendo él dentro de mí… Uffff no pudimos más y automáticamente sacó su pene de mi concha, lamió mi vagina, mordió mi clítoris y puso su pene dentro de mi boca donde eyaculó bestialmente mientras yo llegaba increíblemente al orgasmo con sus dedos moviéndose en círculos sobre mi clítoris.
Aaaahhhhhh que orgasmos tan buenos, valió la pena el dolor tan intenso que sentí cuando me enterró su miembro en mi delicada y virginal concha, valió la pena haber manchado el colchón de sangre, valió la pena la marca que me quedó de las esposas, todo valió la pena porque el placer que sentí fue inigualable… Luego él se vistió, yo lo imité y salimos a la parte delantera de la estación policial como si ahí nunca jamás hubiese pasado nada…
Desvirgada por dos negros
September 16, 2009 by admin
Filed under Primera vez
Hola a todos, mi nombre es Ana Karen y este es mi primer relato, en el cual les voy a relatar como perdí mi virginidad hace 20 días; empezaré por contarles un poco de mi, tengo 18 años, soy trigueña de ojos color miel, mido 1,65, cabello negro y me dicen que tengo un rostro angelical; con respecto a mi cuerpo se que es espectacular, no vayan a pensar que soy convencida o algo así, lo que pasa es que a mi edad ya estoy bien desarrollada, tengo muy bonitas las nalgas redondas y bien paraditas, al igual que mis senos que son de tamaño mediano, tengo buenas piernas cadera ancha y una cinturita de avispa.
Es por eso que en el colegio los chicos me molestan y me cortejan frecuentemente, yo no les presto mayor atención ya que tengo novio hace 11 meses y no soy cachonda ni nada por el estilo, además estoy muy contenta con mi relación ya que nos la llevamos excelente, tanto él como yo somos extrovertidos y disfrutamos de nuestra mutua compañía, claro que en lo que a sexo se refiere ni con el ni con nadie nunca había tenido nada de nada ya que en mi familia mis padres son algo estrictos y siempre me han inculcado buenos valores, siempre me daban a entender que se debía llegar virgen al matrimonio y que uno solo debía tener un solo hombre en la vida sexualmente hablando, mi novio tenía eso claro y por eso nunca me a presionado ni propuesto nada al respecto.
En la prepa 7 de Guadalajara como es costumbre tengo una grupo de amigas con las cuales mantengo para arriba y para abajo, ellas son Andrea y Mónica; Andrea tiene mi misma edad o sea 18 y también es muy bonita, es blanca de ojos cafés, cabello largo y negro, de muy bonito rostro es un poco más alta que yo mide como 1.70, es delgada de bonito cuerpo aunque tiene menos cola que yo, ella no tiene novio ya que sus papás son muy jodidos y no la dejan ni asomarse a la esquina, lógicamente también era virgen hace 20 días, antes de que sucediera lo que les relataré.
Como les dije mi otra amiga es Mónica es la menos bonita de las tres ya que es algo gordita, aunque tiene bonito rostro, también es la mayor tiene casi 19 años, es blanca, rubia y algo bajita, ella es por decirlo así la lanzada del grupo, cambia de novio frecuentemente y con la mayoría ha tenido relaciones, por lo menos cuatro que yo sepa; es decir es la experimentada, la que nos cuenta cosas y detalles o sea la única que nos cuenta sobre el sexo, en especial a Andrea que le gusta oír sus experiencias, además Mónica es la que le hace cuartos a Andrea para que vacile con algunos compañeros del salón, es por ella que al menos en ese tiempo sabía lo que era besar a un hombre.
Y se llegó el día viernes, salimos a un viaje de la escuela y bien de mañana en un bus que nos trasladó a un centro vacacional a unas 3 horas para estar allí hasta el día domingo, llegamos como a eso de las 10 de la mañana, el centro vacacional era muy bonito y amplio, tenía dos alas de habitaciones a cada extremo, en una de ellas acomodaron todos los hombres y en la otra las mujeres por razones obvias, las habitaciones igual eran espectaculares de acomodación múltiple, nos tocó una para las tres Mónica, Andrea y yo, las habitaciones tenían una cama doble donde se acomodaron Mónica y Andrea, y otra sencilla donde me acomodé yo, tenía televisor, calefacción y el baño era espectacular, amplio y tenía una tina, en general todo de lujo.
Luego de acomodarnos salimos a conocer el lugar a recorrer las instalaciones y como siempre Mónica a ver que tipo bueno había por hay, quedo encantada con los celadores del lugar, nos decía que tenían muy buen cuerpo que les quedaba muy bien el uniforme, en especial uno que era un negro fornido de unos 23 años, y como siempre ella tan lanzada se le acercó y entabló conversa con él, le empezamos preguntar cosas del lugar, y Mónica empezó a coquetearle a hacerle ojitos y demás.
Luego de un rato Carlos así se llamaba guardia, le dijo a Mónica que en horas de la noche iban a llevar al grupo a la discoteca, que la estaban arreglando y que él salía de turno a las 6 de la tarde que si quería se quedaba para bailar un rato y que también si quería le decía a otros dos compañeros guardias que se quedaran para que bailaran con nosotras, Mónica como era de esperarse aceptó sin ni siquiera voltearnos a mirarnos.
Nosotras luego de despedirnos de Carlos le recriminamos, pero igual ya no había nada que hacer, el resto de la tarde la pasamos haciendo actividades de integración con el grupo, cuando terminó nos dijeron que fuéramos una rato a descansar y que nos arregláramos por que nos iban a llevar a la discoteca del centro vacacional cosa que nosotras ya sabíamos, allá estaba Mónica y Andrea arreglándose, Mónica no hacía si no hablar de Carlos que se lo iba a rumbear, y le decía a Andrea que aprovechara y disfrutara con los compañeros de él, que lograra que no estaba su papá por hay fiscalizándola, a mi no me decía nada por que sabe que yo no le jalo a esas cosas, igual terminamos de arreglarnos, Andrea y Mónica con vestido y yo me puse pantalón y blusa, y nos dirigimos hacia la discoteca.
Llegamos y en la entrada estaba Carlos con los dos compañeros, Mónica de inmediato saludó a Carlos quien nos presentó con sus amigos, el primero se llamaba Alberto, tenía unos 21 años era alto, blanco, de pelo negro, facciones finas y de buen cuerpo; el segundo era Gustavo, era mayor que todos tendría unos 27 años, era negro más alto que Carlos y bien acuerpado, entramos en la disco y tomamos una mesa de las atrás, nos dieron una breves recomendaciones por el micrófono, apagaron las luces y pusieron la música, yo permanecí más bien callada, mientras Mónica y Carlos hablaban y se reían copiosamente por otro lado Andrea hablaba fluidamente con Alberto y Gustavo.
Como dije yo permanecía más bien callada, pidieron una botella de aguardiente y gaseosas, y empezaron a salir a bailar, lo que era Mónica y Carlos, y Andrea y Alberto no se perdían una sola pieza, yo mientras más o menos le seguía la conversa a Gustavo el negro mayor y salía a bailar una que otra pieza de baile con él, así prosiguió la noche más o menos por la misma tónica, Mónica y Andrea recibían una que otra copa, yo no, ya que no me gusta.
Como a eso de la media noche Mónica ya se estaba besando con Carlos mientras Andrea y Alberto bailaban bien juntitos, en uno de los discos salimos a bailar las tres parejas y empecé a notar como mis dos amigas se dejaban meter mano, se dejaban rozar las nalgas y los senos disimuladamente, eso no me extrañó de Mónica, pero de Andrea si me extrañó, Gustavo que bailaba conmigo también lo notó y trató de hacer lo mismo, pero yo si me hice respetar y le puse distancia, así siguieron, bailando bien apretaditos, hasta que como a eso de la 1 de la madrugada prendieron las luces y anunciaron que era hora de ir a los dormitorios.
Empezamos a evacuar la disco acompañadas de ellos, quienes nos dijeron que nos fuéramos por un camino alterno, y lógicamente la razón era que por hay no había nadie, cosa que aprovecharon mis amigas y sus parejas para besarse, en especial ellos para medio sobarle las nalgas y senos a mis amigas, yo mientras me hacía la que no veía e iba adelante con Gustavo que iba calmadito pues yo no le daba chance de nada, por fin llegamos a la entrada del ala de habitaciones donde nos despedimos y nos fuimos al cuarto a dormir, pero eso si, antes de eso me acerqué a Andrea y le dije que me extrañaba su comportamiento y que no se dejara influenciar por Mónica que ella no era así.
El día sábado nos levantamos a eso de las 10 de las mañana y eso por que nos pasaron tocando las puertas, salimos, desayunamos, e hicimos dinámicas de integración con el grupo y los profesores, de vez en cuando nos cruzábamos con los celadores de la noche anterior y claro Mónica y Andrea eran risitas van risitas vienen y miraditas etc, yo los saludaba normalmente, en la tarde seguimos en lo mismo, cenamos y como la noche anterior nos reunieron para la misa, luego nos dijeron que podíamos ir a los cuartos a descansar, Mónica y Andrea se fueron inmediatamente Yo pues me quedé a recoger y organizar, no veía sino la hora de irme para el cuarto, ya que el día había estado bastante pesado, me demoré como media hora.
Al terminar me dirigí a los dormitorios, al entrar me dio mucha rabia ya que mis amigas estaban allí con Carlos, Alberto y Gustavo, inmediatamente les dije que me parecía el colmo, que ellas sabían el problema en que nos podíamos meter si nos pillaban estando con hombres en el cuarto, a lo que Carlos me respondió que me tranquilizara que solo estaban hablando y tomando unas cervezas, que nadie los había visto entrar y que ya había hablado al respecto con sus compañeros que estaban de guardia, que no me enojara con mis amigas que por eso y solo por eso ellas los habían dejado entrar.
Yo le dije que de todas maneras no estaba de acuerdo y que esperaba que se fueran rápido ya que me encontraba muy cansada y me quería acostar, acabando de decir esto me encerré en el baño y me puse a darme una ducha en la tina para relajarme y pasar el tiempo mientras se iban, estaba tan cansada que se me cerraban los ojos allí metida…
Al cabo de un rato noté que ya habían apagado la luz por lo que deduje que ya se habían ido los visitantes, me salí de la tina, me seque, me puse mi tanguita me envolví en mi toallón y me dispuse a salir del baño para ir a buscar mi pijama, como dije el cuarto estaba a oscuras por lo que fui hacia el interruptor para prender la luz.
La luz se encendió, y la escena que vi en ese momento yo creo que me marcará para toda la vida, me quedo quieta, estupefacta, como hipnotizada, viendo ese cuadro que mi mente no podía procesar… En la cama sencilla se encontraban Mónica, Carlos y el mayor Gustavo totalmente desnudos, Mónica sentada encima de Carlos, ensartada en una verga impresionantemente grande, que ni siquiera le podía entrar toda y lamiendo otro vergón el de Gustavo, que se veía brillar en toda su dimensión creo que era hasta más grande que la tranca en la que estaba sentada, medía como 25 cm, era contrastante, hasta extraño ver esos tres cuerpos uno blanco, el de mi amiga, otros dos negros, brillantes por el sudor.
Y para completar el cuadro, en la otra cama, la doble, se encontraba Alberto sentado en la orilla totalmente desnudo y a sus pies mi amiga Andrea, solo traía puesta su tanguita, estaba arrodillada entre sus piernas mamándole la verga, que aunque no era como la de sus amigos negros, se veía grande, yo seguía ahí inmóvil viendo la escena y observando la cara de placer que tenían todos en el cuarto, tanto es así que ni se inmutaron con mi presencia ni con la luz. Yo estaba quieta observando envuelta en mi toalla, sin hacer nada, inmóvil solo observando, de pronto Gustavo el negro mayor sacó su cosa de la boca de Mónica escurriéndole un hilote de saliva, se quedó observándome un momento, detectando mi turbación y yo me le quedé viendo a su enorme, largo… larguísimo y grueso pene negro, nunca había visto uno y menos de ese tamaño, empezó a venir hacia mi, con su tranca apuntándome y sobándose la saliva de mi amiga en ella, observándome de arriba abajo me rodeó y se situó atrás, creo que observando como se marcaban mis nalgas respingonas en la toalla…
Yo no me moví en lo absoluto en todo ese rato seguía fija mirando la escena, viendo a Mónica como cambiaba poses con Carlos, como ya él le metía toda su verga sin ningún problema, viendo a Andrea ya sin su tanguita, Alberto la tenía recostada en la cama y con su cara metida en medio de las piernas comiéndole su coño virgen, ella se movía de lo cachonda y emitía pequeños quejidos que demostraban el placer que estaba recibiendo, tengo que aceptar que a mi pesar a esas alturas respiraba agitadamente, que sentía mi coño mojado e hirviendo y que oía un zumbido en mis oídos que no me dejaba mover ni pensar.
Tanto es así que no me había dado cuenta que Alberto me abrazaba desde atrás sobando su vergota en mi espalda, masajeando mis senos, mis nalgas y mi coñito virgen por encima de la toalla, que intentaba desatar el nudo que tenía arriba de mis senos para que cayera mi toalla que era la última barrera que había entre su corpulento cuerpo negro, su verga enorme y el mío, cosa que yo no pude detener por mucho tiempo dejando a la vista de todos, mis juveniles encantos ahora directamente en las manos de ese negro que me chuzaba la espalda.
Yo no hice nada, seguí inmóvil sin musitar palabra, dejándome sobar por todas partes, menos ahora que puse toda mi atención viendo como Alberto se incorporaba apuntando su verga hacia el coño virgen de mi amiga Andrea, empezó a restregárselo de arriba a abajo por su rajita en medio de sus pequeños gemidos, comenzó a penetrarla un poco en primera instancia y luego de un solo empujón la ensartó por completo, Andrea pegó un pequeño grito que aplacó con sus manos, mientras Alberto empezó a bombearla lentamente, pero eso si metiéndosela siempre hasta el fondo, hasta que mi amiga empezó a gemir ya no de dolor sino de placer, a moverse a su ritmo y a pedirle más velocidad en sus embestidas.
Para esas alturas Gustavo se había pasado al frente mío, estaba arrodillado, con una mano mantenía corrida mi tanguita para poder darme lengüetazos en mi coñito, yo ya resignada le facilitaba la tarea abriendo lo que podía mis piernas para no caer, apoyando mis manos en su cabeza a la vez la hundía más y más en mi coñito buscando que su lengua entrara lo más profundo posible, moviendo mi cadera a su ritmo y emitiendo pequeños gemidos provocados por el placer que me estaba dando ese negro allí abajo y por la excitación que generaba en mi ver a mis amigas cabalgando encima de esos hombres a un ritmo desenfrenado…
De repente Gustavo se levantó, me cargó fácilmente en sus brazos, Yo no me resistí, solo quería disfrutar como lo hacían en ese instante mis amigas, me llevó hacia la cama doble y me depositó a un lado de mi amiga Andrea y empezó a quitarme mi tanguita, que era lo único que llevaba, yo no solo me dejé y más aún, apenas terminaron de rodar por mis tobillos abrí mis piernas lo más que pude, en señal de entrega y resignación, él se levantó totalmente y empezó a caminar arrodillado encima de la cama hacia mis piernas abiertas.
Fue ahí que recordé que aquel negro tenía la verga más grande de todos en el cuarto, que medía como 25 cm y que Mónica ni se la podía meter a la boca de lo ancha que era, eso me produjo un escalofrío, producido por una mezcla de miedo y excitación, apenas -él se detuvo ya en medio de mis piernas, abrí mi boca para pronunciar las primeras palabras desde que salí del baño, le dije que yo era virgen que no me fuera a desgarrar, él solo abrió los ojos más todavía, enseñó una media sonrisa y empezó a sobarme su vergota por mi rajita, la sobaba de arriba abajo, yo incorporé mi cabeza para ver que pasaba allá abajo, él se detuvo un momento, la centró y empezó a empujar lentamente, algo tranco su paso…
Él levantó su mirada, me miró fijamente y embistió decididamente, yo sentí como si un hierro gigante y caliente me partiera en dos, me hizo pegar una grito que a duras penas pude medio acallar, él sin darme respiro volvió a embestir con fuerza, me hizo gritar de nuevo me dolió en el alma, lo sentía tan adentro que pensé que me iba a desmayar ahí, yo de inmediato me incorporé un poco sosteniendo mi cuerpo con una mano atrás y la otra se la puse en su estómago para detenerlo, miré hacia mi coñito y solo la había metido hasta la mitad, entonces le dije que parara, que ya no entraba más, que le hiciera pero solo hasta ahí, entonces él empezó a meter y sacar lentamente la mitad de su verga.
Yo lo controlaba con mi mano en el estómago, al poco tiempo empecé a sentir placer, me sentía llena, totalmente copada y no podía dejar de gemir y mover mi cintura al compás de sus embestidas que cada vez eran más veloces, entonces quité mi mano de su estómago, me recosté y cerré mis ojos concentrándome solo en el gusto y el placer que me producía aquel aparato monstruoso dentro de mi, él me la metía y sacaba rápidamente, con cada embestida suya sentía un poco de dolor muy dentro, pero no era comparable con el placer que me brindaba, movía mis caderas como loca, mi cara cerrada se movía de lado a lado, mientras con mis manos apretaba la sábana de la cama, era increíble lo que sentía.
Abrí mis ojos, miré para el lado y vi que Andrea estaba en cuatro con los ojos cerrados siendo penetrada, entonces miré para el otro y vi los cuerpos abrazados, inmóviles y sudorosos de Mónica y Carlos que denotaban agotamiento, solo se dedicaban a observar el espectáculo que les estábamos dando en la otra cama, entonces poco a poco sentía como me iba ensartando su verga más y más adentro y miré hacía abajo y noté como ya increíblemente en cada embestida de Gustavo su verga desaparecía completamente en mi coñito hasta golpear sus testículos con mis nalgas haciendo un sonido de puc, puc, puc… me parecía increíble que ese instrumento gigantesco cupiera todo dentro de mi.
De pronto el negro que me tenía ensartada me abrazó y volteó haciendo que yo quedara encima de él, yo empecé a subir y bajar, metiéndomela hasta el fondo, aumentando mi ritmo y veía como miraba él su verga penetrar en mi tan profundo no lo podía creer, y me daba todo el placer que podía, cerrando mis ojos y levantando mi cabeza sintiendo que mi cabello rozaba mi espalda, experimentando repentinamente el primer orgasmo de vida, algo que casi me hace desmayar de placer.
En medio de mi excitante trance oí la voz de Mónica diciendo que se iba a dar una baño, y escuche que habría y cerraba la puerta, abrí mis ojos a ver que se había hecho Carlos, él estaba sentado en la otra cama mirándome fijamente y sobándose su negro pene, yo no le presté importancia y cerré mis ojos de nuevo y seguí cabalgando al otro negro que tenía debajo.
Seguí así por un rato concentrada en el placer, solo en el placer, hasta que un movimiento rompió mi estado, abrí mis ojos y volteé mi mirada y era Carlos que se dirigía hacia nosotros luciendo su enorme verga negra de nuevo parada, él miró el rostro del negro que estaba debajo mío y le dijo, esta preciosura tiene el culo más lindo y paradito que haya visto en mi vida, esta oportunidad no se puede dejar pasar, además me lo debes, yo te la presenté, Gustavo solo le sonrió creo que en señal de aprobación.
Entonces se puso a los pies de su amigo justo atrás mío, me empujó un poco por la espalda obligándome a adoptar casi una posición en cuatro, empezó a estrujarme mis nalgas y besarlas mientras yo seguía subiendo y bajando, eso me daba aún más placer, aunque me hacía sentir como una puta con dos hombres gozando de mí al tiempo, igual no hice nada y seguí gimiendo de lo cachonda que estaba, él empezó a meterme un dedo ensalivado por mi ano, lo hacía lentamente moviéndolo en círculos, eso me enloquecía y me hacía proferir un gemido con cada movimiento.
Levanté mi cabeza hacia atrás y vi de reojo a ese otro negro con su vergota parada trabajando en mi ano, también vi que Andrea y Alberto se habían pasado para la otra cama y descansaban, solo observaban atentamente el espectáculo, eso me excitaba también, no me pregunten la razón que no la se, poco a poco Carlos fue metiendo dos y luego tres dedos en mi ano, dilatándolo al máximo, yo ya sabía lo que se venía.
Había oído algo sobre el sexo anal y de la doble penetración de boca de Mónica, y la idea me producía terror y al mismo tiempo una enorme excitación, entonces Carlos sacó sus dedos de mi ano, para colocar la cabeza de su enorme instrumento, empezando a empujar con pequeñas y no muy fuertes embestidas, igual que antes yo sentía mucho dolor, que me hacían pronunciar pequeños gritos, pero soportaba sabiendo que pronto pasaría el dolor para dar paso al placer…
Carlos siguió con sus embestidas por un rato, buscando que su enorme tranca entrara por completo en mí hasta hace un rato virgen culito, entonces empezó a aumentar la velocidad de sus embestidas y yo empecé a oír ese característico sonido de antes, puc, puc, puc… señal indiscutible que ya había metido toda su vergota en mi ano y que sus testículos estaban pegando con mi concha o con la verga de su amigo que seguía aún dentro, sentí como mi cuerpo en su interior se acostumbraba a ese par de instrumentos extraños separados solo por mis paredes interiores, me sentía rellena en mis dos agujeros, mientras ellos me embestían con toda su fuerza destrozándome mis anteriores tesoros vírgenes, eso me enloqueció, me hizo gemir con más fuerza experimentando mi segundo orgasmo que fue un poco más largo.
De pronto los dos negros se hicieron señas, entonces Carlos sacó la verga de mi ano y Gustavo me hizo señas que me desmontara de la suya también, yo obedecí y empecé a subir para que saliera, esa verga que parecía no tener fin, me tocó pararme para que saliera toda, entonces lo miré parada en la cama con las piernas abiertas y me hizo señas para que me volteara dándole la espalda, lo hice y volteé mi rostro a ver que quería que hiciera.
Él estaba con la mirada fija en mi trasero, me hizo señas que me sentara dándole la espalda otra vez en su vergota, yo obedecí y empecé a bajar cogiendo su instrumento y dirigiéndolo a mi coñito que a esas alturas ya era coñote, pero él me corrigió, cogió su pene y lo colocó en la entrada de mi dilatado ano yo seguí bajando y con mucho miedo, por que sabía que su verga era más grande que la de Carlos, y me costaba trabajo hacerla entrar, la pura cabeza de su pene hacía que me dilatara al máximo y comencé a llorar un poco del dolor.
Hasta que en medio de mis movimientos resbalé cayendo sentada en ella, y ahí si sentí un dolor tan intenso que me desgarraba por dentro, y comencé a llorar como una niña pero esto pareció excitarlos más y entonces me eché hacia atrás apoyando mis manos en la cama para así poder empezar a subir y bajar, esto hizo que poco a poco fuera cediendo el dolor.
Carlos aprovechó mi posición acercándoseme de frente y recostándome un poco más para meter su verga en mi coñito, empezando de nuevo un mete y saca mucho más fuerte y rápido, yo les pedía que pararan que no tan rápido, pero parecía que les decía lo contrario pues me daban más duro sin importar mis lágrimas y gritos que los excitaban más y esto no se por que me hizo subir al cielo, que me hizo gemir como loca, provocándome un tercer orgasmo al sentir como un líquido hirviente rellenaba las profundidades de mi ano, una vez que pararon mis espasmos le dije a Carlos que no me lo echara adentro, que no quería quedar embarazada, a lo que él me respondió que si, pero solo si me lo echaba entonces en la boca.
Yo bajé mi mirada y asentí con la cabeza, entonces él me la sacó dirigiéndola hacia mi rostro, poniéndomela en la boca, yo la abrí, y él me dijo que la mamara o si no, no se vendría, yo le dije que no sabía como y entonces empecé, me tomó del cabello y me la metió en la boca y torpemente con mi inexperiencia comencé a chuparla y a sobársela con mis manos.
Él respondió con pequeñas embestidas hasta mi garganta en el único agujero que me quedaba virgen, de pronto su verga empezó a dar saltitos en mi garganta y yo no sabía lo que pasaba y entonces empecé a sentir su semen que me ahogaba, no quedándome otra opción que tragar lo más rápido posible, pero era tanto lo que le salía que me salpicó mi cara, y me escurría por la boca, la nariz y mi cabello.
Carlos la dejó un momento dentro para luego sacarla y retirarse de mi lado, yo me quedé mirando hacia el techo descansando, sentada aún en la fláccida verga de Gustavo que reposaba en el interior de mi ano, estaba exhausta, suspiré por última vez y me levanté, observando la cara de asombro que tenían mis amigas y Alberto sentados en la otra cama, esas caras me hicieron reflexionar y recordar que un rato atrás yo era la que miraba asombrada la escena, y de cómo resultado de los acontecimientos yo había terminado siendo la estrella final, esas miradas me avergonzaban, me hacían volver en si de mi trance provocado por la lujuria y la excitación, haciéndome pensar en mis actos, yo solo atiné a correr hacía el baño encerrándome en el.
Allí adentro me senté en el inodoro y empecé a llorar tomando conciencia de lo que había hecho, de cómo acababa de defraudar a personas que me querían y confiaban en mi, mi padre, mi madre y mi novio, mi pobre novio que tanto me había respetado y comprendido, a esta tristeza se sumaba el hecho de que me sentía lastimada por dentro, me ardía mucho mi coñito y mi ano, solo me quedé allí sentada llorando y meditando, estando ahí escuché como se despedían y se iban Alberto y ese par de negros a los cuales no sabía si tenerles rabia, pena, deseo o agradecimiento.
Yo seguí por otros diez minutos más en el baño, tiempo en el cual mis amigas apagaron la luz y se acostaron, tomé fuerzas y busqué en la oscuridad mi pijama y me acosté sin decir una sola palabra, me mantuve solo pensando por unos minutos, hasta que en un ataque de rabia y de desespero le hablé a Mónica recriminándole por su coqueteo, sus jueguitos y en como había terminado todo, a lo que ella respondió tranquilamente, pero mira quien habla, precisamente la que dejó que le dieran por todos lados, yo no respondí nada, simplemente me volteé hacia el rincón, y seguí pensando, no por mucho tiempo ya que estaba re cansada, me sentía como si me hubieran dado una paliza, me dormí.
Al otro día nos levantaron, yo ni cruzaba palabra con ellas en parte por rabia y en parte por vergüenza, ni siquiera las miraba, mantenía con mi cabeza baja, caminado con dificultad ya que me dolían todas mis partes íntimas, igual afuera en las canchas y al pasar al lado de los celadores, los mismos de la noche anterior, solo esperaba que nos fuéramos rápido y llegar a mi casa, se me hizo eterno el día, pero por fin salió el bus y al llegar al paradero cerca de mi casa escasamente dije adiós.
Y eso fue todo, esa es mi historia, espero que no me juzguen, ni me recriminen por lo que hice, espero que lleguen a la misma conclusión que me consuela, que todo pasó por la lujuria y la excitación de lo que me tocó ver y sentir, que era más fuerte que yo y era imposible no flaquear.
Autora: Ana Karen

