Para mi ardiente confesor

Esta experiencia que me ocurrió a mi es para ti, te la confieso a ti, quiero compartirla contigo; deseo compartir contigo como una de las muchas fantasías que

noviembre 8, 2010

,

Porno

,

Voyeur

Esta experiencia que me ocurrió a mi es para ti, te la confieso a ti, quiero compartirla contigo; deseo compartir contigo como una de las muchas fantasías que puede llegar a tener una mujer puede llegar hacerse realidad; espero que la disfrutes…, que la vivas… ¿estás preparado?

Estoy en un bar de copas con unas amigas; reconozco que estoy bastante cargada de margaritas pues es mi bebida favorita. Buena compañía, buena música, una gran noche.

Por lo que puedes deducir estoy sola, aparte de mis amigas claro. Me siento deseada, admirada, he perdido la cuenta del numero de tíos que me han entrado intentando tener un rollo conmigo.

Soy rubia, pelo largo hasta media espalda, lo llevo suelto; ojos azules perfectamente maquillados y con la raya de los ojos bien perfilada, marcada en color negro, guapa de cara y sin perder la sonrisa; delgada, unos 50 Kilos, que para mi altura de 1´60 cm esta genial, reconozco que me cuesta mantener la figura, me cuesta mantenerme deseable para los hombres.

Me gusta poner a los hombres a mil y por ello me visto todo lo provocadora que puedo. Hoy llevo puesto un mini vestido rojo de finos tirantes atados al cuello, lleva una piedra de strass en el escote, queda precioso y muy sexy resaltando mis grandes tetas. Para estar más provocadora aun, llevo puestos unos zapatos de tacón negros, de unos 10 cm de altos con la puntera fina, abiertos por detrás y atados al tobillo.

Después de pasármelo de puta madre y gastarme todo el dinero, estaba sin blanca, decidí que era hora de volver a casa. El alcohol recorría mis venas y me hacia hervir la sangre, estaba caliente y quería follar, pero no me valía cualquiera.

Me despedí de mis amigas y me fui a coger un taxi. Nada más salir al exterior note el calor agobiante de las noches de verano típicas del sur. Me dispuse a realizar el típico silbido que haría detener el ya tan ansiado taxi, cuando me acorde que no tenía dinero para pagarlo y no es por nada pero yo vivo a unos 50 km de la ciudad.

Me di la vuelta a ver si alguna de mis amigas querría llevarme cuando…, de repente…, sentí el rechinar de los frenos de un coche.

–          ¡Hola guapa!, ¡¿te llevo algún sitio?!

Me gire de nuevo y pude ver a un hombre mayor que yo, tendría unos cuarenta y dos años frente a las 33 primaveras que tengo yo, calvo, sin pelo,  pero bastante guapo, era el conductor de un taxi; debió de ver mi intención de coger uno y decidió parar.

Sin dudar me acerque a él, abrí la puerta de atrás y me monte en el taxi.

–          ¿Dónde te llevo guapa?; me dijo sonriendo, parecía simpático.

–          ¡A mi casa, por favor, vivo a las afueras…, a unos 50km, por la carretera principal!

Coloco el espejo retrovisor interior de tal manera que podía verme las tetas a placer e inicio la marcha.

Cuando llevábamos casi la mitad del camino recorrido, no pude contener mi curiosidad, así que le pregunte…

–          ¡Veo que no llevas mampara de protección!, le dije con curiosidad; ¡todos los taxis la suelen llevar, lo digo por lo de los atracos y esas cosas!

–          Si, tienes toda la razón, es que hoy precisamente me la han quitado para cambiármela por otra más consistente. Además tengo cuidado en seleccionar a quién recojo y a quién no, y si alguien se pasa de listo…; abrió la guantera enseñándome una porra parecida a las que usa la policía y continuo diciéndome; ¡no sabe lo que le espera!…

–          Vaya…, pues…, resulta que…; el tío no dejaba de clavar sus ojos en el cristal del espejo, devorándome con su mirada, me estaba comiendo las tetas el hijo de puta y eso me estaba empezando a poner caliente; ¡no llevo dinero encima!, continúe diciéndole; me lo he gastado todo en ese bar de copas…, pero…, cuando lleguemos a mi casa, subo en un momento y le pago…

–          ¡Claro que me vas a pagar!; me grito enfadado; ¡serás puta!, ¡¿tú qué te crees?! ¡¿que soy gilipollas?!, ¡crees que me gusta pasarme la noche entera curando como un cabron para que luego llegue una zorra como tú, que va de tía buena, cuando en realidad no es más que una autentica puta y quiera que la lleve gratis a casa!…

–          ¡Perdone, yo…!

De repente…, paro el taxi en medio de la carretera, habíamos salido de la ciudad y estábamos en medio de la nada en plena noche a altas horas de la madrugada, no había ni un alma por aquella carretera y podían pasar horas hasta que pasase alguien.

–          ¡Bájate, ahora mismo de mi taxi!

Entonces, desesperada por la situación y el miedo a quedarme sola en medio de la nada, note como un calor que me excitaba empezó a recorrer mi cuerpo, nadie me había tratado así nunca, este tipo iba a dejarme tirada en medio de la nada… ¡tenía que hacer algo!…:

–          ¡Y si…, llegamos a un acuerdo!; le dije pasándome tímidamente los dedos por las tetas…

–          ¡Ahora empezamos a entendernos puta!…, ¿llevas móvil?

–          ¡Sí!, ¿Por qué?, le dije sorprendida.

–          ¡Sal del coche y ponte delante de la luz de los faros!, quiero hacerte una cuantas fotos.

Salí fuera del coche, le entregue mi móvil y me coloque delante del coche iluminada por la luz de los faros de aquel taxi; aquel tipo me empezó hacer fotografías con mi propio móvil.

Se ve que estaba cachondo mirándome, disfrutaba de mi cuerpo, me ordenaba que me subiera un poco más la ya de por si corta faldita, que me diera la vuelta y me cogiese el pelo y lo fuese soltando poco a poco. Que me metiera los dedos en la boca y los deslizara por el canalillo de mis tetas.

–          ¡Vamos zorra!, ¡así!, ¡posa como una autentica puta!, ¡te pone cachonda todo esto!, ¿verdad?, también te estoy grabando en video; ¡dime guarra!…, ¿a qué amigo de los que tienes en la agenda telefónica no te tirarías?

–          A Carlos y Víctor; le respondí sin saber muy bien por qué.

–          Pues Carlos y Víctor, se van a pajear esta noche de lo lindo, gracias a ese cuerpazo que tienes… ¡enviando video y fotos!…

–          Eh!, pero…

–          ¡No estás en condiciones de negociar nada guapa!, ¡solamente debes hacer lo que yo te diga, esta noche eres mi puta!, ¿quieres llegar a tu casa?

Me calle, y no dije nada más; me devolvió el móvil y pude comprobar que el envió había sido realizado, no sé porque, pero aquello hizo subir mi excitación, dos amigos míos a los cuales e ignorado toda mi vida, sexualmente hablando, estaban a punto de recibir un video mío junto con unas fotos bastantes excitantes.

Metí mi móvil en mi bolso.

–          ¡Así me gusta!, ahora súbete al taxi y acomódate bien.

Subí al taxi de nuevo, el volvió a subir, metió la primera e inicio la marcha.

–          ¿Llevas bragas?; me pregunto lleno de deseo.

–          No suelo llevarlas…, pero esta vez sí.

–          ¡Quítatelas!…; me dispuse a quitármelas, cuando… ¡Así no puta!…, ¡más despacio!, ¡suavemente!…, ¡sin prisa!…, ¡acaríciate las piernas desde la punta de los zapatos hasta arriba!, ¡vamos!

Suavemente, lleve mis dedos desde la punta de mis zapatos hasta el principio de mi faldita, me tome tiempo en ello, cuando llegue al límite de la falda de mi minivestido rojo, metí mis manos, agarre mis braguitas y las fui deslizando hacia abajo, poco a poco, hasta desprenderme de ellas. El no paraba de observarme a través del espejo interior del coche.

–          ¡Guau!, ¡que piernas!, ¡me gustan!, vas muy bien zorra, ahora… ¡tíralas por la ventanilla del coche!

Me acerque a la ventanilla donde él estaba sentado y tire mis bragas por ella.

–          ¡Bien!…, ahora quiero que te masturbes para mi, vamos hazte un dedo, metete el dedo en ese coño de puta que tienes.

Poco a poco, me iba poniendo a mil, acerque mi dedo a mi sexo y empecé a tocármelo como a mí me gusta, empecé a frotármelo despacio, estaba mojado y caliente. Según mi excitación iba en aumento más fuertes eran mis frotamientos, hasta que empecé a meterme el dedo poco a poco, centímetro a centímetro, Uhhhh, que gusto; del gusto que sentía mis piernas se abrían todo lo que el coche me permitía para que el hijo de puta este, pudiera ver el coño que tengo.

–          ¡Eso, es, hija de puta! ¿Estás caliente guarra? ¿harías cualquier cosa?…

–          ¡Lo que quieras, lo que tú me pidas!

–          ¡Saca el móvil del bolso y cuando lo tengas fuera, tira tu bolso por la ventanilla!, ¡vamos!

Estaba excitadísima, me daba igual todo, el taxi estaba en marcha y sé que perdería todo lo que llevaba en el bolso; saque el móvil de mi bolso y lo puse a mi lado, alargue mi brazo y tire mi bolso con todo lo que contenía por la ventanilla de aquel taxi.

–          ¡Muy bien puta!, ¡sigue tocándote ese coño que tienes, se ve muy rico!

Continúe frotándome el coño y metiéndome los dedos en el. Tendrías que ver lo mojados que salían los dedos del interior de mi chocho. De repente empezó a sonar mi móvil, cogí el móvil con mi mano izquierda mientras que con la derecha seguía frotándome y vi que la llamada era de Víctor.

–          ¡A que esperas!; me dijo aquel taxista con deseo; ¡responde!

Sin esperar más, respondí:

–          ¡Sí!; conteste según la excitación me lo permitía.

–          ¡Qué sorpresa me he llevado al ver tu video y tus fotos!; sabes…, me estoy haciendo una paja pensando en ti, deseo tu cuerpo, estoy caliente.

–          ¡Pues yo me estoy frotando el coño, en este preciso momento, pensando en ti, Víctor!

El conductor del taxi se estaba calentando, tanto que se aparto de la carretera y continúo la marcha por un camino de tierra.

–          ¡Me pones mucho!; continuo diciéndome Víctor; ¡llevo tanto tiempo deseándote, que me parece un sueño, ¿Por qué no vienes y follamos lo que queda de noche?!

–          Veras Víctor…, ahora no puedo ir, es una historia muy larga, pero me ha gustado que me hayas llamado y que te estés haciendo una paja pensando en mi, dime… ¿en qué piensas?

–          En tu manera de ser, en la cara de zorra que debes de poner cuando estas a punto de correrte, en esas tetas que tienes, que llevo tanto tiempo deseando tocar, me gustaría llenártelas con mi leche, me gustaría correrme en ellas.

–          ¡Eso te gustaría!, ¡correrte en mis tetas llenándolas de leche!

En ese momento el conductor del taxi abrió la guantera, saco un termo de esos que se usan para guardar las bebidas calientes, lo abrió y me lo acerco haciéndome el gesto de que me lo echara por las tetas. Deje de frotarme el coño y cogí el termo mientras hablaba con Víctor. El termo estaba lleno de leche, la toque y estaba como el tiempo, cálida como la noche.

–          ¡Escúchame Víctor!, tengo leche entera aquí, ahora mismo, ¿qué quieres que haga?, ¿te gustaría que me la echara en las tetas imaginándome que eres tu el que se corre en ellas? ¿qué es tu semen el que me restriego en ellas?

–          ¡Sí!, Ahhh, ¡me pones muchísimo!, ¿lo harías?

–          ¡Claro que sí!, ¡Uhhhh!, ¡me estoy echando tu leche por mis tetas!

Poco a poco, empecé a dejar caer la leche del termo sobre mis tetas, la leche resbalaba mojándome todo el vestido, la tela del vestido marcaba mis tiesos pezones, me estaba poniendo mucho toda esta situación, lentamente vacié el termo de leche hasta la última gota mientras oía como Víctor se corría de gusto imaginado que era su leche la que se deslizaba por mis tetas. Solté el termo y ya con mi mano libre empecé a apretarme las tetas con fuerza, mi deseo aumentaba, mi temperatura subía.

Cuando Víctor se termino de correr, sin darle tiempo a más, le colgué el teléfono.

–          ¡Muy bien puta!, ¡felicidades!; me felicitaba aquel taxista enfermizo.

De repente…, paro su taxi en una especie de explanada, la oscuridad era total solamente rota por las luces del coche, delante del haz de luz a unos diez pasos de nosotros había un muro en ruinas y varias piedras de considerable grosor,  estábamos en el campo, puro y duro.

Salimos del coche, el se dirigió al maletero y saco una botella de agua de 2 litros, me la entrego.

–          ¡Ponte delante de los faros del coche, junto a ese muro semiderruido!; me coloque donde me dijo apenas unos pasos me separaban del muro.

–          ¡Ahora empieza a echarte el agua por las tetas puta y tócatelas!, me decía muy excitado; ¡frótatelas bien!

Con mi mano derecha sujetaba la botella de agua, la cual empecé a derramar por mis tetas y con mi mano izquierda empecé a sobármelas. Que gusto me estaba dando sentir mis tetas a través de la tela mojada del vestido. La tela se pegaba a mis senos como si fuese mi propia piel marcando mis tiesos pezones llenos de excitación.

–          ¡Eso es!, uhhhh, ¡fantástico golfa! ¡qué pezones tienes, se ve que estas disfrutando con todo esto!, ahora…, deja la botella con lo que queda de agua en el suelo; deje la botella en el suelo; ¡ahora sube las manos despacio y desátate el nudo de los tirantes del vestido!

Poco a poco, muy lentamente, fui subiendo mis manos hasta situarlas por detrás de mi cuello donde tenía el nudo del vestido, lo desabroche y despacio lo deje caer, liberando y mostrando mis hermosas tetas, el vestido continuo su caída hasta mis caderas donde freno su mortal caída.

–          ¡Así!, ¡que tetas tienes guarra!, tócatelas…

Me las empecé a tocar a conciencia, me las apretaba llena de deseo, todo esto me estaba poniendo muy caliente, así que, para calentar más la situación, me las empecé a lamer con la lengua; me estaba poniendo tanto todo aquello que decidí que quería disfrutar del momento, nunca me habían tratado así ni me habían ordenado hacer tantas cosas y quería agradecérselo haciéndole disfrutar.

Poco a poco, aquel taxista enfermizo se fue acercando a mí desabrochándose el pantalón hasta que saco su enorme polla, la tenia bien grande, tiesa, desafiante y se coloco junto a mí.

–          ¡Vamos, cómeme el rabo, se que lo estas deseando!

Me puse en cuclillas, abriendo mis piernas para que viese bien mi coño, acerque mi boca a su glande y despacio, muy despacio fui abriendo mi boca para degustar aquella polla, tenía ganas de saborearla y más aun, después de todo lo que me había hecho pasar aquel desgraciado.

Me la metí en la boca y empecé a masturbarle con ella ese gran miembro que tenia.

–          ¡Así!, ¡qué bien lo haces!; ¡mírame a los ojos mientras me la chupas, me gusta ver tu cara de puta y tu mirada de perra en celo!

El tío me estaba poniendo a mil, estaba tan caliente que haría cualquier cosa que me pidiera. Por eso retiraba mi boca de su polla y escupía en ella para rápidamente volverme a comer ese cacho de verga que me estaba poniendo el coño a más no poder.

–          ¡Espera un momento preciosa!; se agacho y recogió la botella de agua con lo poco que le quedaba en su interior para a continuación, mientras le seguía chupando la polla, echármela por la cabeza, mojándome todo el pelo, dejando resbalar el agua por mi cara mientras seguía chupándole su polla.

–          ¡Te gusta cabron!, le dije con ganas de mas; ¡me estas volviendo loca de deseo!; volvió a cogerme la cabeza y me metió su polla en mi boca de nuevo; mientras con sus dedos me masajeaba todo el pelo mojado, que gusto me estaba dando el muy hijo de puta.

No paraba de follarme la boca, me apretaba con deseo contra su rabo hasta el punto de casi llegar a asfixiarme con semejante verga.

–          ¡Así!, ¡Así!, ¡Así!, ¡sigue chupando puta!, ¡Ahhh! ¡qué bien la chupas!, ¡se ve que tienes experiencia!, dime… ¿A cuántas pollas las has hecho correrse en tu boca?

–          ¡He perdido la cuenta!; le conteste con la boca llena de polla…

De repente…, escuche un ruido en la oscuridad que me alerto, mire en la dirección de dicho ruido mientras seguía chupando aquel rabo y me pareció ver las piernas de una persona. El taxista se dio cuenta de que algo me había dejado inquieta; me cogió del pelo y saco su polla de mi boca, me puso de pies, mirándonos cara a cara y a los ojos muy fijamente y aclaro mis dudas…

–          No te preocupes guapa, me dijo susurrando y continuo diciéndome; ellos no te harán nada que tu no quieras; estas tan buena que quiero que otros disfruten de ti, este sitio es un lugar para practicar el “dogging”, ¿sabes qué es eso?

–          ¡Si, le conteste excitada; había oído hablar de sitios en los que la gente se cita por internet para disfrutar de sexo al aire libre…!

–          ¡Eso es!…, exclamo sorprendido; ¡veo que estas puesta en estos temas, ahora sé que eres una autentica puta y me pones el rabo tan duro como las piedras de estas ruinas!

Estábamos de pies, cara a cara y el poco a poco me fue dando la vuelta hasta que le di la espalda completamente; estaba en una posición muy erótica, de pies con mis zapatos de tacón negros y mi minivestido rojo enrollado en mi cintura, las tetas al aire y mi espalda pegada a su pecho; con su mano derecha empezó a tocarme el coño y con su mano izquierda siguió sobándome las tetas, metió su polla en mi entrepierna rozándola con mi coño, sin llegar a metérmela, mi coño chorreaba de fluido. Mientras me tocaba el coño con su mano, también cogía su polla y me la pasaba por toda mi vagina llenándome de placer.

Tenía los labios de mi coño hinchados, y simplemente con el roce de su polla sentía que me venía un orgasmo sin remedio, intentaba retenerlo todo lo que podía, mientras su voz me susurraba al oído:

–          Como ya sabrás estas personas disfrutan viendo como follan otras parejas; ellos se mantendrán ocultos en la oscuridad hasta el final. Se conformaran con mirarte como disfrutas llena de placer, como follas como una autentica puta y se correrán sin más, mientras tú no les hagas ninguna señal para que participen, para que disfruten de ti. ¿Vas a dejar que se derramen así, sin más? ¿qué desperdicien toda esa leche caliente para nada?

Mientras me decía esto, aquellas personas se acercaban cada vez mas masturbándose llenos de deseo. No podía contenerme más, me venía un orgasmo que deseaba con todo mí ser.

–          ¡Me corro cabron! Uhhhh; aumente los movimientos de mi pelvis y mis calientes labios vaginales se frotaban cada vez más fuerte y más rápido con aquel rabo; uhhhh, ¡no puedo más!!Joderrrr!

Cuando estaba a punto de correrme sin remedio, sentí  como algo rompía mi coño llenándomelo de placer, ¡Ahhh!, ¡Ahhh!, gemí como una perra en celo, el muy hijo de puta había esperado el momento en el que me venía sin remedio para insertarme su pedazo de rabo en mi interior. Acompaño mi corrida con fuertes metidas y sacadas de polla.

–          ¡Ahhh!, ¡uhhhh!, ¡qué gusto cabron, hijo de puta! ¡Que polla tienes, vamos sigue follandome, no te pares ahora!

–          ¡Te ha gustado guarra!…, ¡ahora que estas más caliente ya no hay quien te pare…! ¿verdad?…, ¿verdad que harás todo lo que quiera? ¡Acércate más a la pared en ruinas!, ¡acércate mas donde están ellos, vamos zorra!

Con su polla en mi coño fuimos moviéndonos poco a poco hasta la pared semiderruida iluminados por las luces de los faros del taxi, apenas habría cuatro o cinco pasos más.

Cuando alcanzamos la pared, seguíamos de pies, el detrás de mí con su polla en mi interior, entonces me ordeno que pusiera mi pie derecho sobre una roca que había al lado mío, tendría la altura de una silla pequeña, comenzó a trabajarse mi coño, siguió con sus embestidas, metiéndomela y sacándomela sin descanso.

Fue cogiendo un buen ritmo, notaba como me bombeaba líquido preseminal en mi interior, pero el tío seguía dándome como un animal enloquecido. Tenía aguante el muy hijo de puta.

De repente…, sentí algo que me hizo estremecer de gusto. Su lengua lamio toda mi columna vertebral haciéndome sentir un escalofrió de autentico placer que recorrió toda mi espalda, me lamio desde el final de mi espalda recorriendo con su lengua toda mi columna hasta el cuello. Lo hizo siete u ocho veces, perdí la cuenta, perdí el control.

Mientras…, nuestro tímidos espectadores parece que cogían más y mas confianza y cada vez estaban más cerca de mí, ya se les veía claramente las facciones de sus caras, eran tres individuos de diferentes edades, pero eso me daba igual en ese momento, solamente tenía ojos para sus pollas, las cuales no estaban mal del todo, me parecían apetitosas, tenía ganas de sentirlas, de tocarlas.

–          ¡Vamos acércate más!, le dije al que tenia a mi derecha; el cumpliendo lo que acababa de decirle se acerco del todo, cogí su polla con mi mano derecha y continúe haciéndole lo que él hacía bastante rato había empezado.

Su cara estaba llena de autentico placer, mientras le masturbaba, el taxista seguía dándole a mi coño, agarrándome de las caderas, gozando con la escena, mis tetas se movían libres, se veían apetitosas.

–          ¿Puedo tocarte las tetas?, me dijo el nuevo desconocido.

–          ¡Sí!, tócamelas…, aquel desconocido empezó a sobarme las tetas de una manera que me agradaba bastante, me estaba volviendo loca de placer, sintiendo aquella polla en mi interior y las manos de un autentico desconocido sobándome las tetas.

–          ¡Voy a correrme rubia!; me decía lleno de placer mientras le masturbaba fuertemente la polla y me sobaba las tetas; ¡quiero correrme en tu pierna, en tu muslo!, ¡vamos!; no pudo contenerse más y su leche salió disparada manchándome el muslo de mi pierna derecha que tenia apoyada sobre la roca. Su corrida resbalaba por mi muslo para terminar goteando al suelo. Con la mano con la que acababa de darle el gusto de su vida me restregué toda su corrida por toda la pierna.

–          ¡Dios que gusto!, me decía el taxista mientras seguía embistiéndome a placer; ¡sabía que eras una puta autentica, sabía que no podrías dejar que se desperdiciara toda esa leche! ¡Sabes que me voy a correr sin remedio! ¡qué coño tienes zorra, que gustazo!

El taxista ya no podía contenerse más, y me prepare para recibir su leche en el interior de mi coño.

–          ¡Venga puto!, ¡acaba dentro de mí!, ¡échame tu leche dentro!, ¡quiero sentirla, ardo en deseos desde que te vi la primera vez!

¡Ahora sí!, sentía como sus manos apretaban mis caderas contra su cuerpo, como quería partir mi coño con su polla y como gemía de placer viniéndose sin remedio; su cálido esperma inundo mi enrojecido coño roto de placer.

–          ¡Ahhh!, ¡Hay la tienes puta, hasta la última gota!, ¡que ganas tenia!…

–          ¡Y yo cabron!, ¡y yo también tenía ganas!; quedamos exhaustos, sin aliento pero…, aun me quedaban dos pollas por atender.

Saque la polla del taxista de mi coño y su cálido esperma empezaba a resbalar por mis piernas.

Me dirigí al centro del haz de luz que proyectaban los faros de aquel taxi, testigo mudo de toda aquella lujuria. Con mi dedo índice les hice el gesto a los dos extraños que quedaban para que se acercaran donde yo estaba. Se acercaron sin vacilar, agarre sus pollas, una con cada mano y empecé a pajearlas, apretándolas con fuerza. Ambos empezaron a tocarme las tetas.

–          ¡Qué buena estas rubia!, me dijo uno de ellos; ¡sé que no nos conocemos de nada pero te juro que estamos limpios, no tenemos ninguna enfermedad… ¡Uhhhh! ¡sigue así!,  ¡qué bien me la meneas!; ¡me preguntaba si me dejarías sentir tu coño o tu culo…!

Estaba caliente, así que…, acepte la proposición, deje de masturbarles y me acerque al capo del taxi; me saque el vestido por encima de mi cabeza y lo tire al suelo, apoye mis manos sobre el capó del coche y abrí mis piernas todo lo que pude, podía ver que tenia los zapatos de tacón manchados del polvo de la tierra, me incline un poco hacia delante.

Cerré mis ojos y poco a poco pude sentir como aquel extraño se acercaba a mí por detrás y me empezaba a rozar el coño con su polla, hasta que me la metió dentro… ¡uhhhh!, exclame llena de placer. Comenzó a moverse deprisa, era rapidísimo, se movía más rápido que el taxista que acaba de follarme, agarraba mi pelo y tiraba de él con locura.

–          ¡Así!…, ¡así!…, !así!…, ¡así!…, era todo lo que podía llegar a decir, me tenía a su merced

–          ¡Qué coño más caliente rubia!, ¡gracias por esto!; paro sus embestidas, saco su polla de dentro de mi coño y me la situó en la entrada de mi ano, he de confesarte que he practicado sexo anal y me encanta, así que aquella polla, muy despacio, fue entrando en mi ano, sin presentar dificultades.

Me tenia de pies, insertada por el culo, con el pelo suelto y gimiendo como una autentica zorra. Mi cuerpo estaba sudoroso, estuvo un buen rato follandome por el culo.

Entonces me dio la vuelta, sacando su polla del interior de mi dilatado ano y me llevo hasta donde estaba el otro extraño que no paraba de meneársela; me llevo al centro del haz de las luces que proyectaban aquellos faros. Una vez allí me cogió en peso volviéndome a meter su rabo en el coño, rodee con mis piernas su cintura. El otro extraño se acerco por detrás, separo los cachetes de mi culo y como tenía el camino hecho, me empezó a meter su polla por mi dilatado ano.

¡Ahora sí!…, me tenían cogida rellenándome mis dos agujeros de polla, se movían al compas, despacio para no hacerme daño, estuvimos así un buen rato, estaba sudando de placer, me sentía genial, me estaban dando placer por ambos sitios y era indescriptible. No podía más, así que…, les avise.

–          ¡Me corro cabrones!, uhhhh, ¡esto es genial!, ¡me vengo!; un calor empezó a devorarme, me sentía desfallecer de placer. Apreté con fuerzas mis piernas, gritaba de placer, estaba teniendo un orgasmo increíble; el hecho de no saber en qué agujeros habían estado antes estas pollas, ni si tendrían o no alguna enfermedad, aumentaba el placer de mi corrida deseando a la vez que me llenaran con su leche caliente todo mi interior.

–          ¡Ahhh!, ¡Ahhh!, exclamaron ambos a la vez vaciando su esperma en mis dos agujeros; el que la tenía metida en mi coño, se corrió bien a gusto el hijo de puta, me lleno bien, pude sentir su cálido esperma inundando todo mi interior; pero el que me la tenia insertada por el culo, no fue menos en cantidad, agarrándome del pelo y diciéndome al oído… ¡que puta eres y que buena estas rubia!

Aquella noche…, hice que cuatro pollas se corrieran llenas de placer…, o tal vez…, fueron cinco… ¿tú también te has corrido?…

Lovedrive75

Tags: confesor, cuatro pollas, erotico, follada, literatura erotica, orgia, porno, porno relato, relato erotico, sexo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *