Silencio, se guarrea

Habíamos acordado encontrarnos en la cama, en una de las 10 camas de la habitación del albergue de Londres donde pasamos el fin de semana. Nos habíamos ido a

febrero 11, 2011

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Habíamos acordado encontrarnos en la cama, en una de las 10 camas de la habitación del albergue de Londres donde pasamos el fin de semana. Nos habíamos ido a la ducha por separado, para que nadie sospechara nada. El único requisito era llegar a la habitación sin nada bajo el pijama. Tras la ducha pusimos todo a punto. La nuestra era la litera de abajo, así que aprovechamos para cubrirla por los cuatro lados con las sábanas que sobraron, para evitar miradas ajenas.
Cuando se apagaron las luces ya estaba todo el mundo acostado, incluidos los tres amigos que nos acompañaban, lo que le daba un plus de morbo a la situación. Él ya estaba esperándome cuando llegué, y lo primero que hice fue tumbarme sobre su cuerpo. Me quité la camiseta del pijama y me desabrochó el sujetador para ponerme la ceñida camiseta de licra negra que me había pedido y que mostraba todos los detalles. Deberíais haber visto su cara cuando mis turgentes pechos se intuían bajo la camiseta. Su erección ya era palpable, así que aproveché para estrechar nuestras entrepiernas y que poco a poco fuera subiendo el calor.
Me tumbó junto a él y pronto me pidió que yo colocara su mano sobre la parte de mi cuerpo que quería que tocara, y la puse sobre mi pecho. Le encantas mis tetas, así que no tardó en apretarlas, jugar con los pezones y morderlas. El mejor aliciente es que ninguno de los dos podía siquiera gemir para que nadie supiera lo que estábamos haciendo. Eso le daba un morbo increíble. El primer orgasmo vino después de sus trabajos manuales, y quizás el segundo también, pero no lo recuerdo. Me pidió que se la cogiera, y antes de que pasara demasiado tiempo ya estaba buceando bajo la sábana…
Cuando nos pusimos a tono me dio la vuelta, sacó el preservativo que había preparado bajo el colchón, y después de bajarme los pantalones hasta la rodilla me penetró. Fue una sensación alucinante tenerle dentro de mí sin poder hacer el más mínimo ruido… cuando lo único que quería era gritar de placer. Aquí vino el tercero de la noche, pero inmediatamente después me puso bocabajo y se tumbó sobre mi. Es mi postura favorita, por lo que el cuarto no tardó en llegar…
Pero sin duda, el mejor momento fue cuando, después de correrse, comenzamos a hablar en susurros y me acarició ahí abajo. Se centró en el botoncito, aunque lo recorrió de arriba abajo varias veces sin dejar ningún lugar. Al principio me sentí muy relajada pero cuando aceleró el ritmo comencé a estar muy muy cachonda. En ese momento perdí la cuenta de los orgasmos que tuve… y todos ellos sin poder hacer ni un solo gemido.

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