Sorpresas te da la vida

La historia que paso a relatar comenzó hace dos años y se mantiene en la actualidad. Llevó 20 años de casado con mi mujer a la cual amo profundamente y

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September 3, 2009

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La historia que paso a relatar comenzó hace dos años y se mantiene en la actualidad. Llevó 20 años de casado con mi mujer a la cual amo profundamente y mantenemos las mismas ganas y actividad sexual que cuando éramos novios.

Durante muchos años ni me imaginé que podría pasar algo con mi suegra, pero todo cambió con el fallecimiento de su esposo. Ella se mudó cerca de nuestra casa y comenzó a frecuentarla para estar entretenida con sus nietos. Tiene 64 años, rubia, ojos celestes, 160, algunos kilos de más y unas tetas y un culo que fueron herencia genética para con su hija.

Un fin de semana hace dos años mi suegra enfermó y mi mujer iba varias veces a la casa para ver como estaba. Mientras estaba leyendo me pidió que fuera a ver como estaba pues ella debía salir a hacer unos trámites que tardarían unas horas. No con muchas ganas, pero si sabiendo que la aprecio fui hasta su casa y entré avisando que había llegado.

Me acerqué hasta su dormitorio y allí esta ella con un camisón de vieja, como digo yo, y le pregunté si necesitaba algo, me dijo que no y me iba cuando me pidió si podía alcanzarle un medicamento del baño. Cuando fui vi colgada en la canilla de la ducha un tanguita hilo dental que sin saber cómo a los segundos estaba frente a mi nariz buscando encontrar los olores de mi suegrita. Me la imaginé con ella puesta absolutamente convencido que se perdería dentro de sus nalgas y noté que estaba con la pija durísima.

Traté de disimular lo mejor posible y me fui a casa. Desde ya mis ratones habían comenzado su trabajo en mi cerebro y a la media hora estaba de vuelta en la casa de mi suegra. Le encontré en la cocina preparándose un té y a trasluz pude ver su pechos sueltos dentro del camisón y como me imaginaba no podía saber si tenía o no bombacha. Se sorprendió al verme, pero actuó con mucha naturalidad. Me pidió si le alcanzaba una taza que estaba un poco alta en la alacena, no le di tiempo a correrse y me apoyé sobre ella haciéndole sentir mi ropa contra su cuerpo.

Para mi sorpresa no se ofendió y terminó de servirse no sin antes ofrecerme una taza que acepté gustoso. La conversación se centró en los chicos, mi mujer, etc. En un momento ella se ruborizó, pues es muy blanca de tez y me dijo si podía preguntarme algo. Le dije que sí, que preguntara sin temores.

– Ayer vi por la imagen del espejo que estabas oliendo mi bombacha- ¿qué pasó?

Le dije que me había sorprendido y que fue una reacción de hombre y que si le había molestado le pedía disculpas. Muy por el contrario me dijo que ella se había sentido halagada y excitada también y que esa noche había hecho lo que no hacía hace años, darse placer ella misma. Le dije que ella era aún joven y hermosa para conseguir pareja, me respondió que no, que eso no lo haría jamás y me comentó que sabía que yo era muy bueno e incansable en la cama porque se lo había contado mi esposa.

Ahora el sonrojado era yo y sin mediar palabra se acercó y me partió la boca de un beso. Le acaricié el cuerpo y saqué su camisón que dejó al descubierto unos pechos enormes con unos pezones inmensos. Comencé a chuparlos hasta dejarlos durísimos, me saqué la ropa, la hice sentar en la cama y le puse mi miembro al alcance de sus labios, comenzándome a dar una mamada inolvidable que culminó con su boca llena de leche. Le devolví el placer retirando su tanguita y chupándole la concha hasta sacarle un orgasmo que la dejó saciada. Me vestí y le dije que me quedaría muy bien depilarse por completo el monte de Venus y me fui.

Cuando llegó mi mujer la comencé a acosar y tuvimos una noche de sexo desenfrenada incitados por su madre. Desde ese momento me ofrecí a ir una vez por día a verla, coincidiendo siempre en el horario que mi mujer se ausentaba un par de horas. Nuestro segundo encuentro fue al día siguiente y cuando llegué la encontré en camisón en la cama, pero esta vez era escotado y transparente. Le conté como me había gustado lo del día anterior y que su hija había recibido toda mi calentura.

Ella sólo me dijo, -cumplí tu deseo- y sin mediar palabra retiró la sábana y me mostró su concha depilada con unos labios carnosos espectaculares… Me abalancé sobre ella y la lamí hasta lubricarla toda. Me saqué la ropa y comencé a cogerla, mientras le chupaba los pezones, mi suegra se retorcía de placer y gemía con locura. Descubrí que, como mi esposa, ella era multi orgásmica y tuvo tres placeres antes de que yo me vaciara por completo en su conchita. Me agaché y lamí mi leche dejándola bien limpia.

A partir de ese momento mis encuentros con mi suegra- amante, pasaron a ser muy seguidos e íbamos incorporando morbo a nuestros encuentros. Fue así que una noche que mi mujer debió viajar por razones de trabajo le dejé un ramo de rosas en su casa diciendo que esa noche sería dedicada a su cola.

Cuando llegué luego de dejar durmiendo a mis hijos, me sorprendió llegar y encontrarla vestida con ropa muy ajustada y sexy. Me dediqué a halagarla y le dije que esa noche sería bien guarra y la llevé de la mano al living. Le levanté la pollera y le rompí la tanga que tenía puesta con mucho vigor. Fui hasta la cocina y traje aceite y me dediqué a lubricar su agujero hasta que podía meter mis dedos con facilidad, demás está decir que eso le provocó un orgasmo que hizo que su concha estallara en jugos.

Me apoyé con suavidad en su botoncito y empecé a penetrarla y después de algún esfuerzo y gritos de mi suegra metí toda mi pija dentro de ella empezando a partirle la cola. Ver esas nalgas me motivaron a darle chirlos y se la dejé muy roja. Le dije que era la mejor de las putas y ella me dijo que nunca la habían penetrado por ahí. Le aclaré que de ahora en más nuestros encuentros sería más seguidos y que su cola iba a ser recompensada por tantos años de abstinencia.

Los encuentros se iban repitiendo hasta que una tarde la llamé diciéndole que iba a ir a visitarla con un amigo. Mi suegra me dijo que tenía vergüenza y yo le dije que se quedara tranquila- Cuando llegamos con mi amigo, no le dimos tiempo a nada y en segundos estaba desnuda frente a nosotros. La puse de rodillas y empezó a ponernos duras la pijas, a continuación la pusimos en cuatro patas en un sillón, mientras mi amigo la cogía alternando su culo y su concha, ella me chupaba la pija.

Íbamos cambiando de posición y nuestro morbo creciendo con frases como, viste que puta es mi suegra, no sabes lo bien que lo hace y que poco que cobra. Todas esas frases la iban encendiendo aún más y la dejamos extenuada con leche en todo su cuerpo.

Hasta aquí mi primer relato, en el próximo les contaré las cosas que le hecho hacer y cómo es la relación ahora, espero que lo hayan disfrutado.

Autor: Enrique

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