Una de maduras: llename de leche
Buenas noches.. Mi nombre es Matías, vivo en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en Argentina.
Esta historia me pasó cuando tenía 19 años.
En ese entonces yo trabajaba en una empresa de entretenimiento y consumo masivo. Mi trabajo consistía en vender audio, video y electrónica (televisores, DVD, computadoras, mini-componentes, HT, etc…)
Un buen día llegó al local una amiga del secundario preguntando por los créditos personales y los precios de las cámaras digitales… La piba siempre me encanto asi que le dediqué exclusivamente 1 horita , 1 horita y media para explicarle TODO sobre créditos y cámaras. Ella se fué contenta, con la promesa de “Bueno, voy a volver eh ! .. ” Promesa que escuchaba a menudo y que no siempre era real… JAJAJA…
El tema es que volvió al otro día, pero esta vez acompañada de la madre. Claro, tuvo que ir con la madre porque ella era menor de edad y no tenía como demostrar los ingresos para sacar el crédito…
Bueno… la madre: si bien no era un camionazo, la vieja de mi amiga estaba muy bien cuidada… No voy a mentir… de cara no me iba mucho, pero tenía unos pechos y una cola !! Bueno, empecé con el chamullo del crédito y las cámaras para convencer a la vieja, mientras mi amiga se dedicaba a husmear el local… (a todo esto, mis compañeros estaban re babosos mirando el culo de mi amiga que está bastaante fuerte… ) Mientras yo hablaba con la madre, me dí cuenta que esta me miraba fijo, con medio cara de perra… y a mi se me empezó a parar mal; por suerte estaba detrás del mueble de la PC porque sino FIJA que se me iba a notar la pija parada maal!
Terminando la burocracia de los papeles para el crédito surgió una traba… BENDITA MI SUERTE… Le dije a la mamá de mi amiga que cuando se resuelva la iba a llamar, que iba a poner todo de mi para que se haga rápido, etc… el tema es que la convencí y me dejó su celular para que la llame cuando todo este listo para poner el gancho..
Esa noche, onda 22.00 horas, la llamo desde mi casa (OJO, previamente le pedí a mi gerente que por favor me resuelva el tema URGENTE) y le digo que está todo ok, que al otro día podía pasar por el local para firmar y llevarse la cámara… y bueno: acá los voy a decepcionar … pero NO SE COMO la conversación se desvió a que ella era muy linda, que yo era muy fachero, que esto, que lo otro… y me tira :
- “Yo hace rato estoy sola, y no quiero estar mas así …”
PARA QUE?? Yo no soy ningún boludo, así que la invité a salir el viernes (ese día era miércoles) a la noche…Quedamos en encontrarnos entonces…
El jueves fue al local, firmó los papeles y me dijo:
-”Bueno papi, mañana te hago lo que quieras… “
Y se fué, dejándome al palo MAL (obvio que fui al ñoba del local y me maté a pajas)
El viernes el día me paso re lento, pero por fin se hizo de noche… me bañé, me cambié, agarré forros (preservativos) y me los metí en el bolsillo del jean y salí a su encuentro…
Ni bien la ví parada en la esquina le comí la boca mientras ella me agarraba el culo… Cuando yo estaba yendo tenía la idea de calentar las cosas de a poco, ir al cine, etc… Cuando la encontré, me calentó tanto que caminamos dos cuadras y nos encerramos directamente en el telo…
Apenas entramos me dice:
- “Bueno papi, tal como te dije, te voy a hacer lo que quieras ahora… con que querés empezar??”
Yo, que estaba re caliente, le dije:
- “Mi amor, empezá como quieras pero empezá ya .. dale.. !”
Me parece que eso era lo que ella quería escuchar, porque como si fuera una palabra mágica me desabrochó el jean, me bajo pantalón y boxer y me empezó a chupar la pija como una diosa… me chupaba la cabeza, me pasaba la lengua por todo el tronco, me chupaba los huevos, se la tragaba hasta el fondo … todo mirándome a los ojos con carita de putita … Me pajeó y me chupó hasta que iba a acabar y me dice :
- “AY amor llename de leche dale… llename de leche las tetas… !!”
Juro por Dios que me calentó tanto su cara de puta y sus comentarios que le apunté a las tetas… pero le llené desde poquito mas abajo de los ojos hasta la panza TOODO el cuerpo de leche… Re sorprendida la hija de puta me dice:
- “Boludo, sos un depósito de leche JAJAJA, encima está re concentrada! JAJAJA “
Nos cagamos de risa un rato los dos.. mientras ella se limpiaba yo miraba una porno. Un rato después ella se sumó mientras me acariciaba la entrepierna… De más esta decir que 5 minutos después habíamos empezado de nuevo…
Me tocaba a mi, así que la puse en posición y le dí una buena chupada a esa concha… me lleno la cara de sus jugos y ahí nomas me la meneé tres veces y se la puse de una:
- “AY que hijo de puta… dale cojeme pendejo que me esta encantando estoo … ”
- ” Si mi amor te cojo toda! “
Y la enserté y la seguí ensartando durante veinte minutos fácil mientras la mina me seguía diciendo cosas como “dale, pendejito no pares!” o “AY como me gusta que me cojas paapii”. Me tenía tan caliente la hija de puta que me cansé de guardarme la leche y cuando se lo dije me dijo:
” Dame toda tu lechita mi amor… la quiero toda adentroo “
Obviamente que le llené toda la concha de leche mientras nos abrazabamos y nos aguantabamos el uno al otro.
Me bañé con ella, besandonos, tocándonos. En medio del baño se me paró, obvio JAJA, pero en la ducha solo nos tocamos…
Después de pedir algo al bar del telo, y de estar un rato hablando empezaron los besos y de nuevo la acción… pero con un plus… Empecé a ponerselo con la típica posición del misionero, después ella en cuatro y yo abajo de la cama se la ponía re fuerte, después ella se puso arriba mio pero NO con la cara mirándome a mi, sino al lado contrario (es decir, yo mirando su espalda)… estabamos en el mete y saca y ella se acuesta sobre mi mientras se la sigo poniendo. En uno de los movimientos se me sale la pija de su conchita y cuando la quiero volver a poner pensé en el culo … apunté y empecé a puntearla.. la mina ni MU dijo…. entro bárbara a las 10 puntadas… 2 minutos después me movía frenético dentro de su culo mientras con la mano derecha le masajeaba el clítoris y la putita me pedía mas leche… Otra vez la llené de leche !!
Después de eso (obviamente necesité limpiarme la pija JAJA) boludeamos un cacho y nos fuimos con la promesa de repetirlo… pero bueno…
como dicen todos: es otra historia JAJA
Un abrazo, gracias por el tiempo invertido en leer mi relato.
Es 100% verdadero
Capaz me falta ser un poco mas descriptivo: PERDON, esta es la primera vez que escribo una historia.. la posta es que se la conté a amigos mios, y fui un poco mas detallista JAJAJ pero me cuesta todavía por este medio
Hasta otro relato.
La buena vecina
Yo creo en la buena vecindad. Los vecinos son personas que se relacionan por algo más que la simple proximidad de sus viviendas. Entre ellos puede haber un sentimiento de amistad y, principalmente, de apoyo ante los problemas que uno u otro puedan tener. Un vecino apoya al otro, la mayor parte de las veces, en forma desinteresada y sin esperar nada a cambio. Sin embargo, ésta es obligada cuando el primero lo necesita, haciendo realidad el conocido lema: “hoy por ti, mañana por mí”.
Una noche de abril, mi tío Álvaro llamó por teléfono a mi abuela y la invitó a pasar unas semanas con él y su familia, aprovechando la boda de Lucía, la hija mayor, quien se casaría con un joven mexicano. Mi abuela, instantáneamente, manifestó su deseo por asistir, pero luego, pensó en que no podía dejarme solo. Yo no podría ir por mis estudios, ya que los exámenes del semestre estaban por empezar y ella no podía dejarme solo. Por ello, comenzó a decirle a mi tío que le agradecía la invitación, pero que no podría ir. Yo la escuché, y le dije que fuera, que no se preocupara por mí, que yo ya no era un niño y que podría cuidarme solo.
- Una oportunidad como esa no debes de desaprovecharla -le dije-. Ve, que yo me puedo cuidar solo.
Ella se quedó dudosa y le dijo a mi tío que lo pensaría. En los días sucesivos yo me ocupé de convencerla de que no tenía razón para preocuparse por mí.
- Está bien -dijo finalmente-, iré si me prometes cuidarte y alimentarte bien.- ¡Lo prometo! -le respondí.
Tenía entonces 18 años y me había iniciado en el sexo con las clásicas masturbaciones de adolescente siempre pensando en mujeres mucho mayores que yo, porque en mis fantasías eróticas, no sé por qué, siempre aparecían mujeres maduras, con una característica común: algo rellenitas y de grandes senos. Sabía que tenía que ser muy cuidadoso, ya que mi abuela era muy estricta en estas cuestiones y no sabría comprender mis nacientes aficiones por el sexo. Siempre buscaba momentos de soledad (a la hora de dormir, en el baño, etc.) para dar rienda suelta a mis instintos sexuales. Yo mismo me fabriqué, con una tela gruesa pero suave, una bolsita para meter en ella el pene y eyacular en el interior, a efecto de no dejar manchada la sábana de la cama, porque ya en una ocasión, mi abuela me había regañado por “ensuciar” las sábanas.
En la tarde siguiente de que mi abuela se fue, me disponía a ver televisión, cuando sonó el timbre de la puerta.. Yo andaba por casa con pantaloneta y playera. Así vestido, me dirigí a abrir. Era doña Amanda, la señora que vivía en la vecindad, mujer de 51 años, morena, con el pelo recogido, no era una belleza de cara, pero su bien hacer en el maquillaje la hacía resaltar mucho, algo gordita y magnificas tetas.
- Hola. Buenas tardes, sólo quería saber si no necesitabas algo ahora que tu abuela se ha ido.- ¡Doña Amanda! -respondí sorprendido, ya que no la esperaba.
Ella me miraba con una sonrisa y yo, le respondí que le agradecía su interés, pero que me encontraba bien.
- ¿Almorzaste? -preguntó solícita.- Sí. No tenga pena.- Está bien. No vaciles en pedirme cualquier cosa que necesites. Pasaré después a ver cómo estás.- ¡Gracias! -fue lo único que atiné a decir.
Ella se agachó para recoger una bolsa del supermercado que tenía en el suelo y yo advertí por su escote los grandes senos que debía esconder aquella mujer bajo el vestido. Cerré la puerta y no lograba quitarme de la cabeza el escote de doña Amanda, por lo que planeé una masturbación memorable para esa noche, haciéndome toda clase de fantasías con ella. Mi abuela Marta era muy estimada por los vecinos. Todos la saludaban con respeto y aprecio y la tenían por una gran señora. Ella los trataba con la misma cortesía y deferencia, salvo por el caso de doña Amanda, quien siempre saludaba muy amablemente a mi abuela y buscaba su conversación, pero no recibía lo mismo en reciprocidad ya que mi abuela no gustaba de su amistad.
Ella decía que doña Amanda no era una “mujer decente”. La realidad es que la famosa doña Amanda estaba casada con un señor que trabajaba como supervisor de una cuadrilla de construcción de caminos en Petén, por lo que venía a la capital a visitar a su esposa uno o dos días cada trimestre, dejándola sola la mayor parte del tiempo. Al parecer, doña Amanda había tenido dos hijos, uno de los cuales había muerto en su infancia y el otro se había marchado a vivir a Los Ángeles, California, donde trabajaba, había establecido su residencia y fincado su hogar. Doña Amanda vivía sola y ello la había llevado a serle infiel a su esposo. Mi abuela decía que ella había tenido más de un amante, por lo que no gustaba de relacionarse con la mencionada mujer. Yo, por mi parte, desde que escuché a mi abuela decir que ella era una “traga hombres”, había comenzado a fijarme más en esa mujer, y a hacerla de vez en cuando, blanco de mis fantasías masturbatorias. Pero fue en el momento de que ella se agachó levemente, cuando llegó a llenar mi pensamiento.
Como a las seis de la tarde, sonó el timbre. Era nuevamente doña Amanda.
-¡Hola! -saludó alegremente-. Vengo a ver si tenés cena para hoy. Estoy segura de que tú solo no te alimentarás bien.- Gracias -le respondí, entre agradado y extrañado-, pero mi abuela me dejó algo de dinero, así que había pensado ir por ahí a comer una hamburguesa.- Eso no es suficiente -dijo ella-. Lo que necesitas es una buena comida casera. Regreso en un momento.
Y dicho esto, se marchó de regreso a su casa. Como a las siete de la tarde, volvió a sonar el timbre. Pensando en que podía ser ella, me puse un poco nervioso cuando fui a abrir la puerta. Abrí, y me encontré frente a doña Amanda que traía unos trastos sobre un azafate. Inmediatamente noté que se había cambiado de ropa y tenía puesta una blusa azul aún más escotada que el vestido que le había visto anteriormente. Mis ojos se quedaron fijos en aquella parte de su anatomía y después de un momento, dándome cuenta de mi torpeza, agregué mientras me apartaba de la entrada:
-¡Pero qué descortés soy! ¡Pase! Pase, por favor.
Doña Amanda entró a la casa y sin pedir permiso se dirigió hacia el comedor, dejó los trastos sobre la mesa y volviéndose a mi, me preguntó:
- ¿Querés cenar ya? – Yo… en realidad creo que sería magnífico -respondí.- Excelente -dijo ella con una sonrisa-. Entonces, comeremos ahora.
Me sentí un poco desconcertado, pero ella fue a la cocina y tomó unos platos, los que puso sobre la mesa. Seguidamente puso cubiertos y un par de vasos. Luego tomó asiento y destapó los trastos que había traído, conteniendo un espagueti a la Boloñesa y una ensalada que se veía bastante apetitosa.
Durante la cena conversamos sobre asuntos de poca trascendencia: El clima, mi abuela, su viaje, mis estudios, etc. Sin embargo, ella fue haciendo que la charla se tornara más y más íntima. Salpicaba la plática con preguntas que denotaban el deseo de conocer más sobre mis aspectos personales. Me miró fijamente a los ojos y yo le devolví una sonrisa, sin saber qué hacer o decir. No pude sostener su mirada y bajé la vista, deteniéndome en sus senos. No pude evitar pensar en lo buena que estaba y en lo mucho que un inexperto como yo podría aprender de esta hermosa mujer.
- ¿Tenés novia? -me preguntó.- No -le respondí un poco avergonzado.- ¿Has estado con alguna mujer? -preguntó con una expresión de lascivia en su mirada. – No -respondí con voz casi inaudible. – O sea, que ¡sos virgen! -exclamó con un gesto jocoso.
Creo que los colores se me subieron a la cara. Para ese momento tenía una erección que me estallaba a través del pantalón que llevaba puesto.
- ¿Por qué te ruborizas? -preguntó. Lo único es que creí que un chico tan guapo como tú y en estos tiempos, pues…
Bajé la vista. Sentía su mirada clavada en mí, cuando preguntó con suavidad:
- ¿Qué clase de mujeres te gustan?
Pensándolo ahora, no sé cómo me atreví a responderle como lo hice. Quizás fue por la confianza que me estaba inspirando o por el deseo que estaba sintiendo, pero pude contestarle:
- Las mujeres como usted.
Ella comenzó a reírse a pierna suelta y me dijo:
- ¿Cómo yo? ¿Pero estás loco? Yo soy una vieja y tú lo que necesitas es una chica de tu edad.- No, se lo juro, me gustan las mujeres maduras. Como usted…
En ese momento ella me miró fijamente unos instantes. Luego se puso de pie y me pidió permiso para usar el baño. Yo me quedé sentado a la mesa, pensando en lo que estaba pasando, sin saber si había hecho bien o mal en hablarle de aquella forma. Unos minutos después, escuché la voz de doña Amanda, que me llamaba. Me acerqué al baño, pero ella no estaba allí. Sin embargo, estaba abierta la puerta que comunicaba con la alcoba de mi abuela, por lo que me acerqué al umbral, y allí la vi. Estaba acostada en la cama de mi abuela, se había quitado la blusa y la falda, teniendo sólo medias y brassier. Ante aquel espectáculo, no pude menos que experimentar una nueva erección que templaba ya la tela de mis pantalones.
- ¡Acercate! -ordenó ella en un susurro, en tanto que yo la miraba como embobado.
Ella sonrió un momento y luego preguntó:
- ¿No vas a quitarte esa ropa? Aquellas palabras parecieron despertarme y rápidamente comencé a desabrocharme los pantalones. Doña Amanda sonrió complacida al ver mi prisa. Se sentía deseada y eso le satisfacía. Mi pene cabeceaba de deseo y tuve que quitarme con rapidez el calzoncillo para darle libertad al enfurecido miembro.
-Vaya, hijo. Parece que tenés un muy buen instrumento -dijo al apreciar mis 23 centímetros.
Mi nerviosismo seguía creciendo por segundos. Cuánto más cerca estaba de mi sueño, más nervioso me encontraba.
- ¡Ven! -ordenó ella con voz suave. Mientras me acercaba, vi como ella se quitaba el brassier, dejando al descubierto sus enormes tetas, grandes, macizas, surcadas por ligeras venitas azules, coronadas por grandes pezones casi negros, rodeados de enormes aureolas obscuras. Creí que me corría de felicidad.
- Creo que podré enseñarte una o dos cositas, dijo al tiempo que alargaba su mano y me agarraba la verga y los huevos con delicadeza.
Nunca había imaginado que aquello pudiera ser tan excepcional. Me sentí como en el paraíso y atreviéndome, llevé mi mano hasta sus tetas. Allí estaba yo tocando aquellos dos melones con enormes pezones. Doña Amanda seguía tocándome, aunque ahora con más ritmo. Creo que en un minuto estaba ya para correrme. Ella se dio cuenta y lo dejó. Se puso de pie y se bajó las bragas. Abrió las piernas, a manera de invitación, dejándome ver el vello que cubría el triángulo donde se unían sus piernas y, más abajo, la profundidad de su vagina. El deseo me encabritaba el pene más y más.
- ¡Qué grande lo tenés! -susurró con voz sensual.- Usted me pone así -respondí.
Me subí a la cama, nos abrazamos y comenzamos a acariciarnos. Aunque nunca había tenido una aventura sexual, mis manos recorrieron ávidas el cuerpo de la mujer. Me apoderé de ambos senos, los amasé y acaricié largamente. Los senos siempre me habían llamado enormemente la atención. Me tendí sobre ella y nuestros vientres se aplastaron uno contra el otro, en tanto que yo le devoraba un pezón y su aureola y le chupaba con pasión la enorme teta. Ella me correspondía con besos por el cuello y en las orejas. Yo en cambio solo quería besar y coger sus grandes tetas. Acostados en la cama, seguimos con los juegos de besos y caricias. No hablábamos ninguno de los dos.
En una de las vueltas que dimos el uno sobre el otro, advertí con mi rodilla, que su coño estaba totalmente mojado. Entonces, por primera vez, deslicé mi mano hacia su entrepierna y le toqué su cueva oscura y peluda. Ella dio el primer respingo de la tarde. Ella seguía mordiéndome el cuello y ahora sí me susurró al oído que le metiera un dedo dentro. A lo que yo accedí automáticamente. Empecé un mete y saca rítmico que hacía que se estremeciera en la cama. Agarró mi verga y, al mismo ritmo que yo le introducía ya dos dedos, ella empezó a masturbarme. A los dos minutos, entre jadeos y suspiros, tuve mi primera corrida. Mi semen manchó la colcha de mi abuela.
Ella me dijo que no importaba, que lo lavaría después, que lo importante era que siguiera frotándola con mis dedos. En cierta forma, me sentí decepcionado. Yo esperaba algo más que ser solamente masturbado. Sin embargo, ella no dejó de masturbarme y a pesar de mi eyaculación, mi verga en pocos momentos volvió a estar erecta como un mástil.
Tras un rato de aquellas caricias, ella sintió la venida de su primer orgasmo. Cerró las piernas y mi mano quedó engullida de tal manera que no podía moverme. Tuvo varias convulsiones y después de un largo gemido, quedo abatida en la cama. Me acerqué y comencé a besarla de nuevo. Mi boca se posaba sobre la suya, que se abrió, permitiéndome meter la lengua. Ella me correspondió, metiéndome la lengua hasta la garganta. Pasados unos minutos me tumbó de espaldas y me dijo que ahora le tocaba a ella. Que me enseñaría lo que era un verdadero acto sexual, ya que mi primera corrida había sido más de ansia que de gozo. Y era verdad. Se puso de rodillas y suavemente me agarró el pene y comenzó a frotarlo cuan largo era.
Asiendo mi pija con una mano, me acarició los testículos con la otra. Comencé a decir algo, pero en ese instante ella aprisionó mi polla con los labios y con gran facilidad se tragó mi verga hasta los huevos. Yo di un respingo que por poco me caigo de la cama y las palabras quedaron en el olvido.
Empezó a chuparme desde la punta de la polla hasta la raja del culo. Me sentí desfallecer de placer, y le sujeté la cabeza en aquella posición, mientras con la otra mano le acariciaba la espalda y las nalgas. La mujer me lamía el pene y lo mamaba con avidez, mientras toda la poderosa erección entraba y salía de su boca con un ritmo delicioso. ¡Qué gusto más grande!
Trataba yo de prolongar el goce, pero comprendí que no iba a poder contenerme por mucho rato más. Doña Amanda continuaba mamando golosamente, con sus labios aferrados a mi verga, resbalando de tal modo que la cabeza del instrumento casi le salía de la boca y luego empujaba hacia adelante, perdiéndose el pene entre el túnel de su garganta. Yo la detuve y saqué suavemente mi virilidad enfurecida de su boca, a punto de eyacular, tratando de serenarme para no terminar tan rápido. Ella comprendió el motivo y, sabiamente, me asió el pene, presionando con fuerza en la base del instrumento, donde se une con los huevos, y logró detener mi derrame, que hubiera sido decepcionante para ambos.
Tras unos minutos de pausa, se montó sobre mí como se monta un caballo y con gran facilidad se empaló en mí. Estaba totalmente mojada y lubricada y en cada vaivén de entrada y salida, su cara se estremecía de placer. Estaba gozando tanto como yo. Se levantaba y se echaba sobre mí. Cada vez que se echaba y notaba sus tetas sobre mi pecho el placer se multiplicaba. No quería que aquello se acabara nunca. Hubiera deseado prolongar aquel placer, pero nada dura para siempre. Eyaculé otra vez, pero ahora fue dentro de ella. Aquello fue el placer más grande sentido en mi corta vida. Ella también me dijo que había tenido un par de orgasmos durante la penetración.
Yo estaba de nuevo como una estaca. Mi polla con un brillo especial pedía más guerra. Doña Amanda se echó de espaldas sobre la cama y me dijo que fuera yo quién ahora mandara la situación. Se abrió de piernas y pude observar su raja abierta todavía goteando de mi última corrida.
- ¡Vení! -pidió ella.
Sin embargo, esta vez no obedecí. Viendo las piernas abiertas de doña Amanda y observando el apetitoso espectáculo de su vulva y aquellos carnosos labios, la agarré por las caderas, para atraerla y sepultar mi cara en el punto donde se juntaban los muslos. Mamé y lamí con una mezcla de ternura y pasión, sintiendo por primera vez en mi vida, el sabor de mi propio semen, y no me pareció feo. Logré excitar el clítoris al máximo, haciéndola prorrumpir en gritos de delirio, al tiempo que la taladraba con mi lengua caliente y húmeda.Doña Amanda se remeneaba al sentir aquellas caricias. El calor que la poseía se hacía más y más fuerte. Ella brincó en la cama y se retorció como una serpiente. Seguí lamiéndola furiosamente por todas partes, haciendo presión en los repliegues más íntimos de su cavidad, hasta que quedó limpia. Pero no me detuve y continué chupando y lamiendo con avidez, haciéndola temblar y sacudirse como una hoja al viento. Entonces, en forma jadeante, con voz trémula, ella suplicó:
- ¡Metémela! ¡Por favor, metémela!
Gateé sobre ella y mi verga se puso de punta, frente a la entrada de la vagina. Me abrazó y con una mano dirigió mi pene hacia su vagina y lo puso en la entrada, tocando los grandes labios. Me dijo que empujara y así lo hice. De nuevo mi pene entró hasta el fondo sin ningún problema y me abrí paso en el túnel del amor. Para ambos, aquella introducción fue una fuente indescriptible de placer.
Ahora era yo el que empujaba hacia fuera y hacia dentro. Ella agarrando mis caderas en ocasiones, y otras apretándome el culo guiaba mi ritmo. De pronto, sentí su dedo juguetón insinuándose por la abertura de mi ano. Estaba demasiado excitado para protestar, cuando ella me introdujo el dedo medio en el culo. Pese a un pequeño dolor, la sensación fue inenarrable. Estaba en el paraíso. No necesitaba de su ayuda para marcar un ritmo. En esta ocasión nos corrimos los dos a la vez. Después de estar un ratito abrazados me besó y nuevamente me metió la lengua hasta la garganta. Yo le correspondí y así estuvimos otro rato, hasta que la verga se me paró otra vez.
- ¡Vaya, muchacho! -me dijo al ver mi nueva erección-, tú sí que parecés una máquina de sexo. ¿Dónde habías estado metido todo este tiempo?
Nos acariciamos nuevamente con furia, buscando excitar nuestros cuerpos al máximo. Doña Amanda tenía la respiración entrecortada y la vista nublada por el deseo. Sin dificultad, le metí toda mi verga, llegando hasta el tope. Por unos instantes quedé quieto, mientras doña Amanda acentuaba sus movimientos. Por fin, el ritmo de ambos se acompasó. Por momentos yo retiraba mi pene casi hasta la punta de la cabeza y entonces doña Amanda levantaba las caderas buscándolo. En ese instante, yo acometía con fuerza, hasta tropezar con el fondo de la vagina.
Un grito de gozo y sensualidad salió de ella. Esto me excitaba aún más, y me sentía muy satisfecho de estar haciendo gozar genuinamente a la mujer. Nuestros cuerpos electrizados temblaban y los gemidos se mezclaban con palabras de amor. Las contracciones de la vagina se transmitían a mi miembro y ella sentía los golpes de mi pene en lo más profundo de su ser.
- ¡Ahh! ¡Ahh! -gritaba ella moviendo la cabeza a uno y otro lado, frenética, mientras que yo, a golpes de barra, la hacía temblar y bramar.
Fui bombeando con mayor dedicación, como si fuera un émbolo mecánico. A estas alturas, después de tres orgasmos, ya no tenía la fuerza de la primera vez, pero esto me hacía aguantar más, tratando de darle con todo y manteniendo el control, a la vez que la trastornaba de pasión. Acometía de manera brutal, sacudiéndole los senos sin piedad. Seguí ciego en mi ardiente tarea, buscando para ambos un paroxismo que calmara nuestras ansias de placer.
Doña Amanda reía y lloraba a medida que se iba acercando a su clímax total, el cual explotó momentos después en el interior de sus entrañas, permitiéndole alcanzar el nuevo y tan deseado orgasmo. Por largos segundos se agitó como un animal herido. Los músculos de la vagina pulsaban vigorosamente, apretando y prácticamente ordeñando mi pene, haciéndome llegar a la cúspide de una manera rápida y prodigiosa. En sucesión vertiginosa sacaba mi verga, casi hasta desconectarme, para luego meterla violenta y bestialmente en forma total. De pronto, gemí profundamente, clavé mi estaca hasta el fondo y un torrente de esperma se derramó en las profundidades del caliente túnel. Mis espasmos eran fuertes y me sacudieron hasta que terminó la eyaculación. Doña Amanda no se contuvo. Gritó cuanto quiso, estremeciéndose con fuerza.
Yo me desmadejé encima de ella y permanecimos así, abrazados, jadeando, durante largo rato. Finalmente, giré y quedamos acostados uno al lado del otro, recuperando el aliento. Nos abrazamos estrechamente, uniendo nuestros cuerpos, respirando agitadamente, recreándonos en el placer experimentado. Permanecimos otro rato juntos, gozando nuestra fatiga y luego abrazados, nos quedamos dormidos.
Al despertar, noté que ya había amanecido. Busqué a mi compañera, pero el lecho estaba vacío de su lado. Me levanté y aún desnudo, fui a buscarla por la casa, pero ella no estaba. Resignándome, fui al baño y tomé una ducha.Mientras desayunaba, dejé divagar mi mente sobre los acontecimientos de la noche anterior y de sólo pensar en ello, el pene me dio un respingo.
- ¡Caramba! -exclamé para mí-. No sé bien cómo sucedió todo. Pasé la noche con la vecina y, peor aún, al pensar en ella, estoy deseando cogérmela otra vez.
Eso es todo. En el futuro les contaré más.
La clinica
Tengo 18 años, me llamo Alan, mido 1,78 atlético, rubio, ojos azules, pertenezco a una familia acomodada de Barcelona, tengo un hermano de 19 años y una hermana Cris de 17 años. Mi padre tiene una clínica de estética y en verano nos hace trabajar en ella, limpiando material, en administración o cualquier otro sitio.
La clínica es ideal pues siempre está llena de tías que vienen a arreglarse cosillas, y yo me sé más de cuatro sitios desde donde poder observar sin ser visto. La verdad es que estar por ahí es bastante fuerte pues las mismas enfermeras, y más en verano, van con unas batitas finas que se les transparenta todo. Yo iba a menudo al archivo con cualquier excusa porque desde allí y detrás de unas planchas había una rendija que daba a una sala de visita donde las pacientes se desnudaban y demás.
A cargo de esa zona está una mujer, Marian tiene unos 40 años, mide 1,75cm. Morena, ojos negros y como diría…es una mujerona con unos pechos enormes y gran culo, pero no está gorda solo que es muy grande, de siempre me he quedado mirando ensimismado sus grandes pechos, pero este año quizás porque ya tengo 18 me preguntaba como serian al desnudo y si se aguantarían medio derechos sin el gran sujetador que usaba, le pregunté un día a mi hermana y me dijo de debía de gastar una 115, no se pero parece ser que eso es mucho. Aquella mujer de la edad de mi madre me llamaba poderosamente la atención, además y al igual que las demás solo llevaba una bata blanca abotonada por delante, y sentada dejaba ver gran parte de sus macizas y morenas piernas. Uno de los días me tocó ir a ayudarla a limpiar y organizar el archivo.
-Hola Marian aquí me tienes, el esclavo Alan se presenta para lo que mandes. -Pero que cachondo que eres chiquillo (me olvidé de comentar que Marian es Sevillana con un acento graciosísimo.) -Como me han dicho que haga lo que me mandes. No se que del polvo. -Anda pasa mi alma que de polvo te vas a jartar. -Uy que divertido…-Será descarao, anda pasa ya que te voy a dar…
Entramos en el archivo riéndonos de las bromas, aquella estancia era larga y estrecha con estantes a cada lado, había que mover y colocar un montón de material con el agravante de que ahí no llegaba el aire acondicionado y hacía un calor considerable, al rato de estar meneando cajas yo estaba completamente empapado en sudor.
-Marian me voy a poner un pantalón de deporte que tengo en la bolsa porque no puedo más, ¿vale? -Si claro, ojalá pudiese yo.
Salió mientras yo me cambiaba aunque la puerta quedó entreabierta, no se si veía algo pero notaba como ella esperaba en la puerta, me desnudé completamente y me quedé solo con el viejo pantalón de deporte que tenía el braguero hecho polvo. Marian entró y me miró de arriba abajo secándose con un pañuelo el sudor de su potente escote.
-Jolin que suerte tenéis los tíos, lo que daría yo por poder ir así.-Pues por mi no te cortes.-Calla lanzao que podría ser tu madre.-Si podrías, pero no lo eres.-Pero que morro que tiene. Mira que meterte con una pureta como yo…-Yo solo lo decía por el calor. -Ya, ya será eso, que no conoces chicas de tu edad? -Si, pero como tú no.
Sus continuos movimientos de agacharse, levantarse, estirarse por las estanterías colocando cosas junto con el sudor me estaban ofreciendo un espectáculo, pues su bata pegada al cuerpo dejaba adivinar todas sus voluptuosas formas, en una de estas se incorporó delate de mí y me pilló con mis ojos como platos clavados en su escote, sus pezones se marcaban a través de la tela, me miró y sonrió complaciente, yo me puse rojo como un tomate, ella se agachó de nuevo está vez de espalda a mí, no se que era peor pues marcaba un culazo de infarto y se transparentaban sus bragas medio metidas por la raja de su potente culo. Yo no pude evitar que mi polla pegase dos latigazos debajo del pantalón, jolin aquella tía me ponía, se incorporó de nuevo.
-Luis anda que tú eres joven, súbete a ese estante y yo te paso estas cajas.
Así lo hice, uff aún era peor pues yo desde arriba veía perfectamente su escote y me daba miedo que ella notase mi excitación, pues como ya he comentado el braguero de mi pantalón era casi inexistente, y así fue me di cuenta de que ella dejaba ir fugaces miradas a mi entrepierna, mi polla estaba morcillona y casi se salía por debajo…
-Coloca esta caja al lado de la de los guantes de látex.-¿Cual?-La de los guantes.-¿Y cual es la de los guantes?-Anda baja que ya lo hago yo
Bajé y ella se subió a una pequeña escalera, le pasé la caja y al estirarse para colocarla…¡que culo!…su bata se subió y dejó prácticamente todo su culo a mi vista, ella se dio cuenta enseguida y con una mano intentó bajarse la falda, pero ya era tarde.
-¡Ehhh! ¿que miras? …serás…-Lo siento no he podido evitarlo…-Ya, ya , pues mira para otro lado. -Imposible, a sido una vista maravillosa.-Pero que morro…..
Mi polla ya no estaba morcillona y pegaba descarados latigazos debajo de mis pantalones, Marian se quedó mirándola…
-Pero tú, ¿que te has pensado.?…¿será posible? -Anda ayúdame a bajar, que será mejor que te subas tú.
Empezó a descender los escalones de espaldas, yo detrás de ella, podía ver delante de mi cara aquel culo en pompa, con mis manos intentaba cogerla de la cintura para ayudarla a bajar, pero en el último escalón perdió un poco el equilibrio y tropezó cayendo hacia atrás, yo la aguanté pero mi polla dura como una piedra se aplastó contra su trasero y mis manos fueron a parar irremediablemente debajo de sus brazos de forma que mis dedos quedaron sobre aquellos enormes pechos, así quedamos un instante mientras intentábamos recuperar el equilibrio sin caernos al suelo, ella giró su cabeza para mirarme y noté como a pesar de haber recuperado ya el equilibrio su culo presionaba con fuerza y apoyando aún más su espalda sobre mi pecho consiguió que mis manos corriesen hacia adelante abarcando aún más sus pechos.
-Uff… casi… te chafo. -No yo te aguanto bien.
Ella se volteó quedando de frente a mi, muy cerca, sus pechos casi rozaban mi torso, yo estaba muy nervioso cuando…y de forma socarrona dijo:
-Luisito he notado algo muy duro en mi trasero…-Perdona es que no puedo evitarlo, lo siento.-Pero qué ¿no has visto nunca? -Pues no, vamos en la playa o en revistas pero así de cerca…no.-Pero si yo soy una abuela.-Ya, ya abuela.-¿De verdad nunca has visto unos pechos….así?-No.-¿Nunca has estado con una chica?-Bueno si pero, bueno he hecho cosillas.-¿Eres virgen?-Pues…-Uff. Que pasada. Bueno si dices algo de esto te mato. -¿Qué? No, no yo no digo nad…
Me quedé mudo ella retrocedió un paso y empezó muy lentamente a desabrocharse los botones de su bata que poco a poco se iba abriendo dejando ver el espléndido cuerpazo de aquella mujer madura, pero absolutamente excitante , al fin abrió por completo la bata, un sujetador blanco transparente dejaba ver aquellos pechos coronados con unos pezones de más de un centímetro que tiesos y duros parecía que iban atravesar la fina tela, un vientre plano y unas caderas poderosas junto con unas piernas largas y macizas rodeaban su sexo, tapado por unas braguitas blancas y también transparentes que dejaban entrever el negro vello púbico , yo estaba petrificado con la boca abierta y mi polla que parecía que iba a reventar se quería salir de los pantalones, ella mirándola me dijo:
-Veo que te gusta, madre mía pero que instrumento te gastas… -Bueno mis amigos dicen…que…bueno…que no está mal. -¿No está mal? Muchacho, que no está mal dice…
Yo seguí sin poder moverme con mi vista recorriendo aquel espléndido cuerpo, cuando ella lentamente, primero uno y después el otro se bajo los tirantes del sujetador, Dios creí morir poco a poco me descubrió uno detrás del otro sus pechos, increíble vaya par de tetas enormes desafiantes y desafiando la ley de gravedad se aguantaban perfectamente.
-Veo que te gustan, me alegro, mis horas de gimnasio me cuestan.
Yo me acerqué a ella e intenté tocar una.
-No, no, no, solo mirar…-No me hagas esto estoy a punto de estallar.-¿Así?
Se acercó y yo me sumergí en aquellas deseadas tetas, apretando con mis manos, lamiendo y succionando sus duros pezones.
-Despacio chaval, despacio, sin prisa.
Yo ni caso estaba como loco, mi boca iba de un pecho al otro sin cesar y mis manos se apalancaron en sus nalgas, ella se intentaba liberar.
-Eh, eh los pechos solo. Suelta o yo…
Yo ni caso al fin ella lanzó su mano a mi paquete.
-Umm que tacto…
De repente se soltó de mi cogiéndome las manos por detrás de la nuca me besó metiéndome la lengua hasta la garganta, mientras se restregaba el sexo con mi polla , sin soltarme las manos me las colocó en los riñones, mientras su lengua recorría mi pecho sudado y lamiendo y relamiendo el sudor, llegó a mis pantalones y por encima de ellos mordió suavemente mi pene, creí morir, si sigue me corro pensé y quedaré fatal…me soltó las manos y de un golpe me bajó los pantalones hasta los tobillos, liberando así mi polla que estaba a punto de reventar.
-Que preciosidad, que joven, ¡que tamaño!
Y diciendo esto la levantó con una mano y me pasó la lengua lentamente desde los huevos hasta el glande, hizo dos círculos sobre mi capullo y de un golpe vi como mi polla desaparecía dentro de su boca.
-Ahhh…para, para no sigas…no… que…-¿Qué? -Que no me aguanto.-Ummm, siiii, ummm
Se la tragó de nuevo con más fuerza que antes, y mi polla explotó dentro de su boca, tragaba y tragaba con lujuria y al sacarla aún escupió con fuerza sobre su cara y ella con su lengua fuera esperaba los chorros de leche que en unas cantidades que yo no había visto ni en mis mejores pajas salían sin cesar, ella sonreía de placer mientras recibía mi liquido y decía frases entrecortadas.
-Ufff…que …pasad…umm…¿Más? –Ssssiii…-umm que alegría…joooo…ahhh. -Vayaaaaaaaaa carga mi alma, en toda mi vida había visto una corrida así. -Juventud divino tesoro, lastima tanto ímpetu.
Mis piernas temblaban y un sentimiento de frustración recorría mi cuerpo pues me había ido antes de empezar y Marian con un pañuelo se limpiaba la cara y empezaba a recomponerse.
-Un momento, esto ha sido solo para que te enteres de los mucho que me vas. -¿Qué?
Me acerqué por detrás y levantando su bata empecé a besar y a lamer su espalda, baje mis manos por sus caderas y tiré de la fina goma de sus braguitas hacia abajo quitándoselas, su voluptuoso y redondo culo quedó delante de mi cara y empecé a mordisquear aquellos grandes y firmes glúteos con mis dos manos abrí al máximo sus nalgas y metí media cara entre ellas para llegar con mi lengua hasta su sexo, no sabía muy bien que hacer, pero metí mi lengua y se encontró con unos labios mojados , Marian jadeaba y se relamía de placer.
-Siiiiiiiiii…uaaaaaaaaaa…
Mi polla estaba de nuevo como una piedra. Aquella mujer era algo más que un cuerpazo, era una hembra en el más amplio sentido de la palabra.
-Para, que tú ya te has corrido y me vas dejar echando chispas todo el día.
Me incorporé dejando que mi polla se metiese entre sus nalgas.
-¡Ostia! ¿Ya estás así otra vez?
Me la cogió y con su culo en pompa la apuntó a su vagina y ella misma apretó hacia atrás para metérsela hasta el fondo, entro sin esfuerzo y la tomé de las caderas y empecé a follarla como una máquina, cada vez más rápido, Marian jadeaba y medio gritaba con sus brazos apoyados en la escalera, se mordía un dedo para no chillar y sus enormes tetas se balanceaban al compás de mis embestidas, de repente se la sacó y se giró hacia mí, sentándose en la escalera abrió completamente sus piernas dejándome ver su vagina grande y dilatada, y tomándome por el pelo me clavó la cara en su sexo, metí mi lengua enseguida en aquel dilatado agujero y en ese momento mientras se tapaba la boca para apagar sus gritos un montón de líquidos inundaron mi boca y una corrida brutal mojó por completo mi cara, después quedó quieta un momento y abriendo los ojos y mirando mi polla la acarició con una mano y sin más empezaron salir chorros de leche sin que yo pudiera ni avisar, ella siguió reclinada y meneándomela y dirigiendo los chorros hacia sus pechos y su lengua pasando mi glande por todo su cuerpo y cara. Mientras sonreía complacida.
-Joder chico. que poderío.
Yo sin poder evitarlo me abalancé sobre ella y la bese lamiendo y relamiendo mi propio semen y chupando sus pechos.
-Que fuerte, chico, que fuerte.
En esta ocasión mi pene no sé porque no perdía ni un solo centímetro y seguía duro como el acero, ella lo miró…
-¡No me lo puedo creer!
Se levantó jadeante y poniéndose a cuatro patas me la cogió, apuntó apretando, yo empujaba pero no entraba, que raro si antes…
-Calma cielo, calma.
Claro yo novato donde los haya, aquello era su culo, poco a poco fue entrando, ella se quejaba.
-¿Te duele?-Siii…-¿La saco? -Noooooo, no te atrevas.
Al fin entró hasta el fondo y poco a poco empecé a entrar y salir de aquel majestuoso culo mientras Marian jadeando como una yegua se masturbaba al ritmo de mis embestidas.
-Más fuerte, más, más reviéntame. -¿Que?…-Pégame…
Le di un golpecito en el culo.
-Más fuerte, no seas marica, fóllame como un hombre. -¿Así zorra?-Siiiii…-¿Así te gusta? So guarra. -Sí, sí, si…
La follé de forma salvaje golpeando con fuerza sus nalgas hasta dejarla rojas y ella jadeaba pidiendo más como posesa y sin control. De golpe se soltó y me estiró en el suelo colocándose ella a cuatro patas encima mío.
-Dame tu leche, dámela toda no aguanto más.
Y diciendo esto empezó a chupar mi polla de una forma salvaje mientras apretaba su coño contra mi boca.
-Me corroo…-Siiiiiii…yaaaa…me viene…
Mi polla empezó como antes a soltar inmensos chorros de leche en su boca mientras ella temblando y convulsionándose tenía su orgasmo más fuerte, y como antes soltando un montón de líquidos sobre mi cara, ella seguía chupando y succionando como si me quisiera dejar seco y yo jadeante y roto seguía lamiendo los líquidos de su coño.
-Para chico que no me aguanto.-Ummm calla, mmmmm.-Para chico, para, -Mmmmm.
Empezaron de golpe a salir más líquidos, pero se estaba meando, me era igual, clavé mi boca en su raja y dejé que su meada me cayese encima, ¡que pasada! era lo máximo, yo me reía de gusto y con mi lengua recibía el caliente líquido mientras ella no se que decía que estábamos locos o algo así, pero no dejaba de chupar y succionar hasta que al fin yo también empecé a orinarme mientras ella dirigía el chorro hacia su cuerpo, sus pechos y como no su boca. Quedamos desechos en el suelo sin podernos creer lo que habíamos hecho.
-¿Así que esto es perder la virginidad? -Calla, chiquillo calla…esto, esto, yo que sé lo que es esto, una locura…muy rica, pero una locura.
Infidelidades de una cuarentona
Os voy a explicar una historia real que me sucedió hace 4 meses.
Soy una mujer de 40 años. Cuando era joven estaba para mojar pan, aunque bajita, tenía un cuerpo bien torneado con unas tetas generosas. Pero desde que me casé y dirigí mi propio negocio, de eso hace ya 15 años, las tensiones me hicieron engordar bastante. En agosto me sobraban 20 kilos, ahora, 4 meses después, sólo me sobran 10, os diré que dieta seguí.
El mes de julio estuvo lleno de problemas laborales y personales. Trabajo con mi pareja y eso aumenta la tensión diaria. Llegas a casa y siguen las cuestiones laborales. Nunca dejas el trabajo aparte. Eso hace que nuestra relación se vea mermada. En julio hacía 4 meses que no hacíamos el amor. No sé para que seguía tomando anticonceptivos. A pesar de eso somos los mejores amigos del mundo y nos queremos mucho.
Él ha tenido oportunidades para ponerme los cuernos con compañeras de trabajo y además le han hecho proposiciones muy descaradas. Pero es un tío legal y no lo ha hecho y además me lo ha contado. Él se masturba fantaseando con esas relaciones extraconyugales. Y yo me masturbo pensando en un negro de metro ochenta, con cuerpo de atleta y un pene enorme que pueda mantenerlo dentro de mi un día entero. Y sueño que me adelgazo, adelgazo, adelgazo…
El mes de agosto, ya no podía más. Mi marido estaba de viaje y yo cada día que pasaba estaba más caliente: me eran igual hombres que mujeres, hubiera practicado sexo con cualquiera. Me animé, aunque con cierto temor, a consultar las páginas de contactos sexuales de esta página, y vi un anuncio que decía: “…pene negro de 25 cm., 32 años, cuerpo de atleta, puedo estar dentro de ti una hora sin parar…” Me dije: Aquí está la solución a todas mis neuras. Y le llamé. Tenía una voz agradable y sensual, era de Guinea. Se ganaba la vida haciendo de modelo y aprovechaba sus cualidades físicas para hacer felices a las mujeres. Sus honorarios me parecieron bien, 150 € por noche. Quería quedar en su piso pero a mi no me hacía gracia y le dije que mejor en la casa que unos amigos me habían dejado en vacaciones. Mentira, era mi casa. Quedamos a las 22 hs.
Fui a la farmacia y compré dos cajas de preservativos, ¡dos!, Estaba voraz. Fui al Corte Inglés y me compré el conjunto de sujetador y braga más sexi que encontré. Tuve problemas de talla, pues gasto una 115 de sujetador y por lo que se ve las que tenemos las tetas grandes no tenemos derecho a ponernos ropas sexis (tengo unas tetas enormes, un poco caídas pero aún están duras, con una areola rosada y grande, y un pezón que se sale, parece la tetilla de un chupete). El conjunto de lencería era la leche, color rosa palo con encajes, sólo me tapaba el pubis y los pezones. Después llegué a casa, me duché, me depilé todo lo depilable y me embadurné con crema hidratante de jazmín. Estaba nerviosa, caliente y ansiosa por comprobar cómo sería esa primera experiencia sexual fuera de mi matrimonio. Fue explosiva. Os lo explico.
Llegó puntual. Era la hostia, alto, negro, cuerpo imponente, facciones bien perfiladas y unos labios para hacer sufrir de placer. Iba vestido de sport, muy elegante y moderno. La impresión que me dio fue magnífica. Yo estaba muy nerviosa pero el tío sabía como cortar el hielo.
Me preguntó si me gustaría darme un baño en la piscina, la temperatura era excelente. Le acompañé a la caseta de la piscina y delante de mí se desnudó. Imponente. Un cuerpo magnífico. Se quedó con el slip. ¡Vaya paquete!. Era enorme y no estaba excitado. Como yo estoy bastante acomplejada por mi físico, me sentía muy insegura y quería desaparecer. ¡Allí con la luz de la tarde enseñando mis carnes! Había imaginado desnudarme en la habitación a oscuras para que no se vieran mis redondeces. Él lo notó, se acercó por detrás y me acarició el pecho a la vez que me soltaba el sujetador y los besaba. Después, salió al jardín. Me cambié, me puse un bañador oscuro; estaba tan excitada que las tetas no me cabían dentro. Salí y ya estaba estirado en la tumbona. De perfil, debajo del slip se le veía tal promontorio que me estaba empezando a causar un cierto miedo y a la vez me ponía loca de excitación. Me hubiera tirado encima de su verga a devorársela. Me imaginaba como serían sus embestidas para meterme todo aquello adentro. Pero no, me calmé, saqué unos refrescos y empezamos a hablar. Era un tío interesante, culto y agradable.
Después de hablar largo rato me sugirió comer algo. Pedí por teléfono la cena a un buen restaurante de la zona. Cenamos y nos bebimos una botella de cava. Ya estaba totalmente desinhibida, gracias al alcohol. Recogimos los restos de la cena y fuimos a la cocina. Íbamos vestidos todavía, él con el slip, yo con el bañador, y al entrar en la cocina que es un poco estrecha me rozó en la espalda con su paquete, notó como me pasó una corriente por todo el cuerpo y volvió a rozarme otra vez, no pude más me giré y le metí la mano por debajo del slip, aquello estaba duro como una roca, le dijé que quería que me follara por todos los orificios de mi cuerpo y que la quería sentir toda dentro de mí. Me cogió por la cintura y me puso encima de la mesa de la cocina. Era la medida perfecta, mi cara quedaba a la altura de la suya.
Me besó con esos labios enormes y bien formados, con su lengua recorrió todo mi paladar, sentía que me ahogaba con las embestidas de su boca. Sus manos estaban en mi cabeza, empujándola para poder llegar más adentro con su lengua. Me excitó como nunca en la vida lo había hecho nadie. Yo le tocaba su verga, me pareció que debía medir medio metro. Enorme… Nunca había notado la vagina tan lubricada, estaba echando flujo como si fuera un surtidor. Mis tetas ya no cabían dentro del bañador. Me lo bajó y con esos labios maravillosos me las succionó, besó, amasó y pellizcó. Volvió otra vez a la boca, yo le respondía con el mismo entusiasmo, su saliva sabía buena, hacíamos un ruido enorme con nuestras lenguas, nuestra saliva y nuestros jadeos. Con la fuerza bestial que tenía me levantó un poco y me quitó el bañador de cuajo. Y allí quedaba mi sexo al aire, recién depilado y con un magnifico olor a jazmín, chorreando el flujo que la vagina no dejaba de sacar.
Me lo besó, tuve que agarrarme al armario de la cocina, porque estaba convulsiva y me salía, me abrió las piernas, se inclinó y empezó a lamérmelo de arriba abajo, cogió entre sus diente mi clítoris y me dio un pequeño tirón, fue maravilloso (yo nunca he sentido un orgasmo tocándome el clítoris ni con la penetración, sólo los he sentido masturbándome y apretando las piernas con fuerza), nunca había sentido nada parecido. Siguió recorriendo con su lengua todo mi coño, primero los labios mayores, los menores, el clítoris y por fin me metió la lengua, con sus manos me acariciaba el culo y me empujaba más y más hacia su boca. Entró como la fuerza de un rayo, noté toda su lengua en mi vagina, toqueteándola, empujando más y más. Yo, sentía mucho placer y desazón pero seguía sin tener un orgasmo. Él estaba muy excitado y me decía cosas como: vas a pedirme que salga de ti, te la voy a meter por todos sitios, eres una puta maravillosa, nena vas a ser mi zorra…
Me cogió con los brazos, como si fuera un niña pequeña, me sacó de la mesa se bajó un poco y colocó su polla en la boca de mi vagina, cuando sentí su capullo en la vagina me dio miedo, aquello era demasiado grande para mí. Empujó suavemente y noté como me metía la cabeza de esa verga maravillosa que tanto placer me iba a dar, empujó más y yo empecé a sentir un dolor que subía por la columna hasta la cabeza, empujó con suavidad y me la insertó hasta la mitad. Nos besamos como locos, me tiré para detrás con el cuerpo arqueado, su polla embistiendo, sus manos empujaban mi culo hacia delante y me besaba las tetas y me mordía los pezones y empujaba su pene para dentro, más y más adentro, yo daba alaridos del dolor que me producía, ya no cabía nada más, tenía mi vagina llena, ya no cabía nada más y sólo había metido la mitad. Me dijo al oído, que en el agua sería todo más fácil y siguiendo con las caricias, fuimos a la piscina. Cogí la caja de preservativos del recibidor y se los di, me dijo que prefería hacerlo a pelo, que no tenía ninguna enfermedad y que me podía fiar de él. Lo hice.
En las escaleras de la piscina volvió ha hacerme tocar el cielo, su lengua no paraba, la pasaba por todo el cuerpo, me mordía las tetas, el clítoris, penetraba mi vagina y después con su verga mirando la luna, me penetró de una postura extraña, yo apoyada en las escaleras y él tocando el suelo de la piscina, yo bajando y subiendo y aquello parecía que cada vez entraba más adentro y ya no sentía tanto dolor, debía ser por el masaje del agua en la entrada de la vagina. Él subió un peldaño de la escalera y yo bajé uno, casi la tenía adentro, en una de las últimas embestidas sentí sus huevos tocando mis labios mayores y dije: ya es toda mía. Se había cumplido mi fantasía sexual. Una polla enorme dentro de mí. Arriba y abajo, las embestidas cada vez eran más fuertes y empecé a sentir algo diferente, tenía convulsiones y mi piel se veía enrojecida con los focos de la piscina. Estaba sintiendo un orgasmo y él lo notaba y empujaba para dentro y en círculos, mis tetas estaban más grandes que nunca, duras como piedras y el pezón pidiendo guerra, quería que lo mordieran y estrujaran esos labios grandes y maravillosos. Y llegué al orgasmo, casi perdiendo el sentido, por primera vez en mi vida, a los 40 años, con un pene inmenso dentro de mí. Ya no sentía dolor ni complejos.
Él fue maravilloso siguió acariciando mis pechos y mi boca. Salió de mí con la verga todavía recta y pidiendo más guerra. No se había corrido todavía, llevábamos casi una hora y todavía estaba empalmado y sin correrse. Llevó mis manos a ese miembro maravilloso para que le diera placer. Pensé que después del momento que me había hecho pasar se merecía algo más que unas manos. Le dije que mejor fuera de la piscina, en la yerba. Me acompañó y se estiró al lado. Seguí acariciándole el pene con las manos, subía y bajaba y aquel glande me parecía cada vez más apetitoso. Me puse encima de él y coloqué su polla en el surco que dejaban mis tetas. Le hice un masaje arriba y abajo, él estaba que se salía, yo cada vez se la apretaba más, y él gemía y a mi me volvía loca. Incliné la cabeza y le chupé el capullo, chupé sus fluidos y seguí recorriendo su polla con la lengua, todos los surcos, sus testículos, después me la metí en la boca (que es muy pequeña). No me cabía, me ayudé con las manos, y durante unos minutos le hice una mamada celestial, hasta que él ya no pudo más y se corrió por encima de todo mi cuerpo, su semen salía como de una fuente. Me pareció un manjar. Lo seguí lamiendo hasta dejarlo seco. Quedamos exhaustos. Descansamos un rato y nos dimos un baño en la piscina. Era la 1 de la madrugada.
Subimos a la habitación de invitados, nos metimos en la cama totalmente desnudos y abrazados nos quedamos durmiendo. Me desperté al poco rato sintiendo una presión fuerte en mi trasero. Era su polla y sus manos. Estaba empalmado de nuevo y hurgaba el único orificio de mi cuerpo que le quedaba por probar. Eso sí que me daba miedo. Notó que ya estaba despierta y me beso en la nuca, en el cuello y se inclinó sobre mis tetas. Las mordió y otra vez empezó el juego. Me puso cachonda de nuevo, le hice una buena mamada mientras me masturbaba apretando el clítoris con las piernas cruzadas, fue estupendo. Su polla parecía crecer sin parar, la dejé bien llena de saliva para no sentir tanto dolor.
Era la primera vez que me iban a encular. Me puse como una perra en celo, dándole la espalda, con el culo en alto, la cabeza en el cojín y las piernas bien abiertas. No desperdició un minuto, puso su cabeza debajo de mi coño y me lo comió con pasión haciendo mucho ruido, sus manazas masajeaban mis tetas y me las maltrataban, me encantó ese ataque inesperado de violencia. Primero me metió la verga en la vagina, casi de una sólo embestida y empezó a empujar, me levantó la cabeza y de perfil me besó el cuello, la boca, su lengua me dejó empapada, tenía el sabor de mi coño. Tuve otro orgasmo infinito. Me metió un dedo por el ano, sentí dolor, y después llegó su verga como una roca, me embistió, sentí como si mi cuerpo se abriera en canal. Grité. La sacó, la mojó con su saliva y me la volvió a meter. Se agarró a mis tetas y pezones y me llevaba de delante a atrás, parecíamos los vagones de un tren.
Yo estaba enloquecida, él me decía: te la voy a meter hasta la boca, y a mí me gustaba más y más. Pero quería más placer, le hice cambiar de postura pero sin que me la sacara (ya debía estar por la garganta) éramos sólo uno, él me estaba partiendo el culo en dos y yo me masturbaba con las piernas apretadas y me corrí de nuevo. Sacó su polla y dijo que se la mamará, se la limpié con las sábanas y que apropié de élla. Le hice otra mamada sensacional (siempre se me han dado bien), se corrió con tanto ímpetu, que temí que la cama se viniera abajo. Mientras se corría, me dijo: esta sesión de hoy es gratis, la puta has sido tú. Me encantó.
Dormimos hasta las 12 de la mañana. Me propuso que nos viéramos una vez a la semana pero que iba a ser gratis. Le había parecido una excelente compañera de cama (estaba harto de tías frígidas) y habíamos demostrado que podíamos darnos placer mutuo. A estas alturas de noviembre, en 4 meses, hemos debido follar unas 100 veces. Nos damos placer, sin más. Yo soy feliz, no tengo complejos, he adelgazado 10 kilos, y lo más importante no siento remordimientos, sólo busco placer en el sexo. Entendería que mi pareja hiciera lo mismo. Ahora con mi marido follo los sábados o domingos, él dice que estoy cambiada, que se me ve más feliz, pero yo con 2 minutos de sexo ya no tengo bastante. Cada semana espero ver a mi negro y a su polla toda un tarde.
En un próximo relato os explicaré cuál fue su regalo de cumpleaños.
Autora: Cuarentona
Charo
Me llamo Antonio y os voy a contar una de mis experiencias más interesantes que me han sucedido sexualmente hablando. Por aquel entonces yo tenía 20 años y Charo tenía 50. Charo es la madre de Fran, mi mejor amigo. Mide sobre 1,60, está gordita, es morena y tiene unas tetas grandes y un buen culo. Yo iba mucho a su casa y tenía un trato con ella como si fuera mi madre ya que estaba allí muchas veces con Fran, además, es amiga de la familia.
Fran tiene una hermana de nuestra edad más o menos y yo andaba loco con ella, ya que estaba muy cachonda. Uno de los días que fui a su casa Charo me comentó que Fran y Susana, que así se llama la hermana, habían ido a unos recados, que si quería los esperara. Entonces le dije que subía y los esperaba jugando en el ordenador. Subí y lo que hice fue ver fotos porno en el ordenador de Fran. En fin, que pillé un calentón que no podía más. Fui a la habitación de Susana y busqué entre su ropa unas braguitas. Cogí unas negras de encaje y me las llevé. Volví a la habitación de Fran y delante del ordenador saqué la polla y me puse a meneármela a la salud de las chicas de las fotos. Estaba masturbándome, y acariciándome la polla con las braguitas, cuando de pronto se abrió la puerta y apareció Charo.
- Toni quieres tomar algo mientras espe…
Y se quedó muda en la puerta y yo pálido como una roca.
- Chiquillo, como estamos, a las cuatro de la tarde y ya dándole… anda, termina que yo bajo.
Me quedé helado con sus palabras. La verdad es que mi polla ya no estaba para acabar nada. No sabía que hacer, el corazón me latía a mil por hora, me temblaban las piernas, no podía decir palabra… Pasados unos segundos oí ruidos y escuché como Fran subía por las escaleras a toda velocidad.
- ¿Que pasa Toni?… ¡Joder! Vaya cara que tienes tío.- Pasa y cierra la puerta que te cuento. ¿No te dijo nada tu madre?- No, ¿por qué? ¿Qué tenía que decirme? Larga ya, anda… – Nada, que como no estaban subía al ordenata y… ¡que corte tío! Me pilló machacándomela.
Fran empezó a reírse.
- No jodas, ¿y que pasó? – Que iba pasar, nos quedamos cortados los dos. Imagínate me la estaba machacando con las bragas de tu hermana.
Entonces cogió las bragas que estaban a su lado y me preguntó:
- ¿Con las bragas de Susi? Que cabrón eres jodido…- Si tú ríete, pero yo no sé dónde meterme… – Pasa de todo, mi madre es muy liberal y no vio nada que no viera ya…tú olvídalo, como si no pasara nada.
Total que me fui como si no pasara nada pero no pude pegar ojo en varias noches. Yo, que ante Charo era tal formal, el ejemplo que le ponía a Fran y ahora…. A los pocos día fui a ver a Fran y me abrió la puerta su hermana. Le dije que subía y mientras subía rápidamente la escalera le oí decir:
- Cuidado con mancharme las bragas…
Me quedé casi clavado en el sitio, pero de pronto bajeé y le dije:
- ¿Cuidado con que?- Con mis bragas, que ya me contó mi madre que tienes la mano inquieta.
Subí para arriba colorado como un tomate y pensando en lo que tardó Charo en largarle a la hija lo de la paja. ¡Joder con las mujeres! Llegué arriba y le comenté el tema a Fran.
- Si nos lo dijo ayer comiendo. La verdad es que me reí un rato y a mi hermana no le gustó nada que usaras sus bragas.- ¿Y tu madre que dijo?- Que la tenías bonita…Jejejeje.- Anda ya… ¿Dijo eso? – Que si joder, no sé si en serio o en broma. Tú sabrás.
Cuando estábamos en plena charla llegó Charo y nos dijo:
- Fran, déjame hablar un momento con Toni.
Fran se fue y nos dejó a solas.
- Oye Toni, perdona por lo del otro día, yo sé que es normal a vuestra edad, pero me dijo Fran que estabas molesto. A mí no me pareció mal, son cosas vuestras, pero procura ser más discreto. – Yo soy quien lo siento. Perdona que hiciera eso, y cogiera las bragas de Susi, pero yo… no sé que me pasó.
- Venga déjalo ya. Yo lo olvido vale. Justo en ese momento se levantó y me dio un beso en los labios con un ligero roce y se despidió. En ese momento tenía la polla a punto de reventar. Charo que acababa de poner como una moto. Desde ese día empecé a ver a Charo con otros ojos. Tanto es así que siempre le pregunta a Fran cosas de su madre y él un día me dijo, medio en broma, si me gustaba su madre o que. Cada vez que iba a su casa me ponía enfermo y llegaba a mi casa y me mataba a pajas. Me fijaba más en ella que en su hija. Un día estaba viendo la tele con Fran cuando llegó de trabajar. Le pidió a Fran que le bajara unas bolsas del coche y las pusiera en la despensa. Se sentó en el sofá a mi lado y se descalzó los pies. Con solo ver sus piernas desde la rodilla a sus pies enfundados en las medias negra me puse como una moto. Empezó a charlar conmigo:
- Que, como lo llevas. Yo vengo muerta de trabajar, traigo las piernas hechas polvo de estar todo el día de pie.- Tienes que buscarte un masajista que te cuide las piernas…
Ella suelta una carcajada y se rió un buen rato.
- Si, era lo que yo necesitaba, que me trataran como una reina.
No se lo que pasó por mi cabeza pero tomé sus piernas y las llevé encima de las mías. Ella se giró para ponerlas encima de las mías. Yo, con suavidad, empecé a masajear las piernas hasta la rodilla, de arriba abajo, con cuidado, lentamente. Ella tenía los ojos cerrados. Me quedé un poco cortado cuando vi a Fran en la puerta observando. Me hizo gestos de que siguiera y se fue para arriba en silencio. Seguí masajeándole las piernas y empecé a subir por debajo de su falda. Tenía los muslos firmes y muy calientes. Entonces me armé de valor y le dije:
- Vamos a tu habitación y te doy un masaje.- ¡Tú estás loco! Si puedo ser tu madre…- Si, pero no lo eres y yo te deseo.- Estás loco, si nos ve Fran ¿Qué?- Ya nos vio, acaba de subir y no dijo nada. – Estoy loca pero…vamos a mi cuarto.
Yo estaba ya como una moto. Me cogió de la mano y me llevó a su cuarto. Cerró la puerta y allí de pie me besó. Nos estuvimos comiendo la lengua durante un rato pero se separó de mí:
- Esto es de locos, dejémoslo ahora que estamos a tiempo, antes de que sea demasiado tarde… – Charo, yo estoy soltero y tú divorciada, no estamos haciendo daño a nadie.- Si, pero y mis hijos… – Fran ya se lo imagina después de lo que vio y Susana no tiene por que saberlo. Yo te deseo, quiero que seas mía…por favor.
Se acercó a mí y seguimos besándonos. Levanté su falda y le clavé las manos en el culo. Lo tenía grande y firme. Era una gozada sentir el tacto de su piel y de sus bragas por encima. Empezó a desnudarme, enseguida me quitó la camiseta y dejó mi torso al descubierto. Empezó a acariciarme los pezones, y a lamerlos, me estaba poniendo a cien. De pronto sentí un placer increíble cuando me pellizcó los dos pezones a la vez. Le quité la camisa y ante mi aparecieron dos hermosos pechos. Tenía un sujetador negro que los mantenía comprimidos, tan grandes y hermosos.
Después de un ligero movimiento le saqué el cierre y le solté el sujetador dejando sus tetas al aire. Apenas se cayeron, eran grandes pero estaban firmes. Tenían unos pezones grandes y muy morenos. Lentamente empecé a lamerlos y a besarlos, chupándolos como un niño pequeño, no sabía lo que hacer con ellos, los sobaba, lamía… Nos desnudamos y nos tumbamos en la cama. Nos abrazamos y seguimos besándonos, notando como mi polla rozaba con los pelos de su conejo.
Charo se tumbó boca arriba y se abrió de piernas. Las cogí y llevándomelas a los hombros se la metí. tenía el chocho todo mojado, caliente y delicioso. Empecé a follarla lentamente ya que estaba a punto de correrme, pero a los dos o tres minutos ya no pude más y me corrí dentro de ella. Pero seguí metiéndosela pero que no se me aflojaba.
Me tumbé en la cama y le pedí que se pusiera encima. Madre mía que veían mis ojos… Se movía arriba y abajo, cogí sus tetas y le pellizqué los pezones. Ella gemía y se movía cada vez más con los ojos cerrados mordiéndose el labio. Le pedí que me hiciera una cubana, y se inclinó sobre mí, cogió mi polla entre sus tetas y empezó a masajeármela…¡que gusto! En dos o tres meneos ya me había corrido sobre sus tetas. Se acostó a mi lado y me cogió la mano.
- ¿Te gustó como lo hicimos?- Si, Tony, hacía tiempo que no follaba y me gustó mucho…pero es mejor que no se repita. – Bueno, eso ya lo veremos.
Desde ese día Fran y yo ya no nos llevamos como antes. Aunque no decía nada sobre el tema no le gustaba que me follara a su madre, aunque lo respetaba.
Después de nueve meses dejamos de vernos ya que Charo empezó a salir con un señor de su edad y yo hacía ya un par de meses que tonteaba con una niña.
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Autor: Antonio
Sorpresas te da la vida
La historia que paso a relatar comenzó hace dos años y se mantiene en la actualidad. Llevó 20 años de casado con mi mujer a la cual amo profundamente y mantenemos las mismas ganas y actividad sexual que cuando éramos novios.
Durante muchos años ni me imaginé que podría pasar algo con mi suegra, pero todo cambió con el fallecimiento de su esposo. Ella se mudó cerca de nuestra casa y comenzó a frecuentarla para estar entretenida con sus nietos. Tiene 64 años, rubia, ojos celestes, 160, algunos kilos de más y unas tetas y un culo que fueron herencia genética para con su hija.
Un fin de semana hace dos años mi suegra enfermó y mi mujer iba varias veces a la casa para ver como estaba. Mientras estaba leyendo me pidió que fuera a ver como estaba pues ella debía salir a hacer unos trámites que tardarían unas horas. No con muchas ganas, pero si sabiendo que la aprecio fui hasta su casa y entré avisando que había llegado.
Me acerqué hasta su dormitorio y allí esta ella con un camisón de vieja, como digo yo, y le pregunté si necesitaba algo, me dijo que no y me iba cuando me pidió si podía alcanzarle un medicamento del baño. Cuando fui vi colgada en la canilla de la ducha un tanguita hilo dental que sin saber cómo a los segundos estaba frente a mi nariz buscando encontrar los olores de mi suegrita. Me la imaginé con ella puesta absolutamente convencido que se perdería dentro de sus nalgas y noté que estaba con la pija durísima.
Traté de disimular lo mejor posible y me fui a casa. Desde ya mis ratones habían comenzado su trabajo en mi cerebro y a la media hora estaba de vuelta en la casa de mi suegra. Le encontré en la cocina preparándose un té y a trasluz pude ver su pechos sueltos dentro del camisón y como me imaginaba no podía saber si tenía o no bombacha. Se sorprendió al verme, pero actuó con mucha naturalidad. Me pidió si le alcanzaba una taza que estaba un poco alta en la alacena, no le di tiempo a correrse y me apoyé sobre ella haciéndole sentir mi ropa contra su cuerpo.
Para mi sorpresa no se ofendió y terminó de servirse no sin antes ofrecerme una taza que acepté gustoso. La conversación se centró en los chicos, mi mujer, etc. En un momento ella se ruborizó, pues es muy blanca de tez y me dijo si podía preguntarme algo. Le dije que sí, que preguntara sin temores.
– Ayer vi por la imagen del espejo que estabas oliendo mi bombacha- ¿qué pasó?
Le dije que me había sorprendido y que fue una reacción de hombre y que si le había molestado le pedía disculpas. Muy por el contrario me dijo que ella se había sentido halagada y excitada también y que esa noche había hecho lo que no hacía hace años, darse placer ella misma. Le dije que ella era aún joven y hermosa para conseguir pareja, me respondió que no, que eso no lo haría jamás y me comentó que sabía que yo era muy bueno e incansable en la cama porque se lo había contado mi esposa.
Ahora el sonrojado era yo y sin mediar palabra se acercó y me partió la boca de un beso. Le acaricié el cuerpo y saqué su camisón que dejó al descubierto unos pechos enormes con unos pezones inmensos. Comencé a chuparlos hasta dejarlos durísimos, me saqué la ropa, la hice sentar en la cama y le puse mi miembro al alcance de sus labios, comenzándome a dar una mamada inolvidable que culminó con su boca llena de leche. Le devolví el placer retirando su tanguita y chupándole la concha hasta sacarle un orgasmo que la dejó saciada. Me vestí y le dije que me quedaría muy bien depilarse por completo el monte de Venus y me fui.
Cuando llegó mi mujer la comencé a acosar y tuvimos una noche de sexo desenfrenada incitados por su madre. Desde ese momento me ofrecí a ir una vez por día a verla, coincidiendo siempre en el horario que mi mujer se ausentaba un par de horas. Nuestro segundo encuentro fue al día siguiente y cuando llegué la encontré en camisón en la cama, pero esta vez era escotado y transparente. Le conté como me había gustado lo del día anterior y que su hija había recibido toda mi calentura.
Ella sólo me dijo, -cumplí tu deseo- y sin mediar palabra retiró la sábana y me mostró su concha depilada con unos labios carnosos espectaculares… Me abalancé sobre ella y la lamí hasta lubricarla toda. Me saqué la ropa y comencé a cogerla, mientras le chupaba los pezones, mi suegra se retorcía de placer y gemía con locura. Descubrí que, como mi esposa, ella era multi orgásmica y tuvo tres placeres antes de que yo me vaciara por completo en su conchita. Me agaché y lamí mi leche dejándola bien limpia.
A partir de ese momento mis encuentros con mi suegra- amante, pasaron a ser muy seguidos e íbamos incorporando morbo a nuestros encuentros. Fue así que una noche que mi mujer debió viajar por razones de trabajo le dejé un ramo de rosas en su casa diciendo que esa noche sería dedicada a su cola.
Cuando llegué luego de dejar durmiendo a mis hijos, me sorprendió llegar y encontrarla vestida con ropa muy ajustada y sexy. Me dediqué a halagarla y le dije que esa noche sería bien guarra y la llevé de la mano al living. Le levanté la pollera y le rompí la tanga que tenía puesta con mucho vigor. Fui hasta la cocina y traje aceite y me dediqué a lubricar su agujero hasta que podía meter mis dedos con facilidad, demás está decir que eso le provocó un orgasmo que hizo que su concha estallara en jugos.
Me apoyé con suavidad en su botoncito y empecé a penetrarla y después de algún esfuerzo y gritos de mi suegra metí toda mi pija dentro de ella empezando a partirle la cola. Ver esas nalgas me motivaron a darle chirlos y se la dejé muy roja. Le dije que era la mejor de las putas y ella me dijo que nunca la habían penetrado por ahí. Le aclaré que de ahora en más nuestros encuentros sería más seguidos y que su cola iba a ser recompensada por tantos años de abstinencia.
Los encuentros se iban repitiendo hasta que una tarde la llamé diciéndole que iba a ir a visitarla con un amigo. Mi suegra me dijo que tenía vergüenza y yo le dije que se quedara tranquila- Cuando llegamos con mi amigo, no le dimos tiempo a nada y en segundos estaba desnuda frente a nosotros. La puse de rodillas y empezó a ponernos duras la pijas, a continuación la pusimos en cuatro patas en un sillón, mientras mi amigo la cogía alternando su culo y su concha, ella me chupaba la pija.
Íbamos cambiando de posición y nuestro morbo creciendo con frases como, viste que puta es mi suegra, no sabes lo bien que lo hace y que poco que cobra. Todas esas frases la iban encendiendo aún más y la dejamos extenuada con leche en todo su cuerpo.
Hasta aquí mi primer relato, en el próximo les contaré las cosas que le hecho hacer y cómo es la relación ahora, espero que lo hayan disfrutado.
Autor: Enrique
El amuleto
Hola todos. Quiero compartir con Uds. una experiencia personal que sucedió hace un año aproximadamente. Soy un tipo de contextura normal 1,70 de estatura, voy al gym todas las semanas, tengo cabello negro ondulado, ojos café y piel blanca, en lo que a mi respecta, un hombre bien dotado por la naturaleza (me lo han dicho varias mujeres).
Trabajo para una empresa de seguros y en cierta oportunidad mi jefa, una mujer que bordea los 40 con un cuerpo muy bien formado, cabellos largos color castaño, y una mirada a veces fría pero firme; una ejecutiva muy seria y respetada en mi empresa, me informó que debíamos viajar a una ciudad del interior del país a gestionar un seguro para una pequeña compañía.
Leonor, ese es su nombre, me había indicado que nos reuniríamos en el aeropuerto muy temprano por la mañana. Así lo hice, a las 8 a.m. me encontraba esperándola y un poco nervioso, pues era la primera vez que salía fuera de la ciudad con mi jefa a un asunto de trabajo y más aun solos. Me sorprendió verla esa mañana muy sonriente y su carácter distinto al que usualmente tiene en la oficina. Me saludó con un beso en la mejilla y me dijo, con un grado inusual de confianza:
-Espero que este viaje sea muy productivo para los dos.
No me pareció nada raro aquel deseo de ella, así que no le puse mucho asunto en esa frase. Cabe mencionar que en realidad nunca le había puesto mucho interés a mi jefa, me refiero como mujer, ya que en la oficina es muy seria, es gritona y mandona. Pero ese día ella tenía un algo muy especial. Diría que a propósito se desenvolvía muy sensual, algo por cierto inusual en ella.
Al acercarnos al counter de la aerolínea para registrar nuestros tickets, ella pidió que nos ubicaran juntos. Hasta aquí todo normal. Llegó el momento del abordaje y nos dirigimos al avión. Una vez dentro me pidió que le ayudara a abrochar su cinturón de seguridad. Lo cual me dispuse a hacerlo eficientemente, más al momento de acercarme a ella no pude evitar lanzar una mirada a su blusa tipo sastre, con abotonadura que permitía mostrar las líneas redondas de sus pechos. Pude observar un par de tetas magníficas que se sumaban al aroma exquisito de su perfume que embriagaba mis sentidos. Me retiré discretamente a mi asiento pero no pude dejar de pensar en esos trozos de carne suave, sensual y exquisita y esas dos piernas que me imaginaba eran tan suaves como el sonido de su voz.
Llegamos a nuestro destino e inmediatamente nos dirigimos al hotel, que por cierto fue escogido por ella. Ya en la recepción del hotel pidió que nos ubiquen en habitaciones contiguas. Realmente no me pareció nada extraño pues íbamos a realizar un negocio muy importante y la idea era trabajar en equipo para lograr ese negocio a como diera lugar. El día fue muy agotador y finalmente logramos lo que queríamos. Cerramos el negocio y Leonor se puso muy contenta. Tanto fue su satisfacción que me dijo:
-Esta noche tengo ganas de celebrar “mi” triunfo.
Le sugerí ir al hotel y cambiarnos para salir a cenar. Ella inmediatamente asintió pero esta vez me lanzó una mirada extremadamente coqueta que me provocó decirle:
-Estuvo muy bien. La felicito, logró convencerlos. Ella a cambio me contestó:-Es que traje mi amuleto de la suerte, ¡Tú! Su comentario provocó que me ruborizara pero inmediatamente le repuse: -Una mujer bella como Ud. no necesita amuletos. Su capacidad y experiencia son suficientes.
Me miró fijamente a los ojos y sin decir nada me dio un cálido, pero sensual, beso en la mejilla, muy cerca de la comisura de mi boca, y con su mano derecha me acarició la mejilla izquierda. Subimos al taxi y nos dirigimos al hotel. Una vez allí subimos a nuestras habitaciones. Antes de entrar a su habitación me dijo:
- Nos vemos en 20 minutos, o antes y sonrió.
Entré a mi habitación y no transcurrieron 10 minutos y alguien llama a mi puerta. Abro y es mi jefa. Y me pide:
- ¿Me puedes ayudar con algo? – Por supuesto. Que puedo hacer por Ud. – Respondo. – La llave de la ducha parece que no funciona. – Vamos a revisar. Le dije.
En ese momento me di cuenta que ella se encontraba vestida con una salida de baño. Yo me había quedado en mi bóxer y un polo blanco. Una vez en su habitación me dirigí al baño y efectivamente la llave de la ducha estaba atascada. Me dice:
- Agarra con fuerza y gírala.
Se aproxima a mí, se coloca junto a mí y procede a ayudarme, su cuerpo rozaba con el mío. Esto me puso a mil. Mi erección fue inevitable e imposible de ocultar. Mi bóxer no era lo suficientemente elástico como para resistir mi verga a punto de estallar. Como si todo fuera normal, se acerca aun más y se dispone a girar la llave y sus manos sobre las mías, supuestamente ayudándome a abrir la llave. Se metió a la tina de baño y logramos abrir la ducha pero a causa de ello nos mojamos los dos. Se rió a carcajadas por el evento y haciendo un movimiento de su cabellera, hacia atrás, muy sensual dice:
-Ya ves, hiciste que me mojara.
En ese momento me doy cuenta que no llevaba ropa interior pues se le abrió la bata de baño más allá de la entrepierna, dejando ver sus vellos que adornaban su vagina. Entonces la miré fijamente y ella se me lanzó a mi cuello y me besó con fuerza, y me dijo:
-No sabes cuanto esperé este momento. Me has gustado desde que entraste a trabajar a la empresa. He soñado con este momento y hoy quiero que mis sueños se hagan realidad. Hoy quiero que me hagas tuya. Quiero sentirte por todo mi cuerpo.
¡Al sordo le han dicho! No bien terminó de contarme sus intenciones empecé a besarla entrelazando mi lengua con la suya. Hubieran visto, era una lucha despiadada de poder entre nuestras lenguas y labios. Su saliva que humedecía con frescura su lengua y sus labios le daba un sabor a deseo a todo el ambiente que nos rodeaba. Sus labios tenían un sabor a durazno a almíbar y claro a sexo.
Mis manos recorrían ya su cintura, entonces le quité la bata que se encontraba totalmente empapada y Leonor empelotada frente a mí, con sus manos acariciando su trasero, luego sus tetas y finalmente su vagina, me advirtió:
-Todo esto va a ser tuyo, prepárate papito rico.
Inicié un juego delicioso con sus tetas las que, por cierto, eran dos melones suaves de carne blanca y dura que apenas podía rodearlas con mis manos. Sus pezones estaban duros por la excitación del momento y su aliento agitado.
Mi mano empezó a acariciar su entrepierna. Mi dedo buscaba sus labios vaginales, calientes, jugosos, glotones ávidos por ser poseídos. Estaba totalmente dispuesta. No esperó más. Se arrodilló frente a mí y me bajó el bóxer y en sus manos agarró, extendida en toda su expresión, mi verga firme y dispuesta a dar lucha donde sea y por donde sea. Al percatarse del tamaño de mi falo solo atinó a decir:
-Te he imaginado desnudo muchas veces pero nunca pensé que tendrías un aparato tan grande. Creo que es digno de un premio. Hoy quiero que me desvirgues mi culo. Nadie antes me lo ha hecho. Hoy seré una puta para ti.
Acto seguido inició a chupar mi verga. Tenía una lengua deliciosa, en cada embestida que me daba con su boca me hacía gemir de placer. Con su lengua recorría los bordes de la cabeza de mi pene y lo único que me permitía hacer era estremecerme de placer.
La distancia inicial que había entre el subalterno y la jefa se fue al carajo, así es que empecé a tratarla como a la puta arrecha que se encontraba frente a mí devorando mi machete de carne, y le decía:
-Vamos perra, eso es lo que querías. Trágatela toda. Chupa esta verga que tanto has deseado.
El sentimiento de poder que me embargaba en ese momento me excitaba aun más. Recordarán que aun estábamos en la bañera, yo de pie y ella arrodillada propinándome una mamada de sueño. Luego la agarré de su mano y le di la vuelta. Ella pegó su trasero a mi verga y empezó a sobarlo. Le dije:
-Hoy tu culo deja de ser virgen. Vas a probar la verdadera verga de un hombre.
Respondió:
-¿Que esperas papito? Eres mi cabrón. Desvírgame el culo.
La doblé y con mi dedo empecé a masajearle el ano, luego le introduje otro más y uno más. Para ser primeriza lo estaba recibiendo muy bien, me imagino era por lo excitada que estaba. Una vez acondicionado su ano acerqué la cabeza de mi verga a la entrada de su culo y empecé a introducirla lentamente. Al principio me rogó:
-Por favor hazlo despacio no quiero que me lastimes, recuerda que es mi primera vez.
Una vez adentro logramos un ritmo delicioso acompañado de guarradas que tanto yo como ella nos decíamos:
-¿Te gusta mi verga putita?, le preguntaba y ella contestaba -Me encanta sentirte dentro. Vamos cógeme por el culo es todo tuyo papito. Rómpemelo, hazme gritar de placer. Ahhhhhhh! Que rico Siiiiiiiii!! Bombea más fuerte, – ella pedía.
Sentí que galones de semen se agolpaban en mi falo. Ella, sintiendo la inminente erupción del volcán en que se había convertido mi tronco, se desensartó y media vuelta se apoderó con su boca de mi mástil. Lo chupó como desesperada y me hizo venir en su boca.
Se tragó toda mi leche. No dejaba escapar gota alguna. Miraba fijamente a mis ojos y cuando terminó de tragar mis jugos seminales me advirtió:
- Es un buen inicio. Esta noche te saco hasta la última gota de leche. Desde hoy eres mío.
Que decir de lo que me esperaba. Yo estaba agotado de este primer round de sexo. Ella se puso de pie y fue entonces que cuando salía de la bañera recién pude apreciar el calibre de hembra que me había tirado. Una mujer con un cuerpo escultural que había decidido perder su virginidad anal esa noche conmigo.
Este relato no termina aquí por que luego les contaré en donde lo hicimos luego de la habitación del hotel.
Autor: Gman
Sorpresas te da la vida
La historia que paso a relatar comenzó hace dos años y se mantiene en la actualidad. Llevó 20 años de casado con mi mujer a la cual amo profundamente y mantenemos las mismas ganas y actividad sexual que cuando éramos novios.
Durante muchos años ni me imaginé que podría pasar algo con mi suegra, pero todo cambió con el fallecimiento de su esposo. Ella se mudó cerca de nuestra casa y comenzó a frecuentarla para estar entretenida con sus nietos. Tiene 64 años, rubia, ojos celestes, 160, algunos kilos de más y unas tetas y un culo que fueron herencia genética para con su hija.
Un fin de semana hace dos años mi suegra enfermó y mi mujer iba varias veces a la casa para ver como estaba. Mientras estaba leyendo me pidió que fuera a ver como estaba pues ella debía salir a hacer unos trámites que tardarían unas horas. No con muchas ganas, pero si sabiendo que la aprecio fui hasta su casa y entré avisando que había llegado.
Me acerqué hasta su dormitorio y allí esta ella con un camisón de vieja, como digo yo, y le pregunté si necesitaba algo, me dijo que no y me iba cuando me pidió si podía alcanzarle un medicamento del baño. Cuando fui vi colgada en la canilla de la ducha un tanguita hilo dental que sin saber cómo a los segundos estaba frente a mi nariz buscando encontrar los olores de mi suegrita. Me la imaginé con ella puesta absolutamente convencido que se perdería dentro de sus nalgas y noté que estaba con la pija durísima.
Traté de disimular lo mejor posible y me fui a casa. Desde ya mis ratones habían comenzado su trabajo en mi cerebro y a la media hora estaba de vuelta en la casa de mi suegra. Le encontré en la cocina preparándose un té y a trasluz pude ver su pechos sueltos dentro del camisón y como me imaginaba no podía saber si tenía o no bombacha. Se sorprendió al verme, pero actuó con mucha naturalidad. Me pidió si le alcanzaba una taza que estaba un poco alta en la alacena, no le di tiempo a correrse y me apoyé sobre ella haciéndole sentir mi ropa contra su cuerpo.
Para mi sorpresa no se ofendió y terminó de servirse no sin antes ofrecerme una taza que acepté gustoso. La conversación se centró en los chicos, mi mujer, etc. En un momento ella se ruborizó, pues es muy blanca de tez y me dijo si podía preguntarme algo. Le dije que sí, que preguntara sin temores.
– Ayer vi por la imagen del espejo que estabas oliendo mi bombacha- ¿qué pasó?
Le dije que me había sorprendido y que fue una reacción de hombre y que si le había molestado le pedía disculpas. Muy por el contrario me dijo que ella se había sentido halagada y excitada también y que esa noche había hecho lo que no hacía hace años, darse placer ella misma. Le dije que ella era aún joven y hermosa para conseguir pareja, me respondió que no, que eso no lo haría jamás y me comentó que sabía que yo era muy bueno e incansable en la cama porque se lo había contado mi esposa.
Ahora el sonrojado era yo y sin mediar palabra se acercó y me partió la boca de un beso. Le acaricié el cuerpo y saqué su camisón que dejó al descubierto unos pechos enormes con unos pezones inmensos. Comencé a chuparlos hasta dejarlos durísimos, me saqué la ropa, la hice sentar en la cama y le puse mi miembro al alcance de sus labios, comenzándome a dar una mamada inolvidable que culminó con su boca llena de leche. Le devolví el placer retirando su tanguita y chupándole la concha hasta sacarle un orgasmo que la dejó saciada. Me vestí y le dije que me quedaría muy bien depilarse por completo el monte de Venus y me fui.
Cuando llegó mi mujer la comencé a acosar y tuvimos una noche de sexo desenfrenada incitados por su madre. Desde ese momento me ofrecí a ir una vez por día a verla, coincidiendo siempre en el horario que mi mujer se ausentaba un par de horas. Nuestro segundo encuentro fue al día siguiente y cuando llegué la encontré en camisón en la cama, pero esta vez era escotado y transparente. Le conté como me había gustado lo del día anterior y que su hija había recibido toda mi calentura.
Ella sólo me dijo, -cumplí tu deseo- y sin mediar palabra retiró la sábana y me mostró su concha depilada con unos labios carnosos espectaculares… Me abalancé sobre ella y la lamí hasta lubricarla toda. Me saqué la ropa y comencé a cogerla, mientras le chupaba los pezones, mi suegra se retorcía de placer y gemía con locura. Descubrí que, como mi esposa, ella era multi orgásmica y tuvo tres placeres antes de que yo me vaciara por completo en su conchita. Me agaché y lamí mi leche dejándola bien limpia.
A partir de ese momento mis encuentros con mi suegra- amante, pasaron a ser muy seguidos e íbamos incorporando morbo a nuestros encuentros. Fue así que una noche que mi mujer debió viajar por razones de trabajo le dejé un ramo de rosas en su casa diciendo que esa noche sería dedicada a su cola.
Cuando llegué luego de dejar durmiendo a mis hijos, me sorprendió llegar y encontrarla vestida con ropa muy ajustada y sexy. Me dediqué a halagarla y le dije que esa noche sería bien guarra y la llevé de la mano al living. Le levanté la pollera y le rompí la tanga que tenía puesta con mucho vigor. Fui hasta la cocina y traje aceite y me dediqué a lubricar su agujero hasta que podía meter mis dedos con facilidad, demás está decir que eso le provocó un orgasmo que hizo que su concha estallara en jugos.
Me apoyé con suavidad en su botoncito y empecé a penetrarla y después de algún esfuerzo y gritos de mi suegra metí toda mi pija dentro de ella empezando a partirle la cola. Ver esas nalgas me motivaron a darle chirlos y se la dejé muy roja. Le dije que era la mejor de las putas y ella me dijo que nunca la habían penetrado por ahí. Le aclaré que de ahora en más nuestros encuentros sería más seguidos y que su cola iba a ser recompensada por tantos años de abstinencia.
Los encuentros se iban repitiendo hasta que una tarde la llamé diciéndole que iba a ir a visitarla con un amigo. Mi suegra me dijo que tenía vergüenza y yo le dije que se quedara tranquila- Cuando llegamos con mi amigo, no le dimos tiempo a nada y en segundos estaba desnuda frente a nosotros. La puse de rodillas y empezó a ponernos duras la pijas, a continuación la pusimos en cuatro patas en un sillón, mientras mi amigo la cogía alternando su culo y su concha, ella me chupaba la pija.
Íbamos cambiando de posición y nuestro morbo creciendo con frases como, viste que puta es mi suegra, no sabes lo bien que lo hace y que poco que cobra. Todas esas frases la iban encendiendo aún más y la dejamos extenuada con leche en todo su cuerpo.
Hasta aquí mi primer relato, en el próximo les contaré las cosas que le hecho hacer y cómo es la relación ahora, espero que lo hayan disfrutado.
Autor: Enrique
Soy la puta de mi propio hijo
Tengo 46 años y estoy casada, aunque no felizmente, pues hace tiempo que mi marido perdió el interés por mí. Y no es porque sea fea o mi cuerpo no sea atractivo, al contrario, pero mi marido sospecho que prefiere chicas jovencitas, estoy segura, hay secretarias muy monas y jóvenes en su empresa. Me considero bastante atractiva para mi edad, soy rubia, alta, tengo piernas largas, y aunque mis caderas empiezan a estar un poco anchas, mis pechos son bastante grandes, aunque ya no tan firmes como los de una jovencita. Me gusta vestir elegante, con clase, y reconozco que los hombres me siguen mirando interesados.
Pero me aburro, mi marido ya solo me hace el amor de vez en cuando y de manera muy mecánica y rutinaria, y yo necesitaba algo, un cambio, nuevas experiencias. Por eso acepté con gusto, aunque con reparos, lo que me pasó una noche. Tenemos un hijo adolescente. Es muy guapo, un poco más bajo que yo, y hace mucho deporte, así que su cuerpo está muy bien formado, tiene la piel suave y con muy poco pelo. Yo nunca me había fijado en el de otra manera más que para admirarlo como hijo mío, por supuesto, pero qué poco sospechaba que él a mí si me miraba de manera diferente a como un hijo casto miraría a su madre. Después me contaría muchas cosas que relataré en su momento.
Todo empezó una noche. Mi marido no estaba en casa, había salido de la ciudad para una reunión importante y pasaría la noche fuera. Vi la tele con mi hijo, sentados en el sofá, sin ser consciente de cómo miraba de reojo mi cuerpo. Yo llevaba solo un camisón, pues me pensaba ir a la cama en breve, y como digo, no era consciente de cómo mi hijo miraba de reojo mis piernas, mi escote. Dicen que una madre se da cuenta de estas cosas, pero yo era totalmente ignorante de los sentimientos de mi hijo hacia mí. Le di dos besos como siempre y me fui a acostar. Debería haberme dado cuenta del tremendo bulto que asomaba bajo su pantalón, pero no lo hice.
Me desperté de golpe. La habitación estaba oscura, no sabía qué hora era, pero algo me había despertado. Entonces noté una presencia en la habitación y una mano acariciándome el culo. Hacía calor y no me había tapado con las sábanas y mi camisón se había subido mostrando mi culo y mis bragas metidas un poco dentro de la raja. Me quedé inmóvil, casi sin respirar, era mi hijo, mi propio hijo estaba acariciándome el culo, no me lo podía creer. Reaccioné y me di la vuelta escandalizada, dispuesta a gritarle, y le vi de rodillas en la cama, junto a mí, completamente desnudo y con su polla en la mano. No sé qué me pasó, no le grité ni le dije nada, me quedé contemplando su cuerpo con una mezcla de sensaciones. Él se tumbó junto a mí y acercó su cara a la mía. Su mano empezó a acariciar mis pechos. No, hijo, por favor, no hagas esto, le dije angustiada. Te deseo, mamá. Vete ahora mismo y olvidaré lo que ha pasado, haremos como si no hubiera pasado nada. Pero mi voz no sonaba tan autoritaria como debería y él lo notó y se aprovechó de eso.
Cogió mi mano y la apoyó en su polla. Esto no está bien, hijo mío, soy tu madre, casi le supliqué, aquello era horrible, no podíamos hacer eso, pero inconcebiblemente mantuve la mano sobre su polla. Era muy grande, suave y estaba caliente. Se arrimó y sus labios rozaron los míos. Hace mucho que me masturbo pensando en ti, y su lengua empezó a lamer mis labios; sin saber lo que hacía abrí la boca para dejar pasar su lengua y me besó con lujuria. Sus manos tocaban todo mi cuerpo, mis pechos, mi raja. Mi mano seguía apretando su polla, dura y tiesa y enorme.
Chúpamela, me susurró, sé que lo estás deseando. Le dije que no podía hacer eso, que esto estaba yendo demasiado lejos, pero él insistía, y yo cada vez tenía menos fuerzas para resistirme. Aquella situación superaba cualquier fantasía que hubiera tenido en los últimos tiempos. Mi cabeza era un caos de sensaciones y sentimientos: por un lado era mi propio hijo quien estaba desnudo en mi cama, acariciando mi cuerpo, era incesto, era un pecado, pero por otro lado su cuerpo era maravilloso y yo estaba muy excitada. Sin pensarlo más me dejé guiar por sus manos y apoyé mi boca en su miembro, la abrí, y empecé a chuparlo.
Mi hijo estaba excitadísimo, y me contó cómo me deseaba desde hacía mucho tiempo, cómo me miraba de reojo el cuerpo en casa a todas horas, cómo se encerraba en su habitación o en el baño para masturbarse pensando en mí, cómo me espiaba a escondidas para verme desnuda cuando me cambiaba de ropa o me duchaba, cómo me había cogido ropa interior que guardaba en su habitación para masturbarse con ella, medias y bragas. Me decía todo esto cada vez más excitado, y a mí empezó a excitarme también y cuando sus dedos se introdujeron en mi coño y me masturbaron dejó de importarme y preocuparme todo, solo quería sentir placer. Me corrí en sus dedos, ahogando gemidos de placer al tener su polla en mi boca.
¿Te gusta, puta? me sorprendió mucho que me llamara de esa manera, pero lo achaqué a la excitación. ¡Me voy a correr, me corro, trágatelo todo, puta! Y me soltó su leche, caliente, espesa, un río entero me llenó la boca. Cuando pararon sus convulsiones me limpié un poco la boca y me tumbé a su lado. Tienes una boca increíble, mamá. Lo que hemos hecho hoy no podemos repetirlo nunca más, será nuestro pequeño secreto, y haremos como si no hubiera pasado nada, ¿de acuerdo cariño? Reconoce que te ha gustado mi polla. Sí, pero… Te ha gustado mi leche, ¿verdad, puta? ¡No puedes llamarme así, soy tu madre! A partir de ahora serás algo más que mi madre, y se levantó para irse. Te espero mañana por la noche en mi habitación, y se fue.
Me quedé toda la noche despierta, dándole vueltas a lo que había pasado, llena de sentimientos contrapuestos de culpa y satisfacción; además siempre había considerado a mi hijo dulce y amable, pero ahora me daba cuenta que con una mujer era dominante y duro; claro, que hasta ahora nunca había pensado en mi hijo follando con una mujer; me había presentado a alguna novia suya, pero no había pensado en cómo follaría. Su rudeza me excitó.
Al día siguiente nos comportamos normalmente, él se fue pronto y nos vimos poco. Vino mi marido. Por la noche nos acostamos como siempre. Estaba muy angustiada, no sabía qué hacer. Cuando oí que mi marido dormía, no resistí más, me levanté sin hacer ruido y fui a la habitación de mi hijo. Entré, cerré la puerta y me metí en su cama. Sabía que vendrías, mamá, como una puta en busca de rabo. Nos abrazamos y nos besamos, mientras sus manos tocaban con avidez todo mi cuerpo. Me metió los dedos en el coño para mojármelo y preparármelo, se agachó y continuó con su lengua. Lo hacía de maravilla, me pregunté dónde habría aprendido a satisfacer a una mujer de esa manera, siendo tan joven. Cuando decidió que era suficiente, se tumbó encima de mí y de un solo golpe me la clavó. Ahogué un grito de placer, y me dejé follar por mi hijo.
Me folló con fuerza, casi con violencia, como hacía años que nadie me follaba. La cama crujía, y me asusté de que el ruido y nuestros jadeos pudieran despertar a su padre, pero ya nada podía detenerme, estaba fuera de mí, loca de excitación, oyendo cómo mi hijo me llamaba puta y me preguntaba si me gustaba, y que se lo dijera, y que le dijera que me follara, alto, más alto. Al final, entre jadeos incontrolados y convulsiones se corrió dentro de mí, llenando mi coño con su semen. Era el mejor polvo que me habían echado en años. Se tumbó a mi lado sudando y jadeando, me apretó con fuerza un pecho y me dijo: A partir de ahora vas a ser mi puta, ¿me oyes? Sí…sí… yo estaba demasiado satisfecha y excitada para negarme a lo que él quería. A partir de hoy vas a estar en casa siempre sin ropa interior para que pueda meterte mano y follarte siempre que quiera.
Y papá no sabrá nunca nada de esto, serás su mujer y mi puta. Yo asentía, loca de excitación, sin darme cuenta ni pensar en las consecuencias de esta situación. Tengo muchos planes para ti, ¿sabes? Tengo amigos que están deseando follarte ¿Qué? ¿Tus amigos?, pregunté escandalizada. Sí, los voy a traer a casa para que te follen. Y ya hablaremos de la tía, sé lo que hacías con ella y estoy deseando follaros a las dos juntas. Ese era mi gran secreto, y lo sabía, sabía que en un par de ocasiones me había tocado y acariciado con su tía, nos debió ver a escondidas alguna de esas veces.
Vio mi cara de horror ante todo lo que me decía, y eso le excitó más si cabe, se arrimó y me besó en la boca. Al final me levanté para volver a mi habitación; él se levantó y se acercó; me agarró el culo con fuerza y me susurró: Recuerda, ahora eres mi puta. Volví a mi habitación, a mi cama, donde mi marido seguía durmiendo y me acosté horrorizada, escandalizada, y excitada.
Desde el día en que me metí en la cama de mi hijo y me folló salvajemente, todo cambió. Me dejó claro que había decidido convertirme en su puta particular, y yo me sentía tan subyugada por él que no pude negarme, accedí a todos sus caprichos. Dejé de llevar ropa interior en casa. Y vestía con faldas muy cortas, camisas un poco abiertas o camisetas de tirantes, o batas que pudiera desabrochar rápido. Y él, desde aquel día, disfrutaba metiéndome mano y follándome siempre que le apetecía. Andaba todo el día excitadísima, imaginando y deseando sentir sus manos en mi cuerpo. Me paraba en el pasillo y me pegaba a la pared, me abría la camisa y me sacaba las tetas, me las sobaba y lamía, me metía la mano bajo la falda y me masturbaba el coño hasta que me corría, dándome luego a chupar los dedos empapados de mis propios fluidos.
Estaba empezando a disfrutar comportándome como una puta. Aprovechaba cualquier ocasión para acercarse por detrás, apretarme las tetas o levantarme la falda para sobarme o follarme. Y le excitaba el riesgo, lo hacía estando su padre en casa, siempre con el miedo de que pudieras descubrirnos. A mí me aterraba la situación, pero no podía resistirme a mi hijo, a su polla, y al dominio total que ejercía sobre mí. Como digo, cuando su padre estaba en casa lo hacía con disimulo, pero lo hacía.
Una tarde después de comer entré en la cocina para fregar los platos, dejando a mi marido en el salón viendo la tele. Al poco entró mi hijo, cerró la puerta, me echó de bruces sobre la mesa, me levantó la falda y me folló el coño. Su padre podría haber entrado en cualquier momento y no quiero ni pensar lo que habría podido pasar, pero ninguno de los dos podía parar, la excitación y el morbo eran demasiado grandes.
Cuando mi marido no estaba en casa y nos encontrábamos los dos solos, ya no era necesario disimular. Entonces, muchas veces me pedía que estuviera totalmente desnuda, haciendo las cosas de la casa, mientras él veía la tele o cualquier otra cosa, y se deleitaba con mi cuerpo desnudo. Yo le veía en el sofá, acariciándose su maravillosa polla mientras yo caminaba descalza por la casa y hacía las tareas del hogar completamente desnuda, esperando el momento en que a él le apeteciera acercarse para sobarme o follarme. Solo cuando oíamos que llegaba su padre me dejaba ir a ponerme algo de ropa. Pero nunca demasiado, lo justo para estar vestida, y por supuesto sin ropa interior. Mi marido no sospechaba nada, si me notaba nerviosa nunca me dijo nada, y si se dio cuenta de que vestía más provocativa de lo normal debió pensar que lo hacía por él, para intentar atraerle.
Un día estaba en mi despacho trabajando, cuando se abrió la puerta y apareció mi hijo. Me quedé helada. Él había ido varias veces a mi oficina, y los empleados le conocían y les gustaba mucho, le veían como un chico muy simpático y divertido, y le hacían pasar a mi despacho sin ningún problema, sabiendo que tendría algún problema del colegio que consultarme, cosas de niños. Pero esa vez sabía que era diferente. Cerró la puerta y se acercó a mí. Su mirada lo decía todo. En sus ojos había deseo y lujuria.
Me levantó de la silla y me apoyó en la mesa. Me besó y me acarició los pechos. Le dije que si se había vuelto loco, que no podía hacer eso allí, que cualquier empleado podía entrar en cualquier momento, y las consecuencias serían horribles. Me ordenó que me callara y para demostrarme quién mandaba allí y para ponerme más nerviosa todavía, me desabrochó la camisa y me sacó las tetas fuera del sujetador con violencia. Me dio la vuelta, me levantó la falda y me bajó las bragas.
Apoyé las manos en la mesa, angustiada como nunca lo había estado en la vida, con una mezcla de terror y de lujuria, cuando su polla empezó a introducirse en mi coño. Aguanté como pude sin gemir ni gritar, evitando todo ruido sospechoso que pudiera oírse fuera y me dejé follar por mi hijo. Cuando terminó me dijo que le diera las bragas y se limpió la polla con ellas, luego me dijo que me las pusiera, pero que era la última vez que salía a la calle con ropa interior, a menos que él me diera permiso. Salió del despacho sonriendo como si tal cosa, despidiéndose muy amable de todos los empleados.
Me arreglé la ropa rápidamente y me senté para tranquilizarme, sintiendo las bragas mojadas de su semen. Había llegado a aceptar que me tratara como a una puta en nuestra propia casa, pero ahora me daba cuenta que quería dominarme totalmente en todos los aspectos de mi vida. Según pensaba esto me invadieron escalofríos, y no supe distinguir si eran de pánico o de excitación.
Esa noche volví a ir a su habitación. Me desnudé al entrar y me metí en su cama. Me besó, me acarició, me lamió. Lo hacía de maravilla. Y le pedí que me hiciera algo que hacía muchísimo que no me hacían, pues a mi marido no le gusta. Él supo en seguida a lo que me refería. –Quieres que te folle el culo, ¿verdad, mamá? Le dije que lo deseaba. –Pues voy a darte ese placer, puta, ponte a cuatro patas.
Me puse como me dijo, se colocó de rodillas detrás de mí, me dio sus dedos a chupar y me los metió en el culo para dilatármelo. Me metió con fuerza dos dedos y los movió dentro de mí. Ahogué un gemido cuando los introdujo dentro de mí. No me lo podía creer, mi hijo me estaba hurgando el culo y en unos momentos me lo iba a follar; aunque ya empezaba a acostumbrarme a que fuera mi hijo el que me diera tanto placer. Sacó los dedos y me los metió en la boca. -¡Chúpalos, puta, saborea tu propio culo! Se los lamí con placer. El se agachó y me metió la lengua.
Nunca me lo habían hecho, y fue increíble. Ya no pude controlarme más y empecé a gemir y jadear. Me lamía por dentro, era una sensación fantástica, pero no duró eternamente, me la sacó y me dio un azote muy fuerte en las nalgas; ahogué como pude un grito. Luego me dio otro, y otro, y otro más. Estaba a punto de decirle que por favor lo dejara ya, que me dolía mucho, cuando noté algo grande y duro en la entrada de mi ano. Empezó a presionar y me puse muy nerviosa, tenía el culo bastante cerrado y sabía que me iba a doler mucho. Su polla se fue introduciendo poco a poco.
Me preguntó si me dolía, le dije que sí, y entonces dio un golpe muy fuerte y me la metió entera. Di un grito espantoso. El dolor había sido terrible. Le dije que parara, que lo dejara, que me dolía mucho y que no quería seguir, pero era como si todo eso le excitara todavía más. Me insultó, me llamó cosas horribles, y empezó a meter y sacar su polla, follándome de forma salvaje. Mi grito me había asustado mucho, era probable que hubiera despertado a mi marido, pero ya no podíamos parar, no me importaba nada, solo quería seguir sintiendo esa polla rompiéndome el culo.
El dolor seguía siendo inmenso, pero ahora el placer se añadía a esa sensación, y yo jadeaba y gemía sin control, mientras mi hijo me follaba y me llamaba puta, zorra, perra, y mil cosas más. Volvió a azotarme el culo, con fuerza. –Te gusta, ¿eh, puta? ¿Te gusta cómo te reviento el culo? Te gusta que te azoten, ¿eh, hija de puta? Papá no te folla así, ¿eh? Estaba como loca, le decía que siguiera, que me diera más, que me reventara, que su padre no me follaba así, y que era su puta. Al final se corrió jadeando sin control, llenándome el culo con su semen. Se levantó y cogió mi camisón, que había dejado en el suelo al entrar, y se limpió con él; luego lo mojó en el semen que goteaba de mi culo, y me dijo que me lo pusiera.
Si mi marido me preguntaba porqué estaba mojado, tendría que inventar algo. Antes de irme, me dijo que como al día siguiente su padre se iba a otro de sus viajes de negocios, quería que llamara a la tía, y que viniera a casa, que quería follarnos a las dos juntas. Le dije que estaba loco, que no podía hacer eso, pero me dio una bofetada y me dijo que me callara, que nos había visto tocándonos y besándonos, y que se había excitado muchísimo viéndonos, y ahora nos quería a las dos en la misma cama. Lo que no podía reconocerle tan rápido, era que la idea me excitaba, así que le prometí que la llamaría al día siguiente.
Autor: Galufo

