Una tarde de agosto

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Publicado por admin el 29 de 02 de 2008

Laura de pronto se montó encima de mí introduciéndose mi pene mientras Cristina le besaba los pechos para después bajar hasta sus ingles y le besaba el clítoris, pasaba su lengua por los pliegues de sus labios mientras rozaba el tronco de mi pene con su lengua

Fue una tarde del mes de agosto, el calor apretaba como nunca debido a la humedad ambiental, era casi insoportable, pero para ese problema siempre están esas terracitas de verano, con una clarita fresca a la sombra.

Con una agradable charla y una mejor compañía nos parecía estar con unas amigas charlando entre bromas y comentarios más o menos serios sobre la vida y el trabajo veraniego pasaba la tarde… Sin darnos cuenta y casi de repente se hizo la hora de cenar y propusimos irnos a buscar algún agradable sitio para cenar todos juntos, pero como siempre uno u otro no podían por cosas personales (excusas como siempre), por lo que nos quedamos como siempre nosotros dos y “Cristina” una amiga preciosa y muy simpática, la cual propuso irnos a cenar los tres y así seguir con la charla tan amena que llevábamos.

Encontramos un restaurante muy acogedor después de mucho rato andando (ya dábamos la cena por perdida) yo entré a preguntar si cabía la posibilidad de que nos dieran de cenar y me contestaron afirmativamente “estupendo dije yo, ya que llevaba un hambre atroz y la boca seca de tanto reír” al entrar vimos que era un restaurante muy de época los camareros y camareras iban vestido con atuendos relacionados con el restaurante y nos pareció un local muy, muy… ¿cómo decirlo? ¿Romántico? ¿Erótico?

Bueno el caso es que podíamos comer por fin, cada uno pidió lo que más le gustaba y como no, todo aquello bañado con un estupendo cava que nos trajeron gracias a que lo pidió mi mujer “Laura” si yo quisiera contar con exactitud como fue esa cena me quedaría corto ya que jamás había sentido tanto morbo y tanto placer sin ser tocado ni un centímetro, tan solo por las miradas que se dedicaban Laura y Cristina y que luego me repartían a mí también bajo esas sonrisas pícaras y gestos sensuales (creía estar en el paraíso). Pero pronto pasamos a los postres y yo tímidamente les pregunté a ellas dos antes de que viniera la camarera a pedir los postres.

-¿qué os gustaría comer de postre? Y Laura me contestó lo que a mí me apetece no está en la carta y Cristina se echó a reír, yo con cara de tonto pregunte ¿y qué es?…

-a ti, y sus risas se juntaron con las mías y con las de Cristina, volví a preguntar, pero esta vez a nuestra amiga Cristina y me contestó lo mismo -a ti también -yo, no sabía que decir, me quedé cortado y cuando vino la camarera ya no supe que decir y ellas pidieron un postre suave, dulce y acompañado de una crema casi espesa, pero deliciosa

El ambiente se estaba caldeando y cuando Laura comió el último bocado de su plato se le quedó un poco de crema en la comisura de los labios fue cuando le dije, cariño límpiate que te queda un poquito de crema en los labios en ese momento yo me volví prácticamente autista al ver que Cristina le quitaba la servilleta a Laura y le decía este postre no se puede echar a perder y se lo limpió con su propia lengua suavemente pasándosela por la comisura de los labios terminando por introducirle la lengua tímidamente en la boca de mi mujer para que se comiera ese plato exquisito.
Mi mujer para dejarme todavía más patidifuso le agradeció el acto con un beso en sus labios. Ahí quedó todo en el restaurante, nos pedimos los cafés y nos fuimos a dar una vuelta. Yo, que soy muy de la broma al rato de estar en el paseo les pedí que me dejaran cogerlas de la cintura a las dos a la vez para ver que se sentía al ir cogido de dos magníficas bellezas me dieron ese permiso que tanto deseaba, así anduvimos un rato entre bromas y risas (yo ya iba un pelín mal en el tema calorcillo), normal con el roce de esas dos preciosidades como iba a ir.

Paramos por unos helados de esos tan grandes que venden en esta época por las costas españolas, el mío era de chocolate, el de Laura de menta y el de Cristina de melón, menuda macedonia. Por cierto no he contado como Iván vestidas, Laura llevaba una minifalda tejana un top de la misma tela y unas botas camperas preciosas. Cristina se puso una minifalda de color turquesa y una blusita transparente que dejaba ver casi sus preciosos pechos y unos zapatos de aguja finísimos. Yo con mi indumentaria normal que para que comentarla no tiene interés después de ver como lucían ellas, esos cuerpos que levantaban pasiones por donde fuéramos, pero yo por ese día era el rey del mundo, las tenía a las dos conmigo y era la envidia de todos los hombres de este planeta.

Fuimos a un local de cócteles muy bonito y a su vez muy oscuro (como casi todos los de ese tipo), cada uno pidió un cóctel, pero todos probamos el de el otro para comparar (que feo está eso ¿no?), a medio cóctel me di cuenta que empezábamos a desvariar con los comentarios, quizás por el efecto del cóctel o por el roce de antes o por el local en si que incitaba a ello. En ese preciso instante Laura le pregunto a Cristina que le parecería besarme a mí delante de ella, si le daría vergüenza. A lo que ella respondió que si a ella no le importaba le parecía perfecto y así lo hizo, me besó en la boca delante de la atenta mirada de Laura mi mujer y me introdujo la lengua de tal manera que parecía un filete vivo, de reojo me di cuenta de que en ese preciso instante mi mujer acariciaba los muslos ya al descubiertos de Cristina a lo que ella en vez de quejarse dejó entreabrir sus piernas para que ella pudiera acceder mucho más adentro de sus muslos , mi mujer se echó a reír y nos dijo: ¡que cochinota no lleva bragas! ¡Como yo!

En ese momento se sentaron a ambos lados de mí y me empezaron a besar el cuello y de vez en cuando se rozaban sus labios, yo aproveché que había poca gente y mucha oscuridad para acariciarles los muslos y comprobar si era cierto lo de las bragas.

-¿Cierto?

Certísimo ya que descubrí que con mis dedos podía acceder a sus calentitas entrepiernas ya en ese momento muy mojadas y se me ocurrió darle a probar a mi mujer los juguitos de Cristina y viceversa a través de mis dedos, para mi sorpresa en vez de rechazarlos cada una se dedicó a besar y saborear mis dedos impregnados de jugos de la otra y a su vez besarse delante de mi cara, ¡fue descomunal!

Decidimos en aquel mismo instante no alargar más la espera y tomar la última copa en casa, nos subimos al coche y nos sentamos, yo conduciendo, Laura se sentó detrás de mí y a su lado se sentó Cristina y arrancamos hacia la última copa, debido a su posición detrás de mí, por el retrovisor interior podía ver a mi antojo todo lo que ocurría detrás de mí, esos suaves muslos de mis dos acompañantes de viaje que gracias a sus vestimentas dejaban entrever lo más maravilloso jamás visto por mis ojos (dos preciosas mujeres excitadas por la ocasión). Entre risas miradas y alguna que otra caricia hacia mí se dedicaban a acariciarse y a darse suaves besos en el cuello entre ellas, yo sabía que no debía mirar, nuestra seguridad iba en juego ya que perdía el control de la carretera, pero… como entender que me era imposible no mirar en el momento que Cristina le desabrochaba la blusa a Laura para acariciarle los pechos en los cuales se le podían ver los pezones erguidos de la excitación.

Por suerte llegamos pronto a casa vivimos cerca de donde estábamos, nuestra casa parecía de película ya que ese día había dejado encendidas las luces del jardín y las antorchas de fuego que junto con la noche oscura y sin luna le daban un toque tropical perfecto para el momento. Laura ya dentro de casa invitó a Cristina a ponerse cómoda ya que ella iba a hacer lo mismo y entró en nuestra habitación, mientras tanto Cristina buscaba entre los Cd de música algo que le gustara, yo me decidí a poner algo de beber porque para eso habíamos venido a casa. Y saqué una botella de cava de aquel que tanto le gusta a mi mujer, me senté a lado de Cristina para esperar a que saliera mi mujer para tomarnos una copa de cava para celebrar nuestra amistad cuando de pronto la vimos salir de la habitación con un extremísimo tanguita negro transparente y un corpiño ajustadito a ese maravilloso cuerpo que tiene, (como decir que a mi el pantalón se me hizo estrecho en ese momento).

Cristina asombrada le dijo que estaba preciosa, se levantó del sofá, la besó en los labios y pidió permiso para acicalarse un poco, a lo que Laura le contestó: si puedes, encima de mí cama tienes una cosa cómoda para ponerte y sonrió… Yo, en el sofá, no podía ni levantarme de la presión que tenía en mi entrepierna, pero tuve que hacerlo para poder acercarme a mi mujer, acariciarla, besarla, morderle el cuello, y decirle… (¡Eres increíble!), entre besos y caricias oímos la puerta de la habitación como se abría y salió Cristina con un tanga rojo entremetido en su carnosa rajita, un sujetador a juego y unos zapatos de tacón de aguja.

Cuando nos vio juntos y abrazados no tardó en acercarse para decirnos… ¿me esperabais? , a lo que Laura le dijo si, nos dimos un gran abrazo los tres, yo notaba los pechos de las dos rozar en el mío y veía como chocaban entre ellas dos sus pechos y sus pezones ya en punta, me aparté para servir unas copas de cava y me senté en el sofá a contemplar a esas dos bellas mujeres jugar delante de mí. Cristina empezó besando a Laura en la boca sin dejar de acariciar su cuerpo con una sensualidad tremenda, Laura con la cabeza echada hacia atrás parecía desfallecer ante los besos y caricias de Cristina la cual le besaba el cuello por todos sus rincones. Laura se dedicó a desabrochar lentamente el sujetador de Cristina dejando sus pechos al aire libre y a su disposición para dedicarse a besarlos lentamente y a deleitarse con el sabor de sus pezones.

Siguieron así durante un rato, rato en el que yo perdí mis papeles, toda mi hombría por momentos desfalleció convirtiéndome en un niño que ve su sueño tras un cristal, la visión de aquellos cuerpos tocándose, besándose , dándose placer me volvía loco. Ellas en ese instante me miraron, sonrieron y se acercaron a mí, el corazón ya no me cabía en el pecho, al igual que mi miembro no cabía en el pantalón. Se sentaron una a cada lado, me dejaron en medio y me empezaron a acariciar, mi excitación aumentaba por segundos. Notaba su aliento, me rozaban sus pechos, su pelo, sus muslos no pude más y abracé a Laura para comerle la boca. ¡Ya no podía más! Mientras tanto noté que Cristina me acariciaba los muslos e iba subiendo lentamente hacia arriba hasta llegar a mi entrepierna notando mi abultamiento notable.

Yo en ese momento estaba besándole los pechos a mi mujer comiéndome sus calientes pezones y abrazando a Cristina con mi mano libre por todo el cuello, noté que ella desabrochaba mi cremallera suave, pero firmemente dejando salir mi pene, (diría yo caliente), pero no, estaba ardiendo ante esa situación, lo acarició desde su punta hasta el escroto acariciando mis testículos muy cariñosamente, Laura me miró fijamente y me dijo… ”¿Te gusta? “Me volvéis loco le contesteé y me comió la boca como nunca antes pensé que se pudiera comer una boca humana, me mordía los labios, me chupaba la lengua, me impregnaba con su sabrosa saliva… (si el paraíso existía yo estaba en él).

Laura cogió de la cabeza a Cristina suavemente y la empujó con suavidad hacia abajo, en dirección a mi pene, Cristina en ningún momento puso reparo ya que noté como mi caliente pene entraba lentamente en su boca y se mezclaba con su saliva, era acariciada por su lengua… Mi pene ya no podía crecer más. Era imposible. Laura empezó a bajar también hacia esa dirección y allí fue donde se juntaron las dos bocas, se intercambiaban los besos, mi pene, sus lenguas. ¡Dios existía para mí desde ese momento! Así estuvieron un rato dándome un placer antes desconocido para mí, cuando Laura de pronto se montó encima de mí introduciéndose mi pene mientras Cristina le besaba los pechos para después bajar hasta sus ingles y con una suavidad extrema le besaba el clítoris, pasaba su lengua por los pliegues de sus labios mientras rozaba el tronco de mi pene con su lengua. Laura bombeaba cada vez con más fuerza se estaba volviendo loca por el placer, Cristina aprovechó el momento para subirse de pie al sofá poniéndome su vagina a dos centímetros de mi boca y me preguntó: ¿te apetece comértelo?

La agarré de sus glúteos firmemente empujándola hacia mi hasta que chocó su vagina con mis labios y si, me lo comí, me lo comí de una manera tal que parecía que no había probado bocado en un mes, no dejé ni un pliegue de su entrada seca, recorrí todos y cada uno de sus centímetros con mi lengua mientras le acariciaba los glúteos buscando la entrada de su ano. Lo encontré y lo acaricié suavemente (habiéndome impregnado un dedo previamente en saliva), mis caricias eran en círculo presionando suavemente su ano y comiéndole su clítoris cada vez con más fuerza notaba sus flujos vaginales en la boca me encantaba esa sensación mientras Laura me montaba como una loca. A Cristina pareció gustarle, ya que en una de mis presiones que le dedicaba a su ano eyaculó en mi boca de una manera tan exagerada que parecía llover, no iba a ser su única vez esa noche.

Fue en ese momento cuando Laura nos cogió de la mano y nos llevó a nuestra habitación, me tumbó en la cama boca a arriba, se sentó encima de mi cara y le ofreció mi pene a Cristina para su placer, ella lo aceptó y se sentó encima de mí penetrándose mi pene hasta las entrañas, aprovecharon que estaban frente a frente para besarse, comerse las bocas darse placer entre ellas y como no, dándomelo a mí también. Al rato yo ya no podía más, estaba a punto de reventar tanto placer me estaba volviendo loco y les pedí un momento de respiro, me senté en un lado de la cama para coger aire y al girarme sorpresa la mía cuando las vi en pleno 69, eso si que era una vista maravillosa, se comían sus coñitos con una delicadeza solo comparable con el nacimiento de un flor, jamás vi darse tanto placer a nadie, me quedé aparte, no quería romper eso de ninguna manera y me dediqué a mirar y a disfrutar de lo que veía.

Al rato de estar así vi que Laura empezaba a tener unas convulsiones extrañas hacía unos movimientos raros y pensé… que puede ser, pero me tranquilicé cuando me fijé que Cristina hacía lo mismo, sentían tanto placer, disfrutaban tanto con eso, que llegaron mutuamente al éxtasis para reventar en mutuas eyaculaciones acompañadas por unos gemidos que nada podía callarlos y reventaron de placer. Cuando reaccionaron me miraron me vieron en mi rincón de la cama como aturdido, yo jamás había experimentado nada igual, y volvieron por mí, me empezaron a besar, a cogerme el pene, a succionármelo (porque eso que me hacían no tenía otro nombre), a masajéame la bolsa de los testículos con las lenguas, yo ya no podía más iba a reventar tenía en mis testículos tanta acumulación de esperma que tenía que salir como fuera o me reventarían.

Mi mujer que me conoce bien vio que no podía más y me dijo voy a acabar de cumplir tu sueño y se tumbaron las dos boca arriba para ser mi blanco… ¿mi blanco digo? ¡Acerté! Ya no pude más y eyaculé con una explosión tan grande que hubiera preñado a media África. Cuando conseguí abrir mis ojos después de temblar durante unos segundos las vi a ellas recubiertas de esperma desde los pechos hasta la frente, de pronto se empezaron a besar y a lamer entre ellas como si fuera sirope de chocolate, dejándose completamente limpias. Nos besamos los tres, nos duchamos, tomamos nuestra copita de cava que habíamos venido a tomar, y finalmente llevé a Cristina a su casa dejándola allí, dándonos dos besos como siempre y hasta mañana nos dijimos.

Fue algo loco, algo fuera de lo normal, rompimos la monotonía, algo maravilloso. No creo que nunca más se vuelva a repetir, no lo se, mi mujer y yo rompimos la monotonía, seguimos queriéndonos más y más cada día y además con una gran amiga, solo amiga, pero la mejor del mundo. Y eso si compartimos algo todavía los tres… nuestro gran secreto, lo que fue: Una tarde del mes de agosto.

Autor: JORDI sietecuellos (arroba) terra.es

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